|
|
|
El
Pontífice Maximo, Sucesor del Beatísimo Pedro dirige sus palabras a
todos los hijos de
la Santa Iglesia
, Una, Santa, Católica y Apostólica.
La
gravísima situación que atraviesa
la Iglesia
de Dios nos han llevado a meditar profundamente nuestro valor, nuestra
responsabilidad y nuestra capacidad para poder conducir
la Barca
de Cristo en medio de
la Tormenta
que se ha desatado en estos durísimos tiempos que han venido sobre
nosotros desde la muerte del gran Papa León XIV de Venerable Memoria.
Estos
momentos son terribles: un grupo de obispos y cardenales han decidido
alejarse de
la Santa Sede
, dirigiéndose a unas propiedades en el municipio de General Rodríguez,
ocupándolos e instalándose allí y haciéndonos llegar un petitorio
acerca de reformas urgentes que
la Iglesia
necesita. En Europa, varias comunidades de fieles han decidido actuar de
forma autónoma, malinterpretando los decretos del Sacrosanto Concilio de
Moreno, muchos de los cuales no han sido aún aprobados, imitando otras
comunidades su misma actitud cismática: han votado a quienes debían ser
promulgados a las Sagradas Ordenes, y al no recibir respuesta de Nos, han
solicitado a obispos cismáticos que ordenaras a estos fieles, que luego
nos informaban que lo habían hecho por necesidad. En México, las
autoridades eclesiásticas no se han puesto en comunicación con las
Comunidades Tradicionalistas de Centroamérica, tal como lo habían
ordenado en su momento nuestro predecesor León XIV, de Venerable Memoria,
y posteriormente los Reverendísimos y Eminentísimos Cardenales Emilio
Javier de
la Compasión
, Alejandro de
la Compasión
y Giovanni Garbini. Los seminarios se han infectado con doctrinas extrañas,
con un falso tradicionalismo y un falso misticismo. Nadie está seguro,
todos esperan la milagrosa intervención
de Nuestro Señor Jesucristo para terminar con todos estos problemas. Los
teólogos de
la Iglesia
se enfrentan sin cesar, los Padres Conciliares exigen que el Concilio sea
re abierto. Nadie confía ya en el juicio del Santo Padre, y todos
murmuran.
Sabedores
mejor que nadie de lo que somos y de lo que no somos capaces. Conocedores
de Nuestros límites como nadie más, salvo Jesucristo Nuestro Señor,
hemos rogado a Dios para que nos iluminen para saber que decisión debemos
tomar.
De
esta manera, convencidos que la única manera de devolver la paz, la
unidad y la concordia a
la Iglesia
es por medio de acciones decisivas y
fuertes, y sabiendo que Nos no estamos capacitados para tomarlas, que
somos débiles de carácter y que no podemos actuar como tal vez se
merecería, decidimos de manera irrevocable:
1)
Que el siguiente Motu Proprio revoca
y deroga cualesquier sentencia del decreto sobre la elección Pontificia
promulgado por Su Santidad León XIV de Venerable Memoria.
2)
Que el día 29 de mayo, todos y cada uno de los cardenales de
la Santa Iglesia
Católica, Apostólica y Remanente, así también como todos los Obispos,
Patriarcas, Superiores de Ordenes Religiosas y Sacerdotes se reúnan en
la Iglesia Mayor
de
la Finca Nuestra
Señora de
la Compasión
, situada en General Rodríguez, Provincia de Buenos Aires, y que las
puertas de la misma se cierren al toque de Sexta.
3)
Que aquel día, será leído por Nos, Inocencio XIV nuestra pública
renuncia y tendrá efecto ese mismo día, quedando desde ese momento
formal y materialmente Vacante
la Sede Apostólica.
4)
Que los Padres allí reunidos tendrá la obligación de elegir al Nuevo
Vicario de Cristo, una vez se proclame nuestra desición irrevocable de
renuncia.
5)
Que Nos, Declaramos ordenamos y establecemos que todos los cardenales,
hubieran sido estos creados por Su Santidad de Venerable Memoria León
XIV, o por Nos, Inocencio XIV, Papa actualmente reinante, tendrán el
mismo derecho en el Conclave.
6)
Que todos los allí presentes, siempre y cuando no pesara sobre ellos
decreto de excomunión, o estuvieran sujetos a la excomunión late
setentiae con anterioridad al día 2
de febrero del año MMVII de la encarnación de Nuestro Señor Jesucristo
por herejía o cisma, tendrán derecho a elegir y ser electos.
Finalmente
decretamos, declaramos y establecemos, que el presente Motu
Proprio contiene nuestra real decisión de renuncia al contemplar
nuestra incapacidad de dirigir
la Iglesia
, pero que nadie, bajo pena de excomunión, pueda hacer algo diferente a
lo que Nos hemos decretado y establecido en los anteriores párrafos para
la elección del Sumo Pontífice. Y que nadie, bajo pena de Nuestra
Indignación, así también como la de Nuestro Señor Jesucristo, pueda
negarse a aceptar o declarar nulo, inválido o ilícito el resultado de la
elección pontificia a ocurrir a partir del día 29 de mayo.
Dado
en
la Catedral
de Nuestra Señora de
la Compasión
,
A
los 25 días del mes de mayo, año MMVII de Nuestro Señor Jesucristo.
INOCENTIVS
XIV PP.
|
 |