
Volved por las sendas antiguas
Con la excusa de unos nuevos aires en la alabanza y ofreciendo una espiritualidad renovada, hace tiempo dejamos entrar
en nuestras Iglesias de la UEBE, distintas formas de expresión en los cultos. Esto no tiene a mi parecer mayor importancia,
ya que cada cual debe tener libertad para adorar y expresar su sentimiento hacia Dios. Pero he sido testigo como todos estos
movimientos prometedores de una espiritualidad más intensa, lleva oculto tergiversación de la doctrina, conservadurismo
en lo político y social y ataque directo a nuestra forma de gobernarnos.
Es decir, aparentes formas de libertad en lo externo, pero nuevas normas que afectan a los principios bautistas.
Modos extravagantes que se imponen sin ningún criterio razonable. Parece que esto, no le importa a la gran mayoría
o que sólo les interesa a los que han sido afectados.
Cuando ocurre, acaba la congregación dividiéndose. Los miembros más antiguos, normalmente pioneros
y fundadores de la misma, que suelen ser minoría, se van a otra Iglesia donde les acogen,
o se quedan en su casa vencidos y decepcionados.
Como decía, a veces las separaciones de las Iglesias surgen porque los cambios atacan directamente a la forma
en que nos hemos gobernado hasta ahora. Es decir, congregacionalmente. Los “líderes” ya sean pastores y/o ancianos
comienzan a aplicar la llamada Teocracia muy sui géneris, poniéndola en práctica de la siguiente manera:
sólo Dios tiene la autoridad para ungir a su siervo (pastor), y sólo el pastor tiene unción y visión que compartirá
con los ancianos elegidos por él mismo (casi nunca votados en reunión de Iglesia), ya que estos iluminados,
poseen una autoridad espiritual especial al resto de la congregación.
Por lo tanto, son ellos los únicos que tienen derecho a tomar decisiones, debiendo estar los demás en absoluto “sometimiento”
y no diferir, pues esto es tachado de “estar en rebeldía” o “no estar bajo autoridad”.
Así, se cargan de un plumazo nuestra “Administración Eclesiástica Congregacional”.
Actúan así, por el convencimiento de que tienen en su favor “un poder espiritual” o “poder de lo alto”,
en fin, poder, poder, poder, me pregunto ¿para usarlo cómo? ¿para dominar qué o a quién?.
Todos conocemos el pasaje de “Y recibiréis poder.....y me seréis testigos...” para eso, para ser testigos, nada más.
¿No vino el Hijo del Hombre para servir y no para ser servido?.¿Quién cambia el sentido de los versículos?.
Me gustaría aclarar que en la Biblia no aparece la palabra líder pero sí siervo).
Otra de las razones es, porque se imponen nuevas formas de “adoración”, cosa que repito no tendría mayor problema,
sino llegara al punto de la excentricidad y el ridículo. Sino, decidme de aquellas “caídas al suelo” con gente
inconsciente por la supuesta plenitud del espíritu (he visto caer gente no creyente), las “apariciones”,
hermanos que ven al Señor por la calle y le saludan o como compartía una hermana su experiencia de cómo se tomó
un café con el Señor en la cocina de su casa. También “freír pecados en una sartén”, se insta a la asamblea
a escribir sus pecados en un papel y en medio del culto se queman, o la “risa santa”, es decir,
un predicador se sube al púlpito y comienza a reírse porque el espíritu le mueve a ello y contagia a todos,
no habiendo predicación ni lectura de la Palabra ni falta que hace.
Algunas de estas formas ya pasaron de moda, pero no hay que bajar la guardia, vienen otras.
¡Que contar de las carpas en donde el invitado de honor suele ser un telepredicador!,
y muchas de nuestras congregaciones colaboran a “tutiplén”, contrastando con lo mucho que nos cuesta acudir a los
Cultos de Oración o Escuelas Dominicales.
Allí, se prometen milagros y expulsión de demonios, mientras se pasa la bandeja de manera descarada,
animando a que se pongan billetes y no monedas.
O estos tipos de actitudes y mensajes inspirados en la Teología de la Prosperidad, en donde se insinúa cuando no se asegura,
que si hay problemas económicos, enfermedad o los hijos no asisten a la Iglesia etc..
es porque el creyente ha fallado en algún área de sometimiento a la autoridad,
(obsérvese que nunca se habla de sometimiento a Dios, sino el problema es el sometimiento a la autoridad ¿?
puesta por Dios, o sea, al liderazgo de la Iglesia). Esto es vil, ya que se responsabiliza a la víctima
de la situación y cae en un sentimiento de culpabilidad para el que no tiene respuestas.
Y la lista de delirios sería interminable.
Pues si, todas estas cosas las tenemos en nuestras Iglesias desde hace tiempo, en muchas no cuaja pero en otras,
los miembros más antiguos con verdadero conocimiento de la Palabra y de lo que son los Principios Bíblicos,
no lo pueden soportar y ante una mayoría que acepta sin rechistar estos cambios, optan por marcharse en silencio.
Creo que estas situaciones vienen a consecuencia de darle prioridad a la música, a lo festivo, a la celebración y
a las emociones, que siendo bueno todo ello, sin darnos cuenta vamos dejando arrinconada la lectura de la Palabra,
el estudio, la formación en las Escuelas Dominicales y al enfrentamos a errores doctrinales no sabemos cómo responder.
Sabemos bien el precio que tuvieron que pagar los que nos precedieron en la fe, y nos duele mucho que ahora se
frivolice de esta manera. Es triste reconocerlo, pero sucede principalmente porque preferimos escuchar fábulas y cuentos,
queremos oír que todo nos va a ir bien, que nuestros hijos no enfermarán, que el trabajo no faltará y nunca tendremos
sufrimientos. No es la primera vez que esto ocurre en la historia de la Iglesia, sólo hay que leer por ejemplo los evangelios
apócrifos, que durante mucho tiempo eran tomados como Palabra y ahora nos producen hilaridad.
Ya en el pasado ocurría, podemos leer ...”antes bien se fueron tras la imaginación de su corazón....”(Jer. 9:14).
Yo creo en las maravillosas promesas bíblicas pero también,
aconsejo leer muy despacito Hebreos 11 especialmente del vs. 36 al 38.
Me pregunto cómo se puede parar esto, no lo sé, nunca he creído en que ningún príncipe azul vendría a solucionarme
la vida, por lo tanto, sé que nadie va a venir al rescate porque estas Iglesias se llenan,
aumentan nuestro número y disminuimos en identidad como pueblo. Son gentes que escuchan lo que
quieren escuchar y viven un Evangelio de ensoñaciones y fantasías. Mientras, se van los miembros que
pueden ser incómodos y nadie quiere hablar del tema. Pero no nos engañemos, tarde o temprano como bautistas,
pagaremos un alto precio por ello. Como yo lo veo, no estamos hablando de la tradicional diversidad del mundo
evangélico – protestante sino de una denominación, que puede llegar a dividirse.
De todo ello, somos responsables con nuestro silencio y con nuestra complicidad.
También será necesario pararnos y reflexionar las congregaciones más tradicionales, si nuestra frialdad,
apatía, excesiva inclinación por lo administrativo, falta de compromiso personal, o esas familias de “peso” y diáconos
que les hacen la vida imposible a los pastores, ha hecho que se fomentaran este tipo de exaltaciones.
Yo conocí una Iglesia Evangélica Bautista en mi niñez y si Dios me da 20 ó 30 años más de vida me pregunto:
¿qué tipo de culto voy a ver entonces? ¿qué tipo de doctrina vamos a dejar a la próxima generación?.
De todo ello daremos cuentas a Dios.
Pero lejos de mí el deprimirme o rendirme. Yo sé en quién y en qué he creído y seguiré con mi fe sencilla,
la de “dar buenas nuevas a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos,
vista a los ciegos, libertad a los oprimidos y predicar el año agradable del Señor”(Lc. 4:18-19) , así,
sin estridencias ni histerias. Sé que la fuerza de la Verdad y la Justicia de Dios es permanente y se ha demostrado a
través de los siglos. Las modas y falsas doctrinas se evaporan, por eso cambian continuamente,
y
como escribía un querido hermano “todo
lo que Dios hace perdura eternamente”.
“He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá;
y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.” (Ecl. 3:14).