Historia del árbol  

 

 

 

 

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Avisté un carruaje lleno de árboles de Navidad
Y cada uno tenía un cuento,
El arbolista los paró en hilera
Y los puso a la venta al momento.

Él colocó algunas luces navideñas
Y puso anuncios bien clavados;
"ÁRBOLES DE NAVIDAD RECIÉN CORTADOS"
Decían en tinta roja
"SE VENDEN ÁRBOLES DE NAVIDAD RECIÉN CORTADOS".

Él se virtió chocolate caliente en una tasa de termo vaporosa, y copos de nieve empezaron a caer...
En cuanto se detuvo una familia en carroza.

Una mamá, un papá y un niño, con no más que tres años en la mirada. Se bajaron y empezaron a buscar para Navidad, el perfecto de la arbolada.

El niño revisó de arriba a abajo, percibiendo la hilera de pinos aromatizantes;
"¡Mami, esto me huele a Navidad!
"Huele a Navidad en todas partes!"

"¡Llevemos el árbol más grande que podamos!
"¡Un árbol muy lejos del suelo!"
"¡Un árbol que pase por el techo de la casa!"
"¡Un árbol que llegue al cielo!"

"Un árbol TAN grande que Santa Claus se detendrá, mirará asombrado y dirá: Vaya, ¡ESE es el árbol navideño más bonito que he visto en este Día de Navidad!’"

Parecía que contemplaban cada árbol por lo menos tres mil veces;
Papá los sacudía, los estrujaba, les daba vuelta para hallar el mejor de los cipreses.

"¡Mamá, lo encontré!
"¡El árbol de Navidad que más me gusta de todos!"
"Tiene un pequeño espacio pelón, ¡Pero eso lo pondríamos en el rincón!"

"¡Pondremos el ángel de mi bisabuela encima de la rama que más alto va!... ¡Ay! ¿podemos comprar ese?"
"¡¿Si, mami, POR FAVOR?!... ¡Ay! ¿podemos comprarlo YA?"

"¿Gustan un poco de chocolate calientito?" , preguntaba el señor dueño del lugar.
Él destapó la tapa del termo, "¡Tomen, que ESTO les va a gustar!"

Él virtió el vaporoso chocolate en tres vasitos de cartón.
Ellos brindaron, "¡En honor de la Navidad!"
Y bebieron el chocolate de un jalón.

"¿Es éste el que te gusta?" preguntó el arbolista,
"¡Este pino es el mejor que tengo enfrente!"
El niño exclamó triste: "Mi papi dice que usted lo vende caramente".

"En tal caso, ¡Feliz Navidad!" dijo el señor, quien enrolló el árbol con mecate, "¡Llévatelo, te cuesta sólo una promesa que haz de cumplir en estas fiestas para alegrarte!"... 

"En Nochebuena a la hora de acostarte al juntar las manitas para rezar, ¡Promete en tu corazón que con júbilo la Navidad haz de celebrar!"

"Ahora, ¡corre a casa! que este viento helado te está dejando bien chapeado!"
"¡Y pide a tu papá que pode el árbol y lo deje bien parado!"

Y así se la pasó toda esa noche de viento helado,
regalando el arbolista arbol tras árbol tras árbol...

Hasta la última persona que viniera al puesto; que brindara con chocolate y en vasito bebiera presto,

quienes hicieran la promesa de llevar el júbilo en sus corazones; y que cantando villancicos, se esparcieran en todos los rincones.

Y cuando todo acabó, un sólo árbol quedó sin casa;
Pero ya nadie más para regalar por la calle pasa.

El arbolista se puso su abrigo rojo con capucha de esquimal, y tirando del último árbol de Navidad se internó en el matorral.

Él dejó el pino justo en un arrollo en el frío, para que criaturas del bosque sin abrigo hicieran del árbol su castillo.

Él se sonrió al limpiarse algo de nieve de la barba,
cuando un reno de la espesura se asomaba.

Él acarició al majestuoso reno de enorme cabeza:
"¡Tal parece que la Navidad nuevamente empieza!"

"Faltan muchos kilómetros por recorrer, ¡Y mucho más qué hacer!"
"Mi amigo, regresemos a casa, ¡Y comencemos de nuevo este menester!"

Miró al cielo y campanillas navideñas él oyó
Luego, de un destello, ¡El arbolista desapareció!

 

 

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