BIBLIOGRAFIA COMENTADA DE LA MATERIA

HISTORIA DE MEXICO II

GALEANA DE VALADES PATRICIA

"Entre dos Guerras", "La invasión Extranjera", "El Proyecto Conservador Monárquico", "La Aventura Imperial", "El Imperio Liberal y la Resistencia Republicana", "El Principio del Fin" y "El Triunfo de la República" en: México y su Historia, Tomo 7, , México, UTEHA, 1984, pp.917-922, 923-930, 931-944, 945-955, 956-963, 964-967 y 969-977

Hrs

TEMATICA

OBJETIVOS EDUCATIVOS

ESTRATEGIAS DE ENSEÑANZA APRENDIZAJE

3

5.5 La intervención francesa, el Segundo Imperio y liberalismo triunfante: 1862-1876

El gobierno de Juárez, la moratoria de la deuda y las relaciones con los Estados Unidos

Las potencias europeas y su intervención en México

La invasión francesa y el Imperio de Maximiliano

 La República Restaurada: los gobiernos de Juárez y Lerdo

 Sociedad y vida cotidiana en México de 1857 a 1976

El alumno:

  • Identificará las causas de la intervención francesa en México y el triunfo de la República Liberal
  • Tarea:

  • Integrar un cuadro sinóptico que describa el intervencionismo europeo en México en 1862
  • Resumen breve (dos cuartillas) que describa la vida cotidiana en México durante la Reforma y el Segundo Imperio.
  • Discusión y análisis de los trabajos en clase para:

  • Identificar las características de la intervención francesa, el Segundo Imperio y el triunfo liberal.
  • Conocer las características de la vida social en México de 1857 a 1876
  • 3

    5.6 Cultura y sociedad en la formación del Estado Nacional 1821-1876

     Nacionalismo liberal y nacionalismo conservador. Los testimonios de la época: novela, crónica y periodismo

     Europa y su influencia sobre el arte mexicano: entre el academicismo y el nacionalismo

     Sociedad y vida cotidiana en la época de la Reforma y el Segundo Imperio

    El alumno:

  • Identificará la estructura social, vida cotidiana y principales manifestaciones culturales de 1821 a 1876
  •  

    Lectura recomendada para la Quinta Unidad: Estado y Sociedad en México. De la Construcción de la Nación al Triunfo del Liberalismo 1821-1876. 5.5 La Intervención Francesa, el Segundo Imperio y el liberalismo triunfante: 1862-1876 y 5.6 Cultura y sociedad en la formación del Estado Nacional 1821-1876

    Esta importante obra, coordinada por Teresa Franco, presenta una panorámica de la historia nacional en la que se conjuntaron los esfuerzos de importantes investigadores. Su factura está realizada en una tipografía clara y con abundantes recursos gráficos, tanto de imágenes como de mapas y líneas del tiempo, en una agradable policromía. Dirigida al gran público, ofrece contenidos accesibles para los estudiantes del nivel. El Tomo 7 1855-1867 ¿Monarquía o República?, estuvo a cargo, de Patricia Galeana de Valades, la autora citada.

    Señala la autora, que Juárez recuperó la capital y fue reconocido por el Congreso como Presidente (había ocupado el interinato desde la renuncia de Comonfort en 1857); su primer acto de gobierno fue ordenar la expulsión de los extranjeros intervencionistas, entre ellos el delegado apostólico, el arzobispo y algunos obispos, los embajadores de España, Guatemala y Ecuador, al mismo tiempo que recibía a los embajadores de Inglaterra, Francia y Prusia.

    Los conservadores, ahora dirigidos por Zuloaga, Márquez y Mejía continuaron una guerra de guerrillas, apoyados en la insurrección indígena de Manuel Lozada, causando mucha destrucción y cometiendo asesinatos entre ellos los de Melchor Ocampo, Santos Degollado y Leandro Valle.

    Otros liberales atacaron la autoridad de Juárez, quien había gobernado sin consultar a nadie durante la guerra, lo que llevó a que parte del Congreso pidiera su destitución. Juárez se enfrentó a las secuelas de la guerra, con un país sin recursos y acosado por los acreedores, con lo que estableció la reducción de aranceles para impulsar el comercio, suprimió las alcabalas o aduanas internas y se acuñaron monedas de cobre, y por último, siendo la más grave, se suspendió el pago de la deuda externa por decreto del 17 de junio de 1861, lo que causó el rompimiento de relaciones por parte de Inglaterra y Francia, a los que se unió España, que no reconocía al gobierno juarista.

    Estos países realizarían una convención en Londres, en octubre de 1861, a la que no acudieron representantes norteamericanos, ya que habían entrado en la Guerra de Secesión, que duraría hasta 1865; los gobernantes europeos: Victoria de Inglaterra, que iniciaba el imperialismo inglés, Napoleón III y la hija de Fernando VII, Isabel II, buscaban expandir su presencia en el mundo; sin embargo se acordó no intervenir en los asuntos internos de México y asegurar el pago de sus adeudos, por lo que enviaron un ejército tripartito de intervención, aprovechando que los norteamericanos no podrían invocar la doctrina Monroe por su guerra civil.

    En octubre de 1863, la comisión mexicana conservadora llegó a Miramar para ofrecer el trono del imperio mexicano a Maximiliano de Habsburgo, hermano del emperador de Austria Francisco José; la comisión estaba encabezada por el sacerdote Francisco Javier Miranda, el General Adrián Wolf, José María Gutiérrez de Estrada, José Manuel Hidalgo, Joaquín Velázquez de León e Ignacio Aguilar.

    Napoleón III era el artífice de este enredo, después de haber apoyado la liberación del Piamonte de Austria, buscaba reconciliarse con este emperador, colocando a su vez a un títere en el trono del imperio mexicano, que sirviera para la expansión francesa en América, aprovechando que los norteamericanos enfrentaban una guerra civil.

    Maximiliano con profundas raíces liberales, que le habían costado renunciar a cargos que su hermano le había comisionado en Italia al apoyar la unificación de la península, solicitó a la comisión mexicana que le brindaran cartas de adhesión de los ciudadanos de ese país para poder aceptar ser su emperador; los conservadores procedieron a conseguirlas entre las poblaciones ocupadas por las tropas francesas, que lo convencieron de aceptar el ofrecimiento en febrero de 1864.

    Los Tratados de Miramar entre Maximiliano y Napoleón III, firmados ese año, establecían que las tropas francesas apoyarían el imperio mexicano y abandonarían México, una vez que el emperador formara su propio ejército nacional; con lo que los mercenarios de la Legión Extranjera permanecerían en el país por seis años, por supuesto a costa del erario mexicano; los oficiales franceses estarían siempre sobre los imperiales y el mando a cargo del comandante francés, formalizando el papel de "títere" del emperador, dependiendo del emperador de los franceses.

    El costo de la expedición se consideró en 70 millones, hasta julio de 1864, y después de esa fecha el gobierno mexicano pagaría 1,000 francos anuales por cada soldado francés. Para asegurar el pago, el imperio entregaría 66 millones en títulos de empréstito, como obligaciones de pagarés y 25 millones en efectivo; además de tener que pagar todas las indemnizaciones que fueran necesarias a los súbditos franceses por motivo de daños de guerra. Como acuerdo secreto, Maximiliano apoyaría totalmente al comadante francés en política interior y exterior; era claro que llamarlo emperador era únicamente en el papel de patiño de los intereses expansionistas de Napoleón III en América.

    Maximiliano buscó el apoyo papal ante Pío IX, quien le recordó que la potestad eclesiástica estaba encima de la civil y que debería comportarse como un príncipe católico, lo que lo colocaba como marioneta de la política de la Iglesia y del Papa romano.

    El gobierno de Juárez, que había logrado un acuerdo con los ingleses y españoles para el pago de la deuda, contempló el avance francés desde Veracruz hacia México, lo que generó la salida de la capital y el Ejecutivo de la nación, después de la captura de Puebla por los franceses, volvía a estar en la levita y el carruaje de Juárez, primero en Saltillo, luego en Monterrey, pasando por Chihuahua y Paso del Norte, negándose el Presidente a abandonar el país.

    Maximiliano el ingenuo escribió a Juárez durante su viaje, invitándolo a colaborar con su gobierno; arribó a Veracruz en mayo de 1864, sin que existiera ninguna recepción lista para recibirlo. Al llegar a la capital fue recibido en una recepción magnífica y formó, como era de esperarse, un gabinete dividido: por una parte el particular, formado por extranjeros de toda su confianza, y otro de mexicanos bajo el poder de los extranjeros.

    Entró en conflicto inmediatamente con los conservadores, primero ejerciendo el Patronato Eclesiástico al llamar a cuentas al obispo de Querétaro; prosiguió con una conducta no aceptada por sus aliados mexicanos al vitorear a Hidalgo en la celebración de la Independencia, enfrentándolos ya que ellos no reconocían más héroe que Iturbide, y alejando a los generales mexicanos conservadores, ya que Miramón fue enviado a estudiar a Prusia y Márquez fue enviado como embajador a Tierra Santa; con lo que el emperador dependió completamente del ejército francés y de su comandante.

    En diciembre llegó el nuncio papal, que recibió la propuesta del emperador del restablecimiento del Regio Patronato como atribución de un príncipe católico, a lo que anexó la imposición por su gobierno de todas las leyes reformistas como la libertad de cultos, la supresión del fuero eclesiástico, la nacionalización de las propiedades eclesiásticas, el establecimiento del registro civil y la secularización de los cementerios; era claro que él era un liberal, con lo que entró en conflicto con el Papa y sus ministros, y el nuncio abandonó el país.

    Los obispos de México, Michoacán, Oaxaca, Querétaro y Tulancingo escribieron un manifiesto oponiéndose a las leyes imperiales liberales, a lo que Maximiliano contestó que sus actos sólo los juzgaría Dios. La lucha era clara, el propio emperador y el capellán francés, el abate Testory, consideraban a los clérigos mexicanos como retrógrados. Para el emperador los funcionarios judiciales mexicanos eran corruptos, los oficiales del ejército mexicano imperial no tenían honor y los curas nacionales carecían de carácter cristiano, e incluso Carlota, su mujer, hija del emperador Belga, se jactaba de que la reforma del emperador sería más radical que la de Juárez.

    Para proteger a los indígenas se suprimieron los castigos corporales, se redujo la jornada de trabajo, se suprimieron las tiendas de raya y el pago en especie, con lo que se decretó la liberación de los peones acasillados; se dotó a los pueblos de tierras usando los terrenos baldíos, se prohibió la leva y se promulgó un código civil y se fortaleció el ayuntamiento; además de implantar el sistema métrico decimal. Dentro de sus acciones negativas, promulgó una ley de inmigración que abrió las puertas a los sureños norteamericanos derrotados en 1865, que podían entrar al país con todo y esclavos, repitiendo el error de Iturbide con Austin.

    Para octubre de 1865, considerando que los juaristas estaban derrotados, ya que el imperio controlaba casi todo el país, decretó una ley de pena de muerte para los insurrectos, que debían ser tratados como bandidos. La situación era critica, Doblado, González Ortega y Vidaurri le pidieron a Juárez que renunciara, para hacer la paz con los franceses. Lo que verdaderamente agravaba el problema, era que desde el 1 de diciembre de 1865, ya no era legalmente presidente; al continuar en el cargo, invalidaba la Constitución, porque debería sucederle el Presidente de la Suprema Corte de Justicia. Sin importarle, se mantuvo en el poder con el apoyo de los generales Mariano Escobedo, Porfirio Díaz y Ramón Corona, permaneciendo en su refugio de Chihuahua, bajo el cobijo de los caciques Luis Terrazas y Angel Frías.

    Con la terminación de la guerra civil en los Estados Unidos, de inmediato y con el espíritu de la Doctrina Monroe, apoyó Lincoln a Juárez, ofreciéndole créditos a cambio de la concesión de dos ferrocarriles; uno de Paso del Norte (Cd. Juérez) a Guaymas, y otro de Matamoros a Mazatlán, de acuerdo con el anteriormente rechazado Tratado de McLane Ocampo; los norteamericanos se adjudicaban el derecho de tránsito en la frontera norte de México, además de fraccionar terrenos en Baja California. Juárez con estos recursos formó el Ejército del Norte al mando de Mariano Escobedo, e inició la reconquista del territorio nacional.

    Para el inicio de 1865 se agotó el dinero francés, con lo que ascendió la deuda del imperio con Francia a 500 millones de pesos, al mismo tiempo que Napoleón III iniciaba el retiro de sus tropas, violando los Tratados de Miramar, ante una inversión que parecía no rendir frutos; por otro lado tenía la advertencia norteamericana de suspender su intervención en América y la amenaza prusiana que amenazaba a Francia, por lo que buscó ser sustituido por Austria en México, lo que fue impedido por los norteamericanos.

    Maximiliano imploró a Napoleón III sin resultados, recibió la negativa de su hermano, la muerte de su suegro le impidió el apoyo Belga y el Vaticano no quería saber nada de él, por lo que tuvo que buscar cobijo entre sus aliados conservadores mexicanos, para lo cual suspendió todas sus reformas; ante el desastre inminente, lo único que recibió fue la recomendación de Napoleón III de que debía abandonar México.

    El emperador organizó lo que pudo y se dispuso a enfrentar a los juaristas que ocupaban cada terreno que abandonaban los franceses en su retirada hacia Veracruz, por lo que el enfrentamiento final se daría en Querétaro, en contra del Ejército del Norte de Escobedo, mientras que desde Puebla Porfirio Díaz se lanzaba sobre la capital. Perdió en combate ámbas plazas, fue capturado y condenado a muerte junto con Miramón y Mejía, siendo fusilado en el Cerro de las Campanas, lugar en donde se levanta actualmente la Universidad Autónoma de Querétaro.

    ELABORO: HUMBERTO DOMINGUEZ CHAVEZ

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