Epstola de San Pablo a los hebreos
Los que rechazan la gracia de Dios
Por lo cual, levantad las manos cadas y las rodillas paralizadas;
y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del
camino, sino que sea sanado. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual
nadie ver al Seor. Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de
Dios; que brotando alguna raz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean
contaminados; no sea que haya algn fornicario, o profano, como Esa, que por una
sola comida vendi su primogenitura. Porque ya sabis que aun despus, deseando
heredar la bendicin, fue desechado, y no hubo oportunidad para el
arrepentimiento, aunque la procur con lgrimas. Porque no os habis acercado al
monte que se poda palpar, y que arda en fuego, a la oscuridad, a las tinieblas
y a la tempestad, al sonido de la trompeta, y a la voz que hablaba, la cual los
que la oyeron rogaron que no se les hablase ms, porque no podan soportar lo
que se ordenaba: Si aun una bestia tocare el monte, ser apedreada, o pasada con
dardo; y tan terrible era lo que se vea, que Moiss dijo: Estoy espantado y
temblando; sino que os habis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios
vivo, Jerusaln la celestial, a la compaa de muchos millares de ngeles,
a la congregacin de los primognitos que estn inscritos en los cielos, a
Dios el Juez de todos, a los espritus de los justos hechos perfectos,
a Jess el Mediador del nuevo pacto, y a la sangre rociada que habla mejor que
la de Abel. Mirad que no desechis al que habla. Porque si no escaparon aquellos
que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros,
si desechremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovi 
entonces la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: An una vez, y conmover
no solamente la tierra, sino tambin el cielo. Y esta frase: An una vez, indica
la remocin de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las
inconmovibles. As que, recibiendo nosotros un reino inconmovible, tengamos
gratitud, y mediante ella sirvamos a Dios agradndole con temor y reverencia;
porque nuestro Dios es fuego consumidor.
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