Hechos de los Apstoles
Pedro y Juan son perseguidos
Entonces levantndose el sumo sacerdote y todos los que estaban con l,
esto es, la secta de los saduceos, se llenaron de celos; y echaron mano a 
los apstoles y los pusieron en la crcel pblica. Mas un ngel del Seor,
abriendo de noche las puertas de la crcel y sacndolos, dijo: Id, y 
puestos en pie en el templo, anunciad al pueblo todas las palabras de esta
vida. Habiendo odo esto, entraron de maana en el templo, y enseaban.
Entre tanto, vinieron el sumo sacerdote y los que estaban con l, y 
convocaron al concilio y a todos los ancianos de los hijos de Israel, 
y enviaron a la crcel para que fuesen trados. Pero cuando llegaron los
alguaciles, no los hallaron en la crcel; entonces volvieron y dieron 
aviso, diciendo: Por cierto, la crcel hemos hallado cerrada con toda 
seguridad, y los guardas afuera de pie ante las puertas; mas cuando 
abrimos, a nadie hallamos dentro. Cuando oyeron estas palabras el sumo 
sacerdote y el jefe de la guardia del templo y los principales sacerdotes,
dudaban en qu vendra a parar aquello. Pero viniendo uno, les dio esta
noticia: He aqu, los varones que pusisteis en la crcel estn en el
templo, y ensean al pueblo. Entonces fue el jefe de la guardia con los 
alguaciles, y los trajo sin violencia, porque teman ser apedreados por el pueblo. 
Cuando los trajeron, los presentaron en el concilio, y el sumo sacerdote 
les pregunt, diciendo: No os mandamos estrictamente que no enseaseis en
ese nombre? Y ahora habis llenado a Jerusaln de vuestra doctrina, y 
queris echar sobre nosotros la sangre de ese hombre. Respondiendo Pedro y
los apstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los 
hombres. El Dios de nuestros padres levant a Jess, a quien vosotros 
matasteis colgndole en un madero. A ste, Dios ha exaltado con su diestra
por Prncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdn de 
pecados. Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y tambin el
Espritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen. 
Ellos, oyendo esto, se enfurecan y queran matarlos. Entonces levantndose
en el concilio un fariseo llamado Gamaliel, doctor de la ley, venerado de
todo el pueblo, mand que sacasen fuera por un momento a los apstoles, 
y luego dijo: Varones israelitas, mirad por vosotros lo que vais a hacer
respecto a estos hombres. Porque antes de estos das se levant Teudas,
diciendo que era alguien. A ste se uni un nmero como de cuatrocientos 
hombres; pero l fue muerto, y todos los que le obedecan fueron 
dispersados y reducidos a nada. Despus de ste, se levant Judas el
galileo, en los das del censo, y llev en pos de s a mucho pueblo. 
Pereci tambin l, y todos los que le obedecan fueron dispersados. 
Y ahora os digo: Apartaos de estos hombres, y dejadlos; porque si este 
consejo o esta obra es de los hombres, se desvanecer; mas si es de Dios, 
no la podris destruir; no seis tal vez hallados luchando contra Dios. 
Y convinieron con l; y llamando a los apstoles, despus de azotarlos, 
les intimaron que no hablasen en el nombre de Jess, y los pusieron en 
libertad. Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber
sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre.
Y todos los das, en el templo y por las casas, no cesaban de ensear y
 predicar a Jesucristo. 
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