"First they came for the Jews
and I did not speak out -
because I was not a Jew.
Then they came for the communists
and I did not speak out -
because I was not a communist.
Then they came for the trade unionists
and I did not speak out -
because I was not a trade unionist.
Then they came for me -
and there was no one left
to speak out for me."
Pablo Neruda: Tristeza en la muerte de un H�roe
Los que vivimos
esta historia, esta muerte y resurrecci�n de nuestra esperanza
enlutada,
los que escogimos
el combate y vimos crecer las banderas, supimos que los m�s
callados
fueron nuestros
�nicos h�roes y que despu�s de las victorias llegaron los
vociferantes
llena la boca de
jactancia y de proezas salivares.
El pueblo movi�
la cabeza:
y volvi� el h�roe
a su silencio.
Pero el silencio
se enlut� hasta ahogarnos en el luto cuando mor�a en las
monta�as
el fuego ilustre
de Guevara.
El comandante
termin� asesinado en un barranco.
Nadie dijo esta
boca es m�a.
Nadie llor� en
los pueblos indios.
Nadie subi� a los
campanarios.
Nadie levant� los
fusiles, y cobraron la recompensa aquellos que vino a
salvar
el comandante
asesinado.
� Qu� pas�,
medita el contrito, con estos acontecimientos?
Y no se dice la
verdad pero se cubre con papel esta desdicha de metal.
Reci�n se abr�a
el derrotero y cuando lleg� la derrota fue como un hacha que
cay�
en la cisterna
del silencio.
Bolivia volvi� a
su rencor, a sus oxidados gorilas, a su miseria
intransigente,
y como brujos
asustados los sargentos de la deshonrra, los generalitos del
crimen,
escondieron con
eficiencia el cad�ver del guerrillero como si el muerto los
quemara.
La selva amarga
se trag� los movimientos, los caminos, y donde pasaron los
pies
de la milicia
exterminada hoy las lianas aconsejaron una voz verde de
ra�ces
y el ciervo
salvaje volvi� al follaje sin
estampidos.