
Conversaciones con un Extraterrestre
El texto siguiente ha sido extractado y parafraseado del libro de ciencia ficción “El cálculo de Dios”, de Robert J. Sawyer.
Título original: Calculating
God
Trad. Pedro Jorge Romero
Colección Nova, nº 153
Ediciones B, 2002
Robert J. Sawyer es ya el mayor fenómeno de la ciencia
ficción canadiense. Especialista en una ciencia ficción hard que
plantea cuestiones morales, con “El Experimento Terminal” obtuvo los premios
Nebula, Aurora (de la ciencia ficción canadiense) y Homer (del Foro de ciencia
ficción de Compuserve) y, en los últimos seis años, ha sido cinco veces
finalista del premio Hugo, un récord difícilmente igualable.
El texto es parte de un diálogo entre un paleontólogo terrestre (P) que no cree en la existencia de Dios, y un alienígena (A) que parece tener pruebas racionales de ello.
P.- ¿Cómo saben que el Universo tiene un creador?
A.- Está claro que el Universo está diseñado; si está diseñado, debe por tanto tener un diseñador.
P.- A mí me parece caótico. Es decir, no es como si las estrellas estuviesen dispuestas en formas geométricas.
A.- Hay una gran belleza en el caos. Pero me refiero a un diseño mucho más básico. Este Universo tiene sus parámetros fundamentales ajustados hasta una precisión casi infinita para que pueda soportar la vida.
P.- ¿De qué modo?
A.- Su ciencia conoce cuatro fuerzas fundamentales. Las cuatro fuerzas que conocen son gravitación, electromagnetismo, la fuerza nuclear débil y la fuerza nuclear fuerte. Las potencias de esas fuerzas tienen valores extremadamente divergentes, pero aun así si esos valores fuesen ligeramente diferentes de los actuales. El Universo tal y como lo conocemos no existiría, y la vida nunca se hubiese formado. Consideremos por ejemplo la gravedad: si fuese ligeramente más potente, hace tiempo que el Universo hubiese colapsado. Si fuese algo más débil, las estrellas y los planetas no se hubiesen formado nunca.
P.- Eso sí.
A.- En el caso de esos dos escenarios, sí; hablo de unos pocos órdenes de magnitud. ¿Desea un ejemplo mejor? Muy bien, las estrellas. Las estrellas, evidentemente, deben alcanzar un equilibrio entre la fuerza gravitatoria de su propia masa (que intenta hacerlas colapsar), y la fuerza electromagnética de su torrente de luz y calor. Hay sólo un margen estrecho de valores que permiten el equilibrio justo para que existan las estrellas. En un extremo se producen las gigantes azules, y en el otro se forman las enanas rojas, ninguna de las cuales permite la aparición de la vida. Por suerte, casi todas las estrellas caen entre esos dos tipos, específicamente debido a una aparente coincidencia numérica en los valores de las constantes fundamentales de la naturaleza. Si por ejemplo, la potencia de la gravedad fuese diferente en una parte en 1040 (es decir, 1 dividido entre otro 1 seguido de 40 ceros), esa coincidencia numérica se alteraría, y cada una de las estrellas del Universo sería o una gigante azul o una enana roja; no existirían soles amarillos para iluminar planetas terrestres.
P.- ¿En serio? ¿Sólo una parte en diez elevado a cuarenta?
A.- Sí. Igual sucede con el valor de la fuerza nuclear fuerte, que mantiene unidos los núcleos aunque los protones de carga positiva intentan repelerse los unos a los otros: si esa fuerza fuese sólo ligeramente más débil de lo que es en realidad, los átomos no se formarían nunca... la repulsión de los protones lo impediría. Y si fuese ligeramente más potente, el único átomo que se podría formar es el de Hidrógeno. En cualquier caso, tendríamos un Universo carente de estrellas, vida y planetas.
P.- Por tanto, ¿dice que alguien eligió esos valores?
A.- Exacto.
P.- ¿Cómo saben que esos no son los únicos valores que esas constantes podrían tener?, quizá simplemente son así porque no podrían ser de ninguna otra forma.
A.- Las probabilidades de que los valores actuales apareciesen por azar son de uno entre seis, seguido de tantos ceros que si se pudiese escribir un cero en cada neutrón y protón de todo el Universo, aún no se podría escribir el número completo.
P.- Incluso si quizá las cuatro fuerzas fundamentales tienen valores aparentemente improbables, aun así sólo serían cuatro coincidencias separadas y, aunque admito que es enormemente improbable, cuatro coincidencias podrían producirse efectivamente al azar en sólo nueve interacciones.
A.- Su tenacidad es intrigante, pero no son sólo las cuatro fuerzas las que tienen valores aparentemente diseñados; muchos aspectos del funcionamiento del Universo parecen haber sido igualmente ajustados hasta el mínimo detalle.
P.- ¿Por ejemplo?
A.- Usted y yo estamos hechos de elementos pesados: carbono, oxígeno, nitrógeno, potasio, hierro y demás. Prácticamente, los únicos elementos que existían cuando nació el Universo eran el hidrógeno y el helio, en una proporción más o menos de tres a uno. Pero en los hornos nucleares de las estrellas, el hidrógeno se fusiona formando elementos más pesados, produciendo carbono, oxígeno y el resto de la tabla periódica de elementos. Todos los elementos pesados que forman nuestros cuerpos se fraguaron en los núcleos de estrellas muertas hace mucho tiempo.
P.- Lo sé. “Somos todos polvo de estrellas”, como solía decir Carl Sagan.
A.- Exactamente. Todos somos formas de vida basadas en el carbono. Pero el hecho de que el carbono se produzca en las estrellas depende de forma importante de los estados de resonancia de los núcleos de carbono. Para producir carbono, dos núcleos de helio deben permanecer juntos hasta que les golpee otro núcleo más; tres núcleos de helio ofrecen 6 neutrones y 6 protones, la receta del carbono. Pero si el nivel de resonancia del carbono fuese sólo un 4% menor, la unión par intermedia no podría producirse, y no se fabricaría carbono, lo que haría que la química orgánica fuese imposible. Pero producir carbono y los otros elementos pesados no es suficiente. Esos elementos pesados se encuentran en la Tierra porque una fracción de las estrellas se convirtió en supernovas, lanzando sus productos de fusión al espacio interestelar.
P.- ¿Y está diciendo que el hecho de que las estrellas se conviertan en supernovas es algo que fue diseñado por un dios?
A.- No es tan simple. ¿Sabe lo que le sucedería a la Tierra si una estrella cercana se convirtiese en supernova?
P.- Si estuviésemos lo suficientemente cerca, supongo que nos quedaríamos fritos. En los años 70, Dale Russell defendió la idea de una explosión cercana de supernova como la causa de las extinciones al final del Cretácico.
A.- Exactamente. Si se hubiese producido una supernova local en cualquier momento de los últimos miles de años próxima a la Tierra, ninguno de nosotros estaría aquí.
P.- Por tanto las supernovas no pueden ser demasiado habituales, y.....
A.- Correcto. Pero tampoco deben ser demasiado escasas. Las ondas de choque producidas por las explosiones de supernova son las que hacen que los sistemas planetarios empiecen a formarse a partir de las nubes de polvo que rodean otras estrellas. En otras palabras, si no hubiese habido ninguna supernova en las cercanías de su Sol, los nueve planetas que lo orbitan no se hubiesen formado nunca. ¿Comprende el dilema? Algunas estrellas deben convertirse en supernovas para fabricar los elementos pesados necesarios para la formación de la vida, pero si son demasiadas, acabarían con toda la vida que apareciese. Pero si no son suficientes, habría muy pocos sistemas planetarios. Al igual que con las constantes físicas fundamentales y los niveles de resonancia del carbono, la tasa de formación de supernovas parece, una vez más, haber sido escogida con un margen muy estrecho de posibles valores aceptables; cualquier desviación sustancial implicaría un Universo sin vida, o incluso sin planetas.
P.- También podría ser pura coincidencia.
A.- O son muchas coincidencias unas apiladas sobre otras, o es un diseño deliberado. Hay más, considere el agua, por ejemplo. Todas las formas de vida que conocemos evolucionaron en el agua, y todas ellas la exigen para sus procesos biológicos. Y aunque el agua puede ser químicamente simple, sólo dos átomos de hidrógeno enlazados con uno de oxígenos, sin embargo es una sustancia tremendamente extraña. Como ya sabe, la mayoría de los compuestos se contraen al enfriarse y se expanden al calentarse.. El agua también lo hace, justo antes del punto de congelación. Entonces hace algo asombroso: comienza a expandirse, incluso mientras va enfriándose, de forma que para cuando se congela, es menos densa que cuando era un líquido. Es por eso, evidentemente, que el hielo flota en lugar de hundirse, Estamos tan acostumbrados a verlo, ya sea en los cubitos de hielo en una bebida o la capa de hielo sobre un estanque, que normalmente no le prestamos atención. Pero otras sustancias no hacen tal cosa: el dióxido de carbono congelado, lo que se llama hielo seco, se hunde en el dióxido de carbono líquido; un lingote de plomo se hundiría en una cuba de plomo líquido. Pero el hielo flota, y si no lo hiciese la vida sería imposible. Si los lagos y los océanos se congelasen desde el fondo hacia arriba, no existirían ecologías en el fondo de los lagos o en los lechos marinos aparte de en las zonas ecuatoriales. Es más, una vez que empezasen a congelarse, las masas de agua se congelarían por completo y así se quedarían para siempre, ya que son las corrientes moviéndose bajo la superficie las que fomentan la descongelación en la primavera; es por eso que los glaciares, que no tienen tales corrientes bajo su superficie, existen durante milenios en tierra adyacente a lagos líquidos.
P.- Concedo que el agua es una sustancia extraña, pero....
A.- Pero ese extraño comportamiento de expandirse antes de congelarse no es ni de lejos la única propiedad térmica del agua. De hecho posee 7 parámetros térmicos diferentes, cada uno de ellos único, o casi, en el mundo químico, y todos ellos independientemente necesarios para la existencia de la vida. Las probabilidades de que cada uno de ellos tenga el valor aberrante que posee debe multiplicarse por las probabilidades de los otros seis, que también son aberrantes. La probabilidad de que el agua tenga esas especiales propiedades térmicas es casi nula.
P.- Casi.
A.- Ni tampoco la naturaleza especial del agua termina con las propiedades térmicas. De todas las sustancias, sólo el selenio líquido tiene una tensión superficial mayor que el agua. Y es la alta tensión superficial del agua lo que la permite penetrar hasta las profundidades de las grietas de las rocas y, como ya hemos comentado, el agua se comporta de forma increíble y se expande al congelarse, rompiendo las rocas en pedazos. Si el agua tuviese una tensión superficial menor, el proceso que permite la formación del suelo no se produciría. Más: si la viscosidad del agua fuese mayor los sistemas circulatorios no evolucionarían..... su plasma sanguíneo es esencialmente agua marina, pero no hay procesos bioquímicos que pudiesen alimentar un corazón que tuviese que bombear algo sustancialmente más viscoso durante un tiempo apreciable. Podría continuar hablando de los asombrosos y cuidadosamente ajustados parámetros que hacen que la vida sea posible, pero la realidad es simplemente ésta: si cualquiera de ellos, cualquiera en esta larga serie, fuese diferente, no habría vida en el Universo. O somos el golpe de suerte más increíble imaginable (algo mucho más improbable que el que Vd. ganase la lotería provincial cada semana durante todo un siglo) o el Universo y sus componentes fueron diseñados, a propósito y con gran cuidado, para dar lugar a la vida.
P.- Pero siguen siendo pruebas indirectas de la existencia de Dios.
A.- Ya sabe que incluso dentro de su propia especie pertenece a una reducida minoría. Sólo hay 220 millones de ateos en el planeta de una población cercana a los 6.000 millones. No más de un 3% del total.
P.- La verdad de los hechos fácticos no es una cuestión democrática. La mayor parte de la gente no piensa críticamente.
A.- Pero Vd. está entrenado para pensar de forma crítica, y le he descrito por qué debe existir Dios.... o al menos, por qué debe de haber existido en alguna ocasión.... en términos matemáticos que están tan cerca de la certidumbre como podría estarlo cualquier otro elemento científico. Y aun así sigue negando su existencia.
P.- Sí, niego la existencia de Dios.