DESDE DENTRO
Los Centros Sociales Okupados Autogestionados

En todo este proceso de expansión y mayor visibilidad pública del movimiento podemos comprobar que los CSOA han ido teniendo cada vez más protagonismo en comparación con las okupaciones con destino exclusivamente residencial. En ciudades como Madrid el movimiento autónomo llegó a hacer de la experiencia de los CSOA su principal bastión de lucha en los barrios. A pesar de este mayor protagonismo de los CSOA en el movimiento de okupaciones e incluso las decisiones conscientes de algunos grupos de centrarse más en su dinamización, ha seguido siendo permanente la coordinación con personas que han okupado viviendas, e incluso, cada vez más, con okupaciones rurales.

Los riesgos para los activistas con la entrada en vigor del Código Penal de 1996 era mayores, pero los éxitos sociales -como la creación de redes y de actividades autogestionadas- y políticos -crítica abierta a la especulación inmobiliaria y liberación de espacios vitales de socialización- también.

El movimiento ha justificado las okupaciones no sólo como respuesta a la pobreza, al desempleo, a la carencia de viviendas y a la especulación inmobiliaria que afecta a la juventud y, en especial, a la juventud de las clases sociales más bajas, sino también como una tentativa de autogestionar lugares por la propia juventud, sin intervenciones autoritarias de los municipios, sin censuras y como medio de solucionar problemas específicos de vivienda y realizar actividades solidarias.

Los CSOA aparecen como una puesta en práctica de centros culturales alternativos, donde tienen cabida cualquier tipo de actividades, con las que se pretende romper un poco el esquema actor-organizador-espectador, haciendo que todo el mundo participase de las tres. Son, según sus mismos protagonistas, una amenaza para los especuladores inmobiliarios, ya que ponen de manifiesto, con el simple hecho de existir, un conflicto social real, presente en todas las ciudades del estado. Además, aseguran que los mismo centros pretenden poner en cuestión la paz social, el aquí no pasa nada, que garantiza el mantenimiento de injusticias sociales, como la carestía de la vivienda.

La okupación habla por sí sola, es expresiva y rompe el cerco de la información monocolor y abrumadora que se nos impone.

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