Ceremonias para Òrìsànlá-Obátálá en Africa:

Autor: Pierre Verger

 

Tomado del libro “Orixás” de editorial Corrupto, Brasil

 

 
 

Las ceremonias públicas para Orìsànlá en Ilé Ifé  conmemoran acontecimientos  históricos. Antiguamente, las fiestas duraban  nueve días y fueron posteriormente reducidas a cinco. Como están en concordancia con la semana Yoruba ( que consta de cuatro días) comienzan y terminan en el día consagrado a Obátálá. En los dos casos observados comenzaron en el día inmediato al del primer cuarto de la luna, respectivamente el 13 de Enero de 1977 y el 1 de Febrero de 1978.

 Fueron realizados sacrificios de cabras en el templo de Obàtálá, en el Ilésìm de Ideta-Ilê donde se encuentran las imágenes de  Obàtálá-Orìsánlá y de su mujer Yemowo. Una parte de la sangre es derramada sobre las imágenes que, en seguida, son lavadas con infusión de hierbas recojigas en la floresta de Yemowo. Esas hojas son de diferentes variedades, entre las cuales figuran plantas calmantes: òdúndún ( kalanchoe crenata), àbámodá ( bryophyllum pinnatum) òwú ( gossypium sp) efinrin ( ocimun viride) rinrin ( peperomnia pellucida) tètèrègun ( costus afer), etc. En seguida, las dos imágenes son adornadas con una serie de trazos y puntos blancos realizados con efun. Los sacerdotes mas importantes, el Obàlálè, guarda de Obàtálá, y el Ovalase , guarda del Orixá Alásè, danzan por mucho tiempo en ese primer día, al son de los tambores ìgbín, propios del culto de Orìsànlá. Son tambores pequeños y bajos, apoyados sobre los piés, uno macho y el otro hembra. El ritmo es marcado por los eru, hierros achatados en forma de T, batidos uno contra otro.

Al día siguiente Obàlálè y Ovalase hacen abluciones con las mismas infusiones que sirvieron en la víspera para Orìsánlá y Yemowo, sus cuerpos son igualmente adornados con diseños hechos con efun. Las imágenes son envueltas en paños blancos y llevadas, de mañana bien temprano, en procesión desde Ideta-Ilê hasta Ideta-Oko. Todos los ingredientes de la ofrenda –ibo òrìsà- a ser hecha son llevados hasta allí. Esta ofrenda consta de dieciséis caracoles, dieciséis ratones, dieciséis peces, dieciséis nueces de cola ( obi) y limo da costa. El día será pasado en Ideta-Oko, recordando el exilio de Orìsànlá-Obà-Igbò cuando tuvo que dejar el palacio de Ifé.

 En el momento de la llegada a la floresta, se hace una pequeña parada delante de un árbol isìn, “ el cual es adorado”, y el cortejo penetra más adentro en un ancho claro, cercado por varios árboles y rodeada de un montón de montículos de tierra que pareen ser  ruinas de construcciones antiguas. En el centro, se encuentra una especie de gran pote con un pequeño agujero en la mitad, a traves del cual pueden verse los cráneos de los animales sacrificados en años anteriores. Las imágenes son desenvueltas y colocadas en el suelo, de espaldas al pote. Orìsànlá a la derecha, Yemowo a la izquierda, como en el Ilesìn de Ideta-Ilê.

Todos los participantes se sientan en silencio en la floresta calma y sombría. Poco a poco la multitud se amontona. Los tambores ìgbìn tocan de vez en cuando, acompañando los cantos y oríkìs de Obàtálá y Yemowo. Se sacrifica una cabra. Se hace una adivinación con las cuatro partes de una nuez de cola , para saber si los dioses están satisfechos. La cabeza del animal es separada del cuerpo y arrojada bajo el gran pote. Recomienzan los cantos acompañados por los tambores. Los sacerdotes danzan. Obàlálè, con aire distante y crispado, está en transe, poseído por Orìsánlá.

Al atardecer, dos mensajeros del Oòni de Ifé llegan y se  detiene a la entrada de la floresta, cerca del árbol de isìn. Traen de parte de su señor, descendiente de Oduduwá, una cabra como ofrenda. El animal es llevado para un pequeño claro, contiguo al lugar de reunión. Ya es casi de noche y la cabeza del animal es amarrada al suelo con una horquilla. Ovalase, con el rostro tenso y entorpecido por el trance, danza alrededor del pequeño claro y hace varias idas y vueltas al lugar en donde están las imágenes de los orixás. En seguida, toma uno de los hierros Eru, en forma de T, y con él golpea con fuerza en la cabeza de la cabra, matándola. Moja sus manos en la sangre que se escurre del corte y va a pasarla en las cabezas de las imágenes de Orìsánlá y Yemowo.

 Un ayudante de Obalase arrastra con la horquilla, la cabra muerta, evitando tocarla, y la lanza en el mato. La multitud grita:

GBÁKÚ LO, GBÁRÙN LO!!!!

( lleva la muerte y las dolencias lejos)

 En contraste con la primera cabra sacrificada, cuya carne fue cocida y distribuída para ser ritualmente comida por los presentes, en comunión con los dioses, la carne de la segunda cabra  no puede ser tocada ni comida, pues sería atraer sobre sí la muerte y las dolencias.

 Terminada la ceremonia de ese día, las imágenes de los dioses son nuevamente envueltas en los paños blancos, llevadas hasta Ideta-Ilê y reinstaladas en el ilésìn hasta el año siguiente.

 En el último día, consagrado a yemowo, los sacedotes y sus auxiliares van a la floresta sagrada de esa divinidad, a Ita-yemowo. Llevan allí un asiento de madera esculpida, àgá yemowo, debidamente lavado y purificado con la infusión de hojas y adornado con trazos blancos. Uno de los sacerdotes, dedicado a Yemowo, entra en trance, poseído por esa divinidad. La expresión de su rostro, con su aire distante, recuerda el trance de Ovalase aunque más calmo y tranquilo. Transformándose momentáneamente en Yemowo, el sacerdote es revestido con un gran paño blanco y amarran en su cabeza un turbante también blanco. Seguida por una multitud en la cual predominan las mujeres ( algunas tuvieron hijos gracias a su intercesión) Yemowo encarnada, va a sentarse en su silla, frente al palacio del Oòni. No obstante, el descendiente de Oduduwa no se presenta ante Yemowo, sino que se traslada al templo de Ideta-Ilê. Esta visita de Yemowo es repetida dos veces más sin que el Oo`ni aparezca, entretanto, cada vez, él envia nueces de cola a Ideta-Ilê por un mensajero.

No obtuvimos explicación sobre el sentido preciso de esa parte del ritual. Parece tratarse de una referencia a los esfuerzos sucesivos que antiguamente hizo Yemowo para restablecer la paz entre Orìsánlá y Oduduwá, y la acogida reticente reservada por este último a los esfuerzos de pacificación.

 

 
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