Evangelio segn San Juan
Nunca ha hablado hombre as!
Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y stos
les dijeron: Por qu no le habis trado? Los alguaciles respondieron: 
Jams hombre alguno ha hablado como este hombre! Entonces los fariseos les 
respondieron: Tambin vosotros habis sido engaados? Acaso ha credo en l
alguno de los gobernantes, o de los fariseos? Mas esta gente que no sabe la 
ley, maldita es. Les dijo Nicodemo, el que vino a l de noche, el cual era uno
de ellos: Juzga acaso nuestra ley a un hombre si primero no le oye, y sabe lo
que ha hecho? Respondieron y le dijeron: Eres t tambin galileo? Escudria y
ve que de Galilea nunca se ha levantado profeta. 
La mujer adltera
Cada uno se fue a su casa; y Jess se fue al monte de los Olivos. Y por la 
maana volvi al templo, y todo el pueblo vino a l; y sentado l, les
enseaba. Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer 
sorprendida en adulterio; y ponindola en medio, le dijeron: Maestro, esta
mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mand
Moiss apedrear a tales mujeres. T, pues, qu dices? Mas esto decan 
tentndole, para poder acusarle. Pero Jess, inclinado hacia el suelo, escriba en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderez
y les dijo: El que de vosotros est sin pecado sea el primero en arrojar la 
piedra contra ella. E inclinndose de nuevo hacia el suelo, sigui escribiendo
en tierra. Pero ellos, al or esto, acusados por su conciencia, salan uno a
uno, comenzando desde los ms viejos hasta los postreros; y qued solo Jess,
y la mujer que estaba en medio. Enderezndose Jess, y no viendo a nadie sino
a la mujer, le dijo: Mujer, dnde estn los que te acusaban? Ninguno te 
conden? Ella dijo: Ninguno, Seor. Entonces Jess le dijo: Ni yo te condeno;
vete, y no peques ms. 
Jess, la luz del mundo
Otra vez Jess les habl, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue,
no andar en tinieblas, sino que tendr la luz de la vida. Entonces los 
fariseos le dijeron: T das testimonio acerca de ti mismo; tu testimonio no es
verdadero. Respondi Jess y les dijo: Aunque yo doy testimonio acerca de m 
mismo, mi testimonio es verdadero, porque s de dnde he venido y a dnde voy;
pero vosotros no sabis de dnde vengo, ni a dnde voy. Vosotros juzgis 
segn la carne; yo no juzgo a nadie. Y si yo juzgo, mi juicio es verdadero; 
porque no soy yo solo, sino yo y el que me envi, el Padre. Y en vuestra ley 
est escrito que el testimonio de dos hombres es verdadero. Yo soy el que doy
testimonio de m mismo, y el Padre que me envi da testimonio de m. Ellos le 
dijeron: Dnde est tu Padre? Respondi Jess: Ni a m me conocis, ni a mi 
Padre; si a m me conocieseis, tambin a mi Padre conocerais. Estas palabras
habl Jess en el lugar de las ofrendas, enseando en el templo; y nadie le 
prendi, porque an no haba llegado su hora. 
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