5.3 Crisis Económica y Proyecto Neoliberal

La sustitución del Estado por el mercado: la industrialización y el fomento de exportaciones en el contexto de los cambios económicos mundiales

La nueva política industrial

La puesta en marcha del nuevo modelo económico descansaba sobre todo en la reorientación de la política industrial hacia una concepción distinta de la que surgieron las políticas del modelo de sustitución de importaciones, consideradas como principales causas de la crísis económica iniciada al comienzo de la década de los ochenta, debido a la excesiva orientación hacia el mercado interno. En consecuencia, la nueva política industrial, aplicada en México desde 1986, tenía como principal objetivo eliminar los instrumentos de la política proteccionista, con el supuesto de que "la economía de mercado es el camino más efectivo para promover el desarrollo económico del país y el bienestar de su población" (Sánchez Ugarte Fernando, La política industrial ante la apertura, p. 49).

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En el proceso hacia el nuevo modelo económico, que reemplazaría al de sustitución de importaciones, hubo un periodo de transición, entre 1984 y 1988, durante el cual fue aplicado el Programa Nacional de Fomento Industrial y de Comercio Exterior (Pronafice). Más tarde, en 1990, el gobierno de la República presentó por medio de la SECOFI, el Programa Nacional de Modernización Industrial y del Comercio Exterior, 1990–1994 (Pronamice) en el que se establecían las directrices concretas de la nueva política industrial.

El Pronamice se basaba en la consideración de que el modelo de sustitución de importaciones había causado el bajo desempeño del sector manufacturero en materia de crecimiento y empleo, al impedir que dicho sector fuera lo suficientemente competitivo como para integrarse en la economía mundial. En condiciones de una economía cerrada a la competencia con el exterior, el proceso de industrialización había generado altos costos, bajos niveles de calidad, rezago tecnológico y una asignación ineficiente de recursos. Además, las regulaciones excesivas u obsoletas impusieron costos elevados e innecesarios a los inversionistas, desalentando la productividad. Se consideraba ahora que, al exponer a los productores de bienes manufacturados a la competencia internacional, estos se obligarían a ser más eficientes y competitivos en la elaboración de productos que, además de no encontrase en desventaja frente a las importaciones, fueran lo suficientemente atractivos, en calidad y precio, para tener aceptación en el mercado exterior.

En consecuencia, el Pronamice proponía una nueva estrategia de desarrollo, basada en dos principios fundamentales:

  1. el fortalecimiento de la oferta y la demanda en la asignación de recursos, y
  2. la limitación de la función del gobierno a establecer un ambiente favorable para el desarrollo de las empresas privadas, garantizando la existencia de estructuras de mercado competitivas capaces de asegurar una asignación eficiente de los recursos y una alta productividad.

En base a tales principios, las líneas de acción de la nueva política industrial serían: la consolidación de la apertura comercial y la desrregulación económica.

En conclusión, el Pronamice se orientó a perfeccionar y afinar el régimen de libre comercio, mediante las siguientes acciones:

  1. Eliminación de regulaciones excesivas u obsoletas, para crear a cambio un nuevo marco regulatorio capaz de reducir las barreras a la inversión y a las importaciones, así como prevenir las prácticas monopólicas.
  2. Promoción de las exportaciones, con base en la eliminación de obstáculos que redujeran la capacidad y el ánimo exportador, a través de acciones en las que participen los exportadores.
  3. Promoción del desarrollo tecnológico, considerando que el sector industrial debía definir sus necesidades tecnológicas en función del mercado, el Estado se limitaría a promover los mecanismos necesarios para impulsar dicho desarrollo.
  4. Promoción de la inversión . El Pronamice establecía un programa especial de estímulo a fin de que la inversión privada, nacional y extranjera se convirtiera, junto con el sector exportador, en el motor del crecimiento industrial.
  5. Promoción de las empresas, pequeñas, medianas y de nivel micro. El Pronamice consideraba que estas empresas debían ser objeto de un programa especial de apoyo en virtud de la situación de desventaja que presentaban frente a los mercados.
  6. Promoción de productividad y competitividad del aparato industrial, de acuerdo con un enfoque sectorial cuyo objetivo era identificar y resolver los problemas que obstaculizaban el ajuste de los sectores sociales, al nuevo esquema de precios resultante de la apertura y el libre juego de la oferta y la demanda. (Clavijero Fernando y Susana Valdivieso, La política industrial de México, México, Fondo de Cultura Económica, 1994, p. 33–38).

La producción industrial en el periodo 1989–1994

Durante el sexenio salinista la nueva política industrial mostró efectos favorables sobre todo en el primer año del periodo, cuando el crecimiento de la producción manufacturera pasó de 3.2 % en 1988 a 7.2 % en 1989. Entre este último años y 1992 creció a una tasa promedio anual de 4.9 % y, aunque en 1993 disminuyó 1.5 %, el promedio global del periodo fue de 3.6 % (muy cercano al total del PIB, de 3.5 %), marcando una significativa diferencia con el correspondiente al sexenio de Miguel de la Madrid, que fue de 0.88 %.

También aumentaron y se diversificaron considerablemente las exportaciones de productos industriales. Mientras que en 1987 las exportaciones petroleras representaban alrededor de 31 % de las exportaciones totales, para 1993 equivalían tan sólo a 14 %. En cambio, en el mismo lapso, las exportaciones manufactureras ascendieron de 61 % a 80 % del total. Pero las importaciones crecieron más rápidamente que las exportaciones. La entrada de capitales impulsaba por la apertura comercial trajo consigo un aumento considerable de la entrada de productos manufacturados, sobre todo de Estados Unidos, llegando a duplicarse éstos en el lapso 1985–1993, de 3.2 % a 6.5 %.

La internacionalización de la producción industrial mexicana incluyó también la evolución de la industria maquiladora; durante el periodo 1989–1993 alcanzó tasas medias de crecimiento anual de 9.4 % en el número de establecimientos y de 7.1 % en la generación de empleos.

RAFAEL A. CARRILLO AGUILAR

 

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