
MUJERES AL SERVICIO DEL ¿IMPOSIBLE? REINO DE DIOS.
LA IMPORTANCIA DEL RECUERDO
Los
seres humanos de cualquier cultura y tradición compartimos la necesidad de
marcar en el calendario fechas especiales, en las que conmemoramos aquellos
acontecimientos centrales que orientan y dan sentido a nuestras vidas: cumpleaños,
aniversarios, Día de la Biblia, Día de la Reforma,… Su celebración refuerza
nuestra identidad y nos sitúa en el mundo como lo que somos.
Del
19 al 25 de febrero de 2007, la Unión de Mujeres Misioneras Bautistas de
Levante quiso celebrar una semana especial de las mujeres con el título general
de Mujeres al servicio de un ¿imposible?
Quizá pueda parecer anacrónico que, a comienzos del siglo XXI, las iglesias
mantengan fechas dedicadas a la mujer evangélica, pero hoy seguimos
necesitando recordar y rendir homenaje a tantas mujeres que se dejaron la piel
por el evangelio. Comenzando por cada una de las comunidades locales, somos
responsables de hacer memoria de aquellas mujeres que nos ayudaron a ser lo que
somos hoy, y de reivindicar la labor que tantas de ellas llevan ejerciendo en la
sombra, construyendo calladamente la Iglesia de Jesucristo.
Entre esas mujeres se encuentran Esther Alonso, Juliana Campo
y Marina Rodríguez, nombres posiblemente desconocidos para nosotras hoy, pero
que en el siglo XIX sonaron como las primeras mujeres evangélicas matriculadas
en la Universidad española. Desafiando a los que insistían en la inferioridad
intelectual de la mujer, se formaron en el Instituto
Internacional, dirigido por Alice Gordon Gulick, y trataron de ser un motor
de cambio de la sociedad española, inspiradas por los valores evangélicos de
igualdad y de respeto al ser humano.
Una
semana dedicada a la mujer también es un buen momento para acercarnos a
ejemplos de mujeres que en el Antiguo y Nuevo Testamento no se mantuvieron al
margen de los obstáculos y las dificultades que sufrió el pueblo de Dios, sino
que colaboraron para que la vida se abriera paso en medio de amenazas y
peligros. Todas ellas son modelo de servicio y seguimiento, para hombres y
mujeres.
Sara,
que pasó de la ironía a la alegría, al ver que Dios escucha el llanto de las
mujeres estériles en una cultura en la que la mujer se ganaba el respeto dando
a luz hijos para su marido. Las parteras de Éxodo 1, dispuestas a mentir y a
enfrentarse al todopoderoso faraón egipcio para que la promesa de Dios siguiera
su curso. Débora, la abeja laboriosa que dio lecciones de valor y coraje a un
ambicioso general.
Las
discípulas de Jesús, entre las que se encontraba María Magdalena, las únicas
que siguieron al Maestro desde el principio, aprendiendo a sus pies y apoyándole
con sus bienes, y lo acompañaron hasta la cruz. Finalmente, las diaconisas,
maestras y evangelizadoras que dedicaron sus recursos económicos, su
influencia, su tiempo y su esfuerzo a extender el evangelio por todo el imperio
romano.
Todas
estas mujeres fueron capaces de enfrentarse a los prejuicios de su época por
amor al pueblo de Dios. A menudo contravinieron las normas sociales y se
comportaron como sólo a los hombres les estaba permitido. Ejemplo de valentía
y generosidad, crearon canales por los que pudiera fluir la vida y la salvación
de Dios.
Por
encima de todo, la semana dedicada a la mujer en las iglesias evangélicas ha de
servir para reflexionar sobre la propia situación y poder así afrontar los
retos que nuestra sociedad plantea hoy a la Iglesia de Jesucristo. Siglos
atrás, Agustín de Hipona dijo: “La esperanza tiene dos hijas amorosas: la cólera
y el coraje. Cólera, para que lo que no deba ser, no sea; coraje, para que lo
que deba ser, sea.” Por lo que respecta a la plena coparticipación de hombres
y mujeres en la iglesia evangélica, seguimos viviendo tiempos de cólera y
coraje.
En medio de los interrogantes de la historia que nos ha
tocado vivir, Dios sigue buscando a mujeres que no se queden al margen, sino que
se impliquen con cólera y coraje para que ese sueño esperanzado de Dios se
haga realidad: la existencia de un pueblo consagrado a Él, que ilumine a la
sociedad en la que se encuentra como esa ciudad asentada sobre el monte que
atrae a todos a la verdad, el amor y la justicia.
Nota: El texto ampliado de las conferencias está a disposición
de todas en www.lupaprotestante.es. Es de libre uso en las comunidades citando
su origen.
Lidia Rodríguez