Los hitos fundamentales de la vida de
Buenaventura Durruti se entrecruzan con los de la clase
obrera española de los años 20 y 30. Ilya
Ehrenburg, un escritor no afín al anarquismo, y
que lo conoció personalmente, dijo: "Ningún
escritor se hubiera propuesto escribir la historia de
su vida; ésta se parecía demasiado a una
novela de aventuras. Este obrero metalúrgico había
luchado por la revolución desde muy joven. Había
participado en luchas de barricada, asaltado bancos, arrojado
bombas y secuestrado jueces. Había sido condenado
a muerte tres veces: en España, en Chile, en Argentina.
Había pasado por innumerables cárceles y
había sido expulsado de ocho países".
Buenaventura Durruti nació el
14 de julio de 1896 en León. Siendo adolescente
se afilia a la UGT. Participa en la huelga general revolucionaria
de agosto de 1917, impulsada por la CNT, lo que le costó
la expulsión de la UGT por radical,
la persecución policial y la huida a Francia, donde
se relaciona con exilados anarquistas, afiliándose
a la CNT de Asturias al retornar a España
en enero de 1919.
Se une a la pelea frontal contra la patronal
de las minas asturianas y cae preso por primera vez en
marzo de 1919. Pronto conoce a Francisco Ascaso, de quien
será amigo y camarada. La burguesía impulsaba
entonces una ola de asesinatos de sindicalistas y Durruti
se integra a un grupo de autodefensa: Los Justicieros
. Este grupo era una pequeña y activa organización
anarquista, clandestina, que mientras actuaba iba madurando
y culmina auto identificándose en la F.A.I., en
los comienzos de la Revolución Española.
En agosto de 1922 van a Barcelona y con
gente afín fundan el grupo Los Solidarios,
que reunió a lo más valioso del proletariado
catalán, pero pronto, en septiembre de 1923, se
impuso la dictadura de Primo de Rivera con pleno
apoyo del rey. Casi todos los componentes murieron o purgaron
largas condenas, mientras que Durruti y Ascaso tuvieron
que refugiarse en París.
Al fracasar los planes insurreccionales
pensados en el exilio, viajan a Latinoamérica en
diciembre de 1924, para procurar fondos para el proscrito
y agobiado anarcosindicalismo ibérico. Siguieron
15 meses de andanzas increíbles con la ayuda solidaria
de un sinfín de compañeros, la supervivencia
como asalariados, el trabajo sindical, la creciente leyenda
en torno a la figura de aquellos hombres, etc. En abril
del 26 regresan a Europa e intentan secuestrar al monarca
y al dictador, pero antes de eso la policía los
captura y son expulsados de Francia en julio de 1927,
militando casi clandestinamente en el exterior hasta la
caída de Alfonso XIII en abril de 1931.
Cuando no estaban presos Durruti y Ascaso
trabajaban como mecánicos en una empresa mediana.
Eran vistos por los bienpensantes como el puño
de la revolución social. En enero de 1932 la histeria
represiva cayó sobre Durruti y otros anarquistas
y los deportaron a Canarias y al Sahara "español".
La presión popular los liberó en septiembre,
pero Durruti fue arrestado de inmediato por dos meses
más.
Pero las posiciones más ofensivas
crecían en la CNT y el proletariado, lo que lleva
al fallido intento insurreccional anarquista de
enero de 1933, tras el cual Durruti debe ocultarse
hasta caer preso en marzo.
En octubre del 34 se produce
la insurrección de Asturias, 14 días
de batalla de los trabajadores contra el ejército,
mientras que la represión y la conducta de la UGT
y otros sectores dejan a los anarquistas aislados en su
afán de extender la flama revolucionaria. De nuevo
Durruti alterna meses de cárcel con semanas de
febril militancia hasta el triunfo electoral del
Frente Popular en febrero de 1936 que marcó
otro vuelco a la situación. En este clima político-social,
se reúne el IV Congreso de la CNT del 1
al 15 de mayo. El alzamiento militar
del 19 de julio de 1936, lleva al choque entre
izquierdas y derechas.
El 24 de julio, desde una Barcelona
donde el comunismo libertario empezaba a ser una realidad,
Durruti partió con una columna armada a Zaragoza,
ocupada por los golpistas. Luego de duros combates aquella
milicia igualitaria, sin oficiales ni demás tramoya
castrense, avanzó y estabilizó el frente
de Aragón contra tropas regulares mejor equipadas,
aun cuando no pudieron recuperar la ciudad. Paralelamente,
las fuerzas anarquistas apoyaron la transformación
social que significó el establecimiento
de las colectividades agrarias aragonesas, para
escándalo de comunistas, socialistas y demás
acólitos que creían que no se podía
ganar la guerra si al mismo tiempo se hacia la Revolución.
La vida de Durruti terminará en
noviembre de ese mismo año. El día 15 llegó
a reforzar la defensa de Madrid con una columna de 1800
hombres, de inmediato van a lo más duro del combate
y el 19 lo alcanza una bala, cuando transitaba en área
supuestamente segura. Murió en la madrugada
del 20, siendo sepultado dos días después
en el cementerio de Montjuic en Barcelona, acompañado
del duelo más multitudinario visto en la urbe.
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