C. MARX
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Preparado © para la Internet por David Romagnolo, djr@cruzio.com (Mayo
de 1998)
NOTA DEL EDITOR
Se ha tomado
como base de la presente edición del Manifiesto del Partido Comunista el
texto de la edición alemana de 1848.
El texto lleva las notas de Engels a la edición inglesa de 1888 y a la edición
alemana de 1890, y todos los prefacios escritos por los autores para las
distintas ediciones del Manifiesto.
Las notas al final del folleto han sido redactadas y traducidas según las de la
edición china del Manifiesto, publicada por la Editorial del Pueblo, Pekín.
ÍNDICE
|
PREFACIO A LA
EDICIÓN ALEMANA DE 1872 |
1 |
||
|
MANIFIESTO DEL
PARTIDO COMUNISTA |
|
||
|
I. |
BURGUESES Y
PROLETARIOS |
32 |
|
|
II. |
PROLETARIOS Y
COMUNISTAS |
49 |
|
|
III. |
LITERATURA
SOCIALISTA Y COMUNISTA |
61 |
|
|
|
1. |
EL SOCIALISMO REACCIONARIO |
61 |
|
|
2. |
EL SOCIALISMO CONSERVADOR O BURGUÉS |
69 |
|
|
3. |
EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO
CRITICO-UTÓPICOS |
71 |
|
IV. |
ACTITUD DE LOS
COMUNISTAS ANTE LOS DIFERENTES |
|
|
|
79 |
|||
MANIFIESTO DEL
PARTIDO COMUNISTA[1]
|
Escrito por C. Marx
y F. Engels |
El
original es |
Pág. 1
PREFACIO A LA EDICIÓN ALEMANA
DE 1872[2]
La Liga de los Comunistas, asociación obrera
internacional que, naturalmente, dadas las condiciones de la época, no podía
existir sino en secreto, encargó a los que suscriben, en el Congreso celebrado
en Londres en noviembre de 1847, que redactaran un programa detallado del
Partido, a la vez teórico y práctico, destinado a la publicación. Tal es el
origen de este Manifiesto, cuyo manuscrito fue enviado a Londres,
para ser impreso, algunas semanas antes de la revolución de Febrero[3]. Publicado primero en alemán, se han hecho en este
idioma, como mínimo, doce ediciones diferentes en Alemania, Inglaterra y
Norteamérica. En inglés apareció primeramente en Londres, en 1850,
en el Red Republican [4], traducido por Miss Helen
Macfarlane, y más tarde, en 1871, se han publicado, por lo menos, tres
traducciones diferentes en Norteamérica. Apareció en francés por
primera vez en París, en vísperas de la insurrección de junio de 1848, y
recientemente en Le Socialistes [5], de Nueva York. En la
actualidad, se prepara una nueva traducción. Hizoce
Pág.. 2
en Londres una edición en polaco, poco tiempo después de la primera
edición alemana. En Ginebra apareció en ruso, en la década del 60. Ha sido
traducido también al danés a poco de su publicación original.
Aunque las condiciones hayan cambiado mucho en los
últimos veinticinco años, los principios generales expuestos en este Manifiesto
siguen siendo hoy, en su conjunto, enteramente acertados. Algunos puntos
deberían ser retocados. El mismo Manifiesto explica que la aplicación práctica
de estos principios dependerá siempre y en todas partes de las circunstancias
históricas existentes, y que, por tanto, no se concede importancia exclusiva a
las medidas revolucionarias enumeradas al final del capitulo II. Este pasaje
tendría que ser redactado hoy de distinta manera, en más de un aspecto. Dado el
desarrollo colosal de la gran industria en los últimos veinticinco años, y con
éste, el de la organización del partido de la clase obrera; dadas las
experiencias prácticas, primero, de la revolución de Febrero, y después, en
mayor grado aún, de la Comuna de París, que eleva por primera vez al
proletariado, durante dos meses, al Poder político, este programa ha envejecido
en algunos de sus puntos. La Comuna ha demostrado, sobre todo, que "la
clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina estatal
existente y ponerla en marcha para sus propios fines". (Véase
"Der Burgerkrieg in Frankreich, Adresse des Generalrats der
Internationalen Arbeiterassoziation"[6], Pág. 19 de la edición
alemana, donde esta idea está más extensamente desarrollada.) Además,
evidentemente, la crítica de la literatura socialista es incompleta para estos
momentos, pues sólo llega a 1847; y al propio tiempo, si las observaciones que
se hacen sobre la actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de
oposición (capítulo IV) son exactas todavía en sus trazos
Pág. 3
generales, han quedado anticuadas en la práctica, ya que la situación
política ha cambiado completamente y el des arrollo histórico ha borrado de la
faz de la tierra a la mayoría de los partidos que allí se enumeran.
Sin embargo, el Manifiesto es un documento histórico que
ya no tenemos derecho a modificar. Una edición posterior quizá vaya precedida
de un prefacio que pueda llenar la laguna existente entre 1847 y nuestros días;
la actual reimpresión ha sido tan inesperada para nosotros, que no hemos tenido
tiempo de escribirlo.
CARLOS MARX FEDERICO ENGELS
Londres, 24 de junio de 1872.
Pág. 4
PREFACIO A LA EDICIÓN RUSA
DE 1882[7]
La primera
edición rusa del "Manifiesto del Partido Comunista", traducido por
Bakunin, fue hecha a principios de la década del 60[8] en la imprenta del Kólokol [9]. En aquel tiempo, una
edición rusa de esta obra podía parecer al Occidente tan sólo una
curiosidad literaria. Hoy, semejante concepto sería imposible.
Cuán reducido era el terreno de acción del movimiento
proletario en aquel entonces (diciembre de 1847) lo demuestra mejor que nada el
último capítulo del Manifiesto: Actitud de los comunistas ante los diferentes
partidos de oposición en los diversos países. Rusia y los Estados Unidos, precisamente,
no fueron mencionados aquí. Era el momento en que Rusia formaba la última gran
reserva de toda la reacción europea y en que los Estados Unidos absorbían el
exceso de fuerzas del proletariado de Europa mediante la emigración. Estos dos
países proveían a Europa de materias primas y eran al propio tiempo mercados
para la venta de su producción industrial. Los dos eran, pues, de una u otra
manera, pilares del orden vigente en Europa.
Pág. 5
¡Cuan cambiado esta todo hoy! Precisamente la emigración
europea ha hecho posible el colosal desenvolvimiento de la agricultura en
América del Norte, cuya competencia con mueve los cimientos mismos de la grande
y pequeña pro piedad territorial de Europa. Es ella la que ha dado, además, a
los Estados Unidos, la posibilidad de emprender la explotación de sus enormes
recursos industriales, con tal energía y en tales proporciones que en breve
plazo ha de terminar con el hasta la fecha monopolio industrial de la Europa
occidental, y especialmente con el de Inglaterra. Estas dos circunstancias
repercuten a su vez de una manera revolucionaria sobre la misma Norteamérica.
La pequeña y mediana propiedad agraria de los granjeros, piedra angular de todo
el régimen político de Norteamérica, sucumben gradualmente ante la competencia
de haciendas gigantescas, mientras que en las regiones industriales se forma,
por vez primera, un numeroso proletariado junto a una fabulosa concentración de
capitales.
¿Y ahora en Rusia? Al producirse la revolución de
1848-1849, no sólo los monarcas de Europa, sino también la burguesía europea,
veían en la intervención rusa el único medio de salvación contra el
proletariado, que empezaba a despertar. El zar fue aclamado como
jefe de la reacción europea. Ahora es, en Gátchina[10], el prisionero de guerra de la revolución, y Rusia
está en la vanguardia del movimiento revolucionario de Europa.
El Manifiesto Comunista se propuso como tarea proclamar
la desaparición próxima e inevitable de la moderna propiedad burguesa. Pero en
Rusia, vemos que al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de
la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la
tierra es poseída en común por los campesinos. Cabe,
Pág. 6
entonces, la pregunta:
¿podría la obshchina [11] rusa -- forma por cierto ya
muy desnaturalizada de la primitiva propiedad común de la tierra -- pasar
directamente a la forma superior de la propiedad colectiva, a la forma
comunista, o, por el contrario, deberá pasar primero por el mismo proceso de
disolución que constituye el desarrollo histórico de Occidente?
La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión
es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución
proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad
común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida a una evolución
comunista.
CARLOS MARX FEDERICO ENGELS
Londres, 21 de enero de 1882.
Pág. 7
PREFACIO A LA EDICIÓN ALEMANA
DE 1883[12]
Desgraciadamente, tengo que firmar solo el prefacio de
esta edición. Marx, el hombre a quien la clase obrera de Europa y América debe
más que a ningún otro, reposa en el cementerio de Highgate y sobre su tumba
verdea ya la primera hierba. Después de su muerte ni hablar cabe de rehacer o
completar el Manifiesto. Creo, pues, tanto más preciso recordar aquí
explícitamente lo que sigue.
La idea fundamental de que está penetrado todo el
Manifiesto -- a saber: que la producción económica y la estructura social que
de ella se deriva necesariamente en cada época histórica, constituyen la base
sobre la cual descansa la historia política e intelectual de esa época; que,
por tanto, toda la historia (desde la disolución del régimen primitivo de
propiedad común de la tierra) ha sido una historia de lucha de clases, de lucha
entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, en las
diferentes fases del desarrollo social; y que ahora esta lucha ha llegado a una
fase en que la clase explotada y oprimida (el proletariado)
Pág. 8
no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime (la
burguesía), sin emancipar, al mismo tiempo y para siempre, a la sociedad entera
de la explotación, la opresión y las luchas de clases -- , esta idea
fundamental pertenece única y exclusivamente a Marx[*].
Lo he declarado a menudo; pero ahora justamente es
preciso que esta declaración también figure a la cabeza del propio Manifiesto.
F. ENGELS
Londres, 28 de junio de 1883.
* "A esta idea, llamada, según creo -- como dejé consignado en el
prefacio de la edición inglesa -- , a ser para la Historia lo que la teoría de
Darwin ha sido para la Biología, ya ambos nos habíamos ido acercando poco a
poco, varios años antes de 1845. Hasta qué punto yo avancé independientemente
en esta dirección, puede verse en mi 'Situación de la clase obrera en
Inglaterra'. Pero cuando me volví a encontrar con Marx en Bruselas, en la
primavera de 1845, él ya había elaborado esta tesis y me la expuso en términos
casi tan claros como los que he expresado aquí". (Nota de F. Engels a
la edición alemana de 1890.)
Pág. 9
PREFACIO A LA EDICIÓN INGLESA
DE 1888[13]
El "Manifiesto" fue publicado como programa de
la "Liga de los Comunistas", una asociación de trabajadores, al
principio exclusivamente alemana y más tarde internacional, que, dadas las
condiciones políticas existentes antes de 1848 en el continente europeo, se
veía obligada a permanecer en la clandestinidad. En un Congreso de la Liga,
celebrado en Londres en noviembre de 1847, se encomendó a Marx y Engels que
preparasen para la publicación un programa de tallado del Partido, que fuese a
la vez teórico y práctico. En enero de 1848, el manuscrito, en alemán, fue
terminado y, unas semanas antes de la revolución del 24 de febrero en Francia,
enviado al editor, a Londres. La traducción francesa apareció en París poco
antes de la insurrección de junio de 1848. En 1850 la revista "Red
Republican", editada por George Julian Harney, publicó en Londres la
primera traducción inglesa, debida a la pluma de Miss Helen Macfarlane. El
"Manifiesto" ha sido impreso también en danés y en polaco.
Pág. 10
La derrota de la insurrección de junio de 1848 en París
-- primera gran batalla entre el proletariado y la burguesía -- relegó de nuevo
a segundo plano, por cierto tiempo, las aspiraciones sociales y políticas de la
clase obrera europea. Desde entonces la lucha por la supremacía se desarrolla,
como había ocurrido antes de la revolución de Febrero, solamente entre
diferentes sectores de la clase poseedora; la clase obrera hubo de limitarse a
luchar por un escenario político para su actividad y a ocupar la posición de
ala extrema izquierda de la clase media radical. Todo movimiento obrero
independiente era despiadadamente perseguido, en cuanto daba señales de vida.
Así, la policía prusiana localizó al Comité Central de la "Liga de los
Comunistas", que se hallaba a la sazón en Colonia. Los miembros del Comité
fueron detenidos y, después de dieciocho meses de reclusión,
juzgados en octubre de 1852. Este célebre "Proceso de los comunistas en
Colonia"[14] se prolongó del 4 de
octubre al 12 de noviembre; siete de los acusados fueron condenados a penas que
oscilaban entre tres y seis años de reclusión en una fortaleza. Inmediatamente
después de publicada la sentencia, la-Liga fue formalmente disuelta por los
miembros restantes. En cuanto al "Manifiesto", parecía desde entonces
condenado al olvido.
Cuando la clase obrera europea hubo reunido las fuerzas
suficientes para emprender un nuevo ataque contra las clases dominantes, surgió
la Asociación Internacional de los Trabajadores. Pero esta asociación, formada
con la finalidad concreta de agrupar en su seno a todo el proletariado
militante de Europa y América no pudo proclamar inmediatamente los principios
expuestos en el "Manifiesto". La Internacional estuvo obligada a
sustentar un programa bastante amplio para que pudieran aceptarlo las
tradeuniones
Pág. 11
inglesas, los adeptos de Proudhon en Francia, Bélgica, Italia y España
y los lassalleanos en Alemania[*]. Marx, al escribir este
programa de manera que pudiese satisfacer a todos estos partidos, confiaba
enteramente en el desarrollo intelectual de la clase obrera, que debía resultar
inevitablemente de la acción combinada y de la discusión mutua. Los propios
acontecimientos y vicisitudes de la lucha contra el capital, las derrotas más
aún que las victorias, no podían dejar de hacer ver a la gente la insuficiencia
de todas sus panaceas favoritas y preparar el camino para una mejor comprensión
de las verdaderas condiciones de la emancipación de la clase obrera. Y Marx
tenía razón. Los obreros de 1874, en la época de la disolución de la
Internacional, ya no eran, ni mucho menos, los mismos de 1864, cuando la
Internacional había sido fundada. El proudhonismo en Francia y el
lassalleanismo en Alemania agonizaban, e incluso las conservadoras tradeuniones
inglesas, que en su mayoría habían roto todo vínculo con la Internacional mucho
antes de la disolución de ésta, se iban acercando poco a poco al momento en que
el presidente de su Congreso, el año pasado en Swansea, pudo decir en su
nombre: "El socialismo continental ya no nos asusta."[15] En efecto, los principios del
"Manifiesto" se han difundido ampliamente entre los obreros de todos los
países.
Así, pues, el propio "Manifiesto" se situó de
nuevo en primer plano. El texto alemán había sido reeditado, desde 1850, varias
veces en Suiza, Inglaterra y Norteamérica. En
* Personalmente Lassalle nos declaró
siempre que era un discípulo de Marx y que, como tal, se colocaba sobre el
terreno del "Manifiesto" Sin embargo, en su agitación publica en
1862-1864 no fue más allá de la exigencia de cooperativas de producción
apoyadas por el crédito del Estado. (Nota de F. Engels.)
Pág. 12
1872 fue traducido al inglés
en Nueva York y publicado en la revista "Woodhull and Claflin's
Weekly"[16]. Esta versión inglesa fue
traducida al francés y apareció en Le Socialiste de Nueva York. Desde
entonces dos o más traducciones inglesas, más o menos deficientes, aparecieron
en Norteamérica, y una de ellas fue reeditada en Inglaterra. La primera
traducción rusa, hecha por Bakunin, fue publicada en la imprenta
del Kólokol de Herzen en Ginebra, hacía 1863; la segunda, debida a la
heroica Vera Zasúlich[17], vio la luz también en
Ginebra en 1882. Una nueva edición danesa[18] se publicó en
"Socialdemokratisk Bibliothek", en Copenhague, en 1885;
apareció una nueva traducción francesa en Le Socialiste de París en 1886[19]. De esta última se preparó y publicó en Madrid, en
1886, una versión española[20]. Esto sin mencionar las
reediciones alemanas, que han sido por lo menos doce. Una traducción armenia,
que debía haber sido impresa hace unos meses en Constantinopla, no ha visto la
luz, según tengo entendido, porque el editor temió sacar un libro con el nombre
de Marx y el traductor se negó a hacer pasar el "Manifiesto" por su
propia obra. Tengo noticia de traducciones posteriores en otras lenguas, pero
no las he visto. Y así, la historia del "Manifiesto" refleja en
medida considerable la historia del movimiento moderno de la clase obrera;
actualmente es, sin duda, la obra más difundida, la más internacional de toda
la literatura socialista, la plataforma común aceptada por millones de
trabajadores, desde Siberia hasta California.
Sin embargo, cuando fue escrito no pudimos titularle
Manifiesto Socialista. En 1847 se llamaban socialistas, por una parte,
todos los adeptos de los diferentes sistemas utópicos: los owenistas en
Inglaterra y los fourieristas en Francia, reducidos ya a meras sectas y en
proceso de extin-
Pág. 13
ción paulatina; de otra parte, toda suerte de curanderos sociales que
prometían suprimir, con sus diferentes emplastos, las lacras sociales sin dañar
al capital ni a la ganancia. En ambos casos, gentes que se hallaban fuera del
movimiento obrero y que buscaban apoyo más bien en las clases "instruidas".
En cambio, la parte de la clase obrera que había llegado al convencimiento de
la insuficiencia de las simples revoluciones políticas y proclamaba la
necesidad de una transformación fundamental de toda la sociedad, se llamaba
entonces comunista. Era un comunismo rudimentario y tosco, puramente
instintivo; sin embargo, supo percibir lo más importante y se mostró
suficientemente fuerte en la clase obrera para producir el comunismo utópico de
Cabet en Francia y el de Weitling en Alemania. Así, el socialismo, en 1847, era
un movimiento de la clase burguesa, y el comunismo lo era de la clase obrera.
El socialismo era, al menos en el continente, cosa "respetable"; el
comunismo, todo lo contrario. Y como nosotros manteníamos desde un
principio que "la emancipación de la clase obrera debe ser obra de la
clase obrera misma"[21], para nosotros no podía
haber duda alguna sobre cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Más
aún, después no se nos ha ocurrido jamás renunciar a ella.
Aunque el "Manifiesto" es nuestra obra común,
considérome obligado a señalar que la tesis fundamental, el núcleo del mismo,
pertenece a Marx. Esta tesis afirma que en cada época histórica el modo
predominante de producción económica y de cambio y la organización social que
de él se deriva necesariamente, forman la base sobre la cual se levanta, y la
única que explica, la historia política e intelectual de dicha época; que, por
tanto (después de la disolución de la sociedad gentilicia primitiva con su propiedad
comunal de la tierra), toda la historia de la humanidad ha sido una historia de
Pág. 14
lucha de clases, de lucha entre explotadores y explotados, entre clases
dominantes y clases oprimidas; que la historia de esas luchas de clases es una
serie de evoluciones, que ha alcanzado en el presente un grado tal de
desarrollo en que la clase explotada y oprimida -- el proletariado -- no puede
ya emanciparse del yugo de la clase explotadora y dominante - la burguesía --
sin emancipar al mismo tiempo, y para siempre, a toda la sociedad de toda
explotación, opresión, división en clases y lucha de clases.
A esta idea, llamada, según creo, a ser para la Historia
lo que la teoría de Darwin ha sido para la Biología, ya ambos nos habíamos ido
acercando poco a poco, varios años antes de 1845. Hasta qué punto yo avancé
independientemente en esta dirección, puede verse mejor en mi "Situación
de la clase obrera en Inglaterra"[*]. Pero cuando me volví a
encontrar con Marx en Bruselas, en la primavera de 1845, él ya había elaborado
esta tesis y me la expuso en términos casi tan claros como los que he expresado
aquí.
Cito las siguientes palabras del prefacio a la edición
alemana de 1872, escrito por nosotros conjuntamente:
"Aunque las condiciones hayan cambiado mucho en los
últimos veinticinco años, los principios generales expuestos en este Manifiesto
siguen siendo hoy, en su conjunto, enteramente acertados. Algunos puntos
deberían ser retocados. El mismo Manifiesto explica que la aplicación práctica
de estos principios dependerá siempre, y en todas partes, de las circunstancias
históricas existentes, y que, por tanto, no se concede importancia exclusiva a
las medidas revolucionarias
*
"The Condition of the Working Class in England in 1844". By Frederick
Engels. Translated by Florence K. Wischnewetzky, New York, Lovell -- London. W. Reeves, 1888. (Nota
de F. Engels.)
Pág. 15
enumeradas al final del
capitulo II. Este pasaje tendría que ser redactado hoy de distinta manera, en
más de un aspecto. Dado el desarrollo colosal de la gran industria en los
últimos veinticinco años, y con éste, el de la organización del partido de la
clase obrera; dadas las experiencias prácticas, primero, de la revolución de
Febrero, y después, en mayor grado aún, de la Comuna de París, que eleva por
primera vez al proletariado, durante dos meses, al Poder político, este
programa ha envejecido en algunos de sus puntos. La Comuna ha demostrado, sobre
todo, que 'la clase obrera no puede simplemente tomar posesión de la máquina
estatal existente y ponerla en marcha para sus propios fines'. (Véase "The Civil War
in France; Adress of the General Council of the International Working-men's
Association". London, Truelove, 1871, p.
15 donde esta idea está más extensamente desarrollada.) Además, evidentemente,
la critica de la literatura socialista es incompleta para estos momentos, pues
sólo llega a 1847; y al propio tiempo? si las observaciones que se hacen sobre
la actitud de los comunistas ante los diferentes partidos de oposición
(capitulo IV) son exactas todavía en sus trazos generales, han quedado
anticuadas en la práctica, ya que la situación política ha cambiado
completamente y el desarrollo histórico ha borrado de la faz de la tierra a la
mayoría de los partidos que allí se enumeran.
Sin embargo,
el Manifiesto es un documento histórico que ya no tenemos derecho a
modificar."
La presente
traducción se debe a Mr. Samuel Moore, traductor de la mayor parte de "El
Capital" de Marx. Hemos revisado juntos la traducción y he añadido unas
notas para explicar las alusiones históricas.
FEDERICO
ENGELS
Londres, 30 de enero de 1888.
Pág. 16
PREFACIO A LA EDICIÓN ALEMANA
DE 1890[22]
En el tiempo
transcurrido desde que fue escrito lo que precede[23], se ha hecho imprescindible una nueva edición
alemana del Manifiesto, e interesa recordar aquí los acontecimientos con él
relacionados.
Una segunda traducción rusa -- debida a Vera Zasulich --
apareció en Ginebra en 1882; Marx y yo redactamos el prefacio.
Desgraciadamente, he perdido el manuscrito alemán original[24], y debo retraducir del ruso, lo que no es de ningún
beneficio para el texto. Dice:
"La primera edición rusa del 'Manifiesto del Partido
Comunista', traducido por Bakunin, fue hecha a principios de la década del 60
en la imprenta del Kólokol. En aquel tiempo, una edición rusa de esta
obra podía parecer al Occidente tan sólo una curiosidad literaria. Hoy,
semejante concepto sería imposible. Cuán reducido era el terreno de acción del
movimiento proletario en los primeros momentos de la publicación del Manifiesto
(enero de 1848) lo demuestra mejor que nada el último capítulo del Manifiesto:
Actitud
Pág. 17
de los comunistas ante los diferentes partidos de oposición. Rusia y
los Estados Unidos, precisamente, no fueron mencionados aquí. Era el momento en
que Rusia formaba la última gran reserva de la reacción europea y en que la
emigración a los Estados Unidos absorbía el exceso de fuerzas del proletariado
de Europa. Estos dos países proveían a Europa de materias primas y eran al
propio tiempo mercados para la venta de su producción industrial. Los dos eran,
pues, de una u otra manera, pilares del orden social en Europa.
¡Cuán cambiado esta todo hoy! Precisamente la emigración
europea ha hecho posible el colosal desenvolvimiento de la agricultura en
América del Norte, cuya competencia con mueve los cimientos mismos de la grande
y la pequeña propiedad territorial de Europa. Es ella la que ha dado, además, a
los Estados Unidos, la posibilidad de emprender la explotación de sus enormes
recursos industriales, con tal energía y en tales proporciones que en breve
plazo ha de terminar con el monopolio industrial de la Europa occidental. Estas
dos circunstancias repercuten a su vez de una manera revolucionaria sobre la
misma Norteamérica. La pequeña y mediana propiedad agraria de los granjeros,
piedra angular de todo el régimen político de Norteamérica, sucumben
gradualmente ante la competencia de haciendas gigantescas, mientras que en las
regiones industriales se forma, por vez primera, un numeroso proletariado junto
a una fabulosa concentración de capitales.
¿Y ahora en Rusia? Al producirse la revolución de
1848-49, no sólo los monarcas de Europa, sino también la burguesía europea,
veían en la intervención rusa el único medio de salvación contra el
proletariado, que empezaba a tener conciencia de su propia fuerza. El zar fue
aclamado como
Pág. 18
jefe de la reacción europea. Ahora es, en Gátchina, el prisionero de
guerra de la revolución, y Rusia está en la vanguardia del movimiento
revolucionario de Europa.
El Manifiesto Comunista se propuso como tarea proclamar
la desaparición próxima e inevitable de la moderna propiedad burguesa. Pero en
Rusia, vemos que al lado del florecimiento febril del fraude capitalista y de
la propiedad territorial burguesa en vías de formación, más de la mitad de la
tierra es poseída en común por los campesinos. Cabe, entonces, la pregunta:
¿podría la comunidad rural rusa -- forma por cierto ya muy desnaturalizada de
la primitiva propiedad común de la tierra -- pasar directamente a la forma
superior de la propiedad colectiva, a la forma comunista, o, por el contrario, deberá
pasar primero por el mismo proceso de disolución que constituye el desarrollo
histórico de Occidente?
La única respuesta que se puede dar hoy a esta cuestión
es la siguiente: si la revolución rusa da la señal para una revolución
proletaria en Occidente, de modo que ambas se completen, la actual propiedad
común de la tierra en Rusia podrá servir de punto de partida a una evolución
comunista.
CARLOS MARX FEDERICO ENGELS
Londres, 21 de enero de 1882."
Una nueva traducción polaca apareció por aquella época en
Ginebra: Manifest Kommunistyczny.
Después ha aparecido una nueva traducción danesa en la
"Socialdemokratisk Bibliothek, Kjöbenhavn 1885".
Desgraciadamente, no es completa; algunos pasajes esenciales, al
Pág. 19
parecer por dificultades de traducción, han sido omitidos, y, en
general, en algunos pasajes se notan señales de negligencia, tanto más
lamentables cuanto que se ve por el resto que la traducción habría podido ser
excelente con un poco más de cuidado por parte del traductor.
En 1886 apareció una nueva traducción francesa en Le
Socialiste de París; es hasta ahora la mejor.
De ésta fue hecha una traducción al español, que se
publicó en el mismo año, primero en El Socialista de Madrid y luego en
un folleto: Manifiesto del Partido Comunista, por Carlos Marx y F. Engels.
Madrid. Administración de El Socialista, Hernán Cortés, 8.
A título de curiosidad diré que en 1887 fue ofrecido a un
editor de Constantinopla el manuscrito de una traducción armenia; pero al buen
hombre le faltó valor para imprimir un trabajo en el que figuraba el nombre de
Marx, y pensó que sería preferible que el traductor apareciese como autor; lo
que el traductor se negó a hacer.
Después de haberse reimprimido diferentes veces en Inglaterra
ciertas traducciones norteamericanas más o menos inexactas, apareció por fin,
en 1888, una traducción autentica. Esta es debida a mi amigo Samuel Moore, y ha
sido revisada por los dos antes de su impresión. Lleva por título: Manifesto of the Communist Party, by Karl Marx and
Frederick Engels. Authorized English Translation, edited and annotated by
Frederick Engels. 1888, London, William Reeves, 185 Fleet st. E. C. He reproducido en la
presente edición algunas notas escritas por mi para esta traducción inglesa.
El Manifiesto tiene su historia propia. Recibido con
entusiasmo en el momento de su aparición por la entonces poco numerosa
vanguardia del socialismo científico (como
Pág. 20
lo prueban las traducciones citadas en el primer prefacio), fue pronto
relegado a segundo plano a causa de la reacción que siguió a la derrota de los
obreros Parisinos, en junio de 1848, y proscrito "de derecho" a
consecuencia de la condena de los comunistas en Colonia, en noviembre de 1852.
Y al desaparecer de la arena pública el movimiento obrero que se inició con la
revolución de Febrero, el Manifiesto pasó también a segundo plano.
Cuando la clase obrera europea hubo recuperado las
fuerzas suficientes para emprender un nuevo ataque contra el poderío de las
clases dominantes, surgió la Asociación Internacional de los Trabajadores. Esta
tenía por objeto reunir en un inmenso ejército único a todas las fuerzas
combativas de la clase obrera de Europa y América. No podía, pues, partir
de los principios expuestos en el Manifiesto. Debía tener un programa que no
cerrara la puerta a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses,
belgas, italianos y españoles, y a los lassalleanos alemanes*. Este programa --
el preámbulo de los Estatutos de la Internacional -- fue redactado por Marx con
una maestría que fue reconocida hasta por Bakunin y los anarquistas. Para el
triunfo definitivo de las tesis expuestas en el Manifiesto, Marx confiaba tan
sólo en el desarrollo intelectual de la clase obrera, que debía resultar
inevitablemente
* Personalmente Lassalle, en sus relaciones con nosotros, nos de claraba
siempre que era un "discípulo" de Marx, y, como tal, se colocaba sin
duda sobre el terreno del Manifiesto. Otra cosa sucedía con aquellos de sus
partidarios que no pasaron más allá de su exigencia de cooperativas de
producción con crédito del Estado y que dividieron a toda la clase trabajadora
en obreros que contaban con la ayuda del Estado y obreros que sólo contaban con
ellos mismos. (Nota de F. Fngels.)
Pág. 21
de la acción conjunta y de la discusión. Los acontecimientos y las
vicisitudes de la lucha contra el capital, las derrotas, más aún que las
victorias, no podían dejar de hacer ver a los combatientes la insuficiencia de
todas las panaceas en que hasta entonces habían creído y de tornarles más
capaces de penetrar hasta las verdaderas condiciones de la emancipación obrera.
Y Marx tenía razón. La clase obrera de 1874, después de la disolución de la
Internacional, era muy diferente de la de 1864, en el momento de su fundación.
El proudhonismo en los países latinos y el lassalleanismo especifico en
Alemania estaban en la agonía, e incluso las tradeuniones inglesas de entonces,
ultraconservadoras, se iban acercando poco a poco al momento en que el
presidente de su Congreso de Swansea, en 1887, pudiera decir en su nombre:
"El socialismo continental ya no nos asusta". Pero, en 1887, el
socialismo continental era casi exclusivamente la teoría formulada en el
Manifiesto. Y así, la historia del Manifiesto refleja hasta cierto punto la
historia del movimiento obrero moderno desde 1848. Actualmente es, sin duda, la
obra más difundida, la más internacional de toda la literatura socialista, el
programa común de muchos millones de obreros de todos los países, desde Siberia
hasta California.
Y, sin embargo, cuando apareció no pudimos titularle
Manifiesto Socialista. En 1847, se comprendía con el nombre de
socialista a dos categorías de personas. De un lado, los partidarios de
diferentes sistemas utópicos, particularmente los owenistas en Inglaterra y los
fourieristas en Francia, que no eran ya sino simples sectas en proceso de
extinción paulatina. De otra parte, toda suerte de curanderos sociales que
aspiraban a suprimir, con sus variadas panaceas y emplastos de toda suerte, las
lacras sociales sin
Pág. 22
dañar en lo más mínimo al capital ni a la ganancia. En ambos casos,
gentes que se hallaban fuera del movimiento obrero y que buscaban apoyo más
bien en las clases "instruidas". En cambio, la parte de los obreros
que, convencida de la insuficiencia de las revoluciones meramente políticas,
exigía una transformación radical de la sociedad, se llamaba entonces comunista.
Era un comunismo apenas elaborado, sólo instintivo, a veces un poco tosco; pero
fue asaz pujante para crear dos sistemas de comunismo utópico: en Francia, el
"icario", de Cabet, y en Alemania, el de Weitling. El socialismo
representaba en 1847 un movimiento burgués; el comunismo, un movimiento obrero.
El socialismo era, al menos en el continente, muy respetable; el comunismo era
precisamente lo contrario. Y como nosotros ya en aquel tiempo sosteníamos muy
decididamente el criterio de que "la emancipación de la clase obrera debe
ser obra de la clase obrera misma", no pudimos vacilar un instante sobre
cuál de las dos denominaciones procedía elegir. Y posteriormente no se nos ha
ocurrido jamás renunciar a ella.
"¡Proletarios de todos los países, unios!" Sólo
algunas voces nos respondieron cuando lanzamos estas palabras por el mundo,
hace ya cuarenta y dos anos, en vísperas de la primera revolución Parisiense en
que el proletariado actuó planteando sus propias reivindicaciones. Pero el 28
de septiembre de 1864 los proletarios de la mayoría de los países de la Europa
occidental se unieron en la Asociación Internacional de los Trabajadores, de
gloriosa memoria. Bien es cierto que la Internacional vivió tan sólo nueve
años, pero la unión eterna que estableció entre los proletarios de todos los
países vive todavía y subsiste más fuerte que nunca, y no hay mejor prueba de
ello que la jornada de hoy.
Pág. 23
Pues hoy, en el momento en que escribo estas líneas, el proletariado de
Europa y América pasa revista a sus fuerzas, movilizadas por vez primera en un
solo ejército, bajo la misma bandera y para un objetivo
inmediato: la fijación legal de la jornada normal de ocho horas,
proclamada ya en 1866 por el Congreso de la Internacional celebrado en Ginebra
y de nuevo en 1889 por el Congreso obrero de París[25]. El espectáculo de hoy demostrará a los
capitalistas y a los terratenientes de todos los países que, en efecto, los
proletarios de todos los países están unidos.
¡Oh, si Marx estuviese a mi lado para verlo con sus
propios ojos!
F. ENGELS
Londres, 1 de mayo de 1890.
Pág. 24
PREFACIO A LA EDICIÓN POLACA
DE 1892[26]
El que una nueva edición polaca del Manifiesto Comunista
sea necesaria, invita a diferentes reflexiones.
Ante todo conviene señalar que, durante los últimos
tiempos, el Manifiesto ha pasado a ser, en cierto modo, un índice del
desarrollo de la gran industria en el continente europeo. A medida que en un
país se desarrolla la gran industria, se ve crecer entre los obreros de ese
país el deseo de comprender su situación, como tal clase obrera, con respecto a
la clase de los poseedores; se ve progresar entre ellos el movimiento
socialista y aumentar la demanda de ejemplares del Manifiesto. Así, pues, el
número de estos ejemplares difundidos en un idioma, permite no sólo de
terminar, con bastante exactitud, la situación del movimiento obrero, sino
también el grado de desarrollo de la gran industria en cada país.
Por eso la nueva edición polaca del Manifiesto indica el
decisivo progreso de la gran industria de Polonia. No hay duda que tal
desarrollo ha tenido lugar realmente en
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los diez años transcurridos
desde la última edición. La Polonia Rusa, la del Congreso[27], ha pasado a ser una gran región industrial del
Imperio ruso. Mientras la gran industria rusa se halla dispersa -- una parte se
encuentra en la costa del Golfo de Finlandia, otra en el centro (Moscú y
Vladimir), otra en los litorales del Mar Negro y del Mar Azov, y todavía más en
otras regiones -- , la industria polaca está concentrada en una extensión
relativamente pequeña y goza de todas las ventajas e inconvenientes de tal
concentración. Las ventajas las reconocen los fabricantes rusos, sus
competidores, al reclamar aranceles protectores contra Polonia, a pesar de su
ferviente deseo de rusificar a los polacos. Los inconvenientes -- para los
fabricantes polacos y para el gobierno ruso -- residen en la rápida difusión de
las ideas socialistas entre los obreros polacos y en la progresiva demanda del
Manifiesto.
Pero el rápido desarrollo de la industria polaca, que
sobrepasa al de la industria rusa, constituye a su vez una nueva prueba de la
inagotable energía vital del pueblo polaco y una nueva garantía de su futuro
renacimiento nacional. El resurgir de una Polonia independiente y fuerte es
cuestión que interesa no sólo a los polacos, sino a todos nosotros. La sincera
colaboración internacional de las naciones europeas sólo será posible cuando
cada una de ellas sea completamente dueña de su propia casa. La revolución de
1848, que, al fin y a la postre) no llevó a los combatientes proletarios que
luchaban bajo la bandera del proletariado, más que a sacarle las castañas del
fuego a la burguesía, ha llevado a cabo, por obra de sus albaceas
testamentarios -- Luis Bonaparte y Bismarck -- , la independencia de Italia, de
Alemania y de Hungría. En cambio Polonia, que desde 1792 había hecho por la
revolución más que
Pág. 26
esos tres países juntos, fue abandonada a su propia suerte en 1863,
cuando sucumbía bajo el empuje de fuerzas rusas diez veces superiores. La
nobleza polaca no fue capaz de defender ni de reconquistar su independencia;
hoy por hoy, a la burguesía, la independencia de Polonia le es, cuando menos,
indiferente. Sin embargo, para la colaboración armónica de las naciones
europeas, esta independencia es una necesidad. Y sólo podrá ser conquistada por
el joven proletariado polaco. En manos de él, su destino está seguro, pues para
los obreros del resto de Europa la independencia de Polonia es tan necesaria
como para los propios obreros polacos.
F. ENGELS
Londres, 10 de febrero de 1892.
Pág. 27
PREFACIO A LA EDICIÓN ITALIANA
DE 1893[28]
A los lectores italianos
La publicación del Manifiesto del Partido Comunista
coincidió, por decirlo así, con la jornada del 18 de marzo de 1848, con las
revoluciones de Milán y de Berlín, que fueron las insurrecciones armadas de dos
naciones que ocupan zonas centrales: la una en el continente europeo, la otra
en el Mediterráneo; dos naciones que hasta entonces estaban debilitadas por el
fraccionamiento de su territorio y por discordias intestinas que las hicieron
caer bajo la dominación extranjera. Mientras Italia se hallaba subyugada por el
emperador austriaco, el yugo que pesaba sobre Alemania -- el del zar de todas
las Rusias -- no era menos real, si bien más indirecto. Las consecuencias del
18 de marzo de 1848 liberaron a Italia y a Alemania de este oprobio. Entre 1848
y 1871 las dos grandes naciones quedaron restablecidas y, de uno u otro modo,
recobraron su independencia, y este hecho, como decía Carlos Marx, se
Pág. 28
debió a que los mismos
personajes que aplastaron la revolución de 1848 fueron, a pesar suyo, sus
albaceas testamentarios[29].
La revolución de 1848 había sido, en todas partes, obra
de la clase obrera: ella había levantado las barricadas y ella había expuesto
su vida. Pero fueron sólo los obreros de París quienes, al derribar al gobierno,
tenían la intención bien precisa de acabar a la vez con todo el régimen
burgués. Y aunque tenían ya conciencia del irreductible antagonismo que existe
entre su propia clase y la burguesía, ni el progreso económico del país ni el
desarrollo intelectual de las masas obreras francesas habían alcanzado aún el
nivel que hubiese permitido llevar a cabo una reconstrucción social. He aquí
por qué los frutos de la revolución fueron, al fin y a la postre, a parar a
manos de la clase capitalista. En otros países, en Italia, en Alemania, en
Austria, los obreros, desde el primer momento, no hicieron más que ayudar a la
burguesía a conquistar el Poder. Pero en ningún país la dominación de la
burguesía es posible sin la independencia nacional. Por eso, la revolución de 1848
debía conducir a la unidad y a la independencia de las naciones que hasta
entonces no las habían conquistado: Italia, Alemania, Hungría. Polonia les
seguirá a su turno.
Así, pues, aunque la revolución de 1848 no fue una
revolución socialista, desbrozó el camino y preparó el terreno para esta
última. El régimen burgués, en virtud del vigoroso impulso que dio en todos los
países al desenvolvimiento de la gran industria, ha creado en el curso de los
últimos 45 años un proletariado numeroso, fuerte y unido y ha producido así --
para emplear la expresión del Manifiesto -- a sus propios sepultureros.
Sin restituir la independencia y la unidad de cada nación, no es posible
realizar
Pág. 29
la unión internacional del proletariado ni la cooperación pacífica e
inteligente de esas naciones para el logro de objetivos comunes. ¿Acaso es
posible concebir la acción mancomunada e internacional de los obreros
italianos, húngaros, alemanes, polacos y rusos en las condiciones políticas que
existieron hasta 1848?
Esto quiere decir que los combates de 1848 no han pasado
en vano; tampoco han pasado en vano los 45 años que nos separan de esa época
revolucionaria. Sus frutos comienzan a madurar y todo lo que yo deseo es que la
publicación de esta traducción italiana sea un buen augurio para la victoria
del proletariado italiano, como la publicación del original lo fue para la
revolución internacional.
El Manifiesto rinde plena justicia a los servicios
revolucionarios prestados por el capitalismo en el pasado. La primera nación
capitalista fue Italia. Marca el fin del Medioevo feudal y la aurora de la era
capitalista contemporánea la figura gigantesca de un italiano, el Dante, que es
a la vez el último poeta de la Edad Media y e! primero de los tiempos modernos.
Ahora, como en 1300, comienza a despuntar una nueva era histórica. ¿Nos dará
Italia al nuevo Dante que marque la hora del nacimiento de esta nueva era
proletaria?
FEDERICO ENGELS
Londres, 1 de febrero de 1893.
Pág. 31
UN fantasma recorre Europa:
el fantasma del comunismo. Todas !as fuerzas de la vieja Europa se han unido en
santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y
Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.
¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de
comunista por sus adversarios en el Poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez,
no ha lanzado, tanto a los representantes más avanzados de la oposición como a
sus enemigos reaccionarios, el epíteto zahiriente de comunista?
De este hecho resulta una doble enseñanza:
Que el comunismo está ya reconocido como una fuerza por
todas las potencias de Europa.
Que ya es hora de que los comunistas expongan a la faz
del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus aspiraciones; que opongan a la
leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio Partido.
Con este fin, comunistas de diversas nacionalidades se
han reunido en Londres y han redactado el siguiente Manifiesto, que será
publicado en inglés, francés, alemán, italiano, flamenco y danés.
Pág. 32
I
BURGUESES Y PROLETARIOS*
La historia de
todas las sociedades que han existido hasta nuestros días** es la historia de
las luchas de clases.
Hombres libres
y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros[***] y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos
se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha
* Por burguesía se comprende a la clase de los capitalistas modernos,
propietarios de los medios de producción social, que emplean el trabajo
asalariado. Por proletarios se comprende a la clase de los trabajadores
asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven
obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir (Nota de F.
Engels a la edición inglesa de 1888.)
** Es decir, la historia escrita. En 1847, la historia de
la organización social que precedió a toda la historia escrita, la prehistoria,
era casi desconocida. Posteriormente, Haxthausen ha descubierto en Rusia la
propiedad comunal de la tierra; Maurer ha demostrado que ésta fue la base
social de la que partieron históricamente todas las tribus teutonas, y se ha
ido descubriendo poco a poco que la comunidad rural, con la posesión colectiva
de la tierra, es o ha sido la forma primitiva de la sociedad, desde las Indias
hasta Irlanda. La organización interna de esa sociedad comunista primitiva ha
sido puesta en claro, en lo que tiene de típico, con el culminante descubrimiento
hecho por Morgan de la verdadera naturaleza de la gens y de su lugar en
la tribu. Con la disolución de estas comunidades primitivas comenzó la
división de la sociedad en clases distintas y, finalmente, antagónicas. He
intentado analizar este proceso en la obra "Der Ursprung der Familie, der
Priva teigenthums und des Staats" ["El origen de la familia, de la
propiedad privada, y del Estado".] 2a ed., Stuttgart, 1886 (Nota de F.
Engels a la edición inglesa de 1888. La última frase de esta nota ha sido
omitida en la edición alemana de 1890.)
*** Zunftbürger, esto es, miembro de
un gremio con todos los derechos, maestro del mismo, y no su dirigente (Nota
de F. Engels a la edición inglesa de 1888.)
Pág. 33
constante, velada unas veces
y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación
revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.
En las
anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa
división de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de
condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros,
plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales
y siervos, y, además, en casi todas estas clases todavía encontramos
gradaciones especiales.
La moderna
sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no
ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas
clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por
otras nuevas.
Nuestra época,
la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las
contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en
dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan
directamente: la burguesía y el proletariado.
De los siervos
de la Edad Media surgieron los villanos libres de las primeras ciudades; de
este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía.
El
descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la
burguesía en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de las Indias y
de China, la colonización de América, el intercambio con las colonias, la
multiplicación de los medios de cambio y de las mercancías en general
imprimieron al comercio, a la na-
Pág. 34
vegación y a la industria un
impulso hasta entonces desconocido, y aceleraron, con ello, el desarrollo del
elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.
El antiguo
modo de explotación feudal o gremial de la industria ya no podía satisfacer la
demanda, que crecía con la apertura de nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto
la manufactura. La clase media industrial suplantó a los maestros de los
gremios; la división del trabajo entre las diferentes corporaciones
desapareció, ante la división del trabajo en el seno del mismo taller.
Pero los
mercados crecían sin cesar; la demanda iba siempre en aumento. Ya no bastaba
tampoco la manufactura. El vapor y la maquinaria revolucionaron entonces la
producción industrial. La gran industria moderna sustituyó a la manufactura; el
lugar de la clase media industrial vinieron a ocuparlo los industriales millonarios
-- jefes de verdaderos ejércitos industriales -- , los burgueses modernos.
La gran
industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de
América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio,
de la navegación y de todos los medios de transporte por tierra. Este
desarrollo influyó a su vez en el auge de la industria, y a medida que se iban
extendiendo la industria, el comercio, la navegación y los ferrocarriles,
desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y relegando a segundo
término a todas las clases legadas por la Edad Media.
La burguesía
moderna, como vemos, es por sí misma fruto de un largo proceso de desarrollo,
de una serie de revoluciones en el modo de producción y de cambio.
Pág. 35
Cada e tapa de la evolución recorrida
por la burguesía ha ido acompañada del correspondiente éxito político[30]. Estamento oprimido bajo la dominación de los
señores feudales; asociación armada y autónoma en la comuna[*]; en unos sitios, República urbana independiente; en otros, tercer estado tributario
de la monarquía[31]; después, durante el
período de la manufactura, contrapeso de la nobleza en las monarquías feudales
o absolutas y, en general, piedra angular de las grandes monarquías, la
burguesía, después del establecimiento de la gran industria y del mercado
universal, conquistó finalmente la hegemonía exclusiva del Poder político en el
Estado representativo moderno. El gobierno del Estado moderno no es más que una
junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.
La burguesía ha desempeñado en la historia un papel
altamente revolucionario.
Dondequiera que ha conquistado el Poder, la burguesía ha
destruido las relaciones feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas
ligaduras feudales que ataban al hombre a sus "superiores naturales"
las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir otro vinculo entre los hombres
que el frío interés, el cruel "pago al contado". Ha ahogado el
sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballe-
* "Comunas" se llamaban en
Francia las ciudades nacientes todavía antes de arrancar a sus amos y señores
feudales la autonomía local y los derechos políticos como "tercer
estado". En términos generales, se ha tomado aquí a Inglaterra como país
típico del desarrollo económico de la burguesía y a Francia como país típico de
su desarrollo político. (Nota de F. Engels a la edición inglesa de 1838.)
Así denominaban los habitantes de las
ciudades de Italia y Francia a sus comunidades urbanas, una vez comprados o
arrancados a sus señores feudales los primeros derechos de autonomía. (Nota
de F. Engels a la edición alemana de 1890.)
Pág. 36
resco y el sentimentalismo
del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la
dignidad personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas
libertades escrituradas y bien adquiridas por la única y desalmada
libertad de comercio. En una palabra, en lugar de la explotación velada por
ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación abierta, desca
rada, directa y brutal.
La burguesía
ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se tenían
por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al
sacerdote, al poeta, al sabio, los ha convertido en sus servidores asalariados.
La burguesía
ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones
familiares, y las redujo a simples relaciones de dinero.
La burguesía
ha revelado que la brutal manifestación de fuerza en la Edad Media, tan
admirada por la reacción, tenia su complemento natural en la más relajada
holgazanería. Ha sido ella la que primero ha demostrado lo que puede realizar
la actividad humana; ha creado maravillas muy distintas a las pirámides de
Egipto, a los acueductos romanos y a las catedrales góticas, y ha realizado
campañas muy distintas a los éxodos de los pueblos y a las Cruzadas.
La burguesía
no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los
instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y
con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de
producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas
las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción,
una incesante
Pág. 37
conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud
y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores[32]. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con
su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las
nuevas se hacen añejas antes de haber podido osificarse. Todo lo estamental y
estancado se esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin, se
ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus
relaciones recíprocas.
Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a
sus productos, la burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas
partes, establecerse en todas partes, crear vínculos en todas partes.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía
dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países.
Con gran sentimiento de los reaccionarios, ha quitado a la industria su base
nacional. Las antiguas industrias nacionales han sido destruidas y están
destruyéndose continuamente. Son suplantadas por nuevas industrias, cuya
introducción se convierte en cuestión vital para todas las naciones
civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino
materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos
productos no sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del
globo. En lugar de las antiguas necesidades, satisfechas con productos
nacionales, surgen necesidades nuevas, que reclaman para su satisfacción
productos de los países más apartados y de los climas más diversos. En lugar
del antiguo aislamiento de las regiones y naciones que se bastaban a sí mismas,
se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las
naciones. Y esto se refiere tanto a la producción material, como a la pro-
Pág. 38
ducción intelectual. La producción intelectual de una nación se
convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el exclusivismo
nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas literaturas
nacionales y locales se forma una literatura universal.
Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de
producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía
arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta a las
más bárbaras. Los bajos precios de sus mercancías constituyen la artillería
pesada que derrumba todas las murallas de China y hace capitular a los bárbaros
más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a todas las naciones, si no
quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las constriñe a
introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burguesas. En una
palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.
La burguesía ha sometido el campo al dominio de la
ciudad. Ha creado urbes inmensas; ha aumentado enormemente la población de las
ciudades en comparación con la del campo, substrayendo una gran parte de la
población al idiotismo de la vida rural. Del mismo modo que ha subordinado el
campo a la ciudad, ha subordinado los países bárbaros o semibárbaros a los
países civilizados, los pueblos campesinos a los pueblos burgueses, el Oriente
al Occidente.
La burguesía suprime cada vez más el fraccionamiento de
los medios de producción, de la propiedad y de la población. Ha aglomerado la
población, centralizado los medios de producción y concentrado la propiedad en
manos de unos pocos. La consecuencia obligada de ello ha sido la centralización
política. Las provincias independientes, ligadas entre si casi únicamente por
lazos federales, con intereses, leyes, gobiernos y tarifas aduaneras
diferentes, han sido consolida
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das en una sola nación, bajo un solo Gobierno, una
sola ley, un solo interés nacional de clase y una sola línea
aduanera.
La burguesía, con su dominio de clase, que cuenta apenas
con un siglo de existencia, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más
grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas. El sometimiento de las
fuerzas de la naturaleza, el empleo de las máquinas, la aplicación de la
química a la industria y a la agricultura, la navegación de vapor, el
ferrocarril, el telégrafo eléctrico, la adaptación para el cultivo de
continentes enteros, la apertura de los ríos a la navegación, poblaciones
enteras surgiendo por encanto, como si salieran de la tierra. ¿Cuál de los
siglos pasados pudo sospechar siquiera que semejantes fuerzas productivas
dormitasen en el seno del trabajo social?
Hemos visto, pues, que los medios de producción y de
cambio, sobre cuya base se ha formado la burguesía, fueron creados en la
sociedad feudal. Al alcanzar un cierto grado de desarrollo estos medios de
producción y de cambio, las condiciones en que la sociedad feudal producía y
cambiaba, toda la organización feudal de la agricultura y de la industria
manufacturera, en una palabra, las relaciones feudales de propiedad, cesaron de corresponder a las fuerzas productivas ya desarrolladas.
Frenaban la producción en lugar de impulsarla[33]. Se transformaron en otras tantas trabas. Era
preciso romper esas trabas, y se rompieron.
En su lugar se estableció la libre concurrencia, con una
constitución social y política adecuada a ella y con la dominación económica y
política de la clase burguesa.
Ante nuestros ojos se está produciendo un movimiento
análogo. Las relaciones burguesas de producción y de cambio, las relaciones
burguesas de propiedad, toda esta sociedad burguesa moderna, que ha hecho
surgir tan potentes
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medios de producción y de cambio, se asemeja al mago que ya no es capaz
de dominar las potencias infernales que ha desencadenado con sus conjuros.
Desde hace algunas décadas, la historia de la industria y del comercio no es
más que la historia de la rebelión de las fuerzas productivas modernas contra
las actuales relaciones de producción, contra las relaciones de propiedad que
condicionan la existencia de la burguesía y su dominación. Basta mencionar las
crisis comerciales que, con su retorno periódico, plantean, en forma cada vez
más amenazante, la cuestión de la existencia de toda la sociedad burguesa.
Durante cada crisis comercial, se destruye sistemáticamente, no sólo una parte
considerable de productos elaborados, sino incluso de las mismas fuerzas
productivas ya creadas. Durante las crisis, una epidemia social, que en
cualquier época anterior hubiera parecido absurda, se extiende sobre la
sociedad -- la epidemia de la superproducción. La sociedad se encuentra
súbitamente retrotraída a un estado de barbarie momentánea: diríase que el
hambre, que una guerra devastadora mundial la han privado de todos sus medios
de subsistencia; la industria y el comer cio parecen aniquilados. Y todo eso,
¿por que? Porque la sociedad posee demasiada civilización, demasiados medios de
vida, demasiada industria, demasiado comercio. Las fuerzas
productivas de que dispone no sirven ya al desarrollo de la civilización
burguesa y[34] de las relaciones de
propiedad burguesas; por el contrario, resultan ya demasiado poderosas para
estas relaciones, que constituyen un obstáculo para su desarrollo; y cada vez
que las fuerzas productivas salvan este obstáculo, precipitan en el desorden a
toda la sociedad burguesa y amenazan la existencia de la propiedad burguesa.
Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las
riquezas creadas en su seno.
Pág. 41
¿Cómo vence esta crisis la burguesía? De una parte, por la destrucción
obligada de una masa de fuerzas productivas; de otra, por la conquista de
nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos. ¿De que modo lo
hace, entonces? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo
los medios de prevenirlas.
Las armas de que se sirvió la burguesía para derribar al
feudalismo se vuelven ahora contra la propia burguesía.
Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que
deben darle muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas:
los obreros modernos, los proletarios.
En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía,
es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, la clase de los
obreros modernos, que no viven sino a condición de encontrar trabajo, y lo
encuentran únicamente mientras su trabajo acrecienta el capital. Estos obreros,
obligados a venderse al detal, son una mercancía como cualquier otro artículo
de comercio, sujeta, por tanto, a todas las vicisitudes de la competencia, a
todas las fluctuaciones del mercado.
El creciente empleo de las máquinas y la división del
trabajo quitan al trabajo del proletario todo caracter substantivo y le hacen
perder con ello todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un simple
apéndice de la máquina, y sólo se le exigen las operaciones más sencillas, más
monótonas y de más fácil aprendizaje. Por tanto, lo que cuesta hoy día el
obrero se reduce poco más o menos a los medios de subsistencia
indispensables para vivir y para perpetuar su linaje. Pero el precio del
trabajo[35], como el de toda mercancía,
es igual a su coste de producción. Por consiguiente, cuanto más fastidioso
resulta el trabajo más bajan los salarios. Más aún, cuanto más se desenvuel-
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ven el maquinismo y la
división del trabajo, más aumenta la cantidad de trabajo[36] bien mediante la prolongación de la jornada, bien
por el aumento del trabajo exigido en un tiempo dado, la aceleración del
movimiento de las máquinas, etc.
La industria moderna ha transformado el pequeño taller
del maestro patriarcal en la gran fábrica del capitalista industrial. Masas de
obreros, hacinados en la fábrica, están organizados en forma militar. Como
soldados rasos de la industria, están colocados bajo la vigilancia de una
jerarquía completa de oficiales y suboficiales. No son solamente esclavos de la
clase burguesa, del Estado burgués, sino diariamente, a todas horas, esclavos
de la máquina, del capataz y, sobre todo, del patrón de la fábrica. Y este
despotismo es tanto más mezquino, odioso y exasperante, cuanto mayor es la
franqueza con que proclama que no tiene otro fin que el lucro.
Cuanto menos habilidad y fuerza requiere el trabajo
manual, es decir, cuanto mayor es el desarrollo de la industria moderna, mayor
es la proporción en que el trabajo de los hombres es suplantado por el de las
mujeres y los niños. Por lo que respecta a la clase obrera, las diferencias de
edad y sexo pierden toda significación social. No hay más que instrumentos de
trabajo, cuyo coste varía según la edad y el sexo.
Una vez que el obrero ha sufrido la explotación del
fabricante y ha recibido su salario en metálico, se convierte en victima de
otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.
Pequeños industriales, pequeños comerciantes y rentistas,
artesanos y campesinos, toda la escala inferior de las clases medias de otro
tiempo, caen en las filas del proletariado;
Pág. 43
unos, porque sus pequeños capitales no les alcanzan para acometer grandes
empresas industriales y sucumben en la competencia con los capitalistas más
fuertes; otros, porque su habilidad profesional se ve despreciada ante los
nuevos métodos de producción. De tal suerte, el proletariado se recluta entre
todas las clases de la población.
El proletariado pasa por diferentes etapas de desarrollo.
Su lucha contra la burguesía comienza con su surgimiento.
Al principio, la lucha es entablada por obreros aislados,
después, por los obreros de una misma fábrica, más tarde, por los obreros del
mismo oficio de la localidad contra el burgués aislado que los explota
directamente. No se contentan con dirigir sus ataques contra las
relaciones burguesas de producción, y los dirigen contra los mismos
instrumentos de producción[37]: destruyen las mercancías
extranjeras que les hacen competencia, rompen las máquinas, incendian las
fábricas, intentan reconquistar por la fuerza la posición perdida del
trabajador de la Edad Media.
En esta etapa, los obreros forman una masa diseminada por
todo el país y disgregada por la competencia. Si los obreros forman en masas
compactas, esta acción no es todavía la consecuencia de su propia unidad, sino
de la unidad de la burguesía, que para alcanzar sus propios fines políticos
debe -- y por ahora aún puede -- poner en movimiento a todo el proletariado.
Durante esta etapa, los proletarios no combaten, por tanto, contra sus propios
enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, es decir, contra los
vestigios de la monarquía absoluta, los propietarios territoriales, los
burgueses no industriales y los pequeños burgueses. Todo el movimiento
histórico se concentra, de esta suerte, en manos de la burguesía; cada vic-
Pág. 44
toria alcanzada en estas condiciones es una victoria de la burguesía.
Pero la industria, en su desarrollo, no sólo acrecienta
el numero de proletarios, sino que los concentra en masas considerables; su
fuerza aumenta y adquieren mayor conciencia de la misma. Los intereses y las
condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida
que la máquina va borrando las diferencias en el trabajo y reduce el salario,
casi en todas partes, a un nivel igualmente bajo. Como resultado de la
creciente competencia de los burgueses entre sí y de las crisis comerciales que
ella ocasiona, los salarios son cada vez más fluctuantes; el constante y
acelerado perfeccionamiento de la máquina coloca al obrero en situación cada
vez más precaria; las colisiones individuales entre el obrero y el
burgués adquieren más y más el carácter de colisiones entre dos clases. Los
obreros empiezan a formar coaliciones[38] contra los burgueses y
actúan en común para la defensa de sus salarios. Llegan hasta formar
asociaciones permanentes para asegurarse los medios necesarios, en previsión de
estos choques circunstanciales. Aquí y allá la lucha estalla en sublevación.
A veces los obreros triunfan; pero es un triunfo efímero.
El verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión
cada vez más extensa de los obreros. Esta unión es favorecida por el
crecimiento de los medios de comunicación creados por la gran industria y que
ponen en contacto a los obreros de diferentes localidades. Y basta ese contacto
para que las numerosas luchas locales, que en todas partes revisten el mismo
carácter, se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases. Mas
toda
Pág. 45
lucha de clases es una lucha política. Y la unión que los habitantes de
las ciudades de la Edad Media, con sus caminos vecinales, tardaron siglos en
establecer, los proletarios modernos, con los ferrocarriles, la llevan a cabo
en unos pocos años.
Esta organización del proletariado en clase y, por tanto,
en partido político, es sin cesar socavada por la competencia entre los propios
obreros. Pero surge de nuevo, y siempre más fuerte, más firme, más potente.
Aprovecha las disensiones intestinas de los burgueses para obligarles a
reconocer por la ley algunos intereses de la clase obrera; por ejemplo, la ley
de la jornada de diez horas en Inglaterra.
En general, las colisiones en la vieja sociedad favorecen
de diversas maneras el proceso de desarrollo del proletariado. La burguesía
vive en lucha permanente: al principio, contra la aristocracia; después, contra
aquellas fracciones de la misma burguesía, cuyos intereses entran en
contradicción con los progresos de la industria, y siempre, en fin, contra la
burguesía de todos los demás países. En todas estas luchas se ve forzada a
apelar al proletariado, a reclamar su ayuda y a arrastrarle así al
movimiento político. De tal manera, la burguesía proporciona a los proletarios
los elementos de su propia educación[39], es decir, armas contra
ella misma.
Además, como acabamos de ver, el progreso de la industria
precipita en las filas del proletariado a capas enteras de la clase dominante,
o al menos las amenaza en sus condiciones de existencia. También
ellas aportan al proletariado numerosos elementos de educación[40].
Finalmente, en los períodos en que la lucha de clases se
acerca a su desenlace, el proceso de desintegración de
Pág. 46
la clase dominante, de toda la vieja sociedad, adquiere un carácter tan
violento y tan patente que una pequeña fracción de esa clase reniega de ella y
se adhiere a la clase revolucionaria, a la clase en cuyas manos esta el
porvenir. Y así como antes una parte de la nobleza se pasó a la burguesía, en
nuestros días un sector de la burguesía se pasa al proletariado, particularmente
ese sector de ideólogos burgueses que se han elevado teóricamente hasta la
comprensión del conjunto del movimiento histórico.
De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía
sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás
clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el
proletariado, en cambio, es su producto más peculiar.
Las capas medias -- el pequeño industrial, el pequeño
comerciante, el artesano, el campesino --, todas ellas luchan contra la
burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No
son, pues, revolucionarias, sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias,
ya que pretenden volver atrás la rueda de la Historia. Son revolucionarias
únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al
proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses
futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del
proletariado.
El lumpenproletariado, ese producto pasivo de la
putrefacción de las capas más bajas de la vieja sociedad, puede a veces ser
arrastrado al movimiento por una revolución proletaria; sin embargo, en virtud
de todas sus condiciones de vida está más bien dispuesto a venderse a la
teacción para servir a sus maniobras.
Pág. 47
Las condiciones de existencia de la vieja sociedad están
ya abolidas en las condiciones de existencia del proletariado. El proletariado
no tiene propiedad; sus relaciones con la mujer y con los hijos no tienen nada
de común con las relaciones familiares burguesas; el trabajo industrial
moderno, el moderno yugo del capital, que es el mismo en Inglaterra que en
Francia, en Norteamérica que en Alemania, despoja al proletariado de todo
carácter nacional. Las leyes, la moral, la religión son para él meros
prejuicios burgueses, detrás de los cuales se ocultan otros tantos intereses de
la burguesía.
Todas las clases que en el pasado lograron hacerse
dominantes trataron de consolidar la situación adquirida sometiendo a toda
sociedad a las condiciones de su modo de apropiación. Los proletarios no pueden
conquistar las fuerzas productivas sociales, sino aboliendo su propio modo de
apropiación en vigor, y, por tanto, todo modo de apropiación existente hasta
nuestros días. Los proletarios no tienen nada que salvaguardar; tienen que
destruir todo lo que hasta ahora ha venido garantizando y asegurando la
propiedad privada existente.
Todos los
movimientos han sido hasta ahora realizados por minorías o en provecho de
minorías. El movimiento proletario es el movimiento independiente[41] de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa
mayoría. El proletariado, capa inferior de la sociedad actual, no puede
levantarse, no puede enderezarse, sin hacer saltar toda la superestructura
formada por las capas de la sociedad oficial.
Por su forma, aunque no por su contenido, la lucha del
proletariado contra la burguesía es primeramente una lucha nacional. Es natural
que e! proletariado de cada país debe acabar en primer lugar con su propia
burguesía.
Pág. 48
Al esbozar las fases mas generales del desarrollo del
proletariado, hemos seguido el curso de la guerra civil más o menos oculta que
se desarrolla en el seno de la sociedad existente, hasta el momento en que se
transforma en una revolución abierta, y el proletariado, derrocando por la
violencia a la burguesía, implanta su dominación.
Todas las sociedades anteriores, como hemos visto, han
descansado en el antagonismo entre clases opresoras y oprimidas. Mas para
oprimir a una clase, es preciso asegurarle , unas condiciones que le permitan,
por lo menos, arrastrar su existencia de esclavitud. El siervo, en pleno
régimen de servidumbre, llegó a miembro de la comuna, lo mismo que el pequeño
burgués llegó a elevarse a la categoría de burgués bajo el yugo del absolutismo
feudal. El obrero moderno, por el contrario, lejos de elevarse con el progreso
de la industria, desciende siempre más y más por debajo de las condiciones de
vida de su propia clase. El trabajador cae en la miseria, y el pauperismo crece
más rápidamente todavía que la población y la riqueza. Es, pues, evidente que
la burguesía ya no es capaz de seguir desempeñando el papel de clase dominante
de la sociedad ni de imponer a ésta, como ley reguladora, las condiciones de
existencia de su clase. No es capaz de dominar, porque no es capaz de asegurar
a su esclavo la existencia ni siquiera dentro del marco de la esclavitud,
porque se ve obligada a dejarle decaer hasta el punto de tener que mantenerle,
en lugar de ser mantenida por él. La sociedad ya no puede vivir bajo su
dominación; lo que equivale a decir que la existencia de la burguesía es, en lo
sucesivo, incompatible con la de la sociedad.
La condición esencial
de la existencia y de la dominación de la clase burguesa es la acumulación de
la riqueza en manos
Pág. 49
de particulares[42], la formación y el acrecentamiento del capital. La condición
de existencia del capital es el trabajo asalariado. El trabajo asalariado
descansa. exclusivamente sobre la competencia de los obreros entre sí. El
progreso de la industria, del que la burguesía, incapaz de oponérsele, es
agente involuntario, sustituye el aislamiento de los obreros, resultante de la
competencia, por su unión revolucionaria mediante la asociación. Así, el
desarrollo de la gran industria socava bajo los pies de la burguesía las bases
sobre las que ésta produce y se apropia lo producido. La burguesía produce,
ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del
proletariado son igualmente inevitables.
II
PROLETARIOS Y COMUNISTAS
¿Qué relación
mantienen los comunistas con respecto a los proletarios en general?
Los comunistas
no forman un partido aparte, opuesto a los otros partidos obreros.
No tienen
intereses algunos que no sean los intereses del conjunto del proletariado.
No proclaman
principios especiales[43] a los que quisieran amoldar
el movimiento proletario.
Los comunistas sólo se distinguen de los demás partidos
proletarios en que, por una parte, en las diferentes luchas nacionales de los
proletarios, destacan y hacen valer los intereses comunes a todo el proletariado,
independientemente de la nacionalidad; y, por otra parte, en que, en las
diferentes fases de desarrollo por que pasa la lucha entre el proletariado
Pág. 50
y la burguesía, representan siempre los intereses
del movimiento en su conjunto.
Prácticamente,
los comunistas son, pues, el sector más resuelto[44] de los partidos obreros de todos los países, el
sector que siempre impulsa adelante a los demás; teóricamente, tienen sobre el
resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la
marcha y de los resultados generales del movimiento proletario.
El objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que
el de todos los demás partidos proletarios: constitución de los proletarios en
clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del Poder político
por el proletariado.
Las tesis teóricas de los comunistas no se basan en modo
alguno en ideas y principios inventados o descubiertos por tal o cual
reformador del mundo.
No son sino la expresión de conjunto de las condiciones
reales de una lucha de clases existente, de un movimiento histórico que se está
desarrollando ante nuestros ojos. La abolición de las relaciones de propiedad
existentes desde antes no es una característica peculiar y exclusiva del
comunismo.
Todas las relaciones de propiedad han sufrido constantes
cambios históricos, continuas transformaciones históricas.
La revolución francesa, por ejemplo, abolió la propiedad
feudal en provecho de la propiedad burguesa.
El rasgo distintivo del comunismo no es la abolición de
la propiedad en general, sino la abolición de la propiedad burguesa.
Pero la propiedad privada actual, la propiedad burguesa,
es la última y más acabada expresión del modo de producción y de apropiación de
lo producido basado en los anta-
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gonismos de clase, en la
explotación de los unos por los otros[45].
En este sentido los comunistas pueden resumir su teoría en
esta fórmula única: abolición de la propiedad privada.
Se nos ha reprochado a los comunistas el querer abolir la
propiedad personalmente adquirida, fruto del trabajo propio, esa propiedad que
forma la base de toda libertad, de toda actividad, de toda independencia
individual.
¡La propiedad bien adquirida, fruto del trabajo, del
esfuerzo personal! ¿Os referís acaso a la propiedad del pequeño burgués, del
pequeño labrador, esa forma de propiedad que precede a la propiedad burguesa?
No tenemos que abolirla: el progreso de la industria la ha abolido y está
aboliéndola a diario.
¿O tal vez os referís a la propiedad privada moderna, a
la propiedad burguesa?
Pero, ¿es que el trabajo asalariado, el trabajo del
proletario, crea propiedad para el proletario? De ninguna manera. Lo que crea
es capital, es decir, la propiedad que explota al trabajo asalariado y que no
puede acrecentarse sino a condición de producir nuevo trabajo asalariado, para
explotarlo a su vez. En su forma actual, la propiedad se mueve en el
antagonismo entre el capital y el trabajo asalariado. Examinemos los dos
términos de este antagonismo.
Ser capitalista significa ocupar, no sólo una posición
meramente personal en la producción, sino también una posición social. El capital
es un producto colectivo; no puede ser puesto en movimiento sino por la
actividad conjunta de muchos miembros de la sociedad y, en último término, sólo
por la actividad conjunta de todos los miembros de la sociedad.
Pág. 52
El capital no es, pues, una fuerza personal; es una
fuerza social.
En consecuencia, si el capital es transformado en
propiedad colectiva, perteneciente a todos los miembros de la sociedad, no es
la propiedad personal la que se transforma en propiedad social. Sólo habrá cambiado
el carácter social de la propiedad. Esta perderá su carácter de clase.
Examinemos el trabajo asalariado.
El precio medio del trabajo asalariado es el mínimo del
salario, es decir, la suma de los medios de subsistencia indispensables al
obrero para continuar su vida como tal obrero. Por consiguiente, lo que el
obrero asalariado se apropia por su actividad es estrictamente lo que necesita
para la mera reproducción de su vida. No queremos de ninguna manera abolir esta
apropiación personal de los productos del trabajo, indispensable a la mera
reproducción de la vida humana, esa apropiación, que no deja ningún beneficio
líquido que pueda dar un poder sobre el trabajo de otro. Lo que queremos
suprimir es el carácter miserable de esa apropiación, que hace que el obrero no
viva sino para acrecentar el capital y tan sólo en la medida en que el interés
de la clase dominante exige que viva.
En la sociedad burguesa, el trabajo viviente no es más
que un medio de incrementar el trabajo acumulado. En la sociedad comunista, el
trabajo acumulado no es más que up medio de ampliar, enriquecer y hacer más
fácil la vida de los trabajadores.
De este modo, en la sociedad burguesa el pasado domina al
presente; en la sociedad comunista es el presente el que domina al pasado. En
la sociedad burguesa el capital es independiente y tiene personalidad, mientras
que el individuo que trabaja carece de independencia y de personalidad.
Pág. 53
¡Y es la abolición de semejante estado de cosas lo que la
burguesía considera como la abolición de la personalidad y de la libertad! Y
con razón. Pues se trata efectivamente de abolir la personalidad burguesa, la
independencia burguesa y la libertad burguesa.
Por libertad, en las condiciones actuales de la
producción burguesa, se entiende la libertad de comercio, la libertad de
comprar y vender.
Desaparecido el chalaneo, desaparecerá también la
libertad de chalanear. Las declamaciones sobre la libertad de chalaneo, lo
mismo que las demás bravatas liberales de nuestra burguesía, sólo tienen
sentido aplicadas al chalaneo encadenado y al burgués sojuzgado de la Edad
Media; pero no ante la abolición comunista del chalaneo, de las relaciones de
producción burguesas y de la propia burguesía.
Os horrorizáis de que queramos abolir la propiedad
privada. Pero en vuestra sociedad actual la propiedad privada esta abolida para
las nueve décimas partes de sus miembros. Precisamente porque no existe para
esas nueve décimas partes existe para vosotros. Nos reprocháis, pues, el querer
abolir una forma de propiedad que no puede existir sino a condición de que la
inmensa mayoría de la sociedad sea privada de propiedad.
En una palabra, nos acusáis de querer abolir vuestra
propiedad. Efectivamente, eso es lo que queremos.
Según vosotros, desde el momento en que el trabajo no
puede ser convertido en capital, en dinero, en renta de la tierra, en una
palabra, en poder social susceptible de ser monopolizado; es decir,
desde el instante en que la propiedad personal no puede transformarse en
propiedad burguesa[46], desde ese instante la
personalidad queda suprimida.
Pág. 54
Reconocéis, pues, que por personalidad no entendéis sino
al burgués, al propietario burgués. Y esta personalidad ciertamente debe ser
suprimida.
El comunismo no arrebata a nadie la facultad de
apropiarse de los productos sociales; no quita más que el poder de sojuzgar el
trabajo ajeno por medio de esta apropiación.
Se ha objetado que con la abolición de la propiedad
privada cesaría toda actividad y sobrevendría una indolencia general.
Si así fuese, hace ya mucho tiempo que la sociedad
burguesa habría sucumbido a manos de la holgazanería, puesto que en ella los
que trabajan no adquieren y los que adquieren no trabajan. Toda la objeción se
reduce a esta tautológica: no hay trabajo asalariado donde no hay capital.
Todas las objeciones dirigidas contra el modo comunista
de apropiación y de producción de los productos materiales han sido hechas
igualmente respecto a la apropiación y a la producción de los productos del
trabajo intelectual. Lo mismo que para el burgués la desaparición de la
propiedad de clase equivale a la desaparición de toda producción, la
desaparición de la cultura de clase significa para él la des aparición de toda
cultura.
La cultura, cuya pérdida deplora, no es para la inmensa
mayoría de los hombres más que el adiestramiento que los transforma en
máquinas.
Mas no discutáis con nosotros mientras apliquéis a la
abolición de la propiedad burguesa el criterio de vuestras nociones burguesas
de libertad, cultura, derecho, etc. Vuestras ideas son en sí mismas producto de
las relaciones de producción y de propiedad burguesas, como vuestro derecho no
es más que la voluntad de vuestra clase erigida en ley;
Pág. 55
voluntad cuyo contenido está determinado por las condiciones materiales
de existencia de vuestra clase.
La concepción interesada que os ha hecho erigir en leyes
eternas de la Naturaleza y de la Razón las relaciones sociales dimanadas de
vuestro transitorio modo de producción y de propiedad -- relaciones históricas
que surgen y desaparecen en el curso de la producción --, la compartís con
todas las clases dominantes hoy desaparecidas. Lo que concebís para la
propiedad antigua, lo que concebís para la propiedad feudal, no os atrevéis a
admitirlo para la propiedad burguesa.
¡Querer abolir la familia! Hasta los mas radicales se
indignan ante este infame designio de los comunistas.
¿En que bases descansa la familia actual, la familia
burguesa? En el capital, en el lucro privado. La familia, plenamente
desarrollada, no existe más que para la burguesía; pero encuentra su
complemento en la supresión forzosa de toda familia para el proletariado y en
la prostitución pública.
La familia burguesa desaparece naturalmente al dejar de
existir ese complemento suyo, y ambos desaparecen con la desaparición del
capital.
¿Nos reprocháis el querer abolir la explotación de los
hijos por sus padres? Confesamos este crimen.
Pero decís que destruimos los vínculos más íntimos,
sustituyendo la educación doméstica por la educación social.
Y vuestra educación, ¿no esta también determinada por la
sociedad, por las condiciones sociales en que educáis a vuestros hijos, por la
intervención directa o indirecta de la sociedad a través de la escuela, etc.?
Los comunistas no han inventado esta ingerencia de la sociedad en la educación,
no hacen mas que cambiar su caracter y arrancar la educación a la influencia de
la clase dominante.
Pág. 56
Las declamaciones burguesas sobre la familia y la
educación, sobre los dulces lazos que unen a los padres con sus hijos, resultan
más repugnantes a medida que la gran industria destruye todo vinculo de familia
para el proletario y transforma a los niños en simples artículos de comercio,
en simples instrumentos de trabajo.
¡Pero es que vosotros, los comunistas, queréis establecer
la comunidad de las mujeres! -- nos grita a coro toda la burguesía.
Para el burgués, su mujer no es otra cosa que un
instrumento de producción. Oye decir que los instrumentos de producción deben
ser de utilización común, y, naturalmente, no puede por menos de pensar que las
mujeres correrán la misma suerte.
No sospecha que se trata precisamente de acabar con esa
situación de la mujer como simple instrumento de producción.
Nada más grotesco, por otra parte, que el horror
ultramoral que inspira a nuestros burgueses la pretendida comunidad oficial de
las mujeres que atribuyen a los comunistas. Los comunistas no tienen necesidad
de introducir la comunidad te las mujeres: casi siempre ha existido.
Nuestros burgueses, no satisfechos con tener a su
disposición las mujeres y las hijas de sus obreros, sin hablar de la
prostitución oficial, encuentran un placer singular en encornudarse mutuamente.
El matrimonio burgués es, en realidad, la comunidad de
las esposas. A lo sumo, se podría acusar a los comunistas te querer sustituir
una comunidad de las mujeres hipócritamente disimulada, por una comunidad
franca y oficial. Es evidente, por otra parte, que con la abolición de las
relaciones de producción actuales desaparecerá la comunidad de las
Pág. 57
mujeres que de ellas se deriva, es decir, la prostitución oficial y
privada.
Se acusa también a los comunistas de querer abolir la
patria, la nacionalidad.
Los obreros no tienen patria. No se les puede arrebatar
lo que no poseen. Mas, por cuanto el proletariado debe en primer
lugar conquistar el Poder político, elevarse a la condición de clase nacional[47], constituirse en nación, todavía es nacional,
aunque de ninguna manera en el sentido burgués.
El aislamiento nacional y los antagonismos entre los
pueblos desaparecen de día en día con el desarrollo de la burguesía, la
libertad de comercio y el mercado mundial, con la uniformidad de la producción
industrial y las condiciones de existencia que le corresponden.
El dominio del proletariado los hará desaparecer más de prisa
todavía. La acción común del proletariado, al menos el de los países
civilizados, es una de las primeras condiciones de su emancipación.
En la misma medida en que sea abolida la explotación de
un individuo por otro, será abolida la explotación de una nación por otra.
Al mismo tiempo que el antagonismo de las clases en el
interior de las naciones, desaparecerá la hostilidad de las naciones entre sí.
En cuanto a las acusaciones lanzadas contra el comunismo,
partiendo del punto de vista de la religión, de la filosofía y de la ideología
en general, no merecen un examen detallado.
¿Acaso se necesita una gran perspicacia para comprender
que con toda modificación sobrevenida en las condiciones de vida, en las
relaciones sociales, en la existencia social cambian también las ideas, las
nociones y las concepciones en una palabra, la conciencia del hombre?
Pág. 58
¿Que demuestra la historia de las ideas sino que la
producción intelectual se transforma con la producción material? Las ideas
dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase
dominante.
Cuando se habla de ideas que revolucionan toda una
sociedad, se expresa solamente el hecho de que en el seno de la vieja sociedad
se han formado los elementos de una nueva, y la disolución de las viejas ideas
marcha a la par con la disolución de las antiguas condiciones de vida.
En el ocaso del mundo antiguo las viejas religiones
fueron vencidas por la religión cristiana. Cuando en el siglo XVIII las ideas
cristianas fueron vencidas por las ideas de la ilustración, la sociedad feudal
libraba una lucha a muerte contra la burguesía, entonces revolucionaria. Las
ideas de libertad religiosa y de libertad de conciencia no hicieron
más que reflejar el reinado de la libre concurrencia en el dominio de la
conciencia[48].
"Sin duda -- se nos dirá --, las ideas religiosas,
morales, filosóficas, políticas, jurídicas, etc., se han ido modificando en el
curso del desarrollo histórico. Pero la religión, la moral, la filosofía, la
política, el derecho, se han mantenido siempre a través de estas
transformaciones.
Existen, además, verdades eternas, tales como la
libertad, la justicia, etc., que son comunes a todo estado de la sociedad. Pero
el comunismo quiere abolir estas verdades eternas, quiere abolir la religión y
la moral, en lugar de darles una forma nueva, y por eso contradice a todo el
desarrollo histórico anterior."
¿A qué se reduce esta acusación? La historia de todas las
sociedades que han existido hasta hoy se desenvuelve en medio de
contradicciones de clase, de contradicciones que revisten formas diversas en
las diferentes épocas.
Pág. 59
Pero cualquiera que haya sido la forma de estas
contradicciones, la explotación de una parte de la sociedad por la otra es un
hecho común a todos los siglos anteriores. Por consiguiente, no tiene nada de
asombroso que la conciencia social de todas las edades, a despecho de toda
variedad y de toda diversidad, se haya movido siempre dentro de ciertas formas
comunes, dentro de unas formas[49] -- formas de conciencia --,
que no desaparecerán completamente más que con la desaparición definitiva de
los antagonismos de clase.
La revolución comunista es la ruptura más radical con las
relaciones de propiedad tradicionales, nada de extraño tiene que en el curso de
su desarrollo rompa de la manera más radical con las ideas tradicionales.
Mas, dejemos aquí las objeciones hechas por la burguesía
al comunismo.
Como ya hemos visto más arriba, el primer paso de la
revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la
conquista de la democracia.
El proletariado se valdrá de su dominación política para
ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar
todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del
proletariado organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor
rapidez posible la suma de las fuerzas productivas.
Esto, naturalmente, no podrá cumplirse al principio más
que por una violación despótica del derecho de propiedad y de las relaciones
burguesas de producción, es decir, por la adopción de medidas que desde el punto
de vista económico parecerán insuficientes e insostenibles, pero
que en el curso del movimiento se sobrepasarán a sí mismas[50] y serán indispensables como medio para transformar
radicalmente todo el modo de producción.
Pág. 60
Estas medidas, naturalmente, serán diferentes en los
diversos países.
Sin embargo, en los países más avanzados podrán ser
puestas en práctica casi en todas partes las siguientes medidas:
1. Expropiación de la propiedad territorial y empleo
de la renta de la tierra para los gastos del Estado.
2. Fuerte impuesto progresivo.
3. Abolición del derecho de herencia.
4. Confiscación de la propiedad de todos los
emigrados y sediciosos.
5. Centralización del crédito en manos del Estado
por medio de un Banco nacional con capital del Estado y monopolio exclusivo.
6. Centralización en manos del Estado de todos los
medios de transporte.
7. Multiplicación de las empresas fabriles
pertenecientes al Estado y de los instrumentos de producción, roturación de los
terrenos incultos y mejoramiento de las tierras, según un plan general.
8. Obligación de trabajar para todos; organización
de ejércitos industriales, particularmente para la agricultura.
9. Combinación de la agricultura y la industria; medidas encaminadas a
hacer desaparecer gradualmente la oposición[51] entre la ciudad y el campo.[52]
10. Educación pública y gratuita de todos los niños;
abolición del trabajo de éstos en las fábricas tal como se practica hoy;
régimen de educación combinado con la producción material, etc., etc.
Una vez que en el curso del desarrollo hayan desaparecido
las diferencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos de
los individuos asociados, el Poder público perderá su carácter político. El
Poder político,
Pág. 61
hablando propiamente, es la violencia organizada de una clase para la
opresión de otra. Si en la lucha contra la burguesía el proletariado se
constituye indefectiblemente en clase; si mediante la revolución se convierte
en clase dominante y, en cuanto clase dominante, suprime por la fuerza las
viejas relaciones de producción, suprime al mismo tiempo que estas
relaciones de producción las condiciones para la existencia del antagonismo de
clase y de las clases en general[53], y, por tanto, su propia
dominación como clase.
En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus
clases y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el libre
desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de
todos.
III
LITERATURA SOCIALISTA Y COMUNISTA
Por su
posición histórica, la aristocracia francesa e inglesa estaban llamadas a
escribir libelos contra la moderna sociedad burguesa. En la revolución francesa
de julio de 1830 y en el movimiento inglés por la reforma, habían sucumbido una
vez mas bajo los golpes del odiado advenedizo. En adelante no podía hablarse
siquiera de una lucha política seria. No les quedaba más que la lucha
literaria. Pero, también en el terreno literario, la vieja fraseología de la
Pág. 62
época de la Restauración[*] había llegado a ser inaplicable. Para crearse
simpatías era menester que la aristocracia aparentase no tener en cuenta sus
propios intereses y que formulara su acta de acusación contra la burguesía sólo
en interés de la clase obrera explotada. Diose de esta suerte la satisfacción
de componer canciones satíricas contra su nuevo amo y de musitarle al oído
profecías más o menos siniestras.
Así es como nació el socialismo feudal, mezcla de
jeremiadas y pasquines, de ecos del pasado y de amenazas sobre el porvenir. Si
alguna vez su crítica amarga, mordaz e in geniosa hirió a la burguesía en el
corazón, su incapacidad absoluta para comprender la marcha de la historia
moderna concluyó siempre por cubrirle de ridículo.
A guisa de bandera, estos señores enarbolaban un mísero
zurrón de proletario, a fin de atraer al pueblo. Pero cada vez que el pueblo
acudía, advertía que sus posaderas estaban ornadas con el viejo blasón feudal y
se dispersaban en medio de grandes e irreverentes carcajadas.
Una parte de
los legitimistas franceses y la "Joven Inglaterra"[54] han dado al mundo este espectáculo.
Cuando los campeones del feudalismo demuestran que su
modo de explotación era distinto del de la burguesía, olvidan una cosa, y es
que ellos explotaban en condiciones y circunstancias por completo diferentes y
hoy anticuadas. Cuando advierten que bajo su dominación no existía el
proletariado moderno, olvidan que la burguesía moderna es precisamente un
retoño fatal del régimen social suyo.
Disfrazan tan poco, por otra parte, el carácter
reaccionario de su crítica, que la principal acusación que presentan contra
* No se trata aquí de la Restauración
inglesa de 1660-1689, sino de la francesa de 1814-1830. (Nota de F. Engels a
la edición inglesa de 1888.)
Pág. 63
la burguesía es precisamente
haber creado bajo su régimen una clase que hará saltar por los aires todo el
antiguo orden social.
Lo que imputan
a la burguesía no es tanto el haber hecho surgir un proletariado en general,
sino el haber hecho surgir un proletariado revolucionario.
Por eso, en la
práctica política, toman parte en todas las medidas de represión contra la
clase obrera. Y en la vida diaria, a pesar de su fraseología ampulosa, se las
ingenian para recoger las manzanas de oro caídas del árbol de la industria y
trocar el honor, el amor y la fidelidad por el comercio en lanas, azúcar de
remolacha y aguardiente[*].
Del mismo modo que el cura y el señor feudal marcharon
siempre de la mano, el socialismo clerical marcha unido con el socialismo
feudal.
Nada mas fácil que recubrir con un barniz socialista el
ascetismo cristiano. ¿Acaso el cristianismo no se levantó también contra la propiedad
privada, el matrimonio y el Estado? ¿No predicó en su lugar la
caridad y la pobreza, el celibato y la mortificación de la carne, la vida
monástica y la iglesia? El socialismo cristiano[55] no es más que el agua bendita con que el clérigo
consagra el despecho de la aristocracia.
* Esto se refiere en primer término a
Alemania, donde tos terratenientes aristócratas y los "junkers"
cultivan por cuenta propia gran parte de sus tierras con ayuda de
administradores, y poseen, además, grandes fábricas de azúcar de remolacha y
destilerías de alcohol de patatas. Los más acaudalados aristócratas británicos
todavía no han llegado a tanto; pero también ellos sabeo cómo pueden compensar
la disminución de la renta, cediendo sus nombres a los fundadores de toda clase
de sociedades anónimas de reputación más o menos dudosa. (Nota de F. Engels
a la edición inglesa de 1888.)
Pág. 64
b) El
socialismo pequeño burgués
La
aristocracia feudal no es la única clase derrumbada por la burguesía, y no es
la única clase cuyas condiciones de existencia empeoran y van extinguiéndose en
la sociedad burguesa moderna. Los villanos de las ciudades medievales y el
estamento de los pequeños agricultores de la Edad Media fueron los precursores
de la burguesía moderna. En los países de una industria y un comercio menos
desarrollados esta clase continúa vegetando al lado de la burguesía en auge.
En los países
donde se ha desarrollado la civilización moderna, se ha formado -- y, como
parte complementaria de la sociedad burguesa, sigue formándose sin cesar -- una
nueva clase de pequeños burgueses que oscila entre el proletariado y la
burguesía. Pero los individuos que la componen se ven continuamente precipitados
a las filas del proletariado a causa de la competencia, y, con el desarrollo de
la gran industria, ven aproximarse el momento en que desaparecerán por completo
como fracción independiente de la sociedad moderna y en que serán reemplazados
en el comercio, en la manufactura y en la agricultura por capataces y
empleados.
En países como
Francia, donde los campesinos constituyen bastante más de la mitad de la
población, es natural que los escritores que defendían la causa del
proletariado contra la burguesía, aplicasen a su crítica del régimen burgués el
rasero del pequeño burgués y del pequeño campesino, y defendiesen la causa
obrera desde el punto de vista de la pequeña burguesía. Así se formo el
socialismo pequeño burgués. Sismondi es el más alto exponente de esta
literatura, no sólo en Francia, sino también en Inglaterra.
Pág. 65
Este
socialismo analizó con mucha sagacidad las contradicciones a las modernas
relaciones de producción. Puso al desnudo las hipócritas apologías de los
economistas. Demostró de una manera irrefutable los efectos destructores del
maquinismo y de la división del trabajo, la concentración de los capitales y de
la propiedad territorial, la superproducción, las crisis, la inevitable ruina
de los pequeños burgueses y de los campesinos, la miseria del proletariado, la
anarquía en la producción, la escandalosa desigualdad en la distribución de las
riquezas, la exterminadora guerra industrial de las naciones entre sí, la
disolución de las viejas costumbres, de las antiguas relaciones familiares, de
las viejas nacionalidades.
Sin embargo,
el contenido positivo de ese socialismo consiste, bien en su anhelo de
restablecer los antiguos medios de producción y de cambio, y con ellos las
antiguas relaciones de propiedad y toda la sociedad antigua, bien en querer
encajar por la fuerza los medios modernos de producción y de cambio en el marco
estrecho de las antiguas relaciones de propiedad, que ya fueron rotas, que
fatalmente debían ser rotas por ellos. En uno y otro caso, este socialismo es a
la vez reaccionario y utópico.
Para la
manufactura, el sistema gremial; para la agricultura, el régimen patriarcal; he
aquí su última palabra.
En su ulterior
desarrollo esta tendencia ha caído en una decepción cobarde[56].
c) El
socialismo alemán o socialismo "verdadero"
La literatura
socialista y comunista de Francia, que nació bajo el yugo de una burguesía
dominante y es la expresión
Pág. 66
literaria de la lucha contra
dicha dominación, fue introducida en Alemania en el momento en que la burguesía
acababa de comenzar su lucha contra el absolutismo feudal.
Filósofos,
semifilósofos e ingenios de salón alemanes se lanzaron ávidamente sobre esta
literatura; pero olvidaron que con la importación de la literatura francesa no
habían sido importadas a Alemania, al mismo tiempo, las condiciones sociales de
Francia. En las condiciones alemanas, la literatura francesa perdió toda
significación práctica inmediata y tomó un carácter puramente literario. Debía parecer más bien una
especulación ociosa sobre la sociedad verdadera[57], sobre la realización de la esencia humana.[58] De este modo, para los
filósofos alemanes del siglo XVIII las reivindicaciones de la primera
revolución francesa no eran más que las reivindicaciones de la "razón
práctica" en general, y las manifestaciones de la voluntad de la burguesía
revolucionaria de Francia no expresaban a sus ojos más que las leyes de la
voluntad pura, de la voluntad tal como debe ser, de la voluntad verdaderamente
humana.
Toda la labor de los literatos alemanes se redujo
únicamente a poner de acuerdo las nuevas ideas francesas con su vieja
conciencia filosófica, o, más exactamente, a asimilarse las ideas francesas
partiendo de sus propias opiniones filosóficas.
Y se las asimilaron como se asimila en general una lengua
extranjera: por la traducción.
Se sabe cómo los frailes superpusieron sobre los manuscritos
de las obras clásicas del antiguo paganismo las absurdas descripciones de la
vida de los santos católicos. Los literatos alemanes procedieron inversamente
con respecto a la literatura profana francesa. Deslizaron sus absurdos
filosóficos bajo el original francés. Por ejemplo: bajo la crítica francesa de
Pág. 67
las funciones del dinero, escribían: "enajenación de la esencia
humana"; bajo la crítica francesa del Estado burgués, decían:
"eliminación del poder de lo universal abstracto", y así sucesivamente.
A esta interpolación de su fraseología filosófica en la
crítica francesa le dieron el nombre de "filosofía de la acción",
"socialismo verdadero", "ciencia alemana del socialismo",
"fundamentación filosófica del socialismo", etc.
De esta manera fue completamente castrada la literatura
socialista-comunista francesa. Y como en manos de los alemanes dejo de ser la
expresión de la lucha de una clase contra otra, los alemanes se imaginaron
estar muy por encima de la "estrechez francesa" y haber defendido, en
lugar de las verdaderas necesidades, la necesidad de la verdad, en lugar de los
intereses del proletariado, los intereses de la esencia humana, del hombre en
general, del hombre que no pertenece a ninguna clase ni a ninguna realidad y
que no existe más que en el cielo brumoso de la fantasía filosófica.
Este socialismo alemán, que tomaba tan solemnemente en
serio sus torpes ejercicios de escolar y que con tanto estrépito charlatanesco
los lanzaba a los cuatro vientos, fue perdiendo poco a poco su inocencia
pedantesca.
La lucha de la burguesía alemana, y principalmente de la
burguesía prusiana, contra los feudales y la monarquía absoluta, en una
palabra, el movimiento liberal adquiría un carácter más serio.
De esta suerte, ofreciósele al "verdadero"
socialismo la ocasión tan deseada de contraponer al movimiento político las
reivindicaciones socialistas, de fulminar los anatemas tradicionales contra el
liberalismo, contra el Estado representativo, contra la concurrencia burguesa,
contra la libertad burguesa de prensa, contra el derecho burgués, contra la
Pág. 68
libertad y la igualdad burguesas y de predicar a las masas populares
que ellas no tenían nada que ganar, y que más bien perderían todo, en
este movimiento burgués. El socialismo alemán olvidó muy a propósito que la
crítica francesa, de la cual era un simple eco insípido, presuponía la sociedad
burguesa moderna, con las correspondientes condiciones materiales de existencia
y una constitución política adecuada es decir, precisamente las premisas que
todavía se trataba de conquistar en Alemania.
Para los gobiernos absolutos de Alemania, con su séquito
de clérigos, de pedagogos, de hidalgos rústicos y de burócratas, este
socialismo se convirtió en un espantajo propicio contra la burguesía que se
levantaba amenazadora.
Formó el complemento dulzarrón de los amargos latigazos y
tiros con que esos mismos gobiernos respondieron a los alzamientos de los
obreros alemanes.
Si el "verdadero" socialismo se convirtió de
este modo en un arma en manos de los gobiernos contra la burguesía alemana, representaba además, directamente, un interés reaccionario, el
interés del pequeño burgués alemán[59]. La clase de los pequeños
burgueses, legada por el siglo XVI, y desde entonces renaciendo sin cesar bajo
diversas formas, constituye para Alemania la verdadera base social del orden
establecido.
Mantenerla es conservar en Alemania el orden establecido.
La supremacía industrial y política de la burguesía le amenaza con una muerte
cierta: de una parte, por la concentración de los capitales, y de otra, por el
desarrollo de un proletariado revolucionario. A la pequeña burguesía le pareció
que el "verdadero" socialismo podía matar los dos pájaros de un tiro.
Y éste se propagó como una epidemia.
Pág. 69
Tejido con los hilos de araña de la especulación, bordado
de flores retóricas y bañado por un rocío sentimental, ese ropaje fantástico en
que los socialistas alemanes envolvieron sus tres o cuatro descarnadas
"verdades eternas", no hizo sino aumentar la demanda de su mercancía
entre semejante público.
Por su parte, el socialismo alemán comprendió cada vez
mejor que estaba llamado a ser el representante pomposo de esta pequeña
burguesía.
Proclamó que la nación alemana era la nación modelo y el
mesócrata alemán el hombre modelo. A todas las infamias de este hombre modelo
les dio un sentido oculto, un sentido superior y socialista, contrario a lo que
era realidad. Fue consecuente hasta el fin, manifestándose de un modo directo
contra la tendencía "brutalmente destructiva" del comunismo y
declarando su imparcial elevación por encima de todas las luchas de clases.
Salvo muy raras excepciones, todas las obras llamadas socialistas y comunistas
que circulan en Alemania pertenecen a esta inmunda y enervante literatura[*].
2. EL SOCIALISMO CONSERVADOR O BURGUÉS
Una parte de
la burguesía desea remediar los males sociales con el fin de consolidar la
sociedad burguesa.
A esta
categoría pertenecen los economistas, los filántropos, los humanitarios, los
que pretenden mejorar la suerte
* La tormenta revolucionaria de 1848
barrió esta miserable escuela y ha quitado a sus partidarios todo deseo de
seguir haciendo socialismo. El principal representante y el tipo clásico de
esta escuela es el señor Karl Graumln. (Nota de F. Engels a la edición
alemana de 1890.)
Pág. 70
de las clases trabajadoras,
los organizadores de la beneficencia, los protectores de animales, los
fundadores de las sociedades de templanza, los reformadores domésticos de toda
suerte. Y hasta se ha llegado a elaborar este socialismo burgués en sistemas
completos.
Citemos como
ejemplo la "Filosofía de la Miseria", de Proudhon.
Los burgueses
socialistas quieren perpetuar las condiciones de vida de la sociedad moderna,
pero sin las luchas y los peligros que surgen fatalmente de ellas. Quieren
perpetuar la sociedad actual, pero sin los elementos que la revolucionan y
descomponen. Quieren la burguesía sin el proletariado. La burguesía, como es
natural, se representa el mundo en que ella domina como el mejor de los mundos.
El socialismo burgués elabora en un sistema más o menos completo esta
representación consoladora. Cuando invita al proletariado a realizar su sistema
y a entrar en la nueva Jerusalén, no hace otra cosa, en el fondo, que inducirle
a continuar en la sociedad actual, pero despojándose de la concepción odiosa
que se ha formado de ella.
Otra forma de
este socialismo, menos sistemática, pero más práctica, intenta apartar a los
obreros de todo movimiento revolucionario, demostrándoles que no es tal o cual
cambio político el que podrá beneficiarles, sino solamente una transformación
de las condiciones materiales de vida, de las relaciones económicas. Pero, por
transformación de las condiciones materiales de vida, este socialismo no
entiende, en modo alguno, la abolición de las relaciones de producción
burguesas -- lo que no es posible más que por vía revolucionaria --, sino únicamente
reformas administrativas realizadas sobre la base de las mismas relaciones de
producción bur-
Pág. 71
guesas, y que, por tanto, no
afectan a las relaciones entre el capital y el trabajo asalariado, sirviendo
únicamente, en el mejor de los casos, para reducirle a la burguesía los gastos
que requiere su dominio y para simplificarle la administración de su Estado.
El socialismo
burgués no alcanza su expresión adecuada sino cuando se convierte en simple
figura retórica.
¡Libre cambio,
en interés de la clase obrera!. ¡Aranceles protectores, en interés de la clase
obrera! ¡Prisiones celulares, en interés de la clase obrera! He ahí la última
palabra del socialismo burgués, la única que ha dicho seriamente.
El socialismo
burgués se resume precisamente en esta afirmación: los burgueses son burgueses
en interés de la clase obrera.
3. EL SOCIALISMO Y EL COMUNISMO
CRITICO-UTÓPICOS
No se trata
aquí de la literatura que en todas las gran des revoluciones modernas ha
formulado las reivindicaciones del proletariado (los escritos de Babeuf, etc.).
Las primeras
tentativas directas del proletariado para hacer prevalecer sus propios
interesés de clase, realizadas en tiempos de efervescencia general, en el
período del derrumbamiento de la sociedad feudal, fracasaron necesariamente,
tanto por el débil desarrollo del mismo proletariado como por la ausencia de
las condiciones materiales de su emancipación, condiciones que surgen sólo como
producto del advenimiento de la época burguesa. La literatura revolucionaria
que acompaña a estos primeros movimientos del
Pág. 72
proletariado, era
forzosamente, por su contenido, reaccionaria. Preconizaba un ascetismo general
y un burdo igualitarismo.
Los sistemas
socialistas y comunistas propiamente dichos, los sistemas de Saint-Simón, de
Fourier, de Owen, etc., hacen su aparición en el período inicial y rudimentario
de la lucha entre el proletariado y la burguesía, período descrito
anteriormente. (Véase "Burgueses y proletarios".)
Los inventores
de estos sistemas, por cierto, se dan cuenta del antagonismo de las clases, así
como de la acción de los elementos destructores dentro de la misma sociedad
dominante. Pero no advierten del lado del proletariado ninguna iniciativa
histórica, ningún movimiento político que le sea propio.
Como el
desarrollo del antagonismo de clases va a la par con el desarrollo de la
industria, ellos tampoco pueden encontrar las condiciones materiales de la
emancipación del proletariado, y se lanzan en busca de una ciencia social, de
unas leyes sociales que permitan crear esas condiciones.
En lugar de la
acción social tienen que poner la acción de su propio ingenio; en lugar de las
condiciones históricas de la emancipación, condiciones fantásticas; en lugar de
la organización gradual del proletariado en clase, una organización de la
sociedad inventada por ellos. La futura historia del mundo se reduce para ellos
a la propaganda y ejecución práctica de sus planes sociales.
En la
confección de sus planes tienen conciencia, por cierto, de defender ante todo
los intereses de la clase obrera, por ser la clase que más sufre. El
proletariado no existe para ellos sino bajo el aspecto de la clase que más
padece.
Pero la forma
rudimentaria de la lucha de clases, así como su propia posición social, les
lleva a considerarse muy
Pág. 73
por encima de todo
antagonismo de clase. Desean mejorar las condiciones de vida de todos los
miembros de la sociedad, incluso de los más privilegiados. Por eso, no cesan de
apelar a toda la sociedad sin distinción, e incluso se dirigen con preferencia
a la clase dominante. Porque basta con comprender su sistema, para reconocer
que es el mejor de todos los planes posibles de la mejor de todas las
sociedades posibles.
Repudian por
eso, toda acción política, y en particular, toda acción revolucionaria; se
proponen alcanzar su objetivo por medios pacíficos, intentando abrir camino al
nuevo evangelio social valiéndose de la fuerza del ejemplo, por medio de
pequeños experimentos, que, naturalmente, fracasan siempre.
Estas
fantásticas descripciones de la sociedad futura, que surgen en una época en que
el proletariado, todavía muy
poco desarrollado, considera aún su propia situación de una manera también
fantástica, corresponden a[60] las primeras aspiraciones
instintivas de los obreros hacia una completa transformación de la sociedad.
Más estas obras socialistas y comunistas encierran
también elementos críticos. Atacan todas las bases de la sociedad existente. Y
de este modo han proporcionado materiales de un gran valor para
instruir a los obreros. Sus tesis positivas referentes a la sociedad futura[61], tales como la des aparición del contraste entre la
ciudad y el campo[62], la abolición de la familia, de la ganancia privada
y del trabajo asalariado, la proclamación de la armonía social y la
transformación del Estado en una simple administración de la producción; todas
estas tesis no hacen sino enunciar la desaparición del antagonismo de las
clases, antagonismo que comienza solamente a perfilarse y del que los
inventores de sistemas no conocen todavía sino las primeras formas indis-
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tintas y confusas. Así, estas tesis tampoco tienen más que un sentido
puramente utópico.
La importancia del socialismo y del comunismo crítico
utópicos esta en razón inversa al desarrollo histórico. A medida que la lucha
de clases se acentúa y toma formas más definidas, el fantástico afán de
abstraerse de ella, esa fantástica oposición que se le hace, pierde todo valor
práctico, toda justificación teórica. He ahí por qué si en muchos aspectos los
autores de esos sistemas eran revolucionarios, las sectas formadas por sus
discípulos son siempre reaccionarias, pues se aferran a las viejas concepciones
de sus maestros, a pesar del ulterior desarrollo histórico del proletariado.
Buscan, pues, y en eso son consecuentes, embotar la lucha de clases y conciliar
los antagonismos. Continúan soñando con la experimentación de sus utopías
sociales; con establecer falansterios aislados, crear colonias interiores en
sus países o fundar una pequeña Icaria*, edición en doceavo de la nueva
Jerusalén. Y para la construcción de todos estos castillos en el aire se ven
forzados a apelar a la filantropía de los corazones y de los bolsillos
burgueses. Poco a poco van cayendo en la categoría de los socialistas
reaccionarios o conservadores descritos más arriba y sólo se distinguen de
ellos por una pedantería más sistemática y una fe supersticiosa y fanática en
la eficacia milagrosa de su ciencia social.
* Falansterios se llamaban las colonias socialistas proyectadas
por Carlos Fourier. Icaria era el nombre dado por Cabet a su país
utópico y más tarde a su colonia comunista en América. (Nota de F. Engels a
la edición inglesa de 1888.)
Owen llamó a sus sociedades comunistas modelo "home-colonies"
(colonias interiores). El falansterio era el nombre de los palacios sociales
proyectados por Fourier. Llamábase Icaria el país fantástico-utópico, cuyas
instituciones comunistas describía Cabet. (Nota de F. Engels a la edición
alemana de 1890.)
Pág. 75
Por eso, se oponen con encarnizamiento a todo movimiento
político de la clase obrera, pues no ven en él sino el resultado de una ciega
falta de fe en el nuevo evangelio.
Los owenistas,
en Inglaterra, reaccionan contra los cartistas, y los fourieristas, en Francia,
contra los reformistas[63].
IV
ACTITUD DE LOS COMUNISTAS ANTE
LOS DIFERENTES PARTIDOS DE
OPOSICIÓN
Después de lo
dicho en el capítulo II, la posición de los comunistas ante los partidos
obreros ya construidos se explica por sí misma, y por tanto su posición ante
los cartistas de Inglaterra y los partidarios de la reforma agraria en América
del Norte.
Los comunistas
luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera;
pero, al mismo tiempo representan y defienden también, dentro del movimiento
actual, el porvenir de ese movimiento. En Francia, los comunistas se suman al
Partido Socialista Democrático* con-
* Este partido estaba representado en el
parlamento por Ledru-Rollin, en la literatura por Luis Blanc y en la prensa
diaria por La Réforme. El nombre de Socialista Democrático significaba,
en boca de sus inventores, la parte del Partido Democrático o Republicano que
tenía un matiz más o menos socialista. (Nota de F. Engels a la edición
inglesa de 1888.)
Lo que se llamaba entonces en Francia el
Partido Socialista Democrático estaba representado en política por Ledru-Rollin
y en la literatura por Luis Blanc; hallábase, pues, a cien mil leguas de la
socialdemocracia alemana de nuestro tiempo. (Nota de F. Engels a la edición
alemana de 1890.)
Pág. 76
tra la burguesía
conservadora y radical, sin renunciar, sin embargo, al derecho de criticar las
ilusiones y la fraseología legadas por la tradición revolucionaria.
En Suiza
apoyan a los radicales, sin desconocer que este partido se compone de elementos
contradictorios, en parte de socialistas democráticos, al estilo francés, y en
parte de burgueses radicales.
Entre los
polacos, los comunistas apoyan al partido que ve en una revolución agraria la
condición de la liberación nacional; es decir, al partido que provocó en 1846
la insurrección de Cracovia.
En Alemania,
el Partido Comunista lucha de acuerdo con la burguesía, en tanto que ésta actúa
revolucionariamente contra la monarquía absoluta, la propiedad territorial
feudal y la pequeña burguesía reaccionaria.
Pero jamás, en
ningún momento, se olvida este partido de inculcar a los obreros la más clara
conciencia del antagonismo hostil que existe entre la burguesía y el
proletariado, a fin de que los obreros alemanes sepan convertir de inmediato
las condiciones sociales y políticas que forzosamente ha de traer consigo la
dominación burguesa en otras tantas armas contra la burguesía, a fin de que,
tan pronto sean derrocadas las clases reaccionarias en Alemania, comience
inmediatamente la lucha contra la misma burguesía.
Los comunistas
fijan su principal atención en Alemania, porque Alemania se halla en vísperas
de una revolución burguesa y porque llevara a cabo esta revolución bajo las
condiciones más progresivas de la civilización europea en general, y con un
proletariado mucho mas desarrollado que el de Inglaterra en el siglo XVII y el
de Francia en el siglo XVIII, y, por lo tanto, la revolución burguesa alemana
no
Pág. 77
podrá ser sino el preludio
inmediato de una revolución proletaria.
En resumen,
los comunistas apoyan por doquier todo movimiento revolucionario contra el
régimen social y político existente.
En todos estos
movimientos ponen en primer término, como cuestión fundamental del movimiento,
la cuestión de la propiedad, cualquiera que sea la forma más o menos
desarrollada que ésta revista.
En fin, los
comunistas trabajan en todas partes por la unión y el acuerdo entre los
partidos democráticos de todos los países.
Los comunistas
consideran indigno ocultar sus ideas y propósitos. Proclaman abiertamente que
sus objetivos sólo pueden ser alcanzados derrocando por la violencia todo el
orden social existente. Que las clases dominantes tiemblen ante una Revolución
Comunista. Los proletarios no tienen nada que perder en ella más que sus
cadenas. Tienen, en cambio, un mundo que ganar.
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNIOS!
|
From Marx to Mao |
Apuntes sobre |
Pág. 79
NOTAS
[1] EI Manifiesto del
Partido Comunista es el documento programático más grande del comunismo
científico. "Este breve folleto tiene el mérito de un volumen completo.
Hasta hoy día, su espíritu inspira y guía a todo el proletariado organizado y
luchador del mundo civilizado" (Lenin). El Manifiesto, como programa
redactado por Marx y Engels para la Liga de los Comunistas desde diciembre de
1847 a enero de 1848, apareció primeramente en febrero de 1848 en Londres como
un folleto de 23 páginas. Desde marzo a julio de 1848, fue reimprimido en serie
en el Deutsche Londoner Zeitung el órgano democrático de los emigrantes
germanos. En el mismo año una edición alemana del Manifiesto fue reimpresa en
Londres como un folleto de 30 paginas. Esta edición sirvió como base de las
ediciones siguientes autorizadas por Marx y Engels. En el año 1848 el
Manifiesto fue también traducido en numerosas lenguas europeas: francés,
polaco, italiano, danés, flamenco y sueco. Los nombres de los autores no fueron
mencionados en las ediciones de 1848. Ellos fueron mencionados inicialmente en
el prefacio del editor escrito por George Harney para la primera traducción
inglesa del Manifiesto, en el diario cartista Red Republican (República
Roja ), en 1850. [Pág. título]
[2] Por iniciativa de la redacción del Der Volksstaat
(El Estado Popular ) una nueva edición alemana del Manifiesto fue
publicada en 1872, con un prólogo de Marx y Engels y unas pequeñas correcciones
en el texto. Llevaba el título de Manifiesto Comunista y así aparecieron
las ediciones alemanas posteriores de 1883 y 1890. [Pág. 1]
[3] Se refiere a la revolución de febrero de 1848 en
Francia. [Pág. 1]
Pág. 80
[4] Red Republican (República Roja ), era una publicación semanal
cartista hecha desde junio a noviembre de 1850 por George Harney. En sus
números 21-24, noviembre de 1850, la primera traducción inglesa del Manifiesto
del Partido Comunista apareció bajo el título: Manifiesto del Partido
Comunista Alemán. [Pág. 1]
[5] Le Socialiste (El Socialista ), órgano de la sección francesa de la
Internacional, era un semanario en francés que se publicó en Nueva York desde
octubre de 1871 a mayo de 1873. Apoyaba a los elementos burgueses y pequeño
burgueses en la Federación Norte Americana de la Internacional (Confederación
Americana de la Internacional). Después del Congreso de la Haya, cortó sus
relaciones con la Internacional. El Manifiesto del Partido Comunista fue
publicado en el semanario en enero y febrero de 1872. [Pág. 1]
[6] La Guerra Civil en Francia. Manifiesto del Consejo
General de la Asociación Internacional de los Trabajadores. [Pág. 2]
[7] Esta es la segunda edición rusa del Manifiesto que
apareció en Ginebra en 1882. En el epilogo del articulo "Sobre relaciones
sociales en Rusia", Engels mencionó a Plejánov como el traductor. En la
edición rusa de 1900 Plejánov indico que la traducción había sido hecha por él.
Marx y Engels escribieron para la edición rusa de 1882 un prefacio que apareció
en lengua rusa en Narodnaia Volia (Voluntad del Pueblo ), revista
de la sociedad populista rusa, en el 5 de febrero de 1882. Este prefacio
apareció en alemán el 13 de abril de 1882 en el N.° 16 del Der
Sozialdemokrat (El Socialdemócrata ), órgano del Partido
Socialdemocrático Alemán. Engels incluyó este prefacio en la edicion alemana
del Manifiesto de 1890. [Pág. 4]
[8] Esta edición apareció en 1869. En el prefacio de
Engels a la edición inglesa de 1888 también se cita con inexactitud la fecha de
aparición de la traducción al ruso del Manifiesto. [Pág. 4]
[9] Kólokol
(La Campana ), diario de los demócratas revolucionarios rusos publicado
por A. I. Herzen y N. P. Ogaryov en Londres desde 1857 a 1865 y después en
Ginebra. Fue publicado en la lengua rusa desde 1857 a 1867 y en francés con un
suplemento en ruso desde 1868 a 1869. [Pág. 4]
[10] Se refiere a la situación después del asesinato del
zar Alejandro II por un miembro de Narodnaia Volia en el 13 de marzo de
1881, cuando Alejandro III, temeroso de los actos terroristas que podían ser
llevados a cabo por un comité ejecutivo secreto de Narodnaia Volia, se
ocultó en Gátchina, lugar situado al suroeste de Leningrado de hoy.
[Pág.
5]
Pág. 81
[11] Obshchina, la comunidad rural. [Pág. 6]
[12] Este prefacio fue escrito para la tercera edición
alemana del Manifiesto. Esta fue la primera edición alemana revisada por Engels
después de la muerte de Marx. [Pág. 7]
[13] En 1888 se publicó la edición inglesa del Manifiesto
traducida por Samuel Moore. Engels revisó personalmente la versión, escribió un
prefacio y puso algunas notas antes de su impresión. [Pág. 9]
[14] "El Proceso de los Comunistas en Colonia"
(del 4 de octubre al 12 de noviembre de 1852) fue un caso fabricado por el
gobierno prusiano. El gobierno prusiano arresto 11 miembros de la Liga de los
Comunistas (1847-1852), la primera organización comunista internacional del
proletariado, que había sido dirigida por Marx y Engels y con el Manifiesto
del Partido Comunista como su programa, siendo llevados a la corte para un
juicio con el cargo de "alta traición". El testimonio presentado por
la policía espía era un "original libro de minutas" forjado por
ellos, de los miembros del Comité Central de la Liga de los Comunistas y otros
documentos falsificados, como también papeles robados por la policía, a la
facción aventurera de Willich-Schapper que había sido con anterioridad
expulsada de la Liga. Basándose en, los documentos falsificados y falsos
testimonios, la corte sentenció a siete de los acusados, de tres a seis años de
prisión. Marx y Engels desenmascararon la provocación de los organizadores del
proceso y los despreciables recursos del Estado policiaco prusiano empleados en
contra del movimiento obrero internacional. (Ver Marx, "Revelaciones sobre
el Proceso de los Comunistas en Colonia" y Engels, "El ultima proceso
de Colonia"). [Pág. 10]
[15] Una cita del discurso de Bevan, presidente del Consejo
de las Tradeuniones de Swansea, celebrado como un congreso anual de las
tradeuniones y llevado a cabo en esa ciudad en 1887. El diario Commonweal
(Bien Publico ), contenía una información del discurso de Bevan el 17 de
septiembre de 1887. [Pág. 11]
[16] Woodhull and Claflin's Weekly, semanario norteamericano publicado por la feminista
burguesa Victoria Woodhull y Tennessee Claflin, en Nueva York entre 1870 y
1876. El semanario traía una versión abreviada del Manifiesto del Partido
Comunista, el 30 de diciembre de 1871. [Pág. 12]
[17] Ver la nota 7 acerca del traductor
de la segunda edición rusa del Manifiesto. [Pág. 12]
Pág. 82
[18] La traducción danesa aquí citada -- K. Marx og F.
Engels: Det Kommunistiske Manifest, København, 1885 --, contiene algunas
omisiones e inexactitudes, que Engels señaló en el prólogo de la edición
alemana de 1890 del Manifiesto. [Pág. 12]
[19] La fecha que se cito no es exacta. La traducción
francesa a que se refiere fue hecha por Laura Lafargue. Esta fue publicada en Le
Socialiste desde el 29 de agosto al 7 de noviembre de 1885 y también
impresa como un apéndice a La France Socialiste (La Francia
Socialista ), de Mermeix, Paris, 1886.
Le
Socialiste, semanario fundado en París por Jules Guesde en 1885. Hasta
principios de 1902, era un órgano del Partido Obrero Francés; se convirtió en
el órgano del Partido Socialista de Francia desde 1902 a 1905 y del Partido
Socialista Francés desde 1905 adelante. Engels colaboró en el semanario en las
últimas dos décadas del siglo pasado. [Pág. 12]
[20] La traducción española apareció en El Socialista,
de julio a agosto de 1886 y también se publicó como folleto en ese mismo año.
El
Socialista, órgano del Partido Socialista Obrero Español, era una
publicación semanal que se publicó en Madrid desde 1885. [Pág. 12]
[21] Este axioma había sido planteado por Marx y Engels en
una serie de sus trabajos desde 1840. Las formulaciones a que aquí se refieren
pueden ser encontradas en los "Estatutos Generales de la Asociación
Internacional de los Trabajadores". [Pág. 13]
[22] Engels escribió este prefacio para la cuarta edición
alemana del Manifiesto que apareció en Londres en mayo de 1890, como una serie
de la Librería Socialdemocrática. Esta fue la última edición corregida por uno
de sus autores. Incluido en esta edición hay también un prefacio a las
ediciones alemanas de 1872 y 1883. Una parte del prefacio de Engels a esta
nueva edición ha sido reproducido también en un editorial titulado: "Una
nueva edición del Manifiesto del Partido Comunista", en el N.° 33 del 16
de agosto de 1890 del Der Sozialdemokrat, órgano del Partido
Socialdemocrático Alemán, como también en un editorial del Arbeiter-Zeitung,
N.° 48 del 28 de noviembre de 1890, conmemorando el 70 aniversario del
nacimiento de Engels. [Pág. 16]
[23] Engels se refiere a su prefacio a la edición alemana
de 1883. [Pág. 16]
[24] Este perdido original alemán del prefacio de Marx y
Engels a la edición rusa del Manifiesto fue encontrado finalmente. Al traducir
este prefacio del ruso al alemán Engels hizo algunas modificaciones en él.
[Pág. 16]
Pág. 83
[25] El Congreso de Ginebra de la Primera Internacional fue
llevado a cabo del 3 al 8 de septiembre de 1866. Asistieron a este congreso
sesenta delegados representando al Congreso General y a las diferentes
secciones de la Internacional como también a las sociedades de obreros de
Inglaterra, Francia, Alemania y Suiza. Hermann Jung fue el presidente.
Instrucciones para los delegados del Congreso General Provisional en diferentes
asuntos", de Marx, fue leído en el congreso como informe oficial del
Congreso General. Los proudhonianos; que eran dueños de una tercera parte de
los votos en el congreso, se opusieron a las "Instrucciones" de Marx
con un programa que abarcaba todos los rubros de la agenda. Sin embargo, los
defensores del Congreso General se impusieron en la mayor parte de los
problemas sometidos a discusión. El congreso adoptó seis de los nueve puntos
contenidos en las "Instrucciones" como sus resoluciones: sobre una
unión internacional de fuerzas, sobre la sanción legal de la jornada de 8 horas
de trabajo, sobre el trabajo de los niños y las mujeres, sobre la labor
cooperativa, sobre los sindicatos y sobre el ejército permanente. El Congreso
de Ginebra también aprobó los Estatutos Generales y Reglamentos Administrativos
de la Asociación Internacional de los Trabajadores.
El Congreso obrero de Paris -- El Congreso de Trabajadores de la Internacional
Socialista fue llevado a cabo en París del 14 al 20 de julio de 1889, y fue, en
realidad, el congreso para la fundación de la Segunda Internacional. Antes del
congreso los marxistas dirigidos directamente por Engels mantuvieron una
persistente lucha oponiéndose a los oportunistas franceses (posibilistas), y
sus partidarios en la Federación Socialdemocrática de Inglaterra. Los
oportunistas intentaban tomar en sus manos la preparación del congreso y
apoderarse de los puestos directivos y, en esta forma, impedir el
establecimiento de una nueva unidad internacional de las organizaciones
socialistas y las de obreros en base del marxismo. El congreso había sido
convocado bajo las circunstancias de ser partidos marxistas quienes dominaban.
Se abrió el 14 de julio de 1889, cuando se celebraba el centenario de la toma
de la Bastilla. Asistieron a este congreso 393 delegados de 20 países europeos
y americanos. Habiendo fallado sus intentos, los posibilistas convocaron un congreso
rival en Paris el mismo día para oponerse al congreso marxista Solamente unos
pocos delegados extranjeros asistieron al congreso de los posibilistas, y la
mayoría de ellos eran meros representantes ficticios.
El Congreso de Trabajadores de la Internacional Socialista escuchó los informes
hechos por los delegados de partidos socialistas sobre el
Pág. 84
movimiento
obrero de sus respectivos países, elaboró los principios básicos de una
legislación internacional de obraos; respaldó la demanda para la sanción legal
de la jornada de 8 hora de trabajo, y señaló los medios por los cuales los
trabajadores podían obtener sus objetivos. El congreso subrayó que era
necesario realizar la organización política del proletariado y luchar por la
realización de las demandas políticas de los trabajadores. El congreso propugno
la abolición de un ejército permanente y propuso que el pueblo fuera armado
universalmente. Pero, la más notable decisión hecha por el congreso, fue la de
apelar a todos los trabajadores de la Tierra para que consagraran el 1° de mayo
de cada año, como la fiesta internacional del proletariado. [Pág. 23]
[26] Engels escribió el prefacio en alemán, para la nueva
edición polaca del Manifiesto, que fue publicada en 1892 en Londres, por el Przedswit
(Amanecer ), editorial sostenida por los socialistas polacos. Después de
enviar el prefacio a la prensa Przedswit, Engels escribió el 11 de
febrero de 1892, una carta a Stanislaw Mendelson, diciéndole que le gustaría
aprender la lengua polaca para poder estudiar de cerca el desarrollo del
movimiento obrero polaco, de manera de poder escribir un prefacio mas detallado
en la próxima edición polaca del Manifiesto. [Pág. 24]
[27] La Polonia del Congreso -- una parte de Polonia, bajo
el nombre oficial del Reino Polaco, fue cedido a Rusia por decisión del
Congreso de Viena de 1814-1815. [Pág. 25]
[28] Este prefacio, originalmente titulado "A los
lectores italianos", fue escrito por Engels para la edición italiana del
Manifiesto, a pedido del líder socialista italiano Filippo Turati. Fue
publicado en un folleto en 1893 por la editorial de Critica Sociale, un
periódico teórico socialista de Milán. El Manifiesto fue traducido al italiano
por Pompeo Bettini y el prefacio de Engels por Turati. [Pág. 27]
[29] En muchos de sus trabajos, y particularmente en su articulo
"El espíritu de Erfurt en el año 1859", Marx planteó públicamente
esta idea: Los reaccionarios, que después de 1848 se consideraban como los
albaceas testamentarios exclusivos de la revolución, cumplirán inevitablemente
las exigencias revolucionarias aún cuando de tragicómica manera, como si esto
fuera una sátira de la revolución. [Pág. 28]
[30] En la edición inglesa de 1888, revisada por Engels, a
las palabras "éxito político" se ha añadido "de esta
clase". [Pág. 35]
[31] En la edición inglesa de 1888, a las palabras
"república urbana independiente" se ha añadido "(como en Italia
y en Alemania)", y a
Pág. 85
las palabras
"tercer estado tributario de la monarquía" las palabras "(como
en Francia)". [Pág. 35]
[32] En la edición alemana de 1890, en lugar de
"anteriores" dice "otras". [Pág. 37]
[33] En la edición inglesa de 1888, esta frase ha sido
omitida. [Pág. 39]
[34] En la edición alemana de 1872 y en las ediciones
alemanas posteriores de 1883 y 1890 las palabras "de la civilización
burguesa y" han sido omitidas. [Pág. 40]
[35] En sus escritos posteriores, Marx y Engels, en lugar
de "valor del trabajo" y "precio del trabajo", utilizaron
"valor de la fuerza de trabajo" y "precio de la fuerza de
trabajo", como también otros conceptos más precisos, anteriormente introducidos
por Marx. [Pág. 41]
[36] En la edición inglesa de 1888, en lugar de
"cantidad de trabajo" dice "dureza del trabajo".
[Pág.
42]
[37] En la edición inglesa de 1888 en lugar de esta frase
dice "Ellos dirigen sus ataques no contra las relaciones burguesas de
producción; sino contra los mismos instrumentos de producción".
[Pág.
43]
[38] En la edición inglesa de 1888, después de la palabra
"coaliciones" ha sido añadido "(tradeuniones)".
[Pág.
44]
[39] En la edición inglesa de 1888, en lugar de
"elementos de su propia educación" dice "elementos de su propia
educación política y general". [Pág. 45]
[40] En la edición inglesa de 1888, en lugar de
"elementos de educación" dice "elementos de ilustración y
progreso". [Pág. 45]
[41] En la edición inglesa de 1888, a las palabras "el
movimiento independiente" se ha añadido "y consciente".
[Pág.
47]
[42] En la edición inglesa de 1888, las palabras "la
acumulación de la riqueza en manos de particulares" han sido omitidas.
[Pág. 48-49]
[43] En la edición inglesa de 1888, en lugar de
"especiales" dice "sectarios". [Pág. 49]
[44] En la edición inglesa de 1888, en lugar de "el
sector más resuelto" dice "el sector más avanzado y más
resuelto". [Pág. 50]
[45] En la edición inglesa de 1888, en lugar de "la
explotación de los unos por los otros" dice "la explotación de la
mayoría por la minoría". [Pág. 51]
[46] En la edición inglesa de 1888, a las palabras "en
propiedad burguesa" se ha añadido "en capital". [Pág. 53]
Pág. 86
[47] En la edición inglesa de 1888, en lugar de
"elevarse a la condición de clase nacional" dice "elevarse a la
condición de clase dirigente de la nación". [Pág. 57]
[48] En la edición alemana de 1872 y en las ediciones
alemanas posteriores de 1883 y 1890, en lugar de "en el dominio de la
conciencia." dice "en el dominio del saber". [Pág. 58]
[49] En la edición alemana de 1890, las palabras
"dentro de unas formas" han sido omitidas. [Pág. 59]
[50] En la edición inglesa de 1888, a las palabras "se
sobrepasarán a sí mismas" se ha añadido "exigiendo ulteriormente
atacar al viejo orden social". [Pág. 59]
[51] En la edición alemana de 1872 y las ediciones alemanas
posteriores de 1883 y 1890, en lugar de "la oposición" dice "las
diferencias". [Pág. 60]
[52] En la edición inglesa de 1888, en lugar de este
artículo dice: "9. Combinación de la agricultura y la industria;
abolición gradual de las diferencias entre la ciudad y el campo, mediante la
distribución más equilibrada de la población en el país." [Pág. 60]
[53] En la edición alemana de 1872 y en las ediciones
alemanas posteriores de 1883 y 1890, en lugar de "las condiciones para la
existencia del antagonismo de clase y de las clases en general" dice
"las condiciones para la existencia del antagonismo de clase, y las clases
en general". [Pág. 61]
[54] Los legitimistas eran los sostenedores de la dinastía
de los Borbones que fueron destronados en 1830 y que representaba el interés
hereditario de los grandes terratenientes. En la lucha en contra de la dinastía
de Orleans, que fue sostenida por la aristocracia financiera y la gran
burguesía, una parte de los legitimistas frecuentemente recurrían a una suerte
de demagogia social y pretendían ser los protectores de la clase trabajadora en
contra de la explotación de la burguesía.
"Joven Inglaterra", un grupo de políticos ingleses y hombres de
letras que pertenecían al Partido Tory. Se organizaron a principios de 1840.
Los representantes de la "Joven Inglaterra" reflejaban el descontento
de la aristocracia de la tierra que se oponía al crecimiento de las fuerzas
económicas y políticas de la burguesía. Ellos recurrieron a métodos
demagógicos, con miras a poner a la clase trabajadora bajo su influencia y
usarla finalmente para combatir a los burgueses. [Pág. 62]
[55] En la edición alemana de 1848, en lugar de
"socialismo cristiano" dice "socialismo sagrado y actual".
[Pág. 63]
Pág. 87
[56] En la edición inglesa de 1888, este último párrafo
dice así: "Finalmente, cuando hechos históricos irrefutables desvanecieron
todos los defectos embriagadores de las falsas ilusiones, esta forma de
socialismo acabó en un miserable abatimiento." [Pág. 65]
[57] En la edición alemana de 1872 y en las ediciones
alemanas posteriores de 1883 y 1890, las palabras "sobre la sociedad
verdadera" han sido omitidas. [Pág. 66]
[58] En la edición inglesa de 1888 esta frase ha sido
omitida. [Pág. 66]
[59] En la edición inglesa de 1888, las expresiones
"pequeño burgués alemán" y "pequeña burguesía alemana" han
sido sustituidas, en el apartado relativo al socialismo "verdadero",
por las expresiones "filisteos alemanes" y "filisteo pequeño
burgués alemán". [Pág. 68]
[60] En la edición alemana de 1872 y las ediciones alemanas
posteriores de 1883 y 1890, en lugar de "corresponden a" dice
"provienen de". [Pág. 73]
[61] En la edición inglesa de 1888, en lugar de "Sus
tesis positivas referentes a la sociedad futura" dice "Las medidas
prácticas propuestas en ellas". [Pág. 73]
[62] En la edición inglesa de 1888, en lugar de "del
contraste entre la ciudad y el campo" dice "de la diferencia entre la
ciudad y el campo". [Pág. 73]
[63] Se refiere a los partidarios del periódico La Reforme,
órgano del Partido Socialista Democrático. Ellos propugnaban el establecimiento
de una república y llevar a cabo las reformas democráticas sociales.
[Pág.
75]