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Parte Cuatro: Orden en el Caos
| 19. Alienación y el futuro de la humanidad (1) | |
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El capitalismo en un callejón sin salida En el período de 1948 a 1973-74, hemos sido testigos de un desarrollo industrial y tecnológico sin precedentes. Sin embargo ahora los propios Éxitos del capitalismo se están convirtiendo en su contrario. En el momento de escribir estas líneas hay 22 millones de parados oficialmente en los países capitalistas desarrollados de la OCDE, sin tener en cuenta los cientos de millones de parados y subempleados en África, Asia y América Latina. Además, este no es el paro cíclico temporal del pasado. Es una úlcera crónica que corroe las entrañas de la sociedad. Como una terrible epidemia, ataca a sectores de la sociedad que se creían a salvo en el pasado. A pesar de los avances de la ciencia y la tecnología, la sociedad se encuentra a merced de fuerzas que no puede controlar. En la víspera del siglo XXI la gente mira al futuro con creciente ansiedad. En lugar de la vieja certidumbre lo que tenemos es incertidumbre. Este malestar afecta principalmente y en primer lugar a la clase dominante y sus estrategas, que cada vez se dan más cuenta de que su sistema está¿ en serias dificultades. La crisis del sistema se refleja en una crisis ideológica, en los partidos políticos, las iglesias oficiales, la moralidad, la ciencia e incluso en lo que está¿ sucediendo actualmente en filosofía. La propiedad privada y el estado nacional son las dos camisas de fuerza que impiden el desarrollo de la sociedad. Desde un punto de vista objetivo, las condiciones para el socialismo mundial han existido durante décadas. Sin embargo, el factor decisivo que permitió al capitalismo superar parcialmente sus contradicciones fundamentales fue el desarrollo del comercio mundial. DespuÉs de 1945 la dominación del mundo por parte de los Estados Unidos, dictada por la necesidad de impedir la revolución en Europa y Japón y contener el bloque soviético, les dio la oportunidad, a través del tratado de Bretton Woods y el GATT, de obligar a las demás potencias imperialistas a disminuir las barreras arancelarias y quitar de en medio los obstáculos para el libre flujo del comercio. Esto fue un contraste completo respecto al caos económico del período de entreguerras cuando la intensificación de las rivalidades nacionales se expresó a través de devaluaciones competitivas y guerras comerciales que llevaron al estrangulamiento de las fuerzas productivas dentro de los estrechos límites de la propiedad privada y el estado nacional. Como consecuencia, el período de entreguerras fue un período de crisis, revoluciones y contrarrevoluciones, culminando en la nueva carnicería imperialista de 1939-45. En el período de posguerra, el capitalismo consiguió superar parcialmente la crisis fundamental del sistema a través de la integración del comercio mundial, creando un mercado mundial unificado en gran medida. Esta fue la precondición para el enorme desarrollo de la economía en el período de 1948-73, que a su vez llevó a un aumento de los niveles de vida, por lo menos para un sector significativo de la población en los países capitalistas avanzados. A veces, un hombre moribundo puede experimentar un acceso repentino de energía, que parece presagiar una recuperación completa, pero en realidad es sólo el preludio de una nueva y fatal recaída . Períodos de este tipo no sólo son posibles, sino inevitables, incluso en un Época de declive capitalista, si no se derroca el orden social existente. Sin embargo, todos los fuegos de artificio del crecimiento económico, que suponen muchos billones de dólares en cuatro décadas, no han cambiado el carácter del capitalismo ni han aliviado sus contradicciones. El largo período de crecimiento de 1948-73 ya se ha terminado. El pleno empleo, el crecimiento de los niveles de vida y el estado del bienestar son cosa del pasado. A lo que nos enfrentamos ahora es al estancamiento económico, recesión y crisis de las fuerzas productivas. Los dueños del capital ya no están interesados en invertir en la actividad productiva. El fallecido Akio Morita, que era el presidente de la Sony Corporation, advirtió repetidamente durante los años 80 del peligro mortal que representaba para el capitalismo la tendencia a pasar de la industria productiva al sector servicios. Desde los años 50, los Estados Unidos han perdido la mitad de sus puestos de trabajo industriales, mientras que tres cuartas partes de los puestos de trabajo están en el sector servicios. En Gran Bretaña, relegada ahora a potencia imperialista de tercera clase, existe una tendencia similar. En un artículo en el Director (febrero de 1988), Morita declaraba: "Me gustaría sugerir que esta tendencia, lejos de ser la maduración progresiva de una economía madura y algo que haya que apoyar, es destructiva. Porque a largo plazo, una economía que pierda su base industrial, ha perdido su centro vital. Una economía basada en el sector servicios no tiene fuerza motriz. Así, la complacencia respecto a pasar de la industria al abrigo de los servicios de alta tecnología, en los que los obreros se sientan delante de un ordenador y intercambian información todo el día, está¿ totalmente fuera de lugar. "Esto se debe a que es sólo la industria la que crea algo nuevo, que toma materias primas y las convierte en productos con más valor que el de las materias primas de las que están hechos. Tendría que ser obvio que los elementos de servicios en una economía son subsidiarios y dependientes de la industria". En lugar de crear puestos de trabajo y aumentar la riqueza de la sociedad, los grandes monopolios están dedicando enormes recursos a la especulación en los mercados monetarios, organizando OPAs agresivas, y otro tipo de actividad parásita. Morita planteó que "Los hombres de negocios están fascinados con el juego de las bolsas extranjeras. Han descubierto que produce beneficios rápidos sin la necesidad de invertir en un negocio productivo. Incluso algunas empresas industriales se han pasado al imperio de la bolsa. La gente que se pasa la vida encorvada delante de un monitor en el que salen los datos de las últimas transacciones de bolsa viven en su propio mundo. No tienen lealtades. No producen ningún tipo de productos. No crean ninguna idea nueva. Mueven hasta $200.000 millones cada día en Londres, Nueva York y Tokio. Esto es un montón de fichas de póquer, significativamente más que el valor real de los bienes que se compran y venden en un día. Esto representa un montón de agua chapoteando en la sala de máquinas" Morita comparó esta situación del capitalismo mundial con jugar al póquer en un barco que se está¿ hundiendo, y llegó a la conclusión: "Es un juego impetuoso, muy excitante, pero las pérdidas y ganancias en la mesa de póquer no oscurecen el hecho realmente preocupante de que el barco se está¿ hundiendo y nadie se da cuenta". Desde que Morita escribió estas líneas, la situación ha empeorado. El enorme mercado mundial de "derivados" ha llegado a la sorprendente cifra de $25 billones y está¿ completamente fuera de control. Esto supone apostar a escala colosal. Hace que la burbuja del Mar del Norte se quede pequeña a su lado. Esto demuestra la falta de base sólida del capitalismo mundial, que podría acabar en un nuevo colapso financiero de las dimensiones del de 1929. Siguen las contradicciones En 1848, Marx y Engels predijeron que el capitalismo se desarrollaría como un sistema mundial. Esto ha sucedido, con una precisión de laboratorio durante el siglo XX. La aplastante dominación del mercado mundial es la característica más importante de la Época. Tenemos una economía mundial, una política mundial, una diplomacia mundial, una cultura mundial, guerras mundiales ¾ dos en los últimos cien años, una de las cuales casi extingue la llama de la civilización humana¾ . Sin embargo, la globalización de la economía no significa una disminución de los problemas, sino, por el contrario, una enorme intensificación de las contradicciones. En la última década del siglo XX, a pesar de todas las maravillas de la ciencia moderna, dos tercios de la humanidad viven al borde de la barbarie. Enfermedades comunes como la diarrea y el sarampión matan a siete millones de niños al año. Y esto se podría impedir con una simple vacuna. 500.000 mujeres mueren cada año por complicaciones del embarazo y el parto, y quizás otras 200.000 mueren de abortos. Los países ex-coloniales gastan el 4% de su PNB en sanidad ¾ una media de $41 per capita, comparado con los $1900 en los países avanzados¾ . Según informes de las Naciones Unidas, más de seis mil millones de personas habitarán la tierra el año 2000. La mitad de ellas serán menores de veinte años. SIn embargo la mayoría sufre paro, falta de educación básica y servicios médicos elementales, superpoblación y malas condiciones de vida. Unos 100 millones de niños entre 6 y 11 años no están escolarizados, dos tercios de ellos niñas. Por cierto que incluso en los Estados Unidos, la UNICEF calcula que el 20% de los niños viven por debajo de la línea de la pobreza. La situación en el Tercer Mundo ha alcanzado niveles realmente horribles. 100 millones de niños viven en las calles. En Brasil este problema se está¿ "resolviendo" con una campaña de exterminio de niños por parte de elementos de la policía y escuadrones de la muerte por el único crimen de ser pobres. Atrocidades similares se están cometiendo contra la gente sin vivienda en Colombia. No hace mucho se descubrió que una gran cantidad de hombres, mujeres y niños que vivían en las calles habían sido asesinados y sus cuerpos vendidos a la Universidad de Bogotá¿ para ser diseccionados por los estudiantes de Medicina. Semejantes historias horrorizan a la gente civilizada. Pero sólo es la expresión más extrema de la amoralidad de una sociedad que trata a los seres humanos como meras mercancías. Un millón de niños han sido asesinados, cuatro millones seriamente heridos, y cinco millones son refugiados o huérfanos como resultado de las guerras en la última década. En muchos países ex-coloniales tenemos el fenómeno del trabajo infantil, las más de las veces en condiciones de esclavitud. Las protestas hipócritas de los medios de comunicación occidentales no impiden que el producto de este trabajo llegue a los mercados occidentales y vaya a engrosar los bolsillo de "respetables" compañías occidentales. Un ejemplo típico que fue publicado recientemente, era el caso de una fábrica de cerillas en la que, mayoritariamente niñas, trabajaban 6 días a la semana un total de 60 horas, con productos tóxicos por tres dólares. En una carta al The Economist del 15 de septiembre de 1993 se planteaba que "Los padres se dan cuenta del valor de la educación para el futuro de sus hijos, pero a menudo su pobreza es tan desesperada que no pueden salir adelante sin los salarios de sus niños". La principal razón de la creciente pobreza del tercer mundo es el saqueo a gran escala de sus recursos a través del intercambio comercial, y los tres billones de dólares de deuda del tercer mundo a los grandes bancos occidentales. Para poder pagar sólo los intereses de esta deuda, estos países tienen que exportar comida que su propia población necesita y sacrificar su educación y salud. Según la UNICEF, los pagos de la deuda han provocado que los ingresos del Tercer Mundo hayan caído una cuarta parte, el gasto sanitario el 50% y el gasto educativo un 25%. A pesar de las lamentaciones hipócritas por la destrucción de la selva Amazónica, economistas brasileños han demostrado que esta está¿ provocada principalmente por la necesidad de conseguir dinero de exportaciones agrícolas y ganaderas, como ternera, que se consiguen en las tierras conquistadas a la selva. La financiación de estos proyectos de exportaciones proviene del Banco Mundial y otros organismos financieros internacionales. En el sentido literal de la palabra, la humanidad está¿ en una encrucijada. Por una parte existe el potencial para construir un paraíso en este mundo. Por otra, elementos de barbarie amenazan con inundar el planeta. Además de todo esto tenemos las amenazas al medio ambiente. En su loca búsqueda de beneficios, las grandes multinacionales están destruyendo el planeta. Cada año se destruyen 29.000 millas cuadradas de selva forestal, una ¿rea tan grande como Escocia. Se puede especular quÉ es lo que causó la extinción de los dinosaurios. Pero no hay duda de las causas de la actual catástrofe ¾ el ansia incontrolada de beneficios y la anarquía de la producción capitalista¾ . Incluso científicos que no tienen nada que ver con el socialismo se han visto obligados a sacar la conclusión (perfectamente lógica si nos paramos a pensarlo por un momento) que la única solución es algún tipo de economía planificada a nivel mundial. Sin embargo esto no es posible bajo el capitalismo. Formalmente cuarenta países han aceptado la "Estrategia de Conservación del Mundo". Pero sin una federación socialista mundial, esto es simplemente papel mojado. Los intereses de los grandes monopolios son los que deciden. Pero todo esto no es inevitable en absoluto. Todas las terribles predicciones sobre la situación sin remedio del la humanidad, empezando por Malthus, han demostrado ser falsas. El potencial para el desarrollo humano no tiene límites. Existen las condiciones incluso ahora para eliminar el hambre de la faz de la tierra. En Europa Occidental y Estados Unidos, la productividad industrial ha llegado a tales límites que se paga a los granjeros para que dejen de producir. Se deja de cultivar tierra fértil. Se vierte el trigo al mar o se mezcla con tinte para que sea inservible. Hay montañas de carne, mantequilla, leche que no se puede consumir. En el Estado Español se arrancan deliberadamente los olivos. Y al mismo tiempo hay 450 millones de personas en el mundo que sufren malnutrición o que de hecho se mueren de hambre. A principios del próximo siglo, los países de la cuenca del Pacífico probablemente representarán la mitad de la producción mundial. La economía mundial estará en sus manos. Durante siglos los europeos se han considerado el centro del mundo. Pero hablando objetivamente esta idea no tiene más base que la idea de Ptolomeo de que la tierra era el centro del universo. Ya en 1920 Trotsky predijo que el centro de gravedad de la historia mundial pasaría del Atlántico al Pacífico. El siguiente paso de la historia humana ver¿ a los millones que viven en Asia realizando todo su potencial, como parte de la Federación Socialista Mundial. El flagelo del desempleo El trabajo es la principal actividad de nuestra vida. Desde pequeños nos preparamos para ello. Nuestra escolarización está¿ vinculada a ello. Pasamos toda nuestra vida activa implicados en Él. El trabajo es la base sobre la que reposa toda la sociedad. Sin Él no habría comida, ni ropas, ni un techo, ni escuelas, ni cultura, ni arte, ni ciencia. Realmente el trabajo es vida. Negar a alguien el derecho al trabajo no es sólo negarle el derecho a un mínimo nivel de vida. Es privarle de la dignidad humana, separarle de la sociedad civilizada, hacer su vida inútil y sin sentido. El desempleo es un crimen contra la humanidad. La creación de una especie de subclase en los barrios deprimidos de las ciudades de los Estados Unidos y otros países es una condena de la sociedad moderna. Las siguientes citas revelan el miedo de los estrategas más conscientes del capital respecto a las tendencias a la desintegración social en occidente. "La concentración de poblaciones crecientes de gente empobrecida y descontenta en las ciudades dependiendo de infraestructuras vulnerables está¿ fraguada de peligros. Y no es el menor de ellos la fuerte posibilidad de que la solidaridad social que subyace en el estado del bienestar se rompa en los próximos años. Los costes cada vez mayores de apoyar a poblaciones dependientes pondrán a prueba la paciencia de los más exitosos en una recesión económica (É) Pero eso es un problema para el próximo siglo". "El estado del bienestar ha entrado en quiebra en términos evolutivos. Las mujeres de la subclase dan luz a un 60% más de niños que las mujeres de clase media ¾ negras o blancas¾ . Pero incluso esta estadística subestima el impacto sobre la población. Las mujeres de la subclase no sólo tienen más niños sino que tambiÉn dan a luz a edades más jóvenes, llevando a un incremento geométrico de la población de la subclase a lo largo del tiempo". Rees-Mogg que se consuela con la ilusión de que el "marxismo ha muerto", es la voz de los políticos abiertamente reaccionarios, recordando vívidamente a los maltusianos de la Época victoriana hace más de cien años: "Están (los pobres) instigados al desperdicio de sus vidas por los incentivos perversos de los programas sociales que imponen tasas de impuestos reales del 100% o más sobre los que se salen del subsidio para empezar a trabajar. En muchos casos el valor total de los vales de comida, las ayudas a los alquileres, los subsidios, ayudas de ingresos, y asistencia sanitaria gratuita y otros servicios superan el ingreso despuÉs de impuestos que se puede conseguir en un puesto de trabajo no cualificado. Y se pueden conseguir ayudas, por definición, con poco o nada de esfuerzo diario. No te tienes que levantar por la mañana y correr entre una masa de gente que va al trabajo para asegurarte un medio de vida. La aplicación laxa de la ley tambiÉn hace que el analfabetismo, la indolencia y la ilegitimidad sean más atractivas. Los niños que pueden conseguir cien dólares a la hora como ladrones o traficantes de drogas es menos probables que sean impresionados por los rigores de aprender a leer o mantener un trabajo de salario mínimo que les pueda resultar útil sólo en el futuro".43 Al otro lado del Atlántico los mismo presagios se extienden entre los estrategas del capital. El conocido economista y autor americano, John Kenneth Galbraith, a diferencia de Rees-Mog, es un liberal políticamente, pero llega a conclusiones similares. En su último libro The Culture of Contentment, lanza una seria advertencia del conflicto social explosivo que está¿ surgiendo de las divisiones de la sociedad americana: "Sin embargo la posibilidad de una revuelta de las clases inferiores, muy inquietante como para contentarse, existe y aumenta con fuerza. Ha habido estallidos en el pasado, especialmente los grandes disturbios en los barrios a finales de los 60, y existen numerosos factores que pueden llevar a una repetición. "En especial, ha quedado claro, que la tranquilidad ha dependido de una comparación con la incomodidad anterior. Con el tiempo, esta comparación se desvanece, y tambiÉn con el tiempo la promesa del pasado de escapar de una relativa privación ¾ en un movimiento hacia arriba¾ disminuye. Esto sería especialmente la consecuencia de un ralentizamiento o disminución de la economía e incluso más en una recesión prolongada o depresión. Las oleadas sucesivas de trabajadores que han trabajado en las factorías de automóviles de Detroit y las plantas de carrocería ¾ los refugiados de las tierras ganaderas adyacentes de Michigan y Ontario y más tarde los blancos pobres de los Apalaches¾ aumentaron su nivel. Muchos de los que vinieron del sur para sustituirles están ahora instalados en el paro endémico. Nadie debería sorprenderse si esto, algún día, alimentase una reacción violenta. Siempre ha sido uno las altas creencias del confort que los inconfortables aceptan pacíficamente, incluso gustosamente, su destino. Esta creencia hoy en día podría verse refutada súbita y sorprendentemente". Alienación "El mundo no es una colección de individuos aislados; todos están de alguna manera u otra conectados los unos con los otros". (Aristóteles.) "Ningún hombre es una Isla, entero en sí mismo; todo hombre es un pedazo del Continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva un trozo de tierra, Europa queda tan disminuida como si de un promontorio se tratara, o si desapareciese un Caserío de tus amigos o tuyo; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo estoy comprometido con la Humanidad; y por lo tanto, no preguntes nunca por quien doblan las campanas; doblan por ti". (John Donne, Devociones sobre ocasiones emergentes, nº XVII.) Los seres humanos se convierten en humanos separándose de su naturaleza puramente animal, es decir inconsciente. Incluso los animales más complejos no pueden alcanzar los logros del género humano, que le permiten sobrevivir y prosperar en las condiciones y climas más variados, bajo el mar, en el cielo e incluso en el espacio. Los seres humanos se han elevado por encima de su estado "natural", zoológico, han conseguido dominar el entorno hasta un nivel sin precedentes. Sin embargo, paradójicamente, los humanos siguen controlados por fuerzas que escapan a su control. La llamada "economía de mercado" se basa en la premisa de que la gente no controla sus vidas y destinos, son marionetas en manos de fuerzas invisibles, que como los caprichosos e insaciables dioses del pasado, lo gobiernan todo sin orden ni concierto. Estos dioses tienen sus sumos sacerdotes, que dedican sus vidas a su servicio. Habitan en los bancos y las bolsas, con sus rituales elaborados, y sacan enormes beneficios. Pero cuando los dioses se enfadan, los sacerdotes entran en pánico, como una horda de bestias asustadas, e igualmente inconscientes. Los antiguos romanos describían un esclavo como "un instrumento con voz" (instrumentum vocale). Hoy en día muchos obreros se podrían sentir identificados con esta descripción. Se supone que vivimos en un mundo post-moderno, post-industrial y post-fordista. Pero por lo que se refiere a las condiciones de la clase obrera, ¿qué ha cambiado?. En todas partes las conquistas del pasado están siendo atacadas. En occidente, los niveles de vida, para la mayoría de la gente, están siendo exprimidos. El estado del bienestar está¿ siendo minado y el pleno empleo es una cosa del pasado. En todos los países, la sociedad está¿ impregnada de un profundo sentimiento de malestar. Este empieza por arriba y penetra todos los niveles de la sociedad. El sentimiento de inseguridad alimentado por el paro masivo, se ha extendido a sectores de la clase obrera que antes se consideraban inmunes ¾ profesores, doctores, enfermeras, funcionarios, encargados¾ nadie estará a salvo. Los ahorros de las capas medias, el valor de sus casas, están igualmente amenazados por movimientos incontrolados de los mercados monetarios y bursátiles. Las vidas de miles de millones de seres humanos están a merced de las fuerzas ciegas que operan a su capricho, haciendo que los dioses de la antigüedad parezcan racionales en comparación. Hace décadas, se predijo confiadamente que los adelantos de la ciencia y la tecnología resolverían los problemas de la humanidad. En el futuro, hombres y mujeres ya no tendrían que preocuparse de la lucha de clases, sino del problema de quÉ hacer con su tiempo de ocio. Estas predicciones no eran del todo descabelladas. Desde un punto de vista estrictamente científico, no existe ninguna razón por la que no deberíamos estar en posición de llevar a delante una reducción general de las horas de trabajo, incrementando a la vez los niveles de vida y la producción, sobre la base de la mejora de la productividad mediante la aplicación de la nueva tecnología. Pero la situación real es muy diferente. Marx explicó hace tiempo que, bajo el capitalismo, la introducción de nueva maquinaria, lejos de reducir la jornada laboral, tiende a prolongarla. En los principales países capitalistas, podemos observar una presión sin piedad sobre lo trabajadores para que trabajen más horas por menos dinero. En su número del 24 de octubre de 1994, Time informaba de un brusco aumento de la economía americana, con un incremento enorme de los beneficios: "pero los trabajadores se quejan de que para ellos sólo ha significado quedarse exhaustos. En toda la industria americana, las compañías están utilizando las horas extras para exprimir la mayor parte de la fuerza laboral de Estados Unidos: la semana laboral media industrial llega casi a una cifra récord de 42 horas, incluyendo 4,6 horas extras. ‘Los americanos, observa Audrey Freedman, un economista laboral y miembro del consejo de redacción de Time, ‘son los más trabajadores del mundo'. Los tres grandes de la industria del automóvil han llevado esta tendencia hasta sus límites. Sus trabajadores hacen una media de 10 horas extras a la semana y trabajan una media de seis sábados de ocho horas al año". El mismo artículo cita numerosos ejemplos tanto de trabajadores de cuello blanco, como de cuello azul de muchas industrias diferentes, que se quejan de las horas extras crónicas: "‘Estoy haciendo el trabajo de tres personas', dice Joseph Kelterborn, de 44 años, que trabaja para la compañía de teléfonos Nynex en Nueva York. Su departamento, que instala y mantiene redes de fibra óptica, ha pasado de 27 a 20 trabajadores en los últimos años, en parte combinando lo que eran tres categorías separadas ¾ conectador, potenciador y probador¾ en su puesto de trabajo único de conectador portador. Como resultado, dice Kelterborn, a menudo trabaja cuatro horas extra al día y un fin de semana de cada tres. ‘Cuando llego a casa', se queja, ‘no tengo tiempo más que para ducharme, cenar y dormir un poco; y en seguida a levantarse y vuelta a empezar'". Como Marx planteó, el incremento de la utilización de maquinaria bajo el capitalismo significa más horas de fatiga para los que tienen un puesto de trabajo. Desde que empezó la recuperación económica respecto a la última recesión, en marzo de 1991, la economía de Estados Unidos ha creado casi seis millones de puestos de trabajo, pero de tal manera que se queda dos millones por detrás. Si las compañías hubiesen contratado al mismo nivel que en recuperaciones anteriores, el incremento de puestos de trabajo hubiese llegado a ocho millones o más. El artículo del Time añade: "De hecho, hay bastantes pruebas de que Estados Unidos se está¿ desarrollando como una sociedad de dos sectores. Mientras que los beneficios de las empresas y los salarios de los ejecutivos están creciendo rápidamente, los salarios reales (es decir, descontando al inflación) no están creciendo en absoluto. De hecho, el gobierno ha informado que en el último año la media de ingresos familiares en los Estados Unidos cayó en $312, mientras que un millón de personas más entró en las listas de pobres; el número de personas definidas oficialmente como pobres representaban el 15,1% de la población de los Estados Unidos en comparación con el 14,8% de 1992. Estos son acontecimientos sorprendentes en el cuarto año de la recuperación de los negocios que está¿ ganando terreno constantemente". En el Manifiesto Comunista, Marx y Engels plantearon que "el creciente empleo de las maquinas y la división del trabajo quitan al trabajo del proletario todo carácter propio y le hacen perder con ello todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un simple apéndice de la maquina, y solo se le exigen las operaciones más sencillas, más monótonas y de mas fácil aprendizaje. Por tanto, lo que cuesta hoy día el obrero se reduce poco mas o menos a los medios de subsistencia indispensable para vivir y para perpetuar su linaje. Pero el precio de todo trabajo, como el de toda mercancía, es igual a los gastos de producción. Por consiguiente, cuanto mas fastidioso resulta el trabajo, mas bajan los salarios. Mas aun, cuanto mas se desenvuelven la maquinaria y la división del trabajo, mas aumenta la cantidad de trabajo bien mediante la prolongación de la jornada, bien por el aumento del trabajo exigido en un tiempo dado, la aceleración del movimiento de las maquinas, etc.".45 En una de las películas más famosas de Charles Chaplin, Tiempos Modernos, tenemos una imagen gráfica de la vida en una línea de ensamblaje en una gran fábrica en la década de 1930. La esclavización de la repetición sin fin de las mismas tareas monótonas convierte al ser humano en un apéndice de la máquina, una "herramienta con voz". A pesar de todos los discursos sobre la "participación", las condiciones en las fábricas siguen siendo en gran medida las mismas. De hecho la presión sobre los trabajadores ha aumentado constantemente en los últimos años. Las pequeñas cosas que hacen la vida más agradable están siendo brutalmente suprimidas. En Gran Bretaña, donde la fuerza de los sindicatos consiguió importantes avances en el pasado, la hora de la comida ha pasado a la historia. El canciller Kohl informa a los trabajadores alemanes que van a tener que empezar a trabajar los fines de semana. Y tenemos la misma situación en todas partes. La nueva tecnología, en lugar de mejorar las condiciones de los trabajadores industriales, ha sido utilizada para empeorar las condiciones de los trabajadores de cuello blanco. En muchos bancos, hospitales y grandes oficinas, la situación de los empleados es cada vez más parecida a la que existe en las grandes fábricas. La misma inseguridad, la misma presión implacable sobre el sistema nervioso, el mismo estrés, provocando problemas médicos, depresiones, ruptura de matrimonios, etc. En los últimos años los científicos han vuelto a la idea del "hombre máquina", en relación al campo de la robótica y la cuestión de la inteligencia artificial. Incluso ha penetrado en la conciencia popular, como lo vimos en películas del tipo de Terminator, en las que los seres humanos se enfrentan a autómatas ingeniosamente construidos. Este fenómeno nos dice bastante de la psicología del período actual, caracterizado por la deshumanización general de la sociedad, mezclado con la sensación de que los seres humanos no tienen un control sobre sus destinos, y el miedo a las fuerzas incontrolables que dominan las vidas de la gente. En contraste, el intento de crear inteligencia artificial representa un nuevo avance de la ciencia de la robótica, que, en una sociedad auténticamente racional, abre un enorme horizonte de avance humano. La substitución del trabajo humano por maquinaria avanzada, es la clave de la mayor revolución cultural de la historia, sobre la base de la reducción generalizada de las horas de trabajo. Sin embargo no se puede plantear la cuestión de la réplica exacta de la inteligencia humana en una máquina, aunque algunas operaciones concretas las pueden realizar más eficazmente. Esto no es por razones místicas, o por la existencia de una supuesta "alma inmortal" que nos hace productos únicos de la Creación, sino por la propia naturaleza del pensamiento, que no se puede separar de otras actividades corporales de los seres humanos, empezando por el trabajo. | |
Parte Cuatro:
Orden en el Caos
19. Alienación y el
futuro de la humanidad (2)