Ministerio de Defensa de España
 

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LA INDUSTRIA DE DEFENSA EN ESPAÑA 1999

Entrevista

Pedro Ferreras

«Queremos dar a nuestras empresas un proyecto ilusionante»

Para el presidente de la SEPI, el proceso de reordenación de la industria pública de defensa se encuentra muy avanzado en todas las compañías

«Privatizar una empresa exige hacerlo dentro de un proyecto internacional que realmente le añada valor industrial».


Para Pedro Ferreras, presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), el último año ha sido importante en el ámbito de las empresas públicas de defensa. Además de la privatización de Indra, resalta que CASA haya incrementado sus resultados por encima de los 8.000 millones de pesetas de beneficios y que Bazán vaya a terminar su primer ejercicio con números negros después de muchos años. «Incluso Santa Bárbara, que en el 95 tenía el dudoso privilegio de perder tres veces su cifra de facturación, este año va a perder unos 3.000 millones de pesetas, lo que supone una reducción del 56 por 100 respecto al año anterior». Convencido de que los importantes movimientos del sector aeroespacial europeo durante los últimos meses son premonitorios de lo que debe suceder en otras áreas, como construcción naval o armamento terrestre, estima que la reordenación, desde un punto de vista empresarial y financiero, de las empresas dependientes de SEPI «está muy avanzada en todos los casos» y les permitirá afrontar adecuadamente ese proceso de concentración internacional. Un proceso en el que CASA ya está concurriendo.

En cualquier caso, para Ferreras, la clave de la labor de la SEPI en sus compañías radica no sólo en un saneamiento financiero. «La cuestión —dice— consiste en dotar a las empresas de un proyecto industrial que les dé alegría y que ilusione al equipo directivo y a los trabajadores. Lo más importante para que las empresas salgan adelante es lograr que las personas sean conscientes de que están en un proyecto con futuro».

Para el presidente de la SEPI, la recientísima incorporación de CASA a la Compañía Europea Aeroespacial, de Defensa y Espacial (EADS) es un magnífico ejemplo de lo que la Sociedad pretende, «ya que en esta operación confluyen nuestra vocación de estar en la integración europea con la privatización de una empresa perfectamente saneada y a la que hemos dado un magnífico proyecto industrial de futuro».

—¿Cómo se ha fraguado la integración de CASA en EADS tras la creación de ésta?

—Desde el momento en que se produjo la unión de Aerospatiale Matra y DASA nos facilitaron toda la documentación que habían firmado. De hecho, al día siguiente del acuerdo franco-alemán, el presidente de DASA nos explicó cómo se le ofrecía a CASA integrarse inmediatamente en esa fusión, de forma que entrara como miembro fundador en la sociedad que se constituiría en los próximos meses. A partir de ese momento, examinamos cuáles eran las posiciones de ambas empresas y el encaje que se ofrecía en ese esquema para Construcciones. Desde un principio, consideramos positivo el que CASA estuviera presente en ese fenómeno de construcción aeroespacial europea y, tras estudiar a fondo la incorporación llegamos a la conclusión de que resultaba especialmente beneficiosa para CASA, ya que se le ofrecía un proyecto industrial que satisfacía plenamente nuestras expectativas.

—¿Cuál será el porcentaje de SEPI en la EADS?

—Con DASA habíamos definido en un 12,5 por 100 nuestra participación en CASA-DASA. Teniendo en cuenta que Aerospatiale es un poco más grande —en cifra de negocio, que no en beneficios— que DASA, nuestra participación en EADS queda establecida inicialmente en un 6,25 por 100. Antes de que la empresa empiece a cotizar en bolsa la próxima primavera, habrá una ampliación de capital de 2.000 millones de euros, lo que reducirá nuestra presencia a un 5,6 por 100. Pero el porcentaje no es lo más importante; lo fundamental es que CASA se ha integrado adecuadamente en el sistema de toma de decisiones, de forma que no seremos un socio pequeño convidado de piedra. En este sentido, se nombrará un miembro español, en principio yo mismo, para el consejo de la compañía holding y para el de EADS. Además, un español estará a cargo de la División de Aviones de Transporte Militar, mientras que franceses y alemanes dirigirán cada uno otras dos divisiones.

—¿En qué tiempo se privatizaría la participación de SEPI?

—El acuerdo con DASA es que CASA se privatizaría en un máximo de tres años, durante los que la SEPI vendería en bolsa su participación en la sociedad resultado de la fusión. Es el esquema y calendario planteado en la EADS por el Gobierno francés, y nosotros lo hemos asumido igualmente.

—¿Qué escenario resultaba más cómodo para la SEPI: el de la integración en EADS o el inicialmente planeado con DASA?

—Para nosotros era más cómoda la previa creación de un holding con DASA. Pero, en cualquier caso, ya habíamos acordado que, tan pronto como se consumara esa unión, iniciábamos juntos el proceso de fusión con Aerospatiale. Ahí es donde se cambió el orden de los factores, al unirse primero alemanes y franceses en la EADS, pero no el fondo. Lo que estaba diseñado desde un principio, y así se va cumpliendo, era la unión CASA-DASA-Aerospatiale, y siguen además las negociaciones con BAe y con Alenia.

—¿Entonces, el acuerdo DASA-Aerospatiale no fue una sorpresa?, ¿usted se sintió traicionado por DASA en octubre?

—No es una cuestión de traiciones. Todos hablábamos con todos y nos esforzábamos en sacar adelante nuestros respectivos intereses. Nosotros estábamos perfectamente informados de las conversaciones entre DASA y Aerospatiale, e incluso las promovimos en buena parte desde que comunicamos nuestro acuerdo de intenciones con DASA. Lo que resultó una sorpresa fue la firma precipitada, desde el punto de vista de nuestra información, entre DASA y Aerospatiale.

—¿En qué sectores permanecerá o se potenciará CASA una vez integrada en EADS?

—Los trabajos realizados para Airbus y Eurofighter, que suponen buena parte de la facturación de CASA, se verán potenciados, especialmente con cargas adicionales de actividad en el primero de estos consorcios. Además hay dos capacidades en las que Construcciones aportará algo fundamental. Por un lado, su experiencia y gama propia en aviones de transporte militar, a la que está previsto añadir el montaje del A-400M en España, ha permitido a CASA pasar a gobernar esa área en la nueva empresa europea. Otro campo en el que Construcciones aportaba algo muy importante es la fibra de carbono, donde tenemos una de las mejores capacidades probablemente en todo el mundo. Junto con la planta de DASA en Stade, la factoría de Illescas de CASA formará un Centro de Compuestos de Fibra de Carbono que dará a EADS una posición de liderazgo mundial en esta tecnología.

—¿La entrada en EADS va a suponer el cierre de factorías o despidos?

—El plan no prevé nada de esto. Por el contrario, contempla unas inversiones hasta el 2001 de 61.700 millones de pesetas en las plantas españolas de la compañía y un aumento de su plantilla. En este sentido quiero destacar que, en paralelo a la integración en EADS, hemos firmado un acuerdo con las centrales sindicales en el que éstas reconocen que la operación garantiza unas excelentes expectativas. Además, la concentración facilitará algo fundamental para CASA, Aerospatiale y DASA: la configuración de Airbus como sociedad anónima y, en consecuencia, el poder abordar otro tipo de proyectos, como el FLA o el A-3XX, que darán a EADS la posibilidad de entrar en otra dimensión de actividad y de carga de trabajo.

El astillero Bazán, que ha entregado este año el nuevo cazaminas Sella a la Armada, será la última empresa pública que se privatice.


—Pasando al sector naval, ¿cómo juzga la forma en que se ha desarrollado hasta ahora el plan de empresa de Bazán?

—Se ha logrado el saneamiento económico de la empresa, al corregir endeudamientos crónicos mediante la aportación directa por parte de la SEPI de 135.000 millones de pesetas, y esperamos terminar este año con resultados positivos. También esperamos antes de Navidades la confirmación del contrato de las fragatas para Noruega y hacemos todos los esfuerzos para que sea así. Pero hay que ser prudentes: las cosas, hasta que no se firman, pueden dejar de firmarse... Éste es un programa muy importante, porque viene a demostrar que la línea de investigación y de construcción de Bazán es sobradamente sólida; pero lo que necesita la empresa es abrirse al exterior con una serie de pedidos internacionales. En un mercado restringido, difícil y con una competencia internacional feroz, Bazán ha encontrado con las fragatas F-100 un producto equilibrado, ajustado y que puede ser un gran éxito comercial.

—¿El acuerdo con Lockheed y Bath es un paso previo para su participación en Bazán?

—Eso ni nos lo hemos planteado. Es simplemente una alianza en la que cada cual aporta elementos necesarios para las fragatas. Como alternativa estaba estudiada la colaboración con BAe, pero nunca se ha hablado de una participación en el capital de Bazán de estas compañías.

—¿Existe intención de privatizar Bazán?

—El Programa de Modernización del Sector Público de 1996 partía del doble principio de privatizar todas las compañías en las que participaba el Estado y la totalidad de esa participación en cada sociedad. Dicho esto, aclaro que aún no hemos hecho ningún movimiento para la privatización de Bazán por dos razones: una, porque primero había que sanearla financieramente y consolidar su proyecto industrial. Pero, además, privatizar no consiste en quitarnos de encima compañías traspasándolas a cualquiera; hay que hacerlo dentro de un proyecto internacional que realmente añada valor industrial a nuestras empresas. Hoy, y es la segunda razón, ese proyecto no existe en el sector naval. En dos o tres años, es predecible un proceso, similar al del sector aeroespacial, de concentración de los astilleros europeos y, a la vez, de especialización por países en determinados productos, para ser más competitivos y eficaces. Mientras ese proceso no arranque y sepamos en qué marco nos vamos mover, no se pondrá en marcha la privatización de Bazán.

—¿Se va a producir la fusión de Bazán y Astilleros Españoles?

—Ésa es una simple idea, como otras muchas que barajamos constantemente en la SEPI para intentar buscar soluciones imaginativas a los problemas. Pero, aunque a muchos les ha parecido magnífica, otra cosa es que se realice. Dicho esto, hay que reseñar que somos el único país en el que existen dos compañías que sólo hacen barcos de guerra o civiles. Esta excentricidad española no tiene especial lógica aparente y pensamos que valía la pena estudiar los pros y los contras de la unión de ambos grupos. En estos momentos analizamos el tema en la propia SEPI y hemos encargado un estudio a una consultora para contrastar impresiones. Pronto tendremos conclusiones y veremos ventajas e inconvenientes de la idea.

El socio que se elija para Santa Bárbara deberá garantizar una adecuada red comercial.


—¿Cómo se encuentra el proceso de privatización de Santa Bárbara?

—Recientemente hemos iniciado el examen de las propuestas de General Dynamics, Krauss Maffei junto con Rheinmetall y Unión Española de Explosivos. A la par, estamos discutiendo con cada una de ellas los contenidos concretos de sus planes industriales. Pudiera ser —aunque en estas operaciones es difícil fijar calendarios— que tuviéramos seleccionado el adquiriente de Santa Bárbara antes de Navidades.

—¿Cuál es el interés de cada una de las tres ofertas?

—A la UEE le interesa la parte química de Santa Bárbara y opta a lo demás por nuestro requisito de hacer la oferta por el todo, ya que no consentimos en desmembrar la compañía. En el caso alemán, es obvio que su objetivo específico es SBB. General Dynamics se interesa por todo, porque lo que busca es abrirse al mercado europeo, lo que supone un planteamiento totalmente distinto al de los otros dos oferentes. Cada cual tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Por lo que respecta a nuestro interés en ese proceso, es sencillo y se lo hemos explicado claramente a las tres empresas. Hablar de privatización no quiere decir tanto que el Estado venda la empresa como que en ella entren socios privados que le aporten tecnología y redes comerciales. Fabricar y vender sólo para el Ejército español es absolutamente antieconómico, pero resulta muy difícil para una empresa pequeña en el contexto internacional, como Santa Bárbara, exportar sus productos. La conveniencia de ese socio que aporte tecnología y red comercial es evidente. A partir de ahí le exigimos un plan industrial detallado para los próximos cinco años, en el que se garantice, primero, que se atiendan debidamente las necesidades de la defensa española; segundo, que se aseguran los puestos de trabajo de la compañía y, tercero, que se cubran todas esas necesidades de inversión tecnológica y de red comercial, porque con eso aseguramos una empresa con un futuro muy halagüeño.

—¿El Estado mantendría alguna participación en la empresa, aparte de la previsible «acción de oro»?

—Hasta ahora el Gobierno ha aplicado en Indra la mal llamada «acción de oro» (en el Derecho español se habla de la «necesidad de autorización administrativa»). Debo presumir que con Santa Bárbara seguirá el mismo procedimiento. Al margen de esto, la postura del Gobierno es que el hecho de que el Estado sea accionista en cualquier porcentaje no aporta nada a una compañía y hasta es contraproducente.

—Además de alguno de esos tres oferentes, ¿participarían en Santa Bárbara otras empresas o rupos financieros españoles?

—En las ofertas presentadas por los grupos mencionados se deja abierta la posibilidad, que deberíamos estudiar y autorizar caso por caso, de dar entrada a otras empresas españolas en el capital. Como decíamos de CASA, Santa Bárbara puede ser el cauce de unión del sector del armamento terrestre en España y servir de gancho para que éste se integre en un gran proyecto internacional. Yo creo que ese efecto se logrará, participen o no en su capital.

—En ocasiones se ha propugnado utilizar Santa Bárbara como núcleo para reordenar globalmente el sector nacional de blindados...

—Ese planteamiento responde a un criterio intervencionista que no es propio de este Gobierno. No se debe pretender que desde el Ejecutivo se reordene el sector de armamento en España. Se puede colaborar, pero a iniciativa de los sectores privados.

—¿Pueden influir las negociaciones para la adquisición de Santa Bárbara en una demora del programa Leopardo?

—No, en absoluto. El contrato se firmó hace un año, cuando se cerró el acuerdo de transferencia de tecnología con Krauss Maffei —por ciento, muy beneficioso para los intereses españoles, ya que pagamos por esta transferencia la mitad de lo usual en estos casos— y no hay ningún retraso en la puesta en producción del Leopardo.

 

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