Epstola de San Pedro
El da del Seor vendr
Amados, esta es la segunda carta que os escribo, y en ambas despierto con
exhortacin vuestro limpio entendimiento, para que tengis memoria de las
palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento
del Seor y Salvador dado por vuestros apstoles; sabiendo primero esto, que en 
los postreros das vendrn burladores, andando segn sus propias concupiscencias,
y diciendo: Dnde est la promesa de su advenimiento? Porque desde el da en
que los padres durmieron, todas las cosas permanecen as como desde el principio
de la creacin. Estos ignoran voluntariamente, que en el tiempo antiguo fueron
hechos por la palabra de Dios los cielos, y tambin la tierra, que proviene del
agua y por el agua subsiste, por lo cual el mundo de entonces pereci anegado en
agua; pero los cielos y la tierra que existen ahora, estn reservados por la
misma palabra, guardados para el fuego en el da del juicio y de la perdicin
de los hombres impos. Mas, oh amados, no ignoris esto: que para con el Seor
un da es como mil aos, y mil aos como un da. El Seor no retarda su promesa,
segn algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros,
no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Pero el da del Seor vendr como ladrn en la noche; en el cual los cielos
pasarn con grande estruendo, y los elementos ardiendo sern deshechos, y la
tierra y las obras que en ella hay sern quemadas. 
Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, cmo no debis vosotros
andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurndoos para la
venida del da de Dios, en el cual los cielos, encendindose, sern deshechos,
y los elementos, siendo quemados, se fundirn! Pero nosotros esperamos, segn sus
promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia. 
Por lo cual, oh amados, estando en espera de estas cosas, procurad con diligencia
ser hallados por l sin mancha e irreprensibles, en paz. Y tened entendido que
la paciencia de nuestro Seor es para salvacin; como tambin nuestro amado
hermano Pablo, segn la sabidura que le ha sido dada, os ha escrito,
casi en todas sus epstolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales
hay algunas difciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes
tuercen, como tambin las otras Escrituras, para su propia perdicin.
As que vosotros, oh amados, sabindolo de antemano, guardaos, no sea que
arrastrados por el error de los inicuos, caigis de vuestra firmeza.
Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Seor y
Salvador Jesucristo. A l sea gloria ahora y hasta el da de la eternidad. Amn. 
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