Mercurio, Venus y Marte
en las culturas yoruba, hindú y hebrea
Es sorprendente cómo culturas tan
disímiles dan cuenta de deidades que contienen los mismos arquetipos; la
comunicación, el amor, la guerra, son manifestaciones que los hombres han
plasmado en sus mitos, que a su vez se asocian a las energías que los
planetas manifiestan desde lo alto .
Los arquetipos o energías esenciales
contenidas en el simbolismo de los planetas se expresa con distintos
nombres y se relaciona con distintas deidades en las diversas culturas.
Mercurio (mitología romana) o Hermes
(griega) es el mensajero de los dioses, el comunicador, el dios de los
caminos, el que conecta a los hombres con dios. Esta es una energía que
expresa muy bien la dualidad del universo, el bien y el mal están
contenidos en ella, es el que abre caminos pero también el embaucador, es
el niño travieso o el viejo sabio.
Venus (mitología romana) o Afrodita
(griega) es la diosa del amor, la que seduce con sus encantos, representa
la sensualidad femenina, la coquetería, la dulzura, y también se asocia
con la sensación de abundancia y prosperidad.
Marte (mitología romana) o Ares (griega),
es el dios de la guerra, el que representa la masculinidad, el arrojo, el
coraje, el instinto, la energía sexual, la acción incontenible, todo lo
relacionado con la fuerza física.
Lo cotidiano se plasma
En la religión yoruba
En la mitología yoruba, Mercurio puede
relacionarse con Eleguá, el orisha (santo) encargado de abrir y cerrar las
puertas, los caminos, es el guardián del universo; esta mitología señala
que antes que pedir cualquier cosa a otro orisha, hay que hacerle la
petición a Eleguá para que dé la entrada, para que abra el camino, de
manera que todo ritual yoruba comienza primero con un tributo a esta
deidad, conocida también como Eshú.
La mitología o religión yoruba combina lo
devocional con lo práctico y cotidiano, por eso los creyentes realizan
rituales para hacer sus peticiones concretas: un empleo, un problema a
resolver, un negocio, una situación amorosa, y a los orishas se les rinde
tributo ofreciéndoles ofrendas muy mundanas: frutas, animales,
aguardiente, etc.
En la religión yoruba, cada persona tiene
su ángel de la guarda u orisha, y haciendo la analogía con los arquetipos
planetarios, vemos cómo coincide la tipología de la persona que es “hijo”
de un determinado orisha, con el signo zodiacal que rige el planeta
asociado a ese orisha. Por ejemplo, los hijos de Eleguá, tienen sin duda
una marcada tipología geminiana.
En la mitología yoruba, la energía de
Venus está contenida en Oshun, la orisha que rige los ríos, la coqueta y
sensual a la que los humanos le piden resuelva sus asuntos amorosos,
realizando rituales en los que nunca falta la miel y una auyama. También
las peticiones que tienen que ver con dinero son atendidos por esta
seductora deidad.
Marte puede relacionarse con uno de los
orishas más populares en Venezuela, como es Changó (a quien lo sincretizan
con Santa Bárbara) y a él se le hacen ofrendas para salir victoriosos en
cualquier meta, para vencer a los rivales, y también para incrementar la
energía sexual y la capacidad de “conquistar” al sexo opuesto

La espiritualidad
de los hindúes
En la cultura hinduista, la energía
planetaria se relaciona más a búsquedas internas, pues tienen una
concepción más contemplativa, en donde el crecimiento interno y la
supresión de deseos mundanos es una meta a seguir para llegar a la unión
con Dios, y por eso, la Yoga (Unión) es justamente la base práctica de su
actividad devocional.
La energía de Mercurio podría
relacionarse con Sarasvati, la diosa del conocimiento, justamente una de
las funciones mercuriales. En algunos textos de astrología hindú se asocia
también al Buda, que significa iluminado, es decir, en el grado más alto
de la percepción mental y que nos habla de esa función de ser “mensajero
de los dioses”.
Venus, por su parte, bien podría
relacionarse con Lakshmi, la diosa de la belleza y la abundancia, y quien
además es esposa de Krsna. Y justamente a éste último puede relacionarse
con Marte (en la mitología romana Marte y Venus son amantes).
Krsna concuerda con los valores de Marte,
el guerrero, y así lo podemos percibir al leer el Bhagavad-Gita, donde
Krsna incita a Arjuna al combate, a la guerra, a luchar por lo que cree
justo.
Resulta interesante narrar una historia
que nos cuenta Deepak Chopra en uno de sus libros, en relación con Lakshmi,
la diosa de la belleza y la abundancia, y Sarasvati, la diosa del
conocimiento, porque es muy ilustrativo de la forma como asume esta
filosofía, las energías arquetipales.
“Hay dos diosas que habitan el corazón de
cada ser humano, y todos amamos profundamente a esos seres supremos, pero
existe un secreto que tienes que saber. Aunque amas a ambas diosas, debes
prestar más atención a una de ellas. Es la diosa del conocimiento, y se
llama Sarasvati. Persíguela, ámala y préstale atención. La otra, Lakshmi,
es la diosa de la abundancia. Al ver que le prestas más atención a
Sarasvati, Lakshmi se pondrá muy celosa y se fijará más en ti. Cuando más
persigas a la diosa del conocimiento, la de la abundancia te perseguirá
más a ti, te seguirá donde quiera que vayas y nunca te abandonará”.
Meditación hebrea
a través del Tarot
La cultura hebrea nos trae el sistema de
la Qabalah, que también se conecta con estas energías arquetipales y ha
desarrollado un método para realizar un trabajo práctico de meditación,
para alcanzar la nivelación o equilibrio entre las distintas energías, y
lograr la evolución espiritual, sin dejar de lado la aplicación práctica
en la vida cotidiana.
La Qabalah se expresa a través del
llamado Arbol de la Vida, en donde está representada la creación en su
totalidad, y también a través de las cartas del Tarot, que son imágenes
que representan letras sagradas hebreas. Debido a las persecuciones
religiosas, esas letras fueron llevadas al lenguaje simbólico del Tarot,
cuya carga energética está contenida en los distintos arcanos.
No se trata del Tarot como comúnmente lo
conocemos para “echar las cartas”, se trata de meditar con cada arcano,
observarlo por un determinado tiempo, para lograr un efecto en nuestra
psique que nos hace evolucionar. Cada uno de ellos se asocia a un planeta.
Así tenemos que Mercurio es el arcano I,
El Mago, en donde vemos una figura con una mano hacia el cielo y otra
hacia la tierra, dando justamente la visión del mensajero de los dioses,
que conecta la energía mundana con la divina. Al meditar con este arcano,
se logra desarrollar el poder de la atención, de la consciencia humana, es
el poder que hace posible la percepción, y poder ver las cosas como
realmente son.
Venus se asocia al arcano III, La
Emperatriz, y meditando con esta carta desarrollamos otra de las
características venusianas: la creatividad, la imaginación creadora, no la
fantasía, sino la imaginación que nos permite visualizar algo que
queremos, y lograr que se haga realidad.
Marte se relaciona con el arcano XVI, La
Torre, que nos mueve a actuar con valor y decisión para producir los
cambios que necesitamos. En La Torre vemos como una figura humana es
expulsada de una torre por un rayo: es decir, o actúas o las circunstancia
te empujarán a actuar.