5.3 Crisis Económica y Proyecto Neoliberal

CONCLUSIÓN

Ningún análisis sobre las condiciones históricas generales de la segunda mitad del siglo XX mexicano podría ser completo, sin incluir al menos unas palabras sobre dos cuestiones que terminan por resultar enigmáticas. Primero, lo que habría que llamar la mecánica del consenso: ¿Cuáles son los elementos que han permitido vivir en paz a una sociedad tan desigual como la mexicana,una sociedad cuyo notorio desarrollo económico no ha podido paliar y a veces ha ahondado esas desigualdades?¿ Cómo ha podido sostenerse este consenso en la base de la sociedad dentro de un sistema que no parece capáz de responder a las necesidades elementales de la mayoría de esa sociedad?

Hay razones históricas y razones institucionales. En el trasfondo de este enigma de la paz mexicana, podría quizás encontrarse la persistencia de una cultura política colonial, en la cual los privilegios y las desigualdades son vistos, en la cúpula tanto como en la base de la pirámide, como "naturales". Hay elementos de esa misma cultura que se repiten en el siglo XX mexicano, y que quizá ayudarían a explicar algunas de las mecánicas del consenso. Hay primero, él habito de un tutelarismo autoritario en donde el poder se presenta como una instancia venerable, indesafiable y superior, destinada a proteger al pueblo, y el pueblo como una especie de masa inerte y siempre en situación de ser redimido. Segundo, hay una tradición corporativa según la cual toda gestión, todo derecho o toda demanda tiene de alguna manera que procesarse corporativamente: el ciudadano individual no cuenta, sino que cuenta su inserción en algunos de los eslabones de representación o privilegio.

Junto a esta herencia colonial o mezclado con ella, hay un notable establecimiento burocrático de apariencia moderna que, en efecto, va resolviendo cosas concretas y satisfaciendo demandas elementales, día con día. Pasado y presente forman así como un cruce de hábitos, leyes y costumbres en cuyas entrañas, arcaicas y modernas a la vez, se pacta y se impone el consenso.

El otro enigma tiene que ver más directamente con la franja temporal del presente, y es lo que habría que llamar la mecánica de la inercia. El establecimiento posrevolucionario se ha ido desgastando lentamente, vive, como hemos apuntado reiteradamente, una gran transición. Incluso de una de sus piezas fundamentales, la institución presidencial, eje del sistema que sin embargo sufre un embate de desprestigio social y recelo ciudadano, vienen ahora propuestas ajenas a la tradición y a las costumbres que suponemos características del sistema político mexicano. Paralelamente, el país cambia su facha territorial,aparece con una extraordinaria rapidez un nuevo norte de México, sujeto cada día con más claridad, a un proceso de reindustrialización y a la integración con Estados Unidos. Ese proceso no tiene mucho que ver con el viejo norte industrial que fue orgullo y vanguardia del milagro mexicano en los años cincuenta y sesenta. Es otro proceso.

Mientras el auge productivo recorre la frontera y se instalan plantas que trabajan directamente para el mercado norteamericano, el Grupo Alfa, vanguardia de la antigua burguesía norteña industrializadora, no sólo no puede liderear a nadie, sino que con trabajos va a sobrevivir. El país está en crísis, pero en ese nuevo norte hay auge productivo y de empleo –como en Monterrey, su antiguo centro económico–, mientras el sur no petrolero se hunde en la reiteración de su marginidad y crece a un ritmo distinto.

Resulta una paradoja histórica de gran densidad el hecho de que las exigencias objetivas de la producción, el desarrollo económico y la pluralidad social estén golpeando las únicas fórmulas conocidas que tienen la sociedad y el Estado para manejarse y para organizarse. Ese es el conflicto en profundidad que caracteriza nuestra transición, una transición que, sin embargo, va cayendo cada vez más del lado de allá, de lo que ya viene, y cada vez menos del lado de acá, de lo que está dejando de ser. No se trata ciertamente de un proceso de días ni de semanas, sino de años y a lo mejor de décadas, pero la sociedad mexicana acude al término de un acuerdo fundamental consigo misma, un verdadero cambio de época que hace convivir en nosotros a la vez el desconcierto y la necesidad de cambio, el peso inerte del pasado y el clamor imantado e indefinido del futuro (Aguilar Camin Héctor y Lorenzo Meyer, A la Sombra de la Revolución Mexicana, México, Editorial Cal y Arena, 1996).

RAFAEL A. CARRILLO AGUILAR

 

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