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Tercera Parte: Vida, mente y materia
| 15. ¿El gen egoísta? (y 2) | |
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Crimen y genética Desde principios de la década de los años setenta la proporción de americanos en prisión se ha triplicado. En Gran Bretaña el número de personas entre rejas alcanza niveles récord. La prisiones están tan masificadas que algunos internos están encarcelados en celdas policiales. "El Reino Unido en 1991 tenía un porcentaje de población encarcelada mayor que cualquier país del Consejo de Europa excepto Hungría" según el Financial Times (10 de marzo 1994). A pesar de esto los niveles de criminalidad y violencia siguen siendo altos en ambos países. Esta crisis ha provocado el florecimiento de ideas reaccionarias que intentan vincular el comportamiento criminal a factores biológicos. "Por cada 1% que reducimos la violencia le ahorramos al país 1.200 millones de dólares", dice el psicólogo americano Adrian Raine. Como resultado, el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos ha incrementado su presupuesto para investigación relacionada con la violencia en 58 millones de dólares. En diciembre de 1994, la Fundación Nacional Científica propuso la creación de un consorcio de investigación para cinco años, dotado con 12 millones de dólares. "Con los avances que esperamos, seremos capaces de diagnosticar a mucha gente que tienen una disposición mental biológica a la violencia" asegura Stuart Yudofsky, presidente del departamento de Psiquiatría Baylor College of Medicine". (Scientific American, marzo 1995) En ciertos círculos se ha puesto de moda atribuir todo tipo de cosas a desajustes biológicos o genéticos, en lugar de reconocer que los problemas sociales surgen de las condiciones sociales. La escuela del determinismo genético ha llegado a todo tipo de conclusiones reaccionarias, reduciendo todos los problemas sociales al nivel de la genética. No hace tanto tiempo, las investigaciones aparentemente demostraron que muchos criminales violentos tenían un cromosoma Y de más, pero estudios más recientes han demostrado que la conexión entre ambos factores es irrelevante. Ahora la atención a la hora de buscar el vínculo entre biología y violencia, está centrada en menor actividad en el córtex frontal en el cerebro de los asesinos. Hay una propuesta en los Estados Unidos para que se cree una Iniciativa Federal de la Violencia para identificar por lo menos 100.000 niños de los barrios obreros "cuyos supuestos defectos genéticos y bioquímicos les harán propensos a la violencia en su vida adulta". Los peligros de este tipo de investigaciones para encontrar los vínculos genéticos entre raza y comportamiento antisocial o criminal son obvios. Se pueden sacar conclusiones fraudulentas de las estadísticas que demuestran que en Estados Unidos aunque los negros son el 12,4% de la población, representan el 44,8% de los arrestos por crímenes violentos. Como explicaba un reciente artículo en el Scientific American: "existe motivo de preocupación por el hecho de que estudios biológicamente superficialmente objetivos, ignorando ciegamente las diferencias sociales y culturales, puedan reforzar equivocadamente estereotipos raciales" (Marzo 1995). Debido a este peligro se han llevado a cabo boicots de los análisis de orina y sangre en las minorías Étnicas. Según Raine "todos los estudios genéticos y biológicos que se han llevado a cabo hasta el momento se han hecho sobre blancos". Raine continua diciendo: "Imagínate que eres el padre de un niño de ocho años. El dilema Ético es este: te podría decir, ‘Mire, hemos hecho una serie de análisis y podemos predecir con un 80% de certeza que su hijo será muy violento dentro de veinte años. Le podemos ofrecer una serie de programas de intervención biológica, social y cognitiva que reducirán en gran medida la posibilidad de que se convierta en un adulto violento'. "¿Qué harías? Meter a tu hijo en esos programas corriendo el riesgo de estigmatizarlo como un criminal violento incluso sabiendo que hay una posibilidad real de que sea inocente? ÀO dices que no al tratamiento y tienes un 80% de posibilidades de que tu niño se haga mayor y (a) destruya su vida, (b) destruya tu vida, y (c) destruya las vidas de sus hermanos y hermanas y, más importante, (d) destruya las vidas de víctimas inocentes que sufran en sus manos?" (Citado en Scientific American, Marzo de 1995) En primer lugar no es posible predecir el comportamiento criminal futuro de un niño, y menos con un 80% de precisión. Y en segundo lugar aquí se culpa del crimen al individuo. Este argumento reaccionario ignora el hecho de que la violencia, y otros males sociales son el producto de la sociedad en la que vivimos. Una sociedad basada en la explotación humana y el máximo beneficio que provoca paro masivo, pobreza, gente sin casa, y un deterioro general de la vida. Estas condiciones sociales, a su vez, son las que provocan crimen, violencia, y brutalidad. No tienen nada que ver con los genes o la biología, y sí con la barbarie de la sociedad capitalista. Los deterministas biológicos son utilizados para reforzar las ideas sociales reaccionarias. No hay que culpar a la sociedad del crimen, la pobreza, el paro, etc., sino que es culpa del individuo, a través de sus deficiencias biológicas o genéticas. La solución por lo tanto es la cirugía cerebral o genética. Otros buscan la explicación de la violencia humana en niveles anormales de testosterona, o en bajo ritmo cardíaco. Algunos científicos han apuntado a los bajos niveles de serotonín, un componente químico que en el cuerpo afecta, entre otras cosas, al funcionamiento del cerebro. Así, C. R. Jeffery escribió en el Journal of Criminal Justice Education que: "incrementando los niveles de serotonín en el cerebro podemos reducir el nivel de violencia" .Así se administran intensificadores de serotonín, como el antidepresivo Prozac, a pacientes para curar su agresividad. La falsedad de este argumento se demuestra en el hecho de que los niveles de serotonín pueden aumentar o disminuir en diferentes partes del cerebro en diferentes momentos, con diferentes efectos. El entorno también puede afectar los niveles. Sin embargo estos hechos no impiden que esta gente siga haciendo sus afirmaciones para apoyar los puntos de vista reaccionarios. Jefferey plantea que "la ciencia tiene que decirnos qué individuos serán o no criminales, qué individuos serán o no víctimas, y qué estrategias para mantener la ley funcionarán y cuales no". Yudofsky refuerza el entusiasmo de Jeffrey con esta afirmación: "estamos al borde de una revolución en la medicina genética. El futuro será entender la base genética de los desordenes agresivos e identificar a aquellos que tienen mayores posibilidades de convertirse en violentos". Yudofsky cree que habría que hacer pruebas a los niños hiperactivos y darles, si fuese necesario, beta bloqueadores, anticonvulsivos o litio. Según Yudofsky estas drogas tendrían "un coste efectivo" y serían "una tremenda oportunidad para la industria farmacéutica". A este señor, pese a sus aires científicos, se le ve claramente el plumero. "Hay sectores a los que podemos empezar a aplicar un punto de vista biológico" dice Fishbein. "Hay que valorar individualmente a los delincuentes". Para seguidamente plantear tratamientos obligatorios para los reclusos, pero si estos no dan resultado "deberían seguir en prisión indefinidamente". Masters piensa que "tenemos suficientes conocimientos sobre el sistema serotonergico como para saber que si vemos que un niño tiene malos resultados escolares, tenemos que mirar sus niveles de serotonín". Racismo y genética En una intervención en el senado de los Estados Unidos en 1899 se planteó que "Dios no ha estado preparando a los pueblos teutones y anglo parlantes durante mil años simplemente para una vana y ociosa auto admiración. Ya que nos ha hecho aptos para el gobierno debemos administrar gobierno sobre los pueblos salvajes y seniles". B. Shockley, el co-inventor del transistor, argumentó que ya que los negros eran genéticamente menos inteligentes que los blancos, no debería dárseles las mismas oportunidades, un punto de vista que comparte el conocido psicólogo Hans J. Eysenck. Se ve la naturaleza humana como la fuente y explicación de todos los males sociales, sacando determinados paralelismos distorsionados con los modos de vida de otros animales. La sociobiología en general, plantea que el racismo y el nacionalismo son extensiones naturales del tribalismo que a su vez es producto de la "selección de parentesco". "Nacionalismo y racismo", plantea E. O. Wilson, "son brotes culturalmente nutridos del simple tribalismo". Esta idea ha sido sugerida incluso por Richard Dawkins: "Es concebible que los prejuicios raciales se puedan interpretar como una generalización irracional de una tendencia de selección de parentesco a identificarse con individuos que se parecen a uno físicamente y a ser desagradable con individuos de aspecto diferente". 85 Según el padre de la sociobiología, E. O. Wilson, "en las sociedades de cazadores recolectores, los hombres cazaban y las mujeres se quedaban en casa. Este fuerte prejuicio persiste en la mayoría de sociedades agrícolas e industriales de hoy en día y sólo sobre esta base parece tener un origen genético". Plantea que los hombres son polígamos "por naturaleza", mientras que las mujeres son monógamas "por naturaleza". La característica de la sociobiología es la comparación de las relaciones sociales humanas con el mundo animal, como justificación de la dominación masculina y la estructura de clase. "El peso del factor genético genético", dice Wilson, "es lo suficientemente fuerte como para provocar una división del trabajo sustancial incluso en las más libres e igualitarias de las sociedades futuras". Este es el planteamiento, basado en el mundo natural, que el zoólogo Desmond Morris intenta popularizar. Los intentos recientes de demostrar que la inteligencia es hereditaria se han centrado en los tests de inteligencia. The Bell Curve de Charles Murray, vuelve a recuperar el viejo argumento de que la genética explica la diferencia entre el IQ medio de blancos y negros en Estados Unidos. El argumento fundamental de este libro ha sido demolido una y otra vez. Según el psiquiatra Peter Breggin, es un intento de "resucitar la imagen King Kong de los afroamericanos como violentos y estúpidos" (The Guardian, 13 de Marzo de 1995). Pero la evidencia más demoledora contra las teorías del determinismo genético viene de un libro reciente titulado The History and Geography of Human Genes (Historia y geografía de los genes humanos) por los genetistas de la población Luca Cavalli-Sforza, Paolo Menozzi y Alberto Piazza. Este libro es un resumen de 50 años de investigaciones sobre genética de población. Es la explicación más prestigiosa de cómo los seres humanos varían a nivel de sus cromosomas. La conclusión de este libro es que, si descontamos los genes que determinan rasgos superficiales como la coloración y estatura, las "razas" humanas son enormemente parecidas debajo de la piel. La variación entre individuos es mucho más grande que entre grupos raciales. Según la revista Time, "de hecho, la diversidad entre individuos es tan grande que el concepto de raza no tienen ningún significado a nivel genético. Los autores afirman que no hay ninguna "base científica" para las teorías que plantean la superioridad genética de una población sobre otra" (16 de Enero de 1995) Haciendo una crítica del libro, el artículo del Time dice: "A pesar de las dificultades, los científicos han hecho algunos descubrimientos que rompen mitos. Uno de ellos salta a la vista en la portada: un mapa en color de la variación genética a nivel mundial en el que África está en un extremo del espectro y Australia en el otro. Puesto que los aborígenes australianos y los africanos sub-saharianos tienen rasgos superficiales comunes como el color de la piel y la forma del cuerpo, se suponía en general que estaban estrechamente relacionados. Pero sus genes nos cuentan una historia bien diferente. De todos los humanos, los australianos son los más alejados de los africanos y son muy cercanos a sus vecinos, los sudeste asiáticos". La crítica acaba: "lo que el ojo ve como diferencias raciales ¾ entre europeos y africanos por ejemplo¾ son principalmente adaptaciones al clima en la medida en que los humanos se trasladaron de un continente a otro". El libro también confirma que el lugar de nacimiento de la humanidad y por lo tanto el punto de partida de las primeras migraciones fue África, demostrando por lo tanto que la escisión de la rama africana es la más antigua del árbol genealógico humano. La utilización de las teorías biológicas y genéticas para justificar políticas reaccionarias no es un fenómeno nuevo, aunque en la última década ha revivido debido a la tendencia general de los gobiernos occidentales de atacar el estado del bienestar, y todas las demás conquistas de la clase obrera. Las leyes del mercado ¾ es decir la ley de la selva¾ vuelven a estar de moda. Eso incluye, por supuesto, las universidades, donde siempre hay bastante gente dispuesta a nadar a favor de la corriente general, lo cual resulta provechoso para su carreras. Hay gran cantidad de académicos que estudian su terreno de manera desapasionada, pero sería ingenuo pensar que el hecho de que una persona tenga una lista de títulos detrás de su nombre le inmuniza contra las presiones de la sociedad en que vive, sea o no consciente de ello. En 1949, N. Pastore llevó a cabo un estudio sobre las opiniones de veinticuatro psicólogos, biólogos y sociólogos en relación al llamado problema del peso relativo de los genes y el entorno. De doce "liberales o radicales" once dijeron que el ambiente era más importante que la herencia, y uno lo contrario. En el campo conservador, el resultado fue exactamente el contrario, once hereditarios y solo un ambientalista. Dobzhansky encontró estos resultados "desconcertantes". Por nuestra parte, los encontramos bastante predecibles. Roger Scruton saca las lecciones sociales: "La bioeconomía plantea que los programas gubernamentales que obligan a los individuos a ser menos competitivos y egoístas que lo que están genéticamente programados están condenados de antemano a fracasar". Esto encaja perfectamente con el resurgimiento del determinismo genético en Estados Unidos, y sus pruebas de que los negros son inferiores que los blancos, y que la clase obrera es inferior a las capas medias y superiores. El apoyo científico a este tipo de falacias se utiliza para darles un aura de respetabilidad y "objetividad". El gen egoísta Richard Dawkins, que saltó a la fama con su controvertido libro The Selfih Gene (El gen egoísta), ha estado en el centro de una acalorada polémica sobre genética. Los biólogos moleculares han determinado la importancia del ADN a la hora de replicar copias de moléculas de ADN. Poseen las instrucciones codificadas que producen los ladrillos constituyentes de la vida, los aminoácidos. Estos fabrican las proteínas que modelan las células y órganos. Debido a esto algunos biólogos moleculares y también sociobiólogos han planteado que toda la selección natural actúa en última instancia a nivel del ADN. Esto ha llevado a una serie de científicos a obsesionarse hasta tal punto con el carácter maravilloso del gen, que pocos son capaces de ver el bosque más allá de los árboles. Algunos han dado al gen ciertas calidades místicas de las que se deducen ideas reaccionarias. La idea de que las características físicas, morales y mentales de una persona se transmiten inalteradas e inalterables a través de los genes no tiene ninguna base genética científica. Y sin embrago ha aparecido una y otra vez en la literatura científica y ha tenido serias consecuencias, por no decir desastrosas, en la política social en todo el siglo XX. El gen transmite su influencia de los padres a sus descendientes. Sólo se puede definir como una diferencia entre un número diferente de genes (llamados aleles) que influencian la misma característica (por ejemplo aleles azules/marrones para el color de los ojos). La diferencia se identifica por medio de observación y pruebas bioquímicas, fisiológicas, estructurales o de comportamiento (una vez que se han excluido otras fuentes de variación, como el ambiente). Desgraciadamente, muchos científicos y no científicos utilizan una versión distorsionada de esta definición. Especialmente cuando un gen que contribuye a que un determinado animal se comporte de forma diferente se convierte en el gen que determina ese comportamiento particular. Dawkins no es el único científico que cae en esta trampa. En los años 70 muchos hablaban de una codificación genética para características físicas y de comportamiento. También un gen debe ser comparado con otro para el mismo rasgo. no es una entidad que va por su cuenta. Como J. B. S. Haldane señala correctamente la genética es la ciencia de las diferencias no de los similitudes. Simplemente, tu y yo podemos ser los dos egoístas, las diferencias entre nosotros no pueden. No puedes aplicar características personales a una comparación. En su libro The Selfish Gene, Dawkins salta de una definición a la otra, planteando que son intercambiables, cuando no lo son. El resultado ha sido dar fuerzas al determinismo genético. Una generación entera de científicos americanos y de otros países han sido educados en esta confusión. La investigación científica en el campo de la genética demuestra las posibilidades para la medicina. Enfermedades genéticas como la corea de Huntington, la distrofia muscular de Duchenne, entre otras ya han sido identificadas. Pero parece ser una cosa generalmente aceptada el que existen genes responsables de todo tipo de cosas, como la homosexualidad y la criminalidad. El determinismo genético ha llevado a conclusiones reaccionarias, reduciendo todos los problemas sociales al nivel de la genética. En febrero de 1995 se celebró en Londres una conferencia sobre Genética del comportamiento criminal y antisocial. Diez de los trece ponentes eran de los Estados Unidos donde una conferencia similar en 1992, con un marcado trasfondo racista, no se llegó a celebrar por la presión de la opinión pública en contra. Aunque el presidente, Sir Michael Rutter del London Institute of Psychiatry declaró que "no existe tal cosa como un gen del crimen", otros participantes, como el Dr. Gregory Carey del Institute of Behavioural Genetics, University of Colorado, mantuvo que los factores genéticos en su conjunto eran responsables del 40/50% de la violencia criminal. Aunque dijo que no sería práctico "tratar" la criminalidad a través de la ingeniería genética, otros participantes declararon que había buenas perspectivas para el desarrollo de medicamentos que controlasen la excesiva agresividad, una vez que se encontrasen los genes responsables. Sin embargo sugirió que se debería considerar la posibilidad del aborto cuando las pruebas prenatales indicasen la probabilidad de que un niño naciese con genes que le predispusieran para el comportamiento violento o antisocial. Su punto de vista fue respaldado por el Dr. David Goldman del Laboratorio de Neurogenética del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos. "Se debería dar a las familias la información y se les debería permitir que decidiesen por su cuenta como utilizarla" (The Independent, 14 de febrero 1995). Según el profesor Hans Brunner del Nijmegen Hospital en Holanda, los hombres de una familia que heredaban una anormalidad genética en el cromosoma X que les provocaba una deficiencia en un enzima relacionada con mensajes en el cerebro, habían mostrado "agresión impulsiva" incluyendo incendio premeditado e intento de violación. El Dr. David Goldman del Laboratorio de Neurogenética del Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, y el profesor Matti Virkkunen de la Universidad de Helsinki dijeron que estaban descubriendo variaciones genéticas vinculadas a la agresividad en la manera en que la gente procesa los componentes químicos en el cerebro. "Hay compañías farmacéuticas que ya están interesadas en nuestros descubrimientos", dijo Virkkunen. (The Financial Times, 14 de febrero de 1995). Steven Rose describió la conferencia como "provocadora, inquietante y desequilibrada". 15 científicos atacaron la atacaron en una carta. El Dr. Zacari Erzincliogu, director del Centro de Ciencia Forense de la Universidad de Durham, la calificó de "muy inquietante, para mentes simples y maliciosa". Los argumentos de estos deterministas genéticos son utilizados para reforzar ideas sociales reaccionarias. Ashley Montague planteó que "no son los ‘genes criminales' los que hacen a los criminales, sino en la mayoría de los casos ‘las condiciones sociales criminales'". The Selfish Gene, de Richard Dawkins, editado por primera vez en 1976, hace algunas afirmaciones de partida que llevan a conclusiones políticas reaccionarias. "Nacemos egoístas", dice Dawkins. Lo que aparentemente surge de nuestros genes "egoístas". A pesar de que "los genes no tienen previsión. No planifican por adelantado," aquí Dawkins atribuye a los genes una conciencia y una identidad "egoísta". Se esfuerzan para replicarse, como si estuvieran planificando conscientemente cómo podrían conseguirlo. "Ciertamente en principio, y también de hecho, el gen sale a través de la pared del cuerpo individual y manipula objetos en el mundo exterior, algunos de ellos son inanimados, algunos de ellos son otros seres vivos, algunos de ellos bastante alejados. Con un poco de imaginación podemos ver al gen sentado en el centro de una tela de araña de potencia fenotípica extendida. Y un objeto en el mundo es el centro de influencias de telas de araña convergentes de muchos genes sentados en muchos organismos. El largo alcance del gen no conoce fronteras obvias". 86 Debido a que para Dawkins los organismos individuales no sobreviven de una generación a otra, mientras que los genes sí, se deduce que la selección natural actúa sobre lo que sobrevive, es decir, los genes. Para Dawkins la selección actúa en última instancia a nivel del ADN. Al mismo tiempo cada gen compite con los demás para reproducirse en la siguiente generación. "Después de todo, ¿qué es tan especial en los genes? La respuesta es que son replicadores". Para Él, el replicador de la vida es el gen; así el organismo es simplemente el vehículo de los genes ("máquinas de supervivencia, robots vehículos ciegamente programados para preservar las moléculas egoístas conocidas como genes"É"hormiguean en gigantescas colonias, a salvo en el interior de enormes y pesados robots"). Es simplemente una revisión del famoso aforismo de Butler de que la gallina es simplemente la forma que tiene el huevo de hacer otro huevo. Un animal, para Dawkins, es solamente la manera que tiene el ADN de crear más ADN. Imbuye a los genes con ciertas calidades místicas lo que en esencia es teleológico. "Sospecho", dice Dawkins en su defensa, "que tanto Rose como Gould son deterministas ya que creen en una base física, materialista para todas nuestras acciones. También yo, cualquiera que sea el punto de vista que uno tome sobre la cuestión del determinismo, la inserción de la palabra ‘genético no va a provocar ningún cambio". Y añade: "si eres un determinista completo crees que todas tus acciones están determinadas por causas físicas en el pasado. ¿Cuál es la diferencia en que algunas de estas causas sean genéticas? ¿Por que se cree que los deterministas genéticos tienen que ser más ineluctables, o más culpables, que los ‘medioambientales?". 87 Todo en la naturaleza tiene una causa y un efecto, y el efecto se convierte en causa. Dawkins mezcla determinismo y fatalismo. "Un organismo es una herramienta del ADN". El determinismo genético tiene un significado preciso, en el que se dice que los genes "determinan" la naturaleza exacta del fenotipo. No hay duda de que los genes tienen un poderosos efecto en la forma del organismo, pero su identidad será determinada decisivamente por el entorno. Por ejemplo, dos gemelos idénticos en dos ambientes totalmente diferentes serán dos caracteres totalmente diferentes. Como explica Rose, "En realidad, sin embrago, la selección debe actuar a gran cantidad de niveles. Trozos individuales de ADN del tamaño de un gen pueden o no estar seleccionados por derecho propio, pero el ADN se expresa en el marco de un genotipo completo; por lo tanto agrupaciones concretas de genes o genotipos enteros tienen que representar en sí mismos otro nivel de selección. Además, el genotipo existe en un fenotipo, y el hecho de que ese fenotipo sobreviva o no depende de su interacción con otros. De ahí que sólo será seleccionado en el marco de la población en la que está encajado". 88 Dawkins se vio obligado a retroceder hasta cierto punto, modificando sus argumentos en las versiones más recientes de The Selfish Gene (1989) y en el The Extended Phenotype (1982). Plantea que su lenguaje rimbombante le dejó abierto a mal interpretaciones: "Es demasiado fácil dejarse llevar, y permitir que los genes hipotéticos tengan juicio consciente y anticipación en la planificación de su ‘estrategia'". Sin embargo defiende su argumento fundamental y ve la vida "en términos de replicadores genéticos preservándose a sí mismos por medio de sus fenotipos extendidos". Y que la "selección natural es supervivencia diferencial de genes". Dawkins ahora dice que "los genes pueden modificar los efectos de otros genes, y pueden modificar los efectos del entorno. Los acontecimientos en el entorno, tanto interno como externo, pueden modificar el efecto de los genes y pueden modificar el efecto de otros acontecimientos en el entorno". Pero aparte de esta concesión secundaria, la tesis fundamental de Dawkins se mantiene. Por ejemplo dice: "A veces se atacan los anticonceptivos como ‘antinaturales'. Y lo son, muy antinaturales. El problema es el estado del bienestar. Creo que la mayoría de nosotros pensamos que el estado del bienestar es altamente deseable. Pero no puedes tener un estado del bienestar antinatural, a no ser que también tengas un control de natalidad antinatural, de otra manera el resultado final será miseria incluso mayor que la que obtienes en la naturaleza". Y continua, "el estado del bienestar es quizás el sistema más altruista que el mundo animal nunca haya conocido. Pero todo sistema altruista es inherentemente inestable, porque está a merced del abuso por parte de individuos egoístas, dispuestos a explotarlo. Los seres humanos individuales que tienen más hijos de los que son capaces de criar, en la mayoría de los casos son demasiado ignorantes como para que se les pueda acusar de explotación consciente con mala fe". Según Dawkins la adopción de niños está en contra de los instintos e intereses de nuestros "genes egoístas". "En la mayoría de los casos probablemente deberíamos considerar la adopción, aunque pueda parecer enternecedora, como un tiro equivocado en una regla dada", dice Dawkins. "Esto es así porque la generosa hembra no les está haciendo ningún bien a sus propios genes cuidando al huérfano. Está desperdiciando tiempo y energía que podría estar invirtiendo en las vidas de su propio parentesco, especialmente sus propios futuros hijos. Probablemente es un error que resulta ser demasiado raro como para que la selección natural se haya ‘preocupado' de cambiar la regla haciendo el instinto maternal más selectivo". Plantea que "si a una hembra se le dan datos fiables de que se espera una Época de hambruna, está en su propio interés egoísta reducir su propia tasa de natalidad". Dawkins también piensa que la selección natural favorecería que los niños timasen, mintiesen, engañasen y explotasen y que "cuando observamos poblaciones salvajes esperamos ver mentiras y egoísmo dentro de las familias. La frase ‘el niño debería engañar' significa que los genes que tienden a hacer que los niños engañen tienen una ventaja en la combinación genética". 89 Y llega a la conclusión que el organismo es una herramienta del ADN, más que al revés. Estos comentarios son interesantes, no tanto por lo que nos dicen sobre los genes, sino por lo que revelan sobre el estado de la sociedad en la última década del siglo XX. En ciertas sociedades el tener unos músculos potentes o la capacidad de correr más rápido pueden dar una ventaja genética. Si se atribuye una ventaja semejante a la propensión a mentir, explotar y timar, debe de significar que estas características son las calidades más necesarias para triunfar en la sociedad moderna, y esto es totalmente correcto desde el punto de vista de los defensores de "valores del mercado". Aunque es bastante cuestionable que este tipo de cualidades puedan de hecho transmitirse a través del mecanismo genético, lo que es un hecho es que son las cualidades fundamentales del egoísmo de la burguesía. La "guerra de todos contra todos" como el viejo Hobbes la definió, es el pilar fundamental de la sociedad capitalista. ¿Es cierto que este tipo de mentalidad es una parte genéticamente condicionada de la "naturaleza humana"? No deberíamos perder de vista que el capitalismo y sus valores solo han existido, a lo sumo, durante los últimos 200 años de los aproximadamente 5.000 de historia humana registrada y los 100.000 años de desarrollo humano. La sociedad humana, durante la mayor parte de su existencia se ha basado en el principio de la cooperación. De hecho los seres humano nunca se hubieran elevado por encima del nivel de los animales sin eso. Lejos de ser un componente esencial de la psicología humana, la competencia es un fenómeno relativamente reciente, un reflejo de la sociedad basada en la producción de bienes, que pervierte y cambia la naturaleza humana hacia modelos de comportamiento que hubieran sido considerados aberrantes y antinaturales en el pasado. Es muy fácil culpar a algún fenómeno misterioso como por ejemplo "nuestros genes" por la moralidad avariciosa y egocéntrica del mercado. Además, esta no es una cuestión de zoología sino de clase social. Los capitalistas individuales compiten unos contra los otros y no dudan en utilizar todo tipo de métodos para arruinar a sus rivales ¾ mentiras, estafas, espionaje industrial, OPAs hostiles¾ que se consideran como prácticas comerciales normales. Desde el punto de vista de la clase obrera las cosas son muy diferentes. No es una cuestión de moral individual, sino precisamente de supervivencia social (el equivalente sociológico de la "supervivencia de los más fuertes"). La única fuerza que tiene la clase obrera contra los empresarios es la fuerza de la unión, precisamente la cooperación. Sin organización, empezando a nivel sindical, la clase obrera es sólo materia prima para la explotación. La necesidad de los trabajadores de unirse en defensa de sus intereses es una lección que tiene que aprenderse una y otra vez. El egoísmo y el "individualismo" (en el sentido burgués de la palabra) es una autodestructiva para la clase obrera. La prensa burguesa presenta a los esquiroles como defensores de la "libertad individual" porque a los empresarios les interesa que la clase obrera quede reducida a sus partes componentes, completamente a merced del Capital. También en este caso se aplica la ley dialéctica de que el todo es mayor que la suma de las partes. Consciente o inconscientemente los que presentan el egoísmo como un ideal, o por lo menos como componente de la "naturaleza humana", han tomado una posición definida en relación a la lucha entre el trabajo asalariado y el Capital, y no se pueden quejar si se les acusa de proveer grano al molino de la reacción. Dawkins ve la evolución no como el resultado de una lucha de organismos, sino como una lucha entre genes intentado copiarse a sí mismos. Los cuerpos en los que habitan son secundarios. Descarta el principio darwiniano de que los individuos son las unidades de selección. Esta es una idea fundamentalmente falsa. La selección natural actúa sobre organismos, cuerpos. Favorece a algunos organismos porque se adaptan mejor a su entorno. El gen es un trozo de ADN encerrado en el núcleo de la célula, cientos de los cuales contribuyen al desarrollo de la mayoría de las partes del cuerpo. Esto a su vez se ve afectado por toda una serie de factores del entorno, interna y externamente. La selección no actúa directamente sobre las partes. La selección natural actúa sobre organismos porque de alguna manera son más "fuertes", es decir, más cálidos, más fieros, más robustos, más ágiles, etc. Si hubiese un gen particular para la calidez u otras cualidades específicas, entonces podría ser que Dawkins tuviese razón. Pero no es el caso. No existe un gen para cada parte de la anatomía. Por ejemplo, las instrucciones para la construcción de la oreja se localizan en toda una serie de genes separados, la mitad de los cuales viene de cada uno de los padres. Como Stephen Gould explicó: "(La selección natural) acepta o rechaza organismos enteros porque juegos de partes, interaccionando de maneras complejas, les dan ventajas. Los organismos son mucho más que una amalgama de genes. Tienen una historia que cuenta; sus partes interaccionan de maneras complejas. Los organismos están formados por genes que actúan en concierto, influenciados por entornos, trasladados a partes que la selección ve y partes que son invisibles a la selección. Las moléculas que determinan las propiedades del agua son analogías pobres para genes y cuerpos". 90 Los métodos de Dawkins le llevan a sumergirse en el idealismo, cuando intenta argumentar que la cultura humana se puede reducir a unidades que él llama memes, que aparentemente, al igual que los genes, se auto reproducen y compiten por la supervivencia. Esto es claramente incorrecto. La cultura humana se transmite de generación en generación, no a través de memes, sino a través de la educación en su sentido más amplio. No se hereda biológicamente sino que se tiene que reaprender a cuidadosamente y desarrollar en cada generación. La diversidad cultural no está vinculada a los genes, sino a la historia social. El punto de vista de Dawkins es esencialmente reduccionista. Las sociedades se componen de organismos, los organismos de células, las células de moléculas, y las moléculas de átomos. Para Dawkins, la naturaleza humana y sus motivaciones se pueden entender analizando el ADN humano. Lo mismo es cierto en el caso de James Watson (el descubridor de la doble hélice, junto con Crick y Franklin) que dijo "¿Qué más hay aparte de átomos?". No se plantean la existencia de o bien múltiples niveles de análisis o de modos de determinación complejos. Ignoran las relaciones esenciales entre las células y el organismo en su conjunto. Este método empírico, que surgió con la revolución científica en la Época del nacimiento del capitalismo, fue progresista en su día, pero ahora se ha convertido en un freno para el avance de la ciencia y la comprensión de la naturaleza. El futuro de la genética "Hasta hace muy poco, el único acceso a los genes que modelan el mundo natural era a través del cambio en el entorno. Ahora se puede manipular los genes directamente. eso hace que el cambio sea fácil, inmediato y comprensible; la tecnología que permite la manipulación genética directa también abre a la inspección la actividad de los genes. Pero al mismo tiempo hace que el cambio sea arbitrario, porque hace posible genes que ningún animal desarrollaría espontáneamente. Estas nuevas técnicas dan a la humanidad poderes sin precedente para cambiar el mundo, y también para cambiarse a sí misma" (The Economist, 25 de febrero de 1995). En el curso de las últimas tres décadas se han producido avances colosales en el campo de la genética molecular. En 1972 se aisló y reprodujo el primer gen ("clonado" en un laboratorio). Las consecuencias de esto eran tan inquietantes que los científicos consideraron una moratoria voluntaria de la recombinación de genes clonados en el ADN de otros organismos. Pero ahora la introducción de genes clonados en humanos se ha convertido casi en una rutina. Para la primera década del próximo siglo los científicos conocerán los nombres de todas las proteínas del cuerpo humano. Este conocimiento tiene tremendas implicaciones para el futuro, para bien o para mal. Hasta el momento el gen ha estado rodeado de misterio, como la Cosa-en-Sí de Kant. El gen era el mascarón de proa del destino humano, implacable, inalterable e insondable. Hablar de los genes no era sólo hablar de nuestra herencia, sino de nuestro destino. Y el destino es una corte ante la que no se puede apelar. Hasta ahora. Pero ahora, por primera vez en la historia de la vida en nuestro planeta, existe la posibilidad de que los seres humanos controlen su propio destino a los niveles más profundos. Al contrario de las sandeces de los genetistas reaccionarios, nunca fue cierto que los genes determinasen completamente la evolución humana. A pesar de que juegan un papel importante en la vida humana, los genes no la controlan. A lo sumo, establecen ciertos parámetros que limitan o permiten. Pero ahora, por primera vez, se está llevando bajo control al propio genotipo. Este es un desarrollo revolucionario, preñado de consecuencias para el futuro de la humanidad. El surgimiento de la vida a partir de la materia inorgánica fue un salto evolutivo de gigante. Después de toda una serie de transformaciones, el desarrollo del cerebro pensante como producto de la vida social y el trabajo colectivo, fue otro paso de gigante. La materia adquirió consciencia de sí misma. Ahora por primera vez en 4.000 millones de años los seres humanos están en el proceso de adueñarse de los secretos de su propia evolución. La selección natural deja de ser una fuerza ciega y misteriosa. Se puede llevar al genotipo todo poderoso bajo el control del fenotipo. El género humano tiene el potencial de determinar su propio destino, y modificar los duros dictados de la selección natural. "De la misma manera que los organismos son interpretaciones de la información genética en un entorno específico", escribe Oliver Morton, "la utilización de estos conocimientos genéticos dependerá de los entornos económicos, éticos, personales y políticos, en los que se utilicen. Pero ¾ para bien o para mal¾ se utilizarán. Los genes que limitan y permiten imperiosamente serán controlados por la voluntad humana; se podrán mover los límites, se podrán ampliar los permisos. Los genes nunca han sido los dueños absolutos de la naturaleza humana, pero tampoco han estado al servicio de la humanidad. Hasta ahora." (The Economist, 25 de febrero de 1995). Es tan inútil lamentarse de estos descubrimientos como lo era para los grupos de obreros desesperados romper las máquinas al principio de la revolución industrial. Los descubrimientos de la ciencia y la tecnología son una parte vital del desarrollo de la sociedad, permitiendo a la humanidad tener un control mayor sobre las límites impuestos por la naturaleza. Sólo de esta manera la humanidad puede llegar a ser auténticamente libre. El problema no es lo que la mente humana descubra. El problema es cómo se utilizan estos descubrimientos. Los avances de la ciencia abren un nuevo horizonte ilimitado de desarrollo humano. Pero hay una cara oscura en todo esto. El siglo XX contiene un terrible mensaje de los horrores que puede crear el sistema capitalista en su Época de declive histórico. Las técnicas de la ingeniería genética en manos de los monopolios sin ningún control, interesados solamente en sacar el máximo beneficio plantea una amenaza terrible. Todo el desarrollo de la tecnología, que está constantemente rompiendo barreras, y uniendo el mundo de una manera que nunca antes se había visto, es un argumento en favor de una economía planificada a nivel mundial. No la monstruosa caricatura del estalinismo, sino una sociedad dirigida democráticamente, en la que hombres y mujeres adquieran un control consciente sobre sus vidas y destinos. Sobre la base de una economía armoniosamente planificada, uniendo todos los recursos del planeta, se abre una perspectiva de desarrollo ilimitado. Por un lado, tenemos la tarea de cuidar nuestro propio mundo, de hacerlo habitable para los seres humanos, de reparar los destrozos provocados por la avidez irresponsable de beneficios de las multinacionales. Y por otro, tenemos delante nuestro el mayor desafío que nunca se le haya presentado a nuestra especie, la exploración del espacio, vinculada a la supervivencia futura de la humanidad. La ciencia de la ingeniería genética, ahora en su infancia, puede vincularse en el futuro a las necesidades de los largos viajes espaciales. Ahora esto está en el terreno de la especulación. Pero la historia de los últimos cien años nos ha demostrado lo rápidamente que ideas que parecían fantásticas se convierten en realidad. Lo que podemos ver en este momento es un potencial colosal. En el contexto de una economía planificada democráticamente, en la que hombres y mujeres determinen libre y conscientemente sus destinos, la ciencia de la genética dejará de ser un estorbo el progreso humano y ocupará el lugar que le corresponde en el estudio y transformación de la propia vida. Esto no es fantasía sino que se corresponde a las posibilidades reales. En palabras de Oliver Morton: "Las posibilidades de esta biología son casi infinitas. El mundo natural, incluyendo el cuerpo y la mente humanos, serán maleables. órganos implantados podrían remodelar el cerebro, virus diseñadores reconstruir tejidos viejos. Los órganos humanos que crecen en animales para ser trasplantados ya se están diseñados. Pueden aparecer nuevos tipos de criaturas, criaturas que nos maravillen. Si la humanidad no puede encontrar seres parecidos en las estrellas, podría crear nuevas inteligencias en la tierra. La diferencia genética entre el hombre y el chimpancé es pequeña; nuevas especies pensantes no son inconcebibles. "Todo esto puede ser posible a través de la genética. Pero al mismo tiempo, la preeminencia de las genes se desvanecerá. Los genes han perdido su posición privilegiada como portadores de información. la información biológica se almacenará en las mentes y en las computadoras al mismo tiempo que en los genes, y los genes serán simplemente uno de los medios de manipular el mundo, apropiados para algunas cosas, pero no para otras, como proteínas terapéuticas "Lo que era único de los genes ahora está al alcance de la humanidad. Este control en poco tiempo puede llegar a tener el poder que se atribuía a los genes y más. La misma inteligencia será capaz de modelar el gen y el entorno, que son los que hacen al organismo tal como es. El control biológico de la información a esta escala ¾ de la materia prima y la manera en que se procesa¾ significa el control de la biología, de la propia vida" (The Economist, 25 de febrero 1995) | |
Parte Cuatro:
Orden en el Caos
¿Reflejan la realidad,
las matemáticas? (1)