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Parte Cuatro: Orden en el Caos
| 19. Alienación y el futuro de la humanidad (2) | |
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Marx y la alienación Incluso los afortunados que tienen un puesto de trabajo, nueve de cada diez veces, es un trabajo penoso y sin sentido. Las horas de trabajo no se consideran como parte de la vida. No tienen nada que ver contigo como ser humano. El producto de tu trabajo pertenece a otra persona, para la cual no eres más que "un factor de la producción". La vida empieza en el momento en que pones el pie fuera del puesto de trabajo, y cesa en el momento en que vuelves a entrar. Este fenómeno fue explicado por Marx en sus Manuscritos Filosóficos y Económicos de 1844: "Ahora bien, ¿en qué consiste la enajenación del trabajo? "En primer lugar en que el trabajo es algo externo al obrero, es decir, algo que no forma parte de su esencia, en que, por tanto, el obrero no se afirma, sino que se niega en su trabajo, no se siente bien, sino a disgusto, no desarrolla sus libres energías físicas y espirituales, sino que mortifica su cuerpo y arruina su espíritu. Por tanto, el obrero solo se siente en sí fuera del trabajo, y en este se siente fuera de si. Cuando trabaja no es el, y solo recobra su personalidad cuando deja de trabajar. No trabaja, por tanto, voluntariamente, sino a la fuerza, su trabajo es un trabajo forzado. No representa la satisfacción de una necesidad, sino que es simplemente, un medio para satisfacer necesidades extrañas a el. El carácter extraño del trabajo que realiza se manifiesta en toda su pureza en el hecho de que el trabajador huye de su trabajo como de la peste, en cuanto cesa la coacción física, o cualquier otra que le constriñe a realizarlo. El trabajo externo, el trabajo en el que hombre se enajena, es un trabajo de auto sacrificio, de mortificación. En definitiva, la exterioridad del trabajo para el obrero se revela en el hecho de que no es algo propio suyo, sino de otro, de que no le pertenece a el y de que Él mismo, en el trabajo, no se pertenece a sí mismo, sino que pertenece a otro. Lo mismo que en la religión la actividad humana propia de la fantasía humana, del cerebro y el corazón humanos, obra con independencia del individuo y sobre Él, es decir, como una actividad ajena, divina o demoníaca, la actividad del obrero no es tampoco su propia actividad. Pertenece a otro y representa la pérdida de sí mismo".46 Así, para la gran mayoría, la vida se consume en una actividad que tiene poco sentido para el individuo; en el mejor de los casos es tolerable; en el peor, un tormento viviente. Incluso los que eligen trabajar enseñando a niños o cuidando a enfermos, se encuentran con que la satisfacción que reciben por su trabajo, desaparece en la medida en que las leyes del mercado entran tambiÉn en las escuelas y en los hospitales. El sentimiento de que la sociedad ha llegado a un impasse no se limita a las "capas bajas". TambiÉn la clase dominante se está¿ sintiendo cada vez más pesimista respecto al futuro. Uno busca en vano las grandes ideas del pasado, esa confianza, ese optimismo. El constante jactarse de las supuestas maravillas de "la economía de libre mercado", suena cada vez más vacío, según la gente empieza a darse cuenta de la situación real, millones de parados, ataques a los niveles de vida, acumulación de enormes fortunas a través de la especulación, y la corrupción. Es irónico que los defensores del orden existente acusen al marxismo de ser "materialista", cuando la burguesía practica el tipo más vulgar y bruto de materialismo, no en el sentido filosófico de la palabra sino en el del diccionario. La búsqueda de beneficios a toda costa, la elevación de la codicia a la categoría de principio absoluto, está¿ en el centro de toda su cultura. Esta es su auténtica religión. En el pasado se cuidaban de ocultarlo de la vista pública tanto como podían, escondiéndose detrás de una pantalla de moralismos hipócritas sobre el deber, el patriotismo, el trabajo honesto y todo lo demás. Ahora lo plantean abiertamente. En todos los países podemos observar una epidemia sin precedentes de corrupción, mentiras, estafas, timos, no los pequeños robos de los delincuentes normales, sino el saqueo a gran escala, perpetrado por hombres de negocio, políticos, jefes de policía y jueces. ¿Y por qué no? ¿No es nuestro deber hacernos ricos? El credo del monetarismo eleva el egoísmo y la codicia a principio. Coge tanto como puedas, como quiera que puedas y que cada uno se apañe se las arregle como pueda. Es la cultura del "pelotazo". Esta es la esencia destilada del capitalismo. La ley de la selva traducida al lenguaje del vudú económico. Por lo menos tiene el mérito de la simplicidad. Te dice clara y diáfanamente quÉ es el capitalismo. Y sin embargo, ¿quÉ filosofía tan vacía! Aunque no lo saben, ellos mismos, los señores del planeta, no son más que meros esclavos, sirvientes ciegos de fuerzas que no controlan. Ellos no tienen el auténtico control del sistema, no más que las hormigas en un hormiguero. La cuestión es que están bastante satisfechos con este estado de cosas, que les da posición, poder y riqueza. Y resisten tenazmente todo intento de cambiar radicalmente la sociedad. Si hay un hilo conductor a través de toda la historia humana es el de la lucha de hombres y mujeres para tomar control sobre sus vidas, para ser libres en el sentido real de la palabra. Todos los adelantos de la ciencia y la técnica, todo lo que los humanos han aprendido sobre la naturaleza y sobre ellos mismos, representa el potencial que existe actualmente para adueñarse de las condiciones en las que viven. Y sin embargo, en la última década del siglo XX, el mundo parece sujeto a una extraña locura. Los seres humanos se sienten incluso menos en control de sus destinos que antes. La economía, el medio ambiente, el aire que respiramos, el agua que bebemos, la comida que comemos: todo parece estar en un equilibrio precario al filo de la navaja. El viejo sentido de seguridad se ha desvanecido. Ha desaparecido la idea de que la historia representa una marcha ininterrumpida hacia algo mejor que el presente. Bajo estas circunstancias, sectores de la sociedad buscan una salida en cosas como la droga y el alcohol. Cuando la sociedad pierde su racionalidad, los hombres y mujeres buscan amparo en lo irracional. La religión, como dijo Marx, es un opio, y sus efectos no son menos dañinos que los de otras drogas. Hemos visto como ideas místicas y religiosas han penetrado incluso el mundo de la ciencia. Es un reflejo del carácter del período por el que estamos pasando.
"Trata de fortalecer tus compromisos morales y tu fe religiosa. Relee los Diez Mandamientos y el Libro del Eclesiastés. Una Biblia no es un mal maestro de historia y una guía para sobrevivir en tiempos difíciles". (Rees-Mogg.) "A quien no le importe volver a Moisés, Cristo o Mahoma. A quien no esté satisfecho con el batiburrillo ecléctico, tiene que reconocer que la moralidad es un producto del desarrollo social; que no hay en ella nada inmutable; que sirve a intereses sociales; que estos intereses son contradictorios; que la moralidad más que ninguna otra forma de ideología tiene un carácter de clase". (Trotsky.) "¿El marxismo niega la moralidad!" A menudo oímos expresiones de este tipo, que simplemente revelan ignorancia sobre el ABC del marxismo. Es cierto que el marxismo niega la existencia de una moral suprahistórica. Pero no hace falta mucho esfuerzo para ver que los códigos morales que han regulado la conducta humana han cambiado substancialmente de un período histórico a otro. Hubo un tiempo en el que no se consideraba inmoral comerse a los prisioneros de guerra. más adelante, el canibalismo se consideró aborrecible, pero se podía convertir a los prisioneros de guerra en esclavos. Incluso el gran Aristóteles estaba dispuesto a justificar el esclavismo, sobre la base de que los esclavos no tenían alma, y por lo tanto no eran completamente humanos (el mismo argumento se utilizó en relación a la mujer). más tarde se consideró moralmente incorrecto que una persona poseyese a otra como una propiedad personal, pero era perfectamente aceptable que los señores feudales tuviesen siervos encadenados a la tierra y totalmente sujetos a su amo, hasta el punto de tener que ceder a su novia al señor feudal en la noche de bodas. Hoy en día se considera todas estas cosas bárbaras e inmorales, pero en cambio no se cuestiona la institución del trabajo asalariado, en el que un ser humano se vende a pedazos a un empresario, que utiliza su fuerza de trabajo como le place. DespuÉs de todo, esto es trabajo libre. A diferencia del siervo y el esclavo, el trabajador y el empresario llegan a un acuerdo por su libre voluntad. Nadie obliga al trabajador a trabajar para un empresario concreto. Si no le gusta puede dejarlo y buscar trabajo en otra parte. Es más, en una economía de libre mercado, la ley es la misma para todo el mundo. El escritor francés Anatole France escribió sobre "el majestuoso igualitarismo de la ley, que prohíbe a ricos y pobres por igual dormir debajo de un puente, mendigar por las calles, y robar pan". En la sociedad moderna, en lugar de las viejas formas abiertas de explotación, tenemos explotación hipócritamente disfrazada, en la que la relación real entre hombres y mujeres se transforma en una relación entre cosas, pequeños trozos de papel que dan a los que los poseen el poder de la vida y la muerte; que pueden hacer que lo feo sea bonito; que lo que es débil sea fuerte; al estúpido inteligente; que el viejo sea joven. Trotsky escribió que las relaciones monetarias se han enraizado tan profundamente en las mentes de la gente que nos referimos a un hombre que "vale" tantos millones de dólares. El hecho de que este tipo de expresiones se den por buenas es una medida del grado de alienación que existe en la sociedad actual. Nadie se sorprende cuando, durante una crisis monetaria, en el telediario se habla de una moneda como si fuera una persona recuperándose de una enfermedad ("la libra/dólar/peseta se ha recuperado significativamente esta mañana"). Se considera a los seres humanos como objetos, y a los objetos, especialmente el dinero, se les trata con un temor supersticioso, recordando las actitudes religiosas de los salvajes en relación a sus tótems y fetiches. La relación de este fetichismo de las mercancías fue explicado por Marx en el primer volumen de El Capital. La búsqueda de una moralidad absoluta es totalmente inútil. Una vez más, las leyes inmutables de la lógica no nos pueden ayudar. La lógica formal se basa en una antítesis fija entre verdadero y falso. Una idea es correcta o incorrecta. Pero la verdad, como el poeta alemán Lessing señaló, no es como una moneda acuñada en la casa de la moneda y que se puede utilizar en todas las circunstancias. Lo que en un momento y en unas circunstancias determinadas es verdadero, en otro momento es falso. Lo mismo con los conceptos de "bueno" y "malo". Lo que en una sociedad es bueno, es aborrecible en otra. Es más, incluso en una sociedad concreta el concepto de bueno y malo cambia frecuentemente, según las circunstancias y los intereses de un una clase determinada. Si excluimos el incesto, que parece ser un tabú en prácticamente todas las sociedades, hay muy pocos mandamientos morales eternos y absolutos. "No robarás", no tiene mucho sentido en una sociedad que no se base en la propiedad privada. "No cometerás adulterio", solo tiene sentido en una sociedad patriarcal, en la que los hombres querían asegurarse de que su propiedad privada sería heredada por sus hijos. "No matarás" siempre ha estado rodeado de tantos calificativos que inmediatamente se transforma en otra cosa bastante diferente; por ejemplo, no matarás, excepto en defensa propia; o no matarás, excepto si es alguien de otra tribu/nación/ religión, etc. En todas las guerras, los sacerdotes bendicen los ejércitos de la nación cuando salen a masacrar los ejércitos de otra nación. El mandato moral absoluto de no matar, se convierte de la noche a la mañana, en un mandato bastante relativo, en relación a otras consideraciones que, si las analizamos más de cerca, tienen que ver con los intereses estratégicos, políticos, económicos o territoriales de los estados implicados en la lucha. Toda esta hipocresía queda bastante bien reflejada en un pequeño verso del gran poeta escocés Robert Burns: "¿Hipócritas! ¿Qué barbaridades son estas? La guerra es un hecho de la vida (y de la muerte). Ha habido muchas guerras en la historia de la humanidad. Puedes lamentarte por ello, pero no negarlo. Además, la mayoría de las discusiones importantes entre naciones se han resuelto en última instancia mediante la guerra. El pacifismo nunca ha sido una doctrina muy del agrado de los gobiernos, excepto como maniobra diplomática cuyo único objetivo es confundir a todo el mundo respecto de las intenciones reales de ese gobierno. La mentira es la moneda de cambio de los diplomáticos. Se les paga por eso. "No mentirás" simplemente no se aplica en este caso. Un general que no hiciese todo lo posible para engañar al enemigo respecto a sus auténticas intenciones sería considerado un loco o peor. Aquí vemos como la mentira se convierte en algo a alabar ¾ una astucia militar¾ . Un general que dijese la verdad sobre sus planes al enemigo sería fusilado como traidor. Un obrero que revelase los detalles de una huelga al empresario sería considerado de la misma manera por sus compañeros y compañeras de trabajo. De estos ejemplos podemos sacar la conclusión de que la moralidad no es una abstracción suprahistórica, sino algo que ha evolucionado históricamente, y ha sufrido bastantes cambios. En la Edad Media, la Iglesia Católica Romana condenaba la usura como un pecado mortal. Hoy en día el Vaticano tiene su propio banco, y gana grandes cantidades prestando dinero con interés. En otras palabras, la moralidad tiene una base de clase. Refleja los valores, intereses y puntos de vista de la clase dominante. Por supuesto que no puede conseguir mantener el grado necesario de cohesión social si no es aceptada por la gran mayoría de los ciudadanos. Por lo tanto tiene que parecer compuesta de verdades absolutas e incuestionables, la violación de las cuales destruiría todo el edificio de la sociedad. Hay pocas cosas más repulsivas que ver a damas y caballeros de bien dando lecciones a la gente sobre la necesidad de la moral, la religión, la familia y el ahorro. Los mismos individuos cuya codicia se manifiesta todos los días en los enromes aumentos salariales para los miembros de los consejos de dirección de las grandes empresas, dan lecciones a los trabajadores sobre la necesidad de sacrificarse. Los mismos especuladores que no vacilan a la hora de hundir la moneda de su propio país para aumentar sus ya bien nutridas cuentas bancarias, tratan de convencernos sobre la necesidad de defender los valores patrios. Los mismos bancos y multinacionales y gobiernos responsables de la explotación sin piedad de millones de personas en África, Asia y América Latina se llevan las manos a la cabeza horrorizados cuando los trabajadores y campesinos toman las armas para luchar por sus derechos. Dan lecciones al mundo sobre la necesidad de la paz. Pero los stocks de armamento letal sobre los que siguen aumentando sus fabulosas fortunas demuestran que su pacifismo es bastante relativo. La violencia es un crimen solamente cuando la utilizan los pobres y oprimidos. Toda la historia demuestra que la clase dominante siempre defender¿ su poder y sus privilegios por los medios más brutales si es necesario. Los defensores del statu quo siempre han inscrito en sus banderas las palabras sagradas: Familia, Orden, Propiedad Privada y Religión. Pero de estas instituciones supuestamente inviolables a la clase dominante sólo le interesa realmente una, la propiedad privada. La religión, como Rees-Mogg plantea francamente, es un instrumento necesario para mantener a los pobres bajo control. La mayor parte de los miembros de la clase dominante no se creen una sola palabra, y van a la Iglesia de la misma manera que van a la ópera, para lucir su último modelito. Su comprensión de la teología es tan escasa como su apreciación del Anillo de los Nibelungos de Wagner. En su vida privada la burguesía muestra poco respeto por las "leyes eternas de la moralidad". La epidemia de escándalos que ha sacudido la clase política en Italia, el Estado Español, Gran Bretaña, Bélgica, Japón y los Estados Unidos es sólo la punta del iceberg. Pero siguen con su cantinela sobre las "verdades morales eternas" y se sorprenden cuando se les responde con una carcajada de incredulidad. ¿Quiere esto decir que la moral no existe? ÀO que los marxistas son amorales? Nada más lejos de la realidad. La moralidad existe, y juega un papel necesario en la sociedad. Toda sociedad tiene su código moral, que sirve como lazo poderoso, en la medida en que sea reconocido y respetado por la gran mayoría. En última instancia la moralidad existente, y las leyes que sirven para ponerla en práctica están respaldadas por toda la fuerza del estado, reflejando los intereses de la clase o casta dominante, aunque no siempre de una manera abierta. Mientras el orden socioeconómico hace avanzar la sociedad, los valores ideas y puntos de vista del estrato dominante son aceptados sin cuestión por parte de la inmensa mayoría de la gente. La base de clase de la moralidad fue explicada por Trotsky: "La clase dominante fuerza sus fines sobre la sociedad y la habitúa a considerar todos aquellos medios que contradicen sus fines como inmorales. Esta es la principal función de la moralidad oficial. Persigue la idea de la ‘mayor felicidad posible' no para la mayoría sino para una minoría cada vez más pequeña. Un régimen de este tipo no se podría haber sostenido ni siquiera durante una semana sólo por la fuerza. Necesita el cemento de la moralidad".47 Los individuos aislados que osan cuestionarlos son considerados herejes y perseguidos. Son considerados "inmorales", no porque no tengan un punto de vista moral, sino porque no aceptan la moral existente. Se declaró a Sócrates una influencia dañina para la juventud ateniense y luego le obligaron a beberse una taza de cicuta. Los primeros cristianos fueron acusados de actos inmorales por parte del estado esclavista que les persiguió sin piedad antes de decidir que lo mejor sería reconocer la nueva fe, para corromper a los dirigentes de la Iglesia. Lutero fue denunciado cuando empezó a criticar la corrupción de la iglesia medieval. El crimen del marxismo es explicar el hecho de que la sociedad capitalista ha entrado en conflicto con las necesidades del desarrollo social; que se ha convertido en un obstáculo intolerable para el progreso humano; que está¿ completamente roído por contradicciones; que está¿ sumido en una bancarrota política, económica, cultural y moral; y que la supervivencia de este sistema enfermo pone en peligro el futuro del planeta. Desde el punto de vista de los que poseen y controlan la riqueza de la sociedad, estas ideas son "malas". Desde el punto de vista de lo que se necesita para encontrar una salida de este callejón sin salida, son correctas, necesarias y buenas. La crisis del capitalismo está¿ teniendo los efectos más negativos en la moral y la cultura. Los síntomas de desintegración social son palpables en todas partes. La familia burguesa se está¿ cayendo a pedazos, pero ante la ausencia de una alternativa, esto está¿ llevando a una pesadilla de pobreza y degradación para millones de familias necesitadas. Los barrios deprimidos de Estados Unidos y Europa, con sus enormes bolsas de desempleo y pobreza, son un terreno abonada para la drogadicción, el crimen, y todo tipo de pesadillas. En una sociedad capitalista, se considera a la gente como mercancías de las que se puede prescindir. Los mercancías que no pueden ser vendidas se les deja hasta que se pudren. ¿Por quÉ tendría que ser diferente con los seres humanos? Pero con la gente no es tan simple. No pueden dejar morir de hambre a gran número de gente por miedo a las contradicciones sociales. Por lo tanto en una última contradicción del capitalismo, la burguesía se ve obligada a alimentar a los parados en lugar de ser alimentada por ellos. Una situación realmente enfermiza en la que hombres y mujeres desean trabajar, aumentar la riqueza de la sociedad, y las "leyes del mercado" se lo impiden. Esta es una sociedad inhumana en la que la gente está¿ subordinada a las cosas. ¿Es de extrañar que alguna de esta gente se comporte de forma inhumana? Cada día la prensa sensacionalista está¿ llena de historias de abusos terribles contra los sectores más débiles e indefensos de la sociedad, mujeres, niños y ancianos. Esto es un barómetro fiable del estado moral de la sociedad. La ley en algunos casos castiga estos ataques, aunque en general se persigue mucho más los crímenes contra la propiedad (especialmente la gran propiedad) que los crímenes contra las personas. Pero en cualquier caso las raíces sociales profundas de los crímenes están fuera del alcance de los jueces y la policía. El desempleo alimenta todo tipo de crímenes. Pero hay otros factores, más sutiles. La cultura del egoísmo, la codicia y la indiferencia hacia el sufrimiento de los demás que ha florecido, especialmente en las dos últimas décadas cuando Reagan y Thatcher le dieron su sello de aprobación, indudablemente ha jugado un papel aunque no es fácil de cuantificar. Esta es la auténtica cara del capitalismo, o más concretamente del capital monopolista y financiero, cruel, crudo, sin compasión. Este es el capitalismo en su período de decadencia senil, intentando recuperar el vigor de su juventud. Es un capitalismo parásito, con una clara preferencia por la especulación monetaria y financiera, en lugar de la producción de auténtica riqueza. Prefiere los "servicios" a la industria. Cierra fábricas como cajas de cerillas, destruyendo comunidades e industrias enteras, y recomienda a los mineros y trabajadores del metal que busquen trabajo en hamburgueserías.Aparte de las monstruosas consecuencias sociales y económicas de esta doctrina, introduce un veneno moral mortal en el tejido de la sociedad. Gente que no tiene ninguna perspectiva de encontrar un puesto de trabajo se enfrenta al espectáculo de la "sociedad de consumo", en la que se presenta tener y gastar dinero como la única actividad que vale la pena en la vida. Los modelos de comportamiento en esta sociedad son los arribistas arrogantes, los trepas avariciosos, dispuestos a ir hasta donde haga falta con tal de subir. Esta es la auténtica cara de "la libre empresa", de la reacción monetarista, la cara de un aventurero sin principios, un ladrón y embustero, un ignorante superficial, un matón en un traje elegante, la personificación de la avaricia y el egoísmo. Esta es la gente que aplaude el cierre de escuelas y hospitales, el recorte de las pensiones y otros gastos que "no dan beneficios", al mismo tiempo que ellos acumulan fortunas sólo con unas llamadas de teléfono, sin producir nada en absoluto en beneficio de la sociedad. Frecuentemente se asegura que la gente "naturalmente" actúa según sus propios intereses. Esto se interpreta de una forma estrecha, como egoísmo personal. Esta interpretación encaja con los defensores del sistema socioeconómico actual, en el que la codicia y la búsqueda del interés propio son considerados grandes principios morales, equivalentes al ejercicio de la "libertad individual". Si ese fuese el caso la sociedad humana nunca se habría desarrollado. La propia palabra "interés" viene del latín "inter-esse" que quiere decir "participar en". Toda la base de la evolución moral e intelectual del niño es el movimiento desde el "egoísmo" hacia un sentimiento más amplio de las necesidades y requerimientos de los demás. La sociedad humana se basa en la necesidad de la producción social, cooperación y comunicación. Es el impasse del capitalismo lo que amenaza a hacer volver la cultura humana a un nivel infantil, en el peor sentido de la palabra ¾ el infantilismo de la decadencia senil¾ . Una sociedad atomizada, centrada en sí misma, sin moralidad, sin una filosofía, sin alma, una sociedad "sin ojos, sin dientes, sin gusto, sin nada".
Todo sistema social se imagina que es la última palabra en el desarrollo histórico. Se supone que toda la historia anterior era sólo una preparación para ese particular modo de producción, y todas las formas legales de propiedad, códigos morales, religión y filosofía que lo acompañan. Sin embargo todo sistema de sociedad sólo existe en la medida en que se demuestra que es capaz de satisfacer las necesidades de la población, y dar a la gente una esperanza de futuro. En el momento en que ya no es capaz de hacerlo entra en un proceso de declive irreversible, no sólo económicamente sino tambiÉn moral, culturalmente y en todos los sentidos. Una sociedad de este tipo está¿ muerta, aunque sus defensores nunca lo admitirán. A medida que nos acercamos al fin del siglo XX, existe un sentimiento palpable y penetrante de cansancio y extenuación en la sociedad capitalista. Es como si todo el modo de vida se hubiese vuelto viejo y decrépito. Esto no es solamente lo que los escritores llaman mal du siecle. La gente se da cuenta vagamente de que la "economía de mercado" ha llegado a su límite. Sin embargo el hecho de que una forma de sociedad haya llegado a su fin no significa que el desarrollo de la humanidad tambiÉn. La historia no sólo no se ha acabado sino que ni siquiera ha empezado. Si nos imaginamos la historia como un calendario en que el 1 de enero representa el origen de la tierra y el 31 de diciembre el día de hoy, tomando una cifra redondeada de 5.000 millones de años como edad de la tierra, cada segundo representaría unos 167 años, y cada minuto 10.000 años. El Cámbrico inferior empezaría el 18 de noviembre. El hombre aparecería a las doce menos diez de la noche del 31 de diciembre. Y toda la historia registrada de la humanidad estaría en los últimos 40 segundos antes de medianoche. Ilya Prigogine ha resaltado que "la comprensión científica del mundo que nos rodea sólo está¿ empezando". La civilización humana, que parece ser muy vieja, de hecho es muy joven. La auténtica civilización, en el sentido de una sociedad en la que los seres humanos controlen conscientemente sus vidas, y sean capaces de vivir una existencia verdaderamente humana, en oposición a lucha animal por la supervivencia, todavía no ha empezado. Lo que está¿ claro es que un forma concreta de sociedad ha envejecido y llegado a su límite, pero se agarra a la vida, aunque ya no tiene nada que ofrecer. El pesimismo respecto al futuro, mezclado con la superstición y esperanzas infundadas de salvación, son totalmente característicos de un período de este tipo. En 1972 el Club de Roma publicó un informe titulado Los límites del crecimiento, que predecía que el suministro de combustible fósil del mundo se agotaría en unas pocas décadas. Esto provocó pánico, el aumento de los precios del petróleo y una búsqueda frenética de fuentes de energía alternativas. Han pasado ya más de veinte años y no hay falta de petróleo ni de gas, y muy pocos se preocupan ahora en buscar alternativas. Esta miopía es característica del capitalismo, y está¿ motivada por la búsqueda del máximo beneficio a corto plazo. Todo el mundo sabe que más tarde o más temprano el suministro mundial de combustible fósil se agotar¿. A largo plazo es absolutamente vital encontrar una alternativa barata y limpia. La naturaleza nos proporciona un suministro prácticamente inacabable de energía potencial ¾ el sol, el viento, el mar, y sobretodo, la propia materia, que contiene grandes cantidades de energía¾ . La fusión nuclear, a diferencia de la fisión, nos da un potencial ilimitado de energía limpia y barata. Pero el desarrollo de combustibles alternativos va contra los intereses de los grandes monopolios del petróleo. Una vez más, la propiedad privada de los medios de producción actúa como una enorme barrera en el camino del desarrollo humano. El futuro del planeta queda relegado a un segundo plano respecto al enriquecimiento de unos pocos. La solución a los problemas acuciantes del mundo sólo se puede encontrar en un sistema socioeconómico que esté bajo el control consciente de la gente. El problema no es que haya un límite inherente al desarrollo. El problema es un sistema de producción caduco y anárquico que despilfarra vidas y recursos, que destruye el medio ambiente, y que impide el pleno desarrollo del potencial que existe en la ciencia y la tecnología. "No existe necesariamente una conexión entre gran ciencia y grandes oportunidades empresariales", escribía recientemente un comentarista, "la teoría general de la relatividad todavía está¿ por convertirse en una maquina de generar dinero". (The Economist, 25 de febrero de 1995.) Sin embargo las posibilidades implícitas hoy en día en la tecnología quitan el aliento. Las innovaciones tecnológicas abren la puerta a una auténtica revolución cultural. La televisión interactiva ya es una propuesta factible. La posibilidad de participar en la elaboración de programas de televisión tiene un tremendo potencial, mucho más allá¿ de decidir quÉ programas quieres ver. Abre la puerta a la participación democrática en el gobierno de la sociedad y la economía de una manera que no se podía ni soñar en el pasado. El nacimiento del capitalismo se caracterizó por la destrucción de las viejas relaciones estrechas y el surgimiento de los estados nacionales. Ahora el crecimiento de las fuerzas productivas, la ciencia y la técnica han hecho que el propio estado nacional sea redundante. Tal y como predijo Marx, incluso el mayor estado nacional se ve obligado a participar en el mercado mundial. La vieja unilateralidad nacional ya no es posible. | |
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