Coca�na y pobreza


Hugo M�guez
Investigador Independiente
Consejo Nacional de Investigaciones Cient�ficas y T�cnicas.
Argentina

Publicado en Acta Psiqui�trica y Psicol�gica de Am�rica latina.
Septiembre de 1997 - Vol.43 - N�3.
Abstract

Expansion of cocaine use in recent and former poor social sectors, in two suburban neighbourhoods located in Buenos Aires province, was studied applying ethnographic �s research methods. Twenty two percent of the young people, aged 15 years and more, showed cocaine present use at least once a month.
Factors like poverty and the absence of social mobility related to it, strong lack of resources and fallen down of the middle social groups are contributing to establish an illegal economy which forms part of drug�s problem.
In new impoverished social sectors, problems related to alcohol abuse and others drug�s use joined to cocaine use will present new situations to be face from preventive approaches, like daily expression of violence toward the own belonging social groups.

La investigaci�n estudia el alcance y naturaleza del uso de coca�na en sectores de pobres y nuevos pobres en dos barrios de Buenos Aires mediante la aplicaci�n de m�todos etnogr�ficos. Los resultados indicaron a un 22% de la poblaci�n mayor de quince a�os con consumo actual de coca�na de al menos una vez por mes. Los problemas de pobreza y de empobrecimiento de sectores medios han contribuido al desarrollo de una econom�a ilegal que tiene un fuerte papel dentro del uso de sustancias psicoactivas y en la aparici�n, adem�s, de nuevas situaciones de violencia dentro de las comunidades.

Introducci�n
Escribir el uso de la coca�na en la pobreza sorprende a la lectura como un lapsus dado que, habitualmente , se la ha vinculado al estilo de vida propio de minor�as econ�micamente favorecidas. Esto fue as� porque hasta hace un tiempo la coca�na era tradicionalmente considerada como una droga social, que creaba una atm�sfera placentera y que, por sobre todo, alargaba la noche de la diversi�n. Como droga recreativa su consumo hab�a sido considerado con frecuencia como menos problem�tico que el que representan otras sustancias adictivas. En los �ltimos a�os esta concepci�n del uso de coca�na ha comenzado a modificarse. Las dificultades crecientes para resolver los problemas de exclusi�n social de un conjunto significativo de personas, la extensi�n del tr�fico de drogas y de las redes que lo protegen ampliando su oferta, la alternativa de ingreso econ�mico ilegal que esto abre a poblaciones arrinconadas por la desocupaci�n, han favorecido su presencia en comunidades que en otro tiempo hubieran estado lejos de su consumo.
Los resultados obtenidos indicaron que los barrios seleccionados estaban integrados por familias pobres con necesidades b�sicas insatisfechas y por sectores medios pauperizados en los �ltimos a�os. La presencia y naturaleza del uso de coca�na en esta poblaci�n dio origen al an�lisis siguiente.


Aspectos metodol�gicos
En el campo de los estudios epidemiol�gicos sobre uso indebido de drogas la investigaci�n de la prevalencia siempre ha tenido dificultades para su desarrollo, en especial por el car�cter ilegal de la conducta que se investiga. Cuando el tema se circunscribe a grupos espec�ficos, determinados por residencia o concurrencia a sitios determinados por ejemplo, aumentan las dificultades en la medida que al restringir el campo se aumenta la posibilidad de detecci�n y por la tanto la exposici�n de los grupos estudiados.
La b�squeda de una estimaci�n del uso de coca�na llev� al desarrollo de una estrategia de medici�n cualitativa basada en informantes claves y derivadas de lo que se conoce como muestras intencionales y m�todos de snow balling. La muestra estuvo integrada por dos barrios del norte del cono urbano de la provincia de Buenos Aires. En cada uno de los barrios se definieron secciones y conglomerados de manzanas dentro de los cuales fueron seleccionadas cuadras. Los informantes claves que dieron la informaci�n de los residentes para cada cuadra, proven�an del grupo de profesionales de los Centros Preventivos Asistenciales sobre Adicciones del lugar y otros fueron vecinos que, a su vez, eran miembros de Adictos An�nimos.
Se consider� como caso todo residente del �rea estudiada que, en su uso de drogas legales o ilegales, incluyera el consumo activo (prevalencia actual) de coca�na.
En este estudio, el consumo experimental (el que solo se produjo dos o tres veces) no fue registrado dado que la observaci�n se orient� a la identificaci�n de casos claramente reconocible por los informantes y, por tanto, con un nivel de consumo franco. El consumo regular incluy� un consumo m�nimo mensual y se consider� cada vez que fue posible los criterios de la CIE-10 que abarcan al consumo perjudicial (F1x.1) y que tienen en cuenta la evidencia de da�o (som�tico o psicol�gico) con consecuencia en las relaciones interpersonales, y la persistencia en un mes o repetido en un a�o.
El uso diario de una sustancia se consider� caracter�stica del consumo intensivo. En este nivel (F1x.2) se consider� implicado el S�ndrome de dependencia en criterios tales como la visualizaci�n social de la compulsi�n y la persistencia a pesar de consecuencias perjudiciales.
Area
Los residentes representan a un sector econ�mico bajo integrado por clase trabajadora, obreros o peque�os comercios. La desocupaci�n es una constante de la que se quejan todos los entrevistados. La mayor parte tienen trabajos temporarios, muchos en el ramo de la construcci�n. Las grandes empresas cercanas a estos barrios no emplean a la gente del lugar porque requieren mano de obra muy especializada . El ingreso familiar promedio representado por el trabajo de la mujer como empleada dom�stica por horas en los barrios altos, oscila al equivalente de 200 a 300 d�lares mensuales. Cuando el hombre aporta puede ascender a 500 o 600 d�lares. En relaci�n al cuentapropismo, se ven pocos negocios. Talleres mec�nicos tan destartalados como los autos que reparan, modestas casa de comida, verduler�as, bares tetrabrik (en alusi�n al consumo de vino servido en su envase de cart�n), y alguna suerte de kioscos que asoman por la ventana enrejada de casas particulares ofreciendo art�culos de almac�n, perfumer�a, juguetes, etc.
La nueva pobreza como una clase que en alg�n momento fue media y ahora est� pauperizada aparece constituida por lo que un profesional vecino del lugar llama los monobloks de los exes. Exes de todo tipo: ex - propietarios, ex - inquilinos de mejores lugares, ex - empleados calificados y, pronto, ex - monobloks , ya que tienen serias dificultades para pagar las expensas y los servicios en general. Muchos de ellos se encuentra con juicios de desalojo ya iniciados.
Los barrios mantienen una red de servicios b�sicos. Un sistema de comunicaci�n amplio con la capital, agua corriente y luz el�ctrica. La red cloacal est� en plena expansi�n y buena parte del �rea la posee. La recolecci�n de residuos y la limpieza de las calles se realizan con regularidad. Las viviendas en su mayor�a son de material. Otras de material pero con techo de chapa y, circundando el barrio, casillas de madera, linderas a las villas miseria. El estado de las viviendas es, en general, precario, aunque se puede encontrar alguna casa de clase media bien conservada.
La familia es extensa. Los hijos forman pareja y se quedan a vivir en la casa de los padres. Del mismo modo, las hijas madres- solteras con sus hijos, que pasan a integrar el n�cleo familiar. Es frecuente el caso de tres generaciones conviviendo en la misma casa.
La informaci�n policial aclara que los lugares no difieren de otros barrios pobres del partido y coinciden en que los hechos m�s comunes son los cometidos contra la propiedad y las contravenciones en general. La poblaci�n que delinque la ubican entre los 18 y los 30 a�os y la explican en relaci�n con la situaci�n de desocupaci�n.
Los ni�os van a la escuela porque en ella reciben alimento y vestido, si alcanzan otra alternativa para cubrir las necesidades b�sicas por lo general abandonan el estudio. Es frecuente que presenten trastornos de conducta y aprendizaje.
Los problemas de salud m�s frecuentes son los trastornos bronco respiratorios y las dermatitis. Por lo general de origen al�rgico. Se presume en esto el efecto de la contaminaci�n ambiental, como resultado de los residuos t�xicos arrojados por las grandes empresas de la zona en los r�os que corren por el per�metro del barrio.
Los mayores consultan por los mismos problemas respiratorios y dermatol�gicos, hipertensi�n y neurosis de angustia y algunas psicosis. El asma, entre los problemas respiratorios, la padecen personas de todas las edades. Los agentes de salud aclaran que no hay desnutrici�n infantil en el barrio porque la cuota alimentaria est� cubierta por la acci�n de diferentes planes de ayuda alimentaria. No obstante estos planes la gente m�s empobrecida acude a un mercado de frutas y verduras cercano, donde les permiten llevarse los productos de descarte.
La iglesia cat�lica es el mecanismo enculturador por excelencia, llevando adelante una fuerte acci�n social en todo el barrio.

Prevalencia
El �rea conformada por dos zonas para efectos de la muestra fue dividida en secciones y cada uno de estos en conglomerados de cuatro manzanas que conten�an la cuadra finalmente seleccionada . El �rea estudiada incluy� 21 cuadras y fueron registrados 137 casos de consumo actual de coca�na de por lo menos una vez al mes. (tablas de secciones muestrales en la publicaci�n gr�fica)
El 14,4% de la poblaci�n residente en el �rea estudiada ten�a consumo de coca�na en el momento del estudio. Circunscribiendo la muestra a mayores de quince a�os �sta represent� el 21, 7 % de este grupo. (Tablas prevalencia en publicaci�n gr�fica) El promedio de casos por cuadra fue de 6,5 casos por cuadra con un desv�o est�ndar de 2,3 .
Las diferencias por sexo son del orden de tres a cuatro varones consumidores de coca�na por cada mujer, seg�n la zona. La informaci�n basada en observaciones tiene l�mites para analizar los datos de edad de manera precisa . Sin embargo, en el grupo comprendido entre los 15 y 30 a�os (no hay observaci�n de casos por debajo o por encima de este per�odo) se registran algunas caracter�sticas en el consumo.
En el grupo que comprende a los usuarios que est�n entre los 15 y 20 a�os aparece con m�s frecuencia en las descripciones el consumidor de coca�na de fin de semana asociado a otras drogas como marihuana y alcohol. Sus patrones de consumo se ajustan m�s al concepto de consumo perjudicial ( CIE-10 / F1x.1). En el grupo mayor de 20 a 30 a�os los informantes visualizan una mayor presencia del uso diario de coca�na (CIE-10 / F1x.2) as� como su utilizaci�n intravenosa. En ambos grupos de edad aparecen consumidores con problemas policiales (en los mayores son frecuentes casos que han estado presos por venta de drogas) y episodios de sobredosis.
El consumo de drogas es abierto y, de alguna manera, hay una forma de acuerdo social que se expresa en su tolerancia. Religiosos y profesores que participan activamente de los programas de ayuda al vecindario refieren esta forma de aceptaci�n o de resignaci�n social. El problema se inicia en la adolescencia temprana. Los lugares donde se consumen son el propio barrio, y las sustancias son combinaciones entre psicof�rmacos, alcohol, marihuana y coca�na.
La droga que se consume es coca�na. La marihuana no es considerada droga, es com�n o�r, no me drogo m�s, estoy limpio, solo fumo porro.
En el barrio es algo habitual, no se esconde. Se perdi� la idea de lo oculto. Toman una cerveza en la plaza y tambi�n toman coca�na.

...No hay consumo de inhalantes. El inhalante es m�s de villa miseria. Aqu� la droga es la coca�na que viene en ravioles, en papel glac�, y la mezclan sobretodo con novalgina, . Se vende de 3$ a 10$ y, en general, se toman uno por persona junto con cerveza o vino. Tambi�n la usan para picarse (inyectarse)

El abuso de alcohol est� presente siempre. No aparecen casos de uso de sustancias il�citas que no hayan pasado antes por el abuso de alcohol. Dato que encuentra correspondencia en la investigaci�n de 1994 sobre 2.600 escolares (11 a 13 a�os ) de �reas cr�ticas de pobreza, en la que la prevalencia de abuso de alcohol, medida como ingesti�n de uno o m�s veces al d�a, abarc� al 4,8% y se vincul� con el uso de drogas il�citas. El consumo de coca�na se mezcla con el de cerveza o con el vino con psicof�rmacos, usando para esto la misma botella de cerveza o el envase de cart�n del vino .

...La coca�na se consume siempre con cerveza o vino, toman dos litros por vez. Los que consumen con m�s frecuencia lo hacen con un promedio de 2 gramos de coca�na por d�a....

La referencia del sacerdote da idea de la cotidianeidad de la mezcla de sustancias.

...Lo que siempre se ve son grupos, sobretodo de varones alrededor de 20 a�os. Siempre est�n con la cerveza con pastillas. A m� a veces me convidan y cuando caen (se dan cuenta) que la botella tiene pastillas, me dicen de eso no padre, que va a quedar re-loco. Tambi�n andan con papeles de merca, coca�na...

La violencia y la droga se implican todo el tiempo. En una relaci�n que accede casi a un plano dom�stico. Robos cercanos a la mendicidad llevados a cabo por alguien conocido, pero que bajo la droga act�a como un extra�o de su propio lugar.

..A las 9 am, en un almac�n entra un hombre de cerca de 30 a�os, en short, ojotas y con un revolver. Se lo ve alterado. Trae un papel de coca�na que muestra mientras exige a la se�ora, que atiende el negocio, cinco pesos. Es un vecino del barrio conocido por todos. Le dieron el dinero y el hombre se fue...cuando roban por poca plata siempre es por droga, asegura el informante.

..El joven le rob� la bicicleta al cura para comprar droga. Era el mismo cura que lo llevaba a tratamiento por su adicci�n. A la semana siguiente el sacerdote lo sigui� acompa�ando, pero ahora van los dos a pie...

Sorprende la actitud de delinquir donde se vive y, m�s grave a�n, donde se ha depositado alguna forma de confianza. Los mismos del barrio, en su mayor�a j�venes, roban la iglesia, roban la escuela, roban la oficina de Asistencia Social, que son las instituciones m�s concurridas y queridas por la gente y, por los mismos j�venes. No se respetan los c�digos tradicionales de no victimizar al vecino. No atacan a las personas que las regentean que son altamente respetadas y hasta cuidadas, pero s�, al lugar donde trabajan. La droga puede explicar mucho de este accionar perverso.

Consideraciones

Son 30.000 habitantes de una de las provincias m�s ricas del pa�s y est�n agrupados en uno de los tantos bolsones de pobreza y de nueva pobreza, con residencia al lado y en estrecho contacto de los sectores sociales de m�s alto poder adquisitivo. Hoy, bien pueden constituir parte de los espectadores de lo que J.K.Galbraith llam� la democracia de los afortunados.
Las consecuencias de la exclusi�n cambian definitivamente la historia de los m�s j�venes dejando su impronta en el desarrollo de la personalidad. El joven crece frente a un mensaje medi�tico que le propone configurar su identidad a trav�s de los bienes que se adquieren en lugar del trabajo que los hace. A diferenciarse del otro con base a las se�as culturales que da el consumo. Puede reflexionarse entonces, si la elecci�n del agresor y la agresi�n en aquellos que est�n afuera de los afortunados , no es una de las pocas alternativas viables frente a la depresi�n.

...Los chicos se identifican con el barrio, les da imagen de duros, es como un orgullo. Si dec�s que sos del bajo es tener aguante, te da cierto estatus de pesado..

( Tener aguante da referencia de alguien que tiene larga experiencia en sobrellevar la adversidad hasta el punto de demostrar que no es superado por esta. Vinculado a esta idea el concepto de pesado implica alguien capaz para actuar violentamente y que, por eso mismo, es temible y despierta respeto).
Desde la post modernidad llega el mensaje acerca del cambio renovado de identidades y el pasaje, con m�xima libertad, de los individuos de un grupo a otro. Es claro que no es el caso de estos grupos de j�venes inmovilizados bajo la sentencia de que nada niega tan absolutamente la libertad como la falta de dinero.
Su papel social es una inc�gnita, y lo es fundamentalmente para ellos mismos. Son parte medular de una poblaci�n desempleada y sin posibilidad de proyecto, que con frecuencia buscar� salida a la insoportable sensaci�n de la inmovilidad social mediante el uso de la droga o la violencia.
Una poblaci�n de j�venes sin perspectiva de participaci�n, crecen dentro de las contradicciones que surgen entre sus deseos, modelados diariamente por los medios de comunicaci�n, y la sensaci�n abrumadora de que no tendr�n los recursos para satisfacerlos. Estas son las condiciones para que prolifere la econom�a ilegal de la droga, la prostituci�n y la delincuencia, ofreciendo una mejor alternativa de trabajo, ingreso e identidad que los puestos posibles dentro de la econom�a informal urbana .
Desde el campo grupal la droga juega su papel fortaleciendo la uni�n, disminuyendo los conflictos entre los miembros y actuando como un calmante de las ansiedades que despierta un futuro visualizado como propiedad de otros. Junto al c�lculo fatalista de los que han aprendido a vivir bajo la inflexibilidad de las reglas de juego del mercado, la nueva pobreza tiene sus primeros encuentros con una sociedad vuelta de pronto insospechadamente ajena. Agotado su capital social y aceptando finalmente su expulsi�n de los sectores medios, de los que cre�an que s�lo se cambiaba para mejorar, la nueva pobreza redescubre la sujeci�n qu�mica del malestar y el acallamiento de los s�ntomas que produce la ca�da. As� como lo fue el alcohol, la coca�na se configura entonces, tambi�n, como un medicamento que no da su nombre, un medicamento que guarda el secreto y el secreto es el miedo .
Superadas las barreras desde lo social la sustancia ser�, entonces, un problema de oportunidad del mercado ilegal y, por tanto, ahora s�, de tr�fico. La coca�na adulterada, a precios comparables con una droga legal, se desprende de su car�cter exclusivo y se extiende a un conjunto que antes s�lo era un target del alcohol y los psicof�rmacos. Un conjunto, importante en n�mero, pero cuya presencia ha dejado de ser �til para pasar a ser apenas tolerable.
)

Links to other sites on the Web

Revista de psiquiatr�a

� 1997 [email protected]


This page hosted by GeoCities Get your own Free Home Page


Hosted by www.Geocities.ws

1