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Religion |
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Pocos Curas, Poca Misa y Mucha Fiesta |
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Brasil es un país católico, pero Brasil es, también, el país de la apertura religiosa, de la variedad de creencias y del sincretismo. Y es esta doble verdad la que constituye lo bello y lo agrio de la religiosidad brasileña.
Este país fue oficialmente católico durante cuatro siglos, desde su descubrimiento en 1500 hasta el final del Imperio, en 1889, hecho jurídico que condenaba a las otras religiones a la ilegalidad. Bajo el régimen de "Patronato", la Iglesia fue entregada a la dirección de los reyes de Portugal y, más tarde, de los emperadores de Brasil.
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Sucedía, sin embargo, que las instituciones oficiales tenían poca penetración en la sociedad que se formaba en el país. La Iglesia, así como el Estado, era un cuerpo centralizado en la metrópoli que perdía densidad a medida que se extendía por los territorios coloniales. Esta fragilidad institucional caracteriza al catolicismo latinoamericano hasta nuestros días.
Cerca del 80% de las parroquias existentes en Brasil fueron organizadas en el siglo XX, el 50% de ellas a partir de la década de los cincuenta. Las parroquias cubren inmensos territorios y asisten a una gran población. Mientras que en Francia una parroquia tiene un área territorial media de 15 km2 y cerca de 1.283 fieles, en América del Sur estas cifras se elevan a 1000 Km2 y 14.036 personas.
Aquí se difundió, en consecuencia, la figura de la "Desobriga" (desobligación, liberación). El sacerdote recorría las vastas tierras bajo su responsabilidad "desobrigando" (liberando a los fieles de los compromisos que tienían pendientes con la Iglesia): bautizando, casando, predicando, regularizando las situaciones de los fieles y partía hacia la aldea siguiente. Los fieles se quedaban y el padre pasaba. Se configuró, así, un tipo de catolicismo que se caracteriza, como se dice, por "pocos curas, poca misa y mucha fiesta".
Poco cura y poca misa implican poco control doctrinal. La mayoría de los católicos brasileños se toma amplias libertades ante las enseñanzas oficiales de la Iglesia. La propia noción de una ortodoxia está casi ausente. No hay, en la cultura religiosa brasileña, un presupuesto de que las personas, para guardar coherencia, deban creer en una única versión de los hechos sagrados.
En la práctica, los católicos brasileños orientaron su devoción según el ritmo del calendario litúrgico. Con o sin cura, todos los días son días de santos, dando lugar a festejos propios para cada devoción particular. Podían llevarse a cabo oratorios domésticos, capillas en los márgenes de las carreteras, procesiones, romerías, promesas, la oración del Tercio y hermandades, bajo líderes laicos, capitaneados por los fiesteros del lugar.
El culto a los santos fue, por lo tanto, sobrevalorado, mientras que la Eucaristía era relegada a un segundo plano. La "protección" dada por los santos patrones ante las incertidumbres de la vida se convirtió en un núcleo estructurador de las creencias y de las prácticas más difundidas. Las misas son importantes, sin duda, pero configuran una situación especial, fuera de lo común. Según los datos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE-PNAD), sólo el 17% de los católicos va a misa regularmente, todas las semanas.
Al estar poco regulado por la institución eclesiástica, el culto a los santos se abrió hacia una serie de articulaciones sincréticas. En la Amazonía, donde las tradiciones indígenas son más influyentes, los santos católicos, de origen transatlántico se contraponen a las entidades espirituales que pueblan el "fondo" de los bosques y los ríos. La pajelança, ejercida por sacerdotes laicos, orienta a los fieles católicos en el uso de las hierbas sagradas y en el combate ritual con las entidades "encantadas" que habitan la profundidad del agua.
Ya en la Colonia, la Inquisición daba cuenta de la influencia africana sobre las creencias de los portugueses en Brasil. Entre los santos de origen medieval, cuyas fiestas implicaban a todos, y las entidades a las que los esclavos rendían culto, eventualmente frecuentadas por los señores, el país tejía un complicado patrón de prácticas religiosas.
Al final del siglo XIX, las tradiciones nagó se impusieron en la memoria africana, dándole una forma que se difundió por el territorio nacional. El Candomblé de Bahía, el Xangó de Recife, la Mina de Maranhão, presentan, con variaciones, un conjunto común de creencias y de prácticas. En todos los casos, el culto afro-brasileño se integra en el calendario católico. Descansa durante la cuaresma hasta el sábado de gloria, en señal de respeto al drama mayor de muerte y resurrección de Cristo, y combina las fiestas de los orixás con las fiestas de los santos.
El contraste original europeo/africano es significativo, pero la participación trasciende las clases y las razas. En Brasil, la religiosidad no conforma identidades culturales exclusivas. Blancos y negros participan en las celebraciones del día y de la noche, y las creencias cultivadas por los antiguos esclavos ganan hoy amplia difusión entre las clases medias.
Una tercera tendencia fue introducida por el Espiritismo Kardecista, que creció en Brasil a partir del siglo XIX. Situado en el contexto cristiano, el espiritismo destaca por la comunicación con las almas. Las ayuda a encontrar y seguir el camino en el vasto proceso evolutivo, que se cumple a través de sucesivas reencarnaciones.
La relación con las almas de los muertos ya era una práctica importante en la tradición ibérica, asociada a la doctrina medieval del purgatorio. Aún hoy, cada lunes, día consagrado a las almas, las velas encendidas se extienden por el país, iluminando las oraciones por los muertos. El espiritismo desarrolló esta dimensión de la religiosidad portuguesa, prestándole densidad ritual y un nuevo sentido teórico.
Entre los santos, los orixás y las almas, se formó un campo tan rico de entidades espirituales, que surgió una nueva religión, con características francamente brasileñas. Es la Umbanda, invención del siglo XX. Valora a los santos católicos y a los orixás africanos, pero abre espacio para guías espirituales de otro tipo: son personajes locales, espíritus sin cuerpo, que escapan a las jerarquías de la sociedad formal.
Es el indio, figura libre y osada de los bosques; el negro viejo, esclavo abatido por los trabajos de una vida y sin embargo pleno de sabiduría; los "exus", el "pueblo de las calles", como el sinvergüenza Zé Pilintra, las "pombas giras" (mujeres de la vida), las gitanas o el vaquero de los largos viajes; y los niños traviesos. La Umbanda demostró, con su éxito, que a los católicos brasileños les gusta oir las voces que emergen de los márgenes de la sociedad.
Esta disposición para asimilar otras y nuevas creencias se potencia con el avance de las comunicaciones. Migrantes japoneses traen mensajes como los de la Perfect Liberty o de la Iglesia Mesiánica, que atraen a un número significativo de brasileños de múltiples orígenes. Las meditaciones orientales, el Budismo, el Sufismo, la mística esotérica y la ufología encuentran terreno fértil para expandirse, sobre todo entre las clases medias.
En medio de esta proliferación de entidades espirituales, algunas reacciones importantes se han hecho notar en las últimas décadas. De entre ellas, destacan dos: la Teología de la Liberación y los movimientos evangélicos y pentecostales. Ambas centran su atención en el drama central de la tradición cristiana, dejando de lado, o incluso combatiendo, el trato con las almas, los guías, los orixás, los avatares y los santos. Son portadoras de mensajes de reforma que tendrán consecuencias para la modernización de la cultura religiosa del país.
La Teología de la Liberación tuvo su apogeo en los años setenta y ochenta. Propone una lectura histórica de la muerte y resurrección de Cristo, en una vuelta a la tradición mesiánica de origen judaica. Organizándose en pequeñas comunidades de lectura bíblica (las Comunidades Eclesiales de Base - CEBs) o en pastorales especializadas en movimientos sociales (de la tierra, indígena, de menores etc.), desarrolló una visión social de las promesas cristianas de salvación.
Los evangélicos y pentecostales también se organizan en congregaciones locales, con un alto índice de participación de sus adeptos, donde el mensaje de salvación se dirije sobre todo a los individuos y a las relaciones interpersonales. La enfermedad, las dificultades familiares, las crisis materiales y laborales son objeto de oraciones con un sentido de cura y redención. Animados por la presencia del Espírito Santo, evangélicos y pentecostales se multiplican a un ritmo impresionante. Constituyen el mayor fenómeno religioso de finales del siglo XX. Dicen que es preciso "nacer de nuevo", dar la espalda al pasado y abrirse a cambios radicales en el modo de vida, inspirados única y exclusivamente por Cristo Jesús. La mayor de las congregaciones, la Iglesia Universal del Reino de Dios, actúa en todo el territorio nacional y también fuera de él, estableciendo ramificaciones en Florida, EEUU y en varios países de Europa.
El catolicismo es una religión totalizante, que pretende incluir en su seno una variedad de experiencias humanas. El catolicismo brasileño ha cumplido esta vocación abriéndose hacia múltiples combinaciones sincréticas. Resulta una cultura religiosa capaz de albergar tantas visiones como le sean presentadas por la historia de la comunicación entre los pueblos. No está libre de conflictos, pero lidia con ellos, en el plano de las creencias, con un notable margen de tolerancia y una intrigante curiosidad positiva por las verdades que todavía están por llegar. Actualmente, una tendencia interna de la iglesia Católica, denominada "Renovación Carismática" ensaya una reacción a los avances de los evangélicos y pentecosteses, actuando con practicas que estimulan la participación activa de los fieles durante las misas y con mucha presencia en los medios de comunicación.
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Candomblé |
Hay sacerdotes africanos que vienen a Brasil a aprender sobre su propia religión. Éste es un fenómeno extraordinario de supervivencia cultural y de desarrollo de las tradiciones masacradas por el tráfico de esclavos. Iorubas, daomeanos, los fanti-ashanti y los bantúes, contrubuirían de diversas maneras a la religiosidad afrobrasileña, introduciendo variantes rituales. La corriente Jejê-Nagô, sin embargo, se constituye como la principal referencia estructuradora a partir del siglo XIX. Un fenómeno semejante tuvo lugar en el Caribe, con el Vudú en Haiti o la Santería en Cuba. Religiosos de estas tres regiones -litoral del Brasil, Caribe y Africa Oriental- constituyen un circuito de prácticas sagradas comunes que todavía están por desarrollar sus relaciones.
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La vitalidad de las tradiciones afro en Brasil se evidencia por un modo particular de expansión. No se ha restringido a la afirmación de los límites de una identidad étnica. La simbología negra y la memoria africana son fuertemente reiterativas, ciertamente, y ofrecen una fuente perenne de elementos creadores de los movimientos negros. El negro no es, sin embargo, para los fieles, el color identificador de la esencia de su religión. Oxum es amarillo oro; Oxossi, verde de las florestas; Yemanjá azul marino; Xangô rojo y blanco, y así se continúa con los colores del arco iris.
El énfasis ritual no está puesto en la historia de la destribalización, del tráfico, de la tremenda travesía oceánica ni de la violencia desarraigadora en los trabajos esclavos. Los ritos y mitos del Candomblé poco hablan de historia. Lo que se valora es la presencia de los orixás en los espacios sagrados, así como su influencia en la mente y en el comportamiento de las personas. El Candomblé dramatiza relaciones de una dimensión cósmica, que tienen lugar en un tiempo mítico, que comprende la vida como la conocemos.
Esta apertura mítica, combinada con la dinámica sincrética del catolicismo en Brasil, llevó a que las verdades del Candomblé fuesen percibidas como tales y apreciadas por un vasto contingente de brasileños, fuesen negros, mulatos o blancos. El Candomblé siempre ha estado condenado por la Iglesia, pero el ministerio clerical nunca tuvo gran penetración entre la masa de fieles. Fue perseguido por el Estado y con violencia, aún en el período getulista, pero los policías que invadían los locales eran, ellos mismos, con frecuencia, temerosos frecuentadores de los mismos. La persecución disminuyó a partir de los años cincuenta, dando mayor libertad para la multiplicación de las casas de culto y para su frecuentación. Algunos movimientos culturales pasaron a ennoblecerlo en la literatura, en la música, en el cine y en la televisión, confiriéndole un brillo que es atrayente hasta incluso para las élites.
Su influencia sobre la Umbanda, movimiento nuevo y en expansión, llevó a los orixás a ser objetos de culto en circulos más amplios, incluso de clase media. Un estudio de los años ochenta registró cerca de 16.000 centros de Umbanda en Rio Grande do Sul, por ejemplo, la mayoría de ellos liderados por descendientes de alemanes, italianos, polacos y otros inmigrantes europeos. Hay devotos de los orixás entre los japoneses y judíos de Brasil. Las Casas de Candomblé y los Centros de Umbanda proliferan en Argentina por influencia brasileña.
La sofisticación estética de los ritos del Candomblé contribuye, sin duda, a crear la atracción que ejerce en las personas en general y, en particular, en los medios artísticos. Las ceremonias abiertas de cada casa de culto tienen las características de una "fiesta". Las divinidades que en ellas se manifiestan no vienen para predicar ni distribuir consejos. Vienen a expresar su energía vital, bailando. Hacen esto de modo solemne, siguiendo una estricta lógica ritual, dirigida por el sonido de los atabales y de los cantos. Se visten con pompa y producen una gesticulación codificada, identificadora de cada orixá. Las fiestas terminan, invariablemente, con una cena abierta al público, hecha de comidas sagradas, en relación al evento de la noche.
Las Casas de Candomblé desarrollan una intensa y constante actividad de mantenimiento de las relaciones entre lo sagrado y lo profano. El espacio es cuidadosamente subdividido, con el barracón para las fiestas públicas, la camarita, para los iniciados, el santuario, de acceso restringido y donde se encuentran los objetos sagrados, las casas de cada orixá, de frecuentación especificada, las plantas sagradas, la sala de recepción para los fieles etc., componen una arquitectura tan compleja como la jerarquía del culto.
La obligaciones para con cada orixá, las iniciaciones, la atención individualizada del público, las adivinaciones, la lectura de las conchas, una variedad de ritos específicos, la difícil armonización de los distintos poderes que constituyen una Casa de Candomblé, la relación con la sociedad exterior, todo esto debe cuidarse al detalle, según una estética ritual meticulosa. La autoridad de una Ialorixá (madre de santo) o de un Babalorixá (padre de santo) está vinculada, justamente, a su dominio sobre todas estas materias. El conocimiento sobre cómo hacer y la justificación de cada gesto en las tradiciones componen el vasto acervo simbólico personalizado en la
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Espiritismo Kardecista |
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El Espiritismo Kardecista surgió en Francia, en el siglo XIX, por obra de Léon Dénizart Rivail, que se hizo conocido como Allan Kardec. Los fenómenos mediúnicos despertaban interés en los salones franceses desde el siglo anterior, combinando la curiosidad filosófico-científica con la experimentación casi religiosa de los misterios del espíritu. Se combinaban el positivismo y el misticismo. Kardec observó sistemáticamente estos fenómenos y realizó una obra que se convirtió en referencia clásica para un movimiento que se expande aún en nuestros días.
Las ideas de Kardec fueron bien recibidas en Brasil. Despertaron el interés de personas letradas que veían en ellas signos de modernidad en contraste con el conservadurismo católico. Ganaron adeptos entre las élites formadas por profesionales liberales y militares. En 1884, ya estaban lo bastante difundidas como para que se crease una Federación Espiritista Brasileña. En el siglo XX, Brasil se convirtió en el país de mayor expresión espiritista. Cuenta hoy con algunos millones de fieles declarados y sus ideas ejercen influencia en la cultura religiosa en su conjunto. El principio de la reencarnación, por ejemplo, es aceptado, probablemente, por la mayoría de los brasileños.
Los espiritistas se reúnen en "Centros". El líder del Centro no precisa haberse formado en un Seminario, ni someterse a ningún rito de investidura. Los espiritistas son económicos en cuanto a sus ritos, prefiriendo la comunicación verbal y directa. La formación de sus miembros se realiza en el día a día del Centro. Las sesiones tienen un fuerte carácter educativo, con conferencias explicativas de su doctrina. Al final de la conferencia, los mediums recorren la audiencia dando "pases", que sirven como un discreto rito de purificación.
Las sesiones mediúnicas mantienen el mismo estilo. La posesión no anula la conciencia del médium y ocurre, generalmente, en un ambiente de penumbra y recato. Si el espíritu es superior, orienta a los presentes, ofreciéndoles consejos. Si, por el contrario, el espíritu sufre todavía por las cosas terrenales perdidas, se invierte la relación, cabiendo a los mediums el trabajo de adoctrinar y ayudar al espíritu sufridor.
El trance espiritista realiza la misma combinación de esclarecimiento y caridad que debe guiar la vida de los fieles. Permite que el progreso moral atraviese la barrera de la muerte, poniendo a los vivos ("encarnados") y a los muertos ("desencarnados") en comunicación. La literatura espiritista, abundante, es ella misma fruto del trance. Autores como Francisco Cândido Xavier, Chico Xavier, redactan bajo la influencia directa de los espíritus superiores, psicografiando sus enseñanzas. Hay artistas que pintan en trance. Más espectacular, llegando al punto de generar polémica, es la práctica médica, e incluso quirúrgica, ejecutada por espíritus incorpóreos que utilizan como "instrumento" al médium. El supuesto cirujano germánico Dr. Fritz continúa practicando en Brasil, haciendo uso de una sucesión de mediums y atrayendo a gran número de pacientes.
No hay centro espiritista que no realice alguna obra de caridad. Guarderías, asilos, ambulatorios, distribución de alimentos etc., son objeto del trabajo voluntario que beneficia a un gran número de personas. Es la expresión más visible de la moral espiritista, basada en el principio del "carma". Creen que toda acción, buena o mala, tiene su consecuencia en el camino de la evolución espiritual de cada individuo. El esclarecimiento y la caridad conducen al espíritu a lo largo de sucesivas reencarnaciones, en sentido evolutivo, que nos permiten superar los sufrimientos terrenales y emigrar hacia niveles más elevados de existencia.
figura de la madre o del padre de santo.
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Evangélicos y Pentecostales |
Los misioneros protestantes llegaron a Brasil a lo largo del siglo XIX. Pastores luteranos acompañaban a las primeras levas de emigrantes alemanes. Ministros anglicanos vinieron a servir al personal inglés. Misioneros presbiterianos, metodistas y bautistas se aventuraron a difundir la Biblia, a pesar de las restricciones legales. La separación entre Iglesia y Estado, con la proclamación de la República, abrió paso para la entrada de nuevas misiones. Misioneros suecos y emigrantes italianos formaron los primeros núcleos de la Asamblea de Dios y de la Congregación Cristiana de Brasil.
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Fue en los años veinte, no obstante, cuando el movimiento ganó impulso. Una conferencia de misiones norteamericanas realizada en Panamá, en 1916, tomó la decisión formal de que América Latina debería, en efecto, ser objeto de evangelización. Las iglesias protestantes europeas se centraron en Africa y en Asia, considerando que América Latina ya era católica y por tanto cristiana, no precisando esfuerzo misionero. Las norteamericanas discordaron. El catolicismo, según ellas, había desvirtuado el mensaje bíblico de tal manera que una nueva evangelización se hacía necesaria. Vinieron, entonces, en forma numerosa, y encontraron terreno fértil, multiplicándose de manera notable.
Una nueva ola de crecimiento tuvo lugar en los años cincuenta siguiendo a las cruzadas evangélicas, que dieron origen a nuevas denominaciones pentecostales, como "Brasil para Cristo", "Dios es Amor", "Nueva Vida" y otras. Más recientemente, a partir de los años ochenta, la expansión evangélica y pentecostal se convirtió en un fenómenos de impacto nacional, resultante ya de impulsos internos, independientes de influencias misionarias.
Los evangélicos predican una ruptura radical con las tradiciones religiosas brasileñas. Las imágenes de los santos serían objetos idólatras, los orixás del Candomblé y los guías de la Umbanda serían entidades francamente demoniacas. Es necesario dejarlas atrás, despojarse de su influencia y dejarse guiar, única y exclusivamente, por Cristo Jesus. La conversión corresponde a un "nuevo nacimiento" de la persona, con profundas transformaciones en el comportamiento. Debe distanciarse del carácter festivo y carnavalesco de la cultura tradicional y asumir una ética universalista, marcada por la coherencia de los principios.
Compromisos con la familia, el trabajo y la Iglesia distinguen a los evangélicos que tienen un estilo de vida severamente ascético. Se reúnen en congregaciones locales que desarrollan el espíritu asociativo entre los fieles. Frecuentan la iglesia regularmente, más de una vez a la semana, y asumen una serie de responsabilidades para su funcionamiento. Esto se da en todos los niveles de la sociedad, obteniendo más éxito, en cuanto a número, entre las clases pobres.
Hay, entre los evangélicos, una gran variedad de tendencias que se organizan en "Denominaciones". Difieren en cuanto al origen, al estilo de culto, a las formas de organizar la comunidad y a la estructuración del poder eclesiástico. Es incorrecto meterlos a todos en el mismo saco. Es innegable, sin embargo, que las tendencias pentecostales son las más impactantes. La presencia del Espíritu Santo, con sus manifestaciones carismáticas, pone a los evangélicos en confrontación directa con las múltiples manifestaciones espirituales de la religiosidad tradicional.
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Pajelança |
Los Pajés son figuras importantes de la cultura mestiza de la Amazonía. Son sacerdotes laicos, preparados mediante un aprendizaje informal. No son apreciados por el clero, pero se consideran católicos y suelen ser devotos de los santos de la Iglesia. Se especializan en la comunicación ritual con otros poderes sagrados, oriundos de las profundidades amazónicas. Manipulan las plantas, cuyos poderes medicinales están revestidos de cualidades místicas. Se comunican, mediante trance espiritual, con entidades que habitan el "fondo" de las florestas y de los ríos.
Creen, por ejemplo, que cada especie animal está protegida por una entidad, la "Madre del Bicho", que reacciona a los abusos de los cazadores. Currupiras, Anhangás y la Matinta Pereira atraen y atemorizan a los frecuentadores de las florestas. El fondo de los ríos alberga a los "Encantados" con los que los Pajés mantienen una relación ambivalente, buscando en ellos apoyo o neutralizando sus influencias amenazadoras. La "Cobra Grande" (serpiente grande), el Boto seductor y personajes de la memoria europea, como Don Sebastián, componen la heterogénea población mítica cultivada por la pajelança.
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Teología de la Liberación |
Es un movimiento que trasciende las letras teológicas y repercute sobre el conjunto de la vida de la Iglesia católica. La Conferencia de Medellín, en 1968, que reunió a los obispos de América Latina, manifestó un "compromiso preferente por los pobres". La Iglesia estaría más profundamente identificada con los "últimos" de este mundo, que deben ser los "primeros" en el Reino de Dios. Esta afirmación implicó un revisionismo profundo de la imagen de la Iglesia latinoamericana. La identificación con las élites coloniales se vio contestada en nombre de una aproximación a los pobres.
Basándose en esta resolución episcopal, teólogos y agentes pastorales emprendieron un gran movimiento de reforma. La Iglesia debía ser reconstruida a partir de las bases locales, enraizadas en la experiencia popular y en una nueva lectura de la Palabra de Dios. Insatisfechos con la estructura parroquial, estos agentes dieron lugar a la multiplicación de pequeñas comunidades de fe denominadas "Comunidades Eclesiásticas de Base" (CEBs). Compensando la carencia de sacerdotes, las CEBs serían puestas en marcha por ministros laicos apoyados por agentes del clero.
En vez de poner énfasis en los ritos tradicionales, la religiosidad de las CEBs se centraría en el entendimiento de la Biblia y su significado para el drama histórico actual. Implicaba, por tanto, una estrecha asociación entre los lenguajes de la teología y de la sociología, sobre todo de orientación marxista. Suponía, también, una aproximación entre las pastorales mencionadas y los movimentos sociales.
Se estimuló a los misioneros a contribuir a las luchas indígenas por la tierra y por la supervivencia cultural. El Consejo Indigenista Misionero (Cimi) se convirtió en una referencia para la causa social de los indios brasileños. La Pastoral de la Tierra recuperó la afinidad con el mundo rural, característica de la Iglesia católica, distanciándose de las oligarquías locales y alentando la organización de campesinos y de labradores sin tierra. La Pastoral de Favela ha participado enormemente en los movimientos sociales urbanos. La Pastoral del Menor se ha movilizado en defensa de los derechos de los niños y de los adolescentes. Los medios sindicales ganaron un sector de agentes católicos que participaron en la formación del Partido de los Trabajadores.
Aunque la teología de la liberación germinase en toda América Latina, como con Gustavo Gutierrez, en Colombia, o Juan Luis Segundo, en Uruguay, fue en Brasil donde este movimiento alcanzó mayores dimensiones. Leonardo Boff, Clodovis Boff, Carlos Meister y Frei Beto son algunos nombres destacados. Diversos factores, internos y externos a la Iglesia, llevaron al declive de la Teología de la Liberación y de las pastorales por ésta inspiradas. Sin embargo, dejó marcas profundas que se expanden por la Iglesia de forma permanente. Ya no mantiene la esperanza mesiánica de una reforma total de la Iglesia, pero continúa dando frutos, creando la conciencia social católica en el país.
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Umbanda |
Las primeras informaciones registradas sobre la Umbanda datan de los años veinte de este siglo y proceden de Niterói, en Río de Janeiro, estado donde, en 1941, se organizó el Primer Congreso de Espiritismo de Umbanda. Estas primeras noticias, sin embargo, ya mencionaban la "Macumba", en un intento de diferenciarse de ella, denotando, por lo tanto, la previa existencia de prácticas afines. Múltiples iniciativas, libres de los controles jerárquicos, potenciaban la comunicación entre los elementos del catolicismo, del Espiritualismo Kardecistas y de las tradiciones afro-brasileñas. Un nuevo lenguaje religioso emergió de este remolino simbólico, que, a pesar de todo, se presenta dividido entre las denominaciones de "Umbanda" y "Quimbanda", más vulgarmente conocido como "Macumba".
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Aunque compartiendo un mismo conjunto de creencias, estos nombres alternativos indican direcciones diferentes. Supuestamente, la Umbanda trabajaría "para el bien", mientras que la Quimbanda se distinguiría por su intención de trabajar "para el mal". Ésta es una interpretación simplista, sin embargo, pues la ambivalencia entre el bien y el mal parece ser, realmente, característica de los fundamentos míticos de esta corriente religiosa. Se concibe inserta en un ambiente cósmico dividido en diversas facciones que se relacionan a través de ataques y defensas místicas. Como ocurre en las disputas de amor y en otras situaciones competitivas, el bien de una parte puede ser el mal de otra, y viceversa.
La mitología umbandista tiene un claro carácter jerarquizante. Las entidades religiosas se distribuyen en siete "Líneas", con un orixá o santo católico al frente. Las líneas se subdividen en "Falanges" y "Legiones", por las que se distribuyen espíritus incorpóreos en varios estadios de evolución. El altar principal, llamado "Congá", acostumbra a ser adornado con una gran cantidad de imágenes y objetos, ilustrando la complejidad del panteón umbandista. Estos altares pueden tener imágenes de Cristo, el Guía de la Casa de Umbanda, la Virgen, santos como San Lázaro, San Jorge, Cosme y Damián, orixás, negros viejos, indios, velas, collares, flores y a veces iconos civiles, como la bandera nacional. La Umbanda surgió en el período entre guerras, momento de fuerte afirmación del Estado nacional, y se asume como religión patriótica.
El culto se realiza en una "Gira", compuesta de música y danza sagradas. Los atabales marcan el ritmo, los mediums cantan el "punto" liderados por la Madre o el Padre de Santo, bailan en círculo y se reciben a los guías espirituales, funcionando como sus "caballos" o "instrumentos". Además de expresar bailando su energía vital, como ocurre en el Candomblé, los guías de la Umbanda se presentan para dar consejos a los fieles que se aproximan. Orientan a los fieles y los purifican a través de "pases", protegiéndolos de los ataques místicos de que son víctimas.
La Madre y algunas hijas de santo más desarrolladas acostumbran a recibir fieles para consultas, lo que hacen poseídas por sus guías. Los locales de Umbanda se convierten así en centros de evaluación y de resolución de una infinidad de pequeños conflictos que afligen a las personas en su vida cotidiana. Son especialistas en la identificación de las causas de los infortunios, profundos conocedores de la psicología social local. Ayudan a formarla, incluso, otorgándole mayor sentido. Las rivalidades cotidianas, cuyos resultados desiguales siembran la envidia y el resentimiento, dan como resultado la producción de hechizos, o incluso la simple generación de negatividades que hacen el mal. El pueblo de la Umbanda (se podría decir, el pueblo brasileño, a gran escala) se toma en serio el "mal de ojo".
Invención cultural notable, la Umbanda incorpora, para su interpretación y resolución de conflictos, personajes "marginales" de la jerarquía simbólica dominante: "caboclos" (indios) valientes, que representan los espacios no domesticados de las florestas; negros viejos, esclavos ya al margen del trabajo, que tienen la sabiduría realista de una vida sufrida; "exus" (hombres de mala vida) y "pombas giras" (mujeres de la vida), identificados con personajes de las calles, que no se esconden detrás de máscaras sociales de buen comportamiento y que se mueven con facilidad por los meandros perversos de los conflictos humanos; niños, que aún no han entrado en la edad de la razón. Estos son los guías para la protección y para los consejos. Distantes de las autoridades oficiales, sean seculares o sagradas, poseen los poderes que se acumulan en los márgenes de las estructuras burocráticas y simbólicas. Son poderes normalmente descartados por las ideologías oficiales, que encuentran abrigo en la Umbanda y pueden, a través de ésta, dar un sentido positivo a su experiencia y a su destino.
Tomado de: http://www.mre.gov.br/cdBrasil/itamaraty/web/espanhol/artecult/religiao/apresent/index.htm