SOCIALISMO, LIBERTAD, DIRECCION (Cápitulo XII)

Réplica al profesor Hayek, Por Rómulo Bogliolo

HACIA UN MUNDO MEJOR

La inútil retórica del profesor Hayek no ha podido demostrar lo que se proponía: la inutilidad del socialismo como solución de los problemas colectivos. Por eso, consciente de su impotencia, no acierta con otro término que "tontería humana" para calificar los esfuerzos que "últimamente" han "embarazado" nuestro camino.

Pero olvida que el problema es viejo. Serán nuevas las formas de acción, pero seculares las aspiraciones a un mundo mejor. La planificación no ha conducido a guerra alguna, pese a la insistencia en sostenerlo, si bien pudo decir, con más propiedad, que Hitler planificó la economía alemana para organizar la guerra de agresión. Y entonces habría dado razón a los que sostenemos que la economía dirigida permite aumentar la producción en forma adecuada a los fines perseguidos. Oriéntesela hacia el bien y el resultado será extraordinario.

Debemos crear condiciones favorables para el progreso, pero ¿cómo hacerlo?. ¿Retornando a la libertad de usar y abusar?. ¿Poniendo otra vez en manos de los poderosos la vida colectiva?. Porque esa solución significaría anular los resultados de más de un siglo de conquistas sociales, que han permitido elevar el nivel de existencia, pese a las "libertades" tan caras al ilustre profesor. ¡Crear un mundo libre!. Bellas palabras sin sentido cuando el monopolio capitalista reduce a la personalidad humana a simple número de la serie económica. Porque la libertad no es el derecho de gastar un salario ni de gozar de aquella "libertad de elección" en el trabajo, sino la posibilidad de obtener ese salario o esa ocupación. Y la generosa disposición adelantada por nuestro autor a un salario mínimo, al vestido "para preservar la salud", sin otro móvil más digno y elevado, indica que todavía pretende ver a los humanos luchando entre sí movidos únicamente por sus instintos primarios, por sus apetitos animales. Esa "libertad" es conocida en la historia como la lucha de clases, que el socialismo desea abolir, es el sometimiento de la mayoría a la minoría privilegiada.

Puede, presentarse la cuestión en los términos que se desee. Pero con ello no se cambia su esencia. El hombre será libre cuando esté liberado del temor a la miseria, a la inseguridad. Dejar la producción y distribución de las cosas y servicios al arbitrio de quienes sólo producen para el enriquecimiento, es perpetuar la opresión y preparar el camino al fascismo. Así se traba el progreso, impidiendo la expansión general de las fuerzas productivas. En cambio, con una organización social donde estén aseguradas las condiciones elementales se tendrá la oportunidad y posibilidad de alcanzar la satisfacción de las necesidades superiores. El socialismo será el coronamiento de la evolución económica y el nacimiento de la verdadera libertad.

Es que la idea socialista es la síntesis de la humana aspiración a un mundo mejor. Y el socialismo democrático, instrumento de una acción esclarecida, permite darle a la clase trabajadora la seguridad de que el sentimiento de dignidad humana que viene elaborándose entre los humildes podrá cristalizar en una empresa de contornos siempre más altos, en una etapa más del eterno progreso. Así, el socialismo será como el joven griego que en las lampadoforias en honor de Minerva recibía de otras manos la llama ardiente y la llevaba encendida e intacta al lugar sagrado, que será el altar de la Libertad.

Integró: Lic. Rafael Alfonso Carrillo Aguilar

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