Lo verdaderamente excepcional en él
es que a pesar de su vida disoluta
y de su larga experiencia en el amor,
sin que su aspecto dejase de estar
perfectamente acorde con su edad,
había momentos -aunque ciertamente
raros- en que daba
la impresión de una carne casi intacta.
La belleza de sus veintinueve años
que tanta voluptuosidad provocara,
recordaba de pronto extrañamente
a un efebo que –con cierta torpeza- al amor
por vez primera rinde su cuerpo intocado.