Evangelio segn San Juan
Jess en la fiesta de los tabernculos
Pero despus que sus hermanos haban subido, entonces l tambin subi a la 
fiesta, no abiertamente, sino como en secreto. Y le buscaban los judos en la 
fiesta, y decan: Dnde est aqul? Y haba gran murmullo acerca de l entre
la multitud, pues unos decan: Es bueno; pero otros decan: No, sino que 
engaa al pueblo. Pero ninguno hablaba abiertamente de l, por miedo a los 
judos. 
Mas a la mitad de la fiesta subi Jess al templo, y enseaba. Y se 
maravillaban los judos, diciendo: Cmo sabe ste letras, sin haber 
estudiado? Jess les respondi y dijo: Mi doctrina no es ma, sino de aquel 
que me envi. El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocer si la doctrina
es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta. El que habla por su propia 
cuenta, su propia gloria busca; pero el que busca la gloria del que le envi,
ste es verdadero, y no hay en l injusticia. No os dio Moiss la ley, y
ninguno de vosotros cumple la ley? Por qu procuris matarme? Respondi la 
multitud y dijo: Demonio tienes; quin procura matarte? Jess respondi y les
dijo: Una obra hice, y todos os maravillis. Por cierto, Moiss os dio la 
circuncisin (no porque sea de Moiss, sino de los padres); y en el da de 
reposo circuncidis al hombre. Si recibe el hombre la circuncisin en el da
de reposo, para que la ley de Moiss no sea quebrantada, os enojis conmigo 
porque en el da de reposo san completamente a un hombre? No juzguis segn
las apariencias, sino juzgad con justo juicio. 
Es ste el Cristo?
Decan entonces unos de Jerusaln: No es ste a quien buscan para matarle?
Pues mirad, habla pblicamente, y no le dicen nada. Habrn reconocido en 
verdad los gobernantes que ste es el Cristo? Pero ste, sabemos de dnde es;
mas cuando venga el Cristo, nadie sabr de dnde sea. Jess entonces, 
enseando en el templo, alz la voz y dijo: A m me conocis, y sabis de 
dnde soy; y no he venido de m mismo, pero el que me envi es verdadero, a 
quien vosotros no conocis. Pero yo le conozco, porque de l procedo, y l me
envi. Entonces procuraban prenderle; pero ninguno le ech mano, porque an no
haba llegado su hora. Y muchos de la multitud creyeron en l, y decan: El 
Cristo, cuando venga, har ms seales que las que ste hace? 
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