Omolu y Ewá:

Mito tomado de Igbadu,  a Cabaça da existencia, de Adilson de Oxalá ( editorial Pallas, Brasil)

 

 
 

 

Cierta vez Orunmilá encontró en un paraje desierto a la bella Ewa, dicen que se desarrolló el siguiente dialogo:

 ¿Cómo es que una joven tan bonita abandona Ifé para vivir en este lugar tan alejado y solitario?.

 -Fue hace algún tiempo que sucedió lo que voy  a contarte, bien sabes que es por causa de Omolu, el hijo de Naná, no es cierto? Contestó Ewa.

 -Claro que sé, Omolu, cuyo verdadero nombre es Xamponan, que evitamos pronunciar por ser demasiado negativo?- Dijo Orunmilá.

 -Sí, ese mismo! Exclamó la joven.

 -Y que tiene que ver él con tu aislamiento? Quiso saber Orunmilá.

 -¿Pues él no se apasionó por mi y vive persiguiéndome insistentemente?. Basta descubrir dónde estoy y allí viene él a buscarme- explicó Ewá.

 -Mas Omolu es un Orixá  de los mas poderosos. Es portador de la peste, es verdad, pero tiene el don de la cura, y solo contagia a aquellos que quiere castigar- habló sin entender Orunmilá.

 -Yo sé, yo sé! Mas la verdad es que le temo, tengo pavor de sólo oír nombrar su nombre-gritó Ewá.

 -¿ Y cual es el motivo de este miedo tan grande? –quiso saber Orunmilá.

-Sabes Orunmilá que a la noche yo soy el firmamento. Es allí donde yo hago vibrar mi belleza, inundando toda la faz de la tierra. Yo soy el cielo lleno de estrellas que sirve como marco a la luna brillante como plata pulida- explicó Ewá.

-Si Ewá. Tú eres el encanto de las noches con luna  que embriaga a los hombres y los torna románticos. Tu eres la musa de los poetas y de los apasionados- continuó Orunmilá.

 -Omolu como bien dijiste, es portador de la peste y a consecuencia de la deformidad que le impuso su enfermedad, anda siempre curvado y con el rostro hacia el suelo. Por esto jamás había visto el firmamento con toda su belleza.

Cierta noche, después de haber llovido copiosamente, Iansa por mi pedido, ordenó que el viento apartase bien lejos las nubes, y de esta forma expuse  a los hombres, para alegría de todos, mis encantos.Muchos  charcos de agua se habían formado por los caminos y en aquel momento exacto, Omolu, que se dirigía a Tapá, vió mis encantos reflejados en uno de ellos, lo que lo dejó deslumbrado. Jamás había visto el firmamento y, aquella visión, aunque fuese apenas el reflejo del cielo en un charco de agua, lo dejó extasiado. Permaneció allí parado horas y horas, admirándome. Y yo, confieso, quedé muy envanecida con aquello y, por esto mismo, me concentré toda en aquel pequeño charco. Repentinamente Omolu recordó que tenía que seguir viaje. Tenía compromisos en Tapá y no podía atrasarse. Tomando una porción de tierra cubrió todo el charco en la tentativa de apresarme allí para que, a la vuelta pudiese disfrutar de la visión que lo hechizara- explicó Ewá.

 -Y entonces? Preguntó Orunmilá curioso.

 -¿No te dije que por pura vanidad me había concentrado por entero en aquel espejo de agua? Pues, cuando él me cubrió de tierra, quedé presa allí y por mas que luchase no conseguía librarme. Omolu se fue y yo quedé presa en un charco de agua!-dijo Ewá.

 -¿Y como conseguiste salir Ewá?, ¿fue el mismo quien te liberó? Preguntó Orunmilá.

 -¿cómo él mismo? Tapá es muy lejos de ese lugar y con certeza, solamente después de trascurridas muchas lunas podría el regresar para liberarme. Además, Omolu camina muy lento. Después de haberme asegurado que ya se había apartado lo suficiente para no oírme, grité por socorro, y quedé gritando toda la noche hasta la mitad del día siguiente. Fue sólo al día siguiente cuando ya estando el sol alto, que Oxossi el Cazador, que pasaba por allí, oyó mis pedidos y, retirando la tierra que Omolu había arrojado sobre mi, logró liberarme de la sepultura - explicó Ewá.

 -¿es por esto que llevas este ofá dorado en el cuello? Quiso saber Orunmilá.

 -Si, como reconocimiento a lo que Oxossi hizo por mi, llevo adonde voy este ofá dorado colgado del cuello…

 

 

 
     
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