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EL SECRETARIO DE ESTADO DE LA DEFENSA EXPLICA LOS
PRESUPUESTOS
El Presupuesto de 1999 sigue dentro de la política general del
Gobierno de sostenibilidad y de rigor presupuestario, «que es la
consecuencia directa de nuestro compromiso de estar en el ámbito de la
moneda única de Europa». A pesar de las estrecheces que impone la
convergencia europea, el secretario de Estado de la Defensa, Pedro Morenés
Eulate, afirma en esta entrevista que en los próximos años habrá recursos
suficientes para continuar el proceso de modernización de las Fuerzas
Armadas. «La profesionalización es objetivo político de primera magnitud
de este Gobierno —recuerda—, pero también lo es la modernización que tiene
que ir pareja a ese proceso». Bajo esta premisa, marcada en la Directiva
de Defensa Nacional, la Secretaría de Estado de la Defensa ha elaborado
las cuentas del Departamento para el próximo
año.
—¿Cuáles son las grandes líneas que orientan este Presupuesto de
Defensa?
—Por vía
ordinaria, el Presupuesto incide más en la profesionalización que en la
modernización. El capítulo uno —gastos de personal— se incrementa
notablemente sobre el año pasado con 24.000 millones de pesetas que irán a
financiar los 17.500 nuevos soldados profesionales netos que habrá el año
que viene. El capítulo seis —inversiones reales— por vía de crédito
ordinario tiene un crecimiento cero. Lo que hemos arbitrado es un sistema
de financiación extraordinaria con los recursos que se obtengan de la
enajenación de inmuebles. Tratamos que esa financiación supla el déficit
del capítulo sexto. Es prematuro adelantar la cifra que se pueda conseguir
este año mediante esta vía de financiación, pero pensamos que podría
aportar entre 10.000 y 15.000 millones de pesetas.
El
capítulo dos —bienes corrientes y servicios—, esencial en el tema militar,
se incrementa en un punto más que en el resto del Estado, donde crece un
1,8 por 100, que se corresponde con la inflación. Ese punto más de
crecimiento nos viene muy bien porque va a permitir mejorar la
operatividad de las Fuerzas Armadas. Se asigna a tres conceptos
fundamentales: la movilidad, el vestuario y la publicidad para el
reclutamiento de los nuevos soldados profesionales. El capítulo cuatro
—transferencias corrientes— financia la participación plena de España en
la OTAN y también crece sobre el año anterior.
—¿Cuál
es el balance de la vía de financiación que se ha abierto en los últimos
años a través del Ministerio de Industria para sufragar la compra de
carros de combate Leopardo 2E, las fragatas F-100 y los
aviones EF-2000?
—Cuando
llegamos al Gobierno existían unos compromisos de España, fundamentalmente
el avión y el carro de combate, que no tenían financiación para poder
seguir adelante, y mucho menos en el escenario de rigor presupuestario de
Maastricht. Los Ministerios de Defensa, de Industria y de Economía y
Hacienda se reunieron para establecer la vía de entrada de la industria
española en unas determinadas tecnologías que nos permitiesen acceder a
tiempo a dichos programas. Es importante señalar que Industria no
participa en programas de defensa, sino que potencia a las empresas para
que accedan a tecnologías que les permitan en su momento construir y
desarrollar sistemas de defensa y otros que se beneficien de dichas
tecnologías y que puedan ser útiles para la vida civil. Además se facilita
que esas industrias estén en condiciones de integrarse en lo que va a ser
el conglomerado de defensa de Europa. Por cierto, llamarlo de defensa ya
es limitarlo, porque son industrias claramente duales, es decir, que
tienen sectores civiles y sectores militares. Por tanto, es incorrecto
decir que el Ministerio de Industria está financiando programas de
defensa: el Ministerio de Industria está potenciando a sus empresas, en
este caso empresas de defensa, pero que también tienen otros
mercados.
—¿Ese
dinero que financia Industria lo tiene que devolver Defensa en el
futuro?
—Defensa
no tiene que devolver ningún dinero, sino pagar el precio de los programas
que contrate y de los bienes que se le entreguen. Es lo normal en el
tráfico mercantil en el mundo y está empezando a ser normal también en los
programas de defensa. Por ejemplo, en el caso del FLA, el futuro avión de
transporte europeo, las empresas saben que no será financiado durante el
proceso de desarrollo por los Gobiernos, sino que lo que harán los
Gobiernos será recibir los aviones y pagarlos en el momento de la
recepción.
Los
presupuestos de defensa en Occidente cayeron de una manera importante
después de la desaparición del Telón de Acero, en algunos casos hasta el
40/45 por 100. España no fue una excepción. En 1988 nuestro Presupuesto de
Defensa fue de 1,36 billones, lo que suponía una participación en el PIB
notabilísima. El Presupuesto del año 1999 es de 0,93 billones, lo que
supone un importante decremento sobre aquella cantidad. Esa es la
situación de la acción conjunta del Gobierno español en temas que afectan
a la investigación y desarrollo, al tejido industrial y a la posibilidad
de que, en su día, Defensa acceda a determinados programas. La ventaja que
obtiene Defensa es que los programas se ponen en marcha a tiempo y, por lo
tanto, no habrá una obsolescencia de esos sistemas de armas una vez que se
entreguen, cosa que hubiera pasado de no haberse propiciado este sistema
conjunto para abordar un proyecto industrial y de defensa.
—El
coste de la plena profesionalización se ha evaluado en 1,25 billones de
pesetas para el año 2003. ¿No le inquieta que la evolución de la economía
nacional e internacional, en gran parte imprevisible, pueda obstaculizar
esta inversión?
—La
economía mundial pasa por una situación de crisis que hay que matizar,
porque, a pesar de la globalidad, afecta más a una parte del mundo que a
otra. Afecta de manera importantísima en el Lejano Oriente y en
Sudamérica. Europa, y en concreto España, ha hecho muy bien sus deberes y
por lo tanto la manera en que la crisis nos afecta no es
dramática.
Por otro
lado, el Presupuesto de Defensa español es bajo comparado con los de otros
países aliados europeos. No hay más que examinar las estadísticas anuales
que emite la OTAN para comprobar que España, en relación con el PIB y en
términos OTAN, es el país que dedica menos recursos, vía presupuesto, a la
defensa. En el año 2003 la situación será la misma. Es decir, con el 1,3
del PIB del año 2003 aún estaremos en la línea baja de los países OTAN.
Por lo tanto, pretender sumar sólo para la defensa los programas que
tienen a la vez un sentido industrial, de investigación y desarrollo y de
defensa, acusando al Gobierno de una especie de interés militarista, no
obedece a la realidad. La realidad del Presupuesto de Defensa español es
que tiene que consolidarse en las cifras que he dicho, no sólo para
mantener una defensa operativa, profesional y moderna, sino,
fundamentalmente, para cumplir los compromisos con nuestros socios. España
ha elegido estar en la cabeza del mundo, y para estar ahí hay que pagar un
precio: de organización en el trabajo, de solidaridad internacional y para
atender a los compromisos internacionales. Competir cuesta, sobre todo, si
se quiere estar arriba. Si no se quiere estar arriba, no se compite. Éste
no es un mensaje militarista, sino de puro sentido común.
—¿Cuáles serán los principales efectos ecoónmicos que producirá
la entrada en vigor de la Ley de Régimen del Personal de las
FAS?
—La
cuantificación exacta deberemos hacerla una vez que tengamos muy perfilada
la Ley en el Parlamento, pero va a tener un impacto que se asumirá por el
Presupuesto de Defensa. Si queremos dar un salto cualitativo en el
concepto de defensa pasando a un ejército profesional, un ejército moderno
y plenamente operativo, tendremos que dotar mejor a nuestros hombres y
equipararlos con otros servidores del Estado que en estos momentos están
en una mejor situación. Eso tendrá un coste que se hará vía
presupuestaria. Al establecer unas necesidades presupuestarias, la Ley
deberá llevar aparejado el crédito que corresponda. Éste se dará por vía
extraordinaria para incorporarlo al año siguiente a los créditos
ordinarios.
—Un 58
por 100 del Presupuesto se destina a gastos de personal y un 42 por 100 a
gastos de material, muy lejos de la relación de 50/50 que recomienda el
dictamen de la Comisión Mixta Congreso-Senado. ¿Cree que será posible
alcanzar este equilibrio en los próximos años?
—Sí. Creo
que es posible. Desde hace años, precisamente por la caída de los
Presupuestos de Defensa, lo que disminuye son los gastos de material, ya
que el coste del capítulo uno es fijo y el número de personas a las que
atiende no disminuye. En 1999 la proporción es todavía mayor. Es decir,
casi todo el recurso ordinario del Presupuesto de Defensa lo destinamos a
financiar el capítulo uno. Pero también es verdad que en 1999 vamos a
destinar recursos extraordinarios al capítulo seis. Por lo tanto, esa
separación existente entre el 58/42 se acercará más. Lógicamente, con unos
crecimientos de presupuesto como los que estamos teniendo, la situación
50/50 se alcanzará al final del proceso de la profesionalización. Sobre
todo, en el momento en que se entreguen a la defensa los equipos,
materiales y sistemas de armas que mencionaba antes.
—¿Quiere decir que habrá recursos para la modernización del
armamento y material?
—Habrá
dinero suficiente. Es voluntad del presidente del Gobierno, y así lo
establece la Directiva de Defensa Nacional, que la profesionalización y la
modernización de las Fuerzas Armadas sean dos procesos paralelos. En
realidad, son el mismo proceso. Las razones son obvias: un ejército
profesional no puede estar infradotado, porque sería un ejército inútil, y
también sería caro mantener profesionales capaces de manejar complejos
sistemas de armas como los de hoy en día y no darles esas armas. Por otro
lado, no se pueden proporcionar determinados sistemas de armas a personas
que tienen unos períodos de instrucción tan cortos como los
actuales.

«El gran adelanto de 1999 es la
posibilidad de vender infraestructura para comprar armamento y
material»
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—Como
indicaba usted al comienzo de la entrevista, la enajenación de inmuebles y
terrenos es una de las vías previstas para obtener recursos. ¿Se va a
tomar alguna medida para impulsar este sistema de
financiación?
—Desde
hace tiempo venimos estudiando la posibilidad de mejorar la gestión de la
infraestructura de la defensa. Nos hemos asesorado externamente y hemos
visto que debíamos potenciar la acción gestora de la Gerencia de
Infraestructura. ¿Cómo? De dos maneras: una, mejorando su capacidad de
generar ingresos mediante una libertad de pactos de la propia Gerencia a
la hora de desarrollar una actividad mercantil para poner inmuebles a la
venta. Y, otra, la posibilidad de contribuir a las necesidades del
Ministerio de Defensa no sólo con infraestructura, sino también con
armamento y material. El gran adelanto de 1999 es la posibilidad de vender
infraestructura para comprar armamento y material y ponerlo directamente a
disposición del Ministerio. Durante 1997 y 1998 llegábamos a esta
situación mediante generación de créditos, pero hemos comprobado que esa
vía no es lo suficientemente ágil. El Ministerio de Economía y Hacienda
también lo ha entendido así, y hemos desarrollado este procedimiento, que
va a permitir una financiación sustancial de las necesidades de armamento
y material.
—¿En
qué situación se encuentra la anunciada Ley de Financiación de las Fuerzas
Armadas?
—Tenemos
elaborado un proyecto. Queremos una ley realista que nos permita abordar
el futuro una vez que lo tengamos asentado. Es decir, hoy por hoy, la
fuerza política del proceso de profesionalización y de modernización es lo
suficientemente importante como para no tratar de protegerlo dos o tres
veces. Sería mucho más importante que, una vez asentado este proceso,
estableciéramos para el futuro un sistema de programación de la defensa
que afectara no sólo al Objetivo de Fuerza Conjunto, sino, muy
particularmente, al soporte financiero de ese proyecto. Por ahora, lo
importante es tener un plan director de armamento y material, un plan
director de infraestructuras y un plan claro del esquema total de la
profesionalización y, cuando sepamos todo eso, entonces asegurar ese
proyecto con una determinada ley. Ahora mismo, una ley de dotaciones sólo
serviría para estar sujetos a sus previsiones, cuando podríamos necesitar
más recursos, o para incumplirla, en el caso de que luego no fuesen
necesarios tantos. Una ley de este tipo no debe asegurar un período
específico como el que estamos viviendo, sino una estabilidad de futuro
para las Fuerzas Armadas, para la defensa de España.
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