Naturaleza del uso de coca�na intravenoso en la Argentina


Hugo M�guez.
Investigador independiente
Consejo Nacional de Investigaciones Cient�ficas y T�cnicas.

In this paper, by means of interviews carried out with intravenous cocaine users, initial levels of consumption for different substance groups are studied. Key topics related to HIV transmission, since sexual relations without control under the effects of not injectable drugs until infection by needles and syringes exchanges, are considered. Moments, reasons and nature that define intravenous cocaine use, like money searching, consumer setting and later consequences, are described. Likewise, flash experience and relation between death anxiety and pleasure in each consumer�s session are presented. Preventive messages contents according to serologic status and drug use pattern are discussed.

Sobre entrevistas realizadas en usuarios de coca�na por v�a intravenosa se estudian los niveles de iniciaci�n en diferentes grupos de sustancias. En los mismos se consideran los puntos claves relacionados con la propagaci�n del VIH desde el descontrol sexual bajo efectos de las drogas no inyectables hasta el contagio por el intercambio de agujas y jeringas. Asimismo se detallan los momentos y naturaleza que define el uso intravenoso de la coca�na desde la b�squeda de dinero, la sesi�n de drogas y las consecuencias posteriores. Se analizan aspectos ligados con la experiencia de flash y la relaci�n con la ansiedad de muerte y el placer en cada sesi�n de drogas. Se establecen observaciones para el mensaje de prevenci�n seg�n el segmento de usuarios de drogas y su condici�n serol�gica.

Publicado en Acta Psiqui�trica y Psicol�gica de Am�rica latina
Buenos Aires. Marzo de 1998. Vol.44.N�1

Niveles del uso indebido de drogas
(Los textos de los entrevistados se encuentran en la publicaci�n gr�fica)
Primer nivel
En el grupo de entrevistados la primera sustancia psicoactiva de la que se abus� es la bebida alcoh�lica. Utilizada fundamentalmente por su efecto farmacol�gico apareci� en el inicio de la adolescencia ligada a situaciones sociales y personales conflictivas. La manipulaci�n por medio del alcohol, del estado de �nimo y del comportamiento, se presenta en estos casos como un modelo de adaptaci�n social que parte de reducir o anular la expresi�n emocional de los conflictos. Esta primera relaci�n con las sustancias psicoactivas y con los conflictos , ampliamente extendida y aceptada culturalmente, pas� a integrar un patr�n de comportamiento habitual sin que se presenten muestras de haber sido percibido como problema sino como parte de una manera general de ser. De esta manera el abuso de bebida alcoh�lica se instal� dentro de la adolescencia y la no participaci�n en �l fue una disidencia que amenaz� con la marginaci�n dentro del grupo de sus propios pares.
Esta situaci�n desde lo individual y desde el medio cultural encontr� refuerzo desde el propio mercado de bebidas alcoh�licas donde abundan las referencias expl�citas al grupo de menores de edad como un segmento econ�mico definido dentro del mercado de la cerveza por parte de las agencias de publicidad de productores y distribuidores. Estos datos son significativos si se considera que en relaci�n con el abuso de drogas intravenoso no se encontraron referencias de casos que hubiesen llegado al uso de drogas inyectadas sin haber pasado antes por el abuso alcoh�lico.
Segundo nivel
En este nivel se hall� la iniciaci�n con psicof�rmacos mezclados con bebida alcoh�lica, el uso de pegamentos y la aparici�n de las primeras sustancias ilegales como es el caso de la marihuana y la coca�na bebida con alcohol o aspirada no inyectada. La b�squeda de los entrevistados se orient� en esta etapa hacia asociaciones con grupos con un perfil definido de fuerza y agresividad capaces de traspasar los l�mites por medio de las drogas il�citas. El consumo de sustancias estuvo asociado a circunstancias sociales y vari� de la marihuana a la coca�na seg�n el caso. Por ejemplo la b�squeda de esta �ltima como estimulante en situaciones de fiesta. Sin embargo tambi�n se registr� que en la medida que el uso, por ejemplo de marihuana, se extend�a al punto de normalizarse, en muchos �mbitos se desdibujaba como transgresi�n perdiendo nitidez los l�mites entre el segundo y primer nivel. Este proceso es descripto por vecinos y l�deres comunitarios.
En este nivel se inici� tambi�n la exploraci�n de diferentes sustancias y combinaciones aunque finalmente casi la totalidad adopt� la coca�na aspirada como droga eje sobre las que van a girar todas las dem�s. Este consumo se relaciona con un importante mercado ilegal que dentro de algunas zonas de pobreza constituye una de las pocas alternativas de ingreso dando lugar a una importante red de usuarios y vendedores locales.
Tercer nivel
El abuso de drogas intravenoso marc� en todos los casos un cambio definitivo y sin retorno con los niveles anteriores. Su inicio es referido como una b�squeda de mayores sensaciones y como un salto hacia lo que se visualiza como los grupos m�s duros en materia de drogas. Una vez experimentada la primera sensaci�n de flash, la b�squeda del joven se redujo exclusivamente a la compulsi�n irrefrenable de sentirlo nuevamente.
El uso intravenoso marca una frontera no s�lo con los que no se drogan caretas sino con los que solamente aspiran la coca�na. La diferencia del tomar aspirar al ponerse inyectarse en todos los casos fue un corte definitivo con lo vivido hasta ese momento. Los v�nculos con los compa�eros de drogas queda reducido a los aspectos m�s instrumentales como asegurarse la provisi�n, lograr un lugar seguro para inyectarse y tener el control de las ansiedades que se despiertan todo el tiempo. A diferencia de lo que ocurr�a con el tomar la coca�na, que era vista como un facilitador de otras situaciones, en el ponerse no hay otra cosa que la propia droga inyectada. Se ha pasado de utilizarla como un medio para transformarse en un fin. As� la sexualidad desaparece y la pareja, cuando se mantiene, se transforma en una asociaci�n que cumple con ayudarse mutuamente en inyectarse o en controlar las situaciones de riesgo. Situaci�n que expresa la r�pida instalaci�n de la dependencia con el uso inyectable.
En la mayor�a de los casos el alcohol fue un facilitador de la iniciaci�n venciendo el miedo de los entrevistados a inyectarse y tambi�n, fue la forma de controlar los efectos estimulantes de la coca�na. El uso de m�ltiples sustancias suele ser mal comprendido como una politoxicolog�a indiscriminada cuando en realidad siempre hay una sustancia elegida en este caso la coca�na y el resto tiene la funci�n de paliar el malestar que acarrea su privaci�n o de controlar sus efectos. Este es el caso de problemas posteriores al uso intravenoso como los llamados Manija deseo incontenible y Baj�n depresi�n que son objeto de aplacamiento con otras sustancias hasta tanto no pueda volver a inyectarse la sustancia principal. Si bien desde el primer nivel comienzan los riesgos de la infecci�n con el VIH como es el caso de las situaciones de abuso de alcohol y el intercambio sexual es, en este nivel, donde se presenta la problem�tica del contagio a consecuencia de compartir el equipo de inyectarse. Esto como resultado no solo de las situaciones de descontrol durante la inyecci�n sino tambi�n por las dificultades en conseguir agujas y jeringas.
La tolerancia del medio socio cultural al uso inyectable hace posible en algunos casos el inyectarse a cielo abierto en lugares de acceso controlado. As�, las urbanizaciones de la pobreza con intrincados corredores y laber�nticos pasadizos, con olas de ni�os y j�venes expulsados por el hacinamiento a la calle, con fuertes niveles de desocupaci�n y de violencia, son usadas frecuentemente como refugio para el uso intravenoso al quedar por fuera de la vigilancia policial que est� limitada a procedimientos masivos y espor�dicos f�cilmente anticipables.
Una compleja red protege a los grupos que participan de la venta y el consumo en la econom�a ilegal, que abarca desde aquellos que reclutan gente para los actos p�blicos hasta grupos deportivos que lo hacen para confrontar en los estadios y en la calle.

Momentos en el abuso de drogas intravenoso. La utilizaci�n de la coca�na por v�a intravenosa introdujo en la vida del usuario un patr�n de comportamiento circular y de deterioro creciente que puede definirse en cuatro momentos Preparaci�n, Locura, Baj�n y Fisura.
La Preparaci�n incluye por un lado todas las estrategias posibles para conseguir el dinero que permita comprar la coca�na y, por otro lado, la selecci�n de lugares y personas para inyectarse. En cuanto al primer punto este define el grado de organizaci�n de los grupos y, en ausencia de dinero, el capital de recursos indispensable para conseguirlo. La detecci�n de casas para el escruche robo y los contactos para reducirlo reventa de objetos robados, el pago de rescate comisi�n por comprar droga para otro, la prostituci�n masculina y femenina, integran los recursos con los que el grupo acceder� al dinero. El robo de droga no tiene ninguna menci�n y parece ser casi la �nica norma que no puede ser transgredida.
El segundo punto tiene que ver con la escogencia de los lugares y de los participantes. Circunstancia que tiene una importancia particular porque los usuarios entienden que puede influenciar la situaci�n de endrogamiento dificultando o quiz� imposibilitando llegar al flash. Esto determina la distancia que no s�lo se establece con los amigos que no se drogan sino, incluso, con los que aspiran coca�na y que son percibidos casi en el mismo lugar. Esto explica en parte que mucho del mensaje preventivo acerca de no compartir el equipo de inyectarse sea resistido como un mal presagio o una p�lida amenazante.
El momento siguiente al de Preparaci�n es la sesi�n de inyectarse que es llamada Locura . Esta se inicia con lo que los usuarios mencionan como el registro y que designa la pr�ctica de introducir y sacar el l�quido con la jeringa hasta asegurar por la presencia de sangre que la aguja esta en la vena. Al margen de este objetivo la pr�ctica es fuertemente valorada por su efecto de excitaci�n, tanto por el que registra como para el que observa.
El ser inyectado aparece como resultado de la dificultad en hacerlo uno mismo conforme avanza la obnubilaci�n de la conciencia. En algunos casos aparecen miembros m�s diestros que el grupo llama enfermeros y en los que se reconoce la destreza de poder picar con mambo, es decir, poder inyectar hall�ndose bajo los efectos de la droga. En todos los casos est� la urgencia, dada por el deseo irreprimible. Esto determinan que al primer contratiempo con la aguja o la jeringa se pase a compartir las que est�n en uso frente a la desesperaci�n de verse demorado. La Locura de coca�na transcurre como una sucesi�n alterada de registros y flashes donde la ansiedad de sentirse descubierto o perseguido acompa�a todo el proceso de inyectarse repetidamente.
El descontrol se despierta a veces con la obstrucci�n de la aguja, problema com�n dado las impurezas de la sustancia y la peque�ez de la aguja que habitualmente se usa para insulina. La desesperaci�n entonces hace que el intercambio de jeringas y agujas se imponga sobre cualquier advertencia preventiva. Sin omitir que a veces hay m�s disponibilidad de drogas que de jeringas y agujas.
La locura es atravesada todo etiempo por la idea de muerte, por sensaciones de agon�a experimentadas como lucha y como placer, como ansia y congoja, como deseo vehemente y angustia al mismo tiempo. Este colocarse en situaci�n de morir para desde ah� sentir el placer emerge todo el tiempo a trav�s de una vigilancia, obsesiva y est�ril, de los l�mites de lo que cada uno puede inyectarse sin darse vuelta, para no irse. Precisamente la superaci�n de estos l�mites es la sobredosis y la puesta en marcha de cruentas medidas de auxilio para revertir la situaci�n cortes en brazos y dedos para sangrado, golpes, etc. y ocasionalmente su traslado a un hospital.
Sin embargo si la sensaci�n de morir o de agon�a da contexto al placer de inyectar que refieren los entrevistados, la muerte expresada por la ausencia de las personas es sentida como extra�amiento y soledad. Sinti�ndose un sobreviviente a los 23 a�os. Constatando que la excitaci�n temeraria de compartir la aguja sabiendo que en el grupo est� el VIH, no incluye al SIDA como enfermedad.

...me dijo � Viste que en el grupo nuestro no queda nadie ! S�lo quedamos vos, yo y dos m�s. Era empezar a ver que gente que estaba con nosotros, que se re�a a la tarde, o que compart�amos una cerveza, un cigarrillo , ya no exist�an. O de repente enterarme que estaban internados, que se hac�an encima y que les pon�an pa�ales

Los momentos que siguen a la Locura son llamados por los entrevistados Baj�n y Fisura. En el primero juega un papel fundamental el deseo imperioso de la sustancia y la certeza de que no se lo puede satisfacer. Aqu� aparece el consumo de alcohol y otras drogas con el prop�sito de controlar la ansiedad por volver a drogarse y, en muchos casos, la utilizaci�n de psicof�rmacos mientras a�n se est� bajo los efectos placenteros de la droga, con el fin de disminuir anticipadamente los efectos de su privaci�n.
La fisura es un momento posterior, de car�cter fuertemente depresivo acompa�ado de dolor, cansancio, autoreproche y c�lera. Es la finalizaci�n y tambi�n el comienzo de un nuevo ciclo. El descontrol se hace presente nuevamente bajo la forma de utilizar cualquier medio para salir de ese estado .
Llegar al uso inyectable de coca�na, para muchos entrevistados, es el final de un proceso que lo encuentra situado entre la p�rdida de sus v�nculos anteriores y la fugacidad de la sustancia que lo completa. Una cr�tica situaci�n dentro de la cual los riesgos frente al VIH-SIDA crecen y en la que, cuando la infecci�n se produce, no es infrecuente hallar una replica social que lo a�sla y lo discrimina inaugurando un peligroso camino de hostilidades mutuas.
�D�nde debe situarse el mensaje sobre VIH -SIDA para que llegue convincentemente hasta el usuario de drogas inyectables?..
La respuesta hasta ahora apunta a la necesidad de una estrategia preventiva que recorra todo el espectro de la situaci�n, desde cada uno de los niveles se�alados . Porque cuando los niveles del problema se tratan como si fueran compartimentos separados, cuando se desestima la caracter�stica de continuo que los define, desde el abuso de lo legal a lo ilegal, se refuerza la idea de que el problema es de sustancias no de personas. De esta forma el mensaje que lleva a centrar el problema en lo ilegal habilita parad�jicamente, ignor�ndolo, el uso indebido en los inicios. Hecho que repite, en definitiva, los argumentos de la tolerancia social que ciega frente al uso indebido pero escandaliza en los cuadros finales de la adicci�n. Comenzar la prevenci�n m�s all� de lo ilegal asegurando el trabajo en cada uno de los tramos vinculados con el abuso de las sustancias implica seguramente remover mucho de lo que la cultura da como socialmente aceptable pero, hasta ahora y desde hace mucho tiempo, parece que el �nico camino posible con los j�venes no transita por fuera de la sinceridad.

Esta investigaci�n se llev� a cabo dentro del marco del Proyecto de Prevenci�n VIH-SIDA-ETS PREVSIDA-C.E. apoyado por el programa de Prevenci�n VIH-SIDA de la Comunidad Europea y ejecutado por la Agencia de Cooperaci�n T�cnina Alemana GTZ.
La entrevista a los pacientes fue posible mediante la buena colaboraci�n y apoyo generoso de las siguientes instituciones:
Federaci�n de Organismos No Gubernamentales.
Centro de Cuidados Continuos (Capital Federal)
Centro Juvenil Esperanza(Balcarce)
Centro Nacional de Reeducaci�n Social - CENARESO (Capital Federal)
Programa ASER (La Plata)
Fundaci�n Santa Cecilia (Pilar)
Fundaci�n Esperanza de Vida (Rosario)
Fundaci�n Gingko Biloba.
Las opiniones expresadas en este art�culo son responsabilidad del autor y no representan, necesariamente, las de las instituciones que dieron el apoyo al mismo.

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Revista de psiquiatr�a y psicolog�a

� 1997 [email protected]


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