 |
|
|
DESDE
DENTRO |
La autogestión como fenómeno social y económico |
Esta
contextualización pretende sintetizar y esquematizar
una revolución. Así, como suena, con toda
su grandilocuencia. Por lo que hemos visto, leído
y estudiado España –sobre todo Cataluña,
Aragón y parte del País Valencià- vivió
una auténtica revolución social entre 1898
y 1936. Hay un eje que recorre todos los acontecimientos
–de una forma u otra- que se sucedieron en menos de
medio siglo y es el ascenso de los obreros al poder. Ejemplos
de ello son:
-
la
Semana Trágica de 1909 en Barcelona, en
la que los proletarios levantan barricadas y se
niegan a morir por una guerra que sólo
beneficiaría a una minoría;
-
la
huelga general de 1917, que paraliza el país,
y que quiere poner fin a un modelo político
–el Restauracionismo de los Borbones- basado
en el caciquismo y liderado por unas elites minoritarias;
-
las
luchas obreras clandestinas, sobre todo de los
anarquistas y comunistas, bajo la dictadura de
Primo de Rivera, en las que responden a la violencia
física de la patronal con más violencia;
-
el
triunfo de la República, que, aunque es
un estado burgués, que mantiene a una sociedad
burguesa, es una victoria de los trabajadores
–proletarios y campesinos- que les permite
organizarse mejor, disfrutar de sus derechos y
reclamar mayores cambios sociales;
-
la
Revolución de 1934 en Asturias, en la que
los trabajadores tomaron por unos días
el poder, y que no llegó a fraguar en Cataluña;
-
y
el estallido de la guerra civil, provocado por
las minorías reaccionarias que veían
cómo éste régimen republicano
era, quizás, el paso previo para la toma
del poder por parte de los trabajadores y la creación
de una nueva sociedad, igualitaria, en la que
no conservarían los privilegios que ostentaban.
|
Desde
la pérdida de las colonias, pasando por la huelga
general, el fin del Restauracionismo, la República
y sus avatares hasta, como no, la guerra civil, España,
pero sobre todo, los territorios ya mencionados, experimentó
una serie de hondas transformaciones sociales. Se pasó
de una sociedad burguesa casi feudal –dominada por
la nobleza, la alta burguesía, la Iglesia y el Ejército,
a una sociedad en la que los trabajadores se rebelan y reclaman
el poder.
Esta
fractura social, que tiene su culmen en el verano del 36,
fue liderada fundamentalmente por los anarquistas y los
marxistas, en todas sus múltiples divisiones, pero
principalmente por la CNT-FAI (Confederación Nacional
del Trabajo–Federación Anarquista Ibérica
que era el sindicato anarquista mayoritario, y el POUM,
el primer partido marxista español. Estos dos son,
para nosotros y para la inmensa mayoría de los autores
consultados, los referentes de la revolución.
De
los socialistas apenas si hablaremos, aunque no por ello
pretendemos obviar su papel en estos procesos: su sindicato,
la UGT tenía cerca de un millón de afiliados
en España cuando estalló el conflicto y los
socialistas asturianos –provenientes del sector minero,
fundamentalmente- lideraron la revolución del 34.
Sin embargo, su papel en Cataluña, Aragón
y el País Valencià fue secundario, cuando
no antagónico, en los procesos colectivizadores y
autogestionarios promovidos por la CNT ante todo, y el POUM.
De los comunistas , entendidos como miembros del PCE y sus
federaciones y partidos afines, se podría hablar
mucho. En general, diremos que el papel que sus líderes
jugaron en este tema, y en la evolución de la revolución
social, fue nefasto para los obreros. El PCE estaba ligado
íntimamente a Stalin y los organismos políticos
internacionales proestalinistas. Cuando
estalló la guerra civil, Stalin no quiso ayudar a
que en España se produjera una revolución
social por diferentes motivos:
-
Francia,
Gran Bretaña y EEUU volverían a
mirar con recelo al régimen soviético,
después de aceptar como consumada la Revolución
Rusa y de intentar frenarla. Stalin, que había
firmado acuerdos comerciales con ellos, necesitaba
su “apoyo”. El
enemigo era Hitler, no él. Una alianza
de las democracias burguesas con el régimen
hitleriano sería desastrosa para sus intereses.
-
Stalin
era firmemente partidario de la revolución
en un solo país. Esta era la principal
diferencia con los trotskistas y la oposición
de izquierdas. Él no era un revolcionario,
era un dictador y no le interesaba la propagación
de revoluciones de base y menos en Europa.
|
El
apoyo de la URSS a la República hay que verlo pues
desde esta óptica. La condición fundamental
para la ayuda militar se basaba en el principio del mantenimiento
de la República burguesa española. Por ello
se oponía al POUM y a la CNT y a todas sus actuaciones.
De ahí los hechos de mayo del 37 en Barcelona, el
montaje político contra el POUM. Pero, y esto es
lo que nos interesa, rechazaba las colectivizaciones –apoyando
al pequeño y mediano propietario-, la nacionalización
de la banca y la toma y autogestión de fábricas.
En resumen, Stalin, a través del PCE y otros organismos
internacionales, trató de –y consiguió-
frenar la revolución.
Para
simplificar diremos que durante el verano de 1936 los anarquistas
y los poumistas controlaban la mayor parte de Cataluña
–el núcleo industrial de la zona republicana,
junto con el País Vasco, el cual caería a
mediados del 37- la zona republicana de Aragón y
gran parte del País Valencià. Su presencia
era así mismo, muy fuerte, en el caso de la CNT,
en el resto del territorio republicano.
De
hecho, el estado y todos sus organismos, aunque no fueron
abolidos, carecían de cualquier tipo de poder. El
Comité Central de las Milicias Antifascistas controlaba
las milicias populares, en las que se encuadraban los restos
de las fuerzas armadas republicanas, y habían surgido
multitud de comités y consejos a nivel local, que
eran los que ostentaban el verdadero poder. La economía
capitalista experimentó, en los territorios citados,
un cambio radical. Con la huida de los grandes y medianos
propietarios, tanto agrarios como industriales, los obreros
y campesinos expropiaron de facto las tierras y fábricas,
a lo que la Generalitat –en Catalunya- y el gobierno
central sólo pudieron responder legalizando las conquistas
obreras.
Con
la estabilización de la guerra y el avance nacional,
las fuerzas obreras revolucionarias se vieron en una encrucijada.
O acabar la revolución de un sólo golpe y
tomar el poder o colaborar con la burguesía de izquierdas.
A mediados del verano del 36 la CNT y el POUM decidieron
colaborar con el estado burgués.
Texto
completo
Indice de los contenidos
|
|
|