Epstola de San Pablo a los corintios
Viviendo por la fe
Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder
sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no
angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados;
derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes
la muerte de Jess, para que tambin la vida de Jess se manifieste en
nuestros cuerpos.  Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a
muerte por causa de Jess, para que tambin la vida de Jess se manifieste en 
nuestra carne mortal. De manera que la muerte acta en nosotros, y en vosotros
la vida. 
Pero teniendo el mismo espritu de fe, conforme a lo que est escrito: Cre,
por lo cual habl, nosotros tambin creemos, por lo cual tambin hablamos,
sabiendo que el que resucit al Seor Jess, a nosotros tambin nos resucitar
con Jess, y nos presentar juntamente con vosotros.  Porque todas estas cosas
padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de
muchos, la accin de gracias sobreabunde para gloria de Dios. 
Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va
desgastando, el interior no obstante se renueva de da en da.
Porque esta leve tribulacin momentnea produce en nosotros un cada vez ms
excelente y eterno peso de gloria; no mirando nosotros las cosas que se ven,
sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que
no se ven son eternas. 
Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernculo, se
deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna,
en los cielos. Y por esto tambin gemimos, deseando ser revestidos de aquella
nuestra habitacin celestial; pues as seremos hallados vestidos, 
y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernculo gemimos
con angustia; porque no quisiramos ser desnudados, sino revestidos, para
que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo
es Dios, quien nos ha dado las arras del Espritu. 
As que vivimos confiados siempre, y sabiendo que entre tanto que estamos en
el cuerpo, estamos ausentes del Seor (porque por fe andamos, no por vista);
pero confiamos, y ms quisiramos estar ausentes del cuerpo, y presentes al Seor.
Por tanto procuramos tambin, o ausentes o presentes, serle agradables.
Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de
Cristo, para que cada uno reciba segn lo que haya hecho mientras estaba en el
cuerpo, sea bueno o sea malo. 
+++++++++++++++