Epstola de San Pedro
Testigos presenciales de la gloria de Cristo
Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Seor
Jesucristo siguiendo fbulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros
propios ojos su majestad. Pues cuando l recibi de Dios Padre honra y gloria,
le fue enviada desde la magnfica gloria una voz que deca: Este es mi Hijo
amado, en el cual tengo complacencia. Y nosotros omos esta voz enviada del
cielo, cuando estbamos con l en el monte santo. Tenemos tambin la palabra
proftica ms segura, a la cual hacis bien en estar atentos como a una antorcha
que alumbra en lugar oscuro, hasta que el da esclarezca y el lucero de la maana
salga en vuestros corazones; entendiendo primero esto, que ninguna profeca de
la Escritura es de interpretacin privada, porque nunca la profeca fue trada
por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo
inspirados por el Espritu Santo. 
Falsos profetas y falsos maestros
(Judas 3-13)
Pero hubo tambin falsos profetas entre el pueblo, como habr entre vosotros
falsos maestros, que introducirn encubiertamente herejas destructoras, y aun
negarn al Seor que los rescat, atrayendo sobre s mismos destruccin repentina.
Y muchos seguirn sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la
verdad ser blasfemado, y por avaricia harn mercadera de vosotros con palabras
fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenacin no se tarda, y
su perdicin no se duerme. 
Porque si Dios no perdon a los ngeles que pecaron, sino que arrojndolos al
infierno los entreg a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio;
y si no perdon al mundo antiguo, sino que guard a No, pregonero de justicia,
con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impos;
y si conden por destruccin a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reducindolas
a ceniza y ponindolas de ejemplo a los que haban de vivir impamente,
y libr al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados
(porque este justo, que moraba entre ellos, afliga cada da su alma justa,
viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), sabe el Seor librar de tentacin
a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el da del
juicio; y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia
e inmundicia, y desprecian el seoro. 
Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores,
mientras que los ngeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian
juicio de maldicin contra ellas delante del Seor. Pero stos, hablando mal de
cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y
destruccin, perecern en su propia perdicin, recibiendo el galardn de su
injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada da. Estos son
inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus
errores. Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen
a las almas inconstantes, tienen el corazn habituado a la codicia, y son hijos
de maldicin. Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino
de Balaam hijo de Beor, el cual am el premio de la maldad, y fue reprendido por
su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refren
la locura del profeta. 
Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la
ms densa oscuridad est reservada para siempre. Pues hablando palabras infladas
y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que
verdaderamente haban huido de los que viven en error. Les prometen libertad, y
son ellos mismos esclavos de corrupcin. Porque el que es vencido por alguno es
hecho esclavo del que lo venci. Ciertamente, si habindose ellos escapado de
las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Seor y Salvador
Jesucristo, enredndose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene
a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el
camino de la justicia, que despus de haberlo conocido, volverse atrs del santo
mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio:
El perro vuelve a su vmito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno. 
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