El Congreso de Viena
Después de la derrota Napoleónica se reunieron en Viena los representantes de casi todos los estados europeos para realizar una reorganización territorial de Europa y repartir las zonas de influencia entre las potencias vencedoras. Su intención es doble: reorganizar el mapa de Europa y asegurar la permanencia del régimen absolutista. Las grandes decisiones se adoptan en el "Comité de los Cinco", formado por las cuatro potencias: Inglaterra, Austria, Rusia y Prusia; a las que se une Francia, después de la restauración de los Borbones.
La dirección diplomática del Congreso la llevó el príncipe Maetternich, que intenta consolidar la hegemonía europea de los Habsburgo y organizar una alianza internacional para combatir las ideas nacionalistas y liberales que amenazan al restaurado orden europeo.
La reordenación territorial: Holanda y Bélgica son unidas en el reino de los países bajos; Italia sigue dividida en un gran número de estados; la Lombardia y el Véneto son adjudicados a Austria potencia que domina sobre toda la península. Los numerosos estados (mas de 300) que existían en Alemania antes de la invasión Napoleónica se reducen a 38, que forman una confederación bajo el dominio de Austria. Prusia obtiene ventajas territoriales en el norte de Alemania y Rusia recibe Finlandia, Besarabia y el gran ducado de Varsovia; Inglaterra conserva algunas posesiones como la isla de Malta, la Guyana y la Trinidad.
La Santa Alianza
La iniciativa del zar Alejandro I, se fundó en 1815 la Santa Alianza, integrada por Rusia, Austria y Prusia, con la finalidad de mantener una política basada en los evangelios. Tenía como fines defender la religión, la paz y la justicia, mantener el absolutismo como un régimen patriarcal de gobierno de los pueblos asumiendo el derecho de intervención militar contra toda clase de movimientos revolucionarios, liberales o nacionalistas. Si un Estado rompía con el orden establecido en Europa, las demás potencias tenían el derecho y el deber de restablecer la normalidad.
A esta alianza se unieron la mayoría de los estados europeos, con excepción de Gran Bretaña, los Estados Pontificios y Turquía. La ideología de la Santa Alianza se plasmó dentro de cada uno de los estados europeos en un aumento de la represión, disminución de la tolerancia y un mayor control policiaco y militar. A pesar de la represión, a las fuerzas conservadoras le resulta cada vez más difícil controlar el ascenso de las fuerzas revolucionarias, organizadas clandestinamente en sociedades secretas y, por ello, la primera mitad del siglo XIX no es solamente la época de la restauración, sino que lo será también del liberalismo, el nacionalismo y las revoluciones burguesas.
Wesley Longman Addison, Historia Universal, México, pp. 105, 106, 108.
Brom Juan, Esbozo de Historia Universal., México, Grijalvo, 1973, págs. 193, 194. 12/06/00
Elaboró: Lic. Rafael Alfonso Carrillo Aguilar