Cuando
fui a aquella casa de placer
no me quedé frente a las habitaciones donde se
celebran,
con cierto decoro, las aceptadas modas del amor.
Entré en las habitaciones secretas
y recorrí sus camas y me acosté en ellas.
Entré en las habitaciones secretas
que se considera incluso vergonzoso nombrar.
Pero no para mí… pues si así fuera,
¿qué clase de poeta, qué clase de artista sería?
preferiría ser un asceta. Eso estaría más de
acuerdo,
mucho más de acuerdo con mi poesía,
que encontrar para mí placer en las habitaciones
vulgares.