Se
pueden distinguir tres sentidos fundamentales en las prácticas
de autogestión que se desarrollan en los CSOA:
1) En su dimensión más básica aludirían
a la organización de la economía
doméstica por parte del grupo más
estable que vive y dinamiza las viviendas y locales okupados.
Esta autogestión revaloriza los espacios
urbanos abandonados y degradados físicamente
por falta de mantenimiento.
2) En un sentido más técnico, la idea de
autogestión hace referencia a que en cada
CSOA la soberanía reside en su propia
asamblea y, por lo tanto, es independiente de
cualquier otra organización. El movimiento de okupación
existe en la medida en que hay una red descentralizada
de CSOA, que puede coordinarse en momentos concretos,
pero sin ánimo de abarcar a todas las okupaciones
ni de establecer ningún centro dirigente del movimiento.
3) Por último, la autogestión de cada okupación
tiene como principio su reproducción, en una especie
de bucle reflexivo: la multiplicación y
proliferación de experiencias autogestionarias,
buscando que la población oprimida se autoorganice
para emanciparse ella misma de sus opresiones, sin vanguardias
ni representantes. En este sentido, los CSOA
se convierten en plataformas de autogestión, abriéndose
a que una pluralidad de colectivos autogestionados, formando
o no parte de un MS, usen esos espacios liberados.
Lo
que más me interesa destacar en esta valoración
es que se trata de un MS en el que la autogestión
es el nexo ideológico-político
que permite conectar los distintos niveles sociales en
los que se ejerce un poder creativo y de resistencia a
la dominación al mismo tiempo: desde la unidad
doméstica básica, pasando por las conexiones
con los grupos sociales afines por medio de actividades
contraculturales, constituyéndose asñi una
red de MS “interna” en los CSOA, hasta llegar
a la reapropiación de espacios urbanos públicos.
Esa
conexión transversal entre niveles de autogestión
perfila un modelo de ecología urbana y
política, en el que la reutilización y rehabilitación
de espacios urbanos en desuso, se une a una preocupación
por la organización y construcción social
de todos los espacios, desde la igualdad social
(sobre todo entre ambos sexos) en la unidad doméstica
de convivencia, hasta el uso de la bicicleta como transporte
ecológico en la ciudad, y el reciclaje de muebles
y materiales de la gran cantidad de basura urbana generada
cada día.
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