2.2 LA HERENCIA ROMANA
ROMANIZACION
Proceso de aculturación que experimentaron las diversas regiones conquistadas por Roma, por el que dichos territorios incorporaron los modos de organización político – sociales, las costumbres y las formas culturales emanadas de Roma o adoptadas por ella. En el caso correspondiente a la península Ibérica, fue de diferente intensidad según las zonas (mayor en el sur y este peninsulares) y se produjo en distintos momentos.
Fases de la romanización
El comienzo de este proceso data el año 218 a. de c., cuando las legiones de Ceneo Cornelio Escipión desembarcaron en Ampurias, en la cosa catalana, para enfrentarse con sus enemigos cartaginésse, ocupantes de las zonas costeras y de parte del interior. En una primera fase se procedió a la conquista militar (de la zona cartaginesa hasta el 206 a. de c., de la zona interior durante el siglo II a. de c. y del resto en el siglo I a. de c.), no exenta de dificultades debido al valor y ansia de independencia de los indígenas, con continúas rebeliones. En una segunda, iniciada cuando aún gran parte de lo que será Hispania no había sido conquistada, se procedió a una asimilación cultural del territorio. Esta no fue total en la últimas regiones sometidas ni siquiera en el siglo V cuando se debilitó la presencia romana presa de las invasiones bárbaras, a pesar de llevar 500 años de dominación (muchas veces más nominal que efectiva), debió al escaso interés por controlar y poblar zonas deprimidas y marginales.
Allí pervivieron estructuras gentilicias e idiomas, así como el sentimiento de identidad que permitía su supervivencia frente a los visigodos y el Islam, posibilitando el nacimiento de los futuros reinos y condados cristianos. Una de las consecuencias del prestigio de roma y delo romano será la aspiración a la ciudadanía, conseguida a duras penas por los indígenas a base de dinero o en premio a su fidelidad. Ello, junto a la suavización de los términos en que se acordaron las distintas rendiciones a manos de las legiones y el tiempo transcurrido desde aquellas, fueron creando un clima propicio a la aceptación de lo romano. Punta de lanza de todo esto fue la llegada de inmigrantes de origen romano e itálico, que se fueron estableciendo en ciudades, creando así focos tanto de difusión cultural como de control político y administrativo; Itálica (Sevilla), Corduba (Córdoba), Emerita (Mérida), Barcino (Barcelona), entre otros. La política colonizadora de Julio Cesar y de Augusto en el siglo I a. de c. fue el impulso definitivo a esta labor, iniciada tímidamente dos siglos atrás con la llegada de soldados y comerciantes, suponiendo ahora no sólo el asentamiento de veteranos de la legiones emparejados con las mujeres indígenas sino también nuevas remesas desde la propia Italia, en busca de nuevas tierras y mejores condiciones de vida. El clima de paz y la lejanía de los frentes bélicos contribuyó decisivamente a la mejora de la economía y, con ello, a la aceptación definitiva de Roma.
Un hito en el proceso romanizador fue la concesión por el emperador Vespasiano (69-79), del ius latín o derecho de ciudadanía latina, para todos los hispanos de origen indígena. Tal medida fue ampliada en el 212 por el emperador Caracalla al convertir a todos los habitantes libres del Imperio en ciudadanos romanos mediante la Constitución Antonianiana. En Hispania, para esas fechas casi toda la población se sentía romana.
Romanización –Encarta Microsoft Word-- 99
Elaboró: Lic. Rafael Alfonso Carrillo Aguilar