LA MAMÁ RICA DE LOS HUÉRFANOS INGLESES
Es una nota que habla de la pottermania y, sobre todo, de
Joanne... hay partes que pueden llegar a ofender a algunos... no me hago cargo...
La escritora que dio vida a Harry
Potter pasó de pobre a millonaria gracias al fenómeno que despertó el pequeño
mago. En Inglaterra es el símbolo de las mujeres solas y en la historia de
su inspiración literaria hay visos de leyenda. Ahora está preocupada por los
niños huérfanos de carne y hueso, que en Inglaterra se mueren de hambre.
Nadie querría ser atacado por un Alethiafold,
monstruo mágico y siniestro que se
desliza por debajo de las puertas y asfixia a sus víctimas antes de que puedan
hacer algo por salvarse. Tampoco ha de ser muy grato tener como mascota a uno de esos Puffskeins peludos
y amarillos, que a la menor provocación - o ante el menor trueno de sus
tripas hambrientas -, muestran ese largo tentáculo suyo con el que buscan
comida y que meten, insolentes bestias, en las narices de la gente.
Curiosas criaturas.
Y curiosa cabeza la que las engendró, porque
para nuestra suerte ni los salvajes Alethiafolds ni los domésticos
Puffskeins existen en este mundo. Son parte de la fauna que vive en la mente y
en el libro Criaturas mágicas y dónde encontrarlas, escrito por
Joanne Rowling, la mujer que pasó de pobre a millonaria con un solo toque de
magia. Ella le ha dado vida no sólo a los monstruos antes citados, sino que
también al chiquillo huérfano que encuentra su hogar en la magia. Joanne
Kathleen Rowling es la madre literaria de Harry Potter, quien la bendijo con
esa pila de millones que ahora posee y que ya se los hubiera querido cuando no
tenía un peso.
Rowling no olvida
esos días. Pero la historia alrededor
de las penurias que pasó en el momento en que creaba a Potter y su mundo mágico
han sido exageradas. Su cabeza dio forma a la exitosa novela cuando estaba
recién separada de su esposo y cargaba en solitario con la crianza de su
pequeña hija, de meses de vida. Era culta, separada y pobre, la prensa ha
querido convertirla por eso en la princesa-mendigo de la literatura británica.
A ella, tal cosa no
le agrada. Una de las razones por la cual es reacia a hablar con la prensa, es
el empecinamiento que en su momento tuvieron los diarios ingleses en resaltar
su condición de madre sola. Se habló demasiado de la Rowling como aquella mujer
desvalida que echaba mano a su talento y astucia femenina para salir del
fracaso. En oposición, los medios criticaron a las madres solteras que no
buscaban por sí mismas una forma para surgir, y seguían pidiendo que las
protegiera el Estado. “Eso es una total estupidez. No es vanidad ni arrogancia,
pero muy poca gente logra escribir un best seller. Compárenme con esos
estándares, no con la realidad de las madres solas”, reclamó en una entrevista
para la revista Time.
Joanne no se quedó
en la pura queja. Consciente de que las familias pobres encabezadas por un solo padre son una realidad demasiado
común en Inglaterra, la autora ha donado parte importante de su fortuna – se
dice que gana 30 millones de dólares al año - a una fundación que apoya a los
padres solos. Además, acogió gustosa la sugerencia de Comic Relief, una
organización que acoge a niños desamparados. Ya la Unicef había dado cuenta del
hecho: uno de cada seis niños del mundo desarrollado es pobre. Y gran parte de
ellos vive en naciones como Estados Unidos y Gran Bretaña, donde casi el 30 por
ciento de los niños está bajo la brecha de la pobreza.
Rowling escribió dos
historias paralelas a la saga de Harry Potter, el ya mencionado Criaturas
mágicas y dónde encontrarlas, y Quidditch a través de los tiempos.
El 80 por ciento de las ventas de estos libros irá en ayuda de Comic
Relief.
Así nació Harry.
Sus padres eran una típica pareja de
Inglaterra. Él, ingeniero; ella, una empleada de laboratorio preocupada de sus
dos hijas y la culpable de que la mayor saliera tan fanática de la lectura.
Nació en una localidad cercana a Bristol, en Inglaterra, el 31 de julio de 1965,
y su infancia transcurrió tranquila
hasta los cuatro años, cuando un sarampión la envió a la cama por una larga
temporada. La relación que la unía a su madre era muy estrecha y su pérdida,
ocurrida meses antes de que Joanne terminara la primera novela de Harry Potter,
la inspiró para incluir en el libro el espejo de los deseos. “Si estuviera
frente a ese espejo, desearía ver a mi madre. Sería tan fantástico tener cinco
minutos para decir ‘tengo una hija, se llama Jessica, es así y asá. He escrito
un par de libros. Mami, ¡imagínate lo que ha pasado!’. Estaría todo el tiempo
hablando y al final de los cinco minutos me daría cuenta de que no he
preguntado qué es estar muerto”, le dijo la escritora al diario británico The
Guardian.
Justamente por
influencia materna descubrió las
novelas de Ian Fleming y luego las de Jane Austen, su escritora favorita. Era
algo obvio que decidiera estudiar francés y literatura, en la universidad de
Exeter. Trabajó por años en la sede londinense de Amnistía Internacional, hasta
que se casó con el periodista portugués Jorge Arantes y emigró de Inglaterra.
El matrimonio duró
poco. Cuando Joanne se convenció de que como pareja iban directo al fracaso,
tomó a su hija recién nacida y enrumbó hacia Edimburgo. Allá la esperaba su
hermana menor, pero eso no le ayudó demasiado. Como no consiguió trabajo acabó
acogiéndose a los beneficios del seguro social, plata que apenas le alcanzó
para un departamento básico, antiguo, sin calefacción. Por eso aprovechó –y
aquí nace la leyenda- la calidez del café Nicolson’s, propiedad de su cuñado.
Sobre servilletas, Joanne habría escrito las primeras líneas de una historia
que había pensado años antes, en una larga espera en el tren que une Manchester
y Londres. En el bar pasó largas tardes dando forma a esa, la solución de sus
problemas. El libro que escribiría sería para niños. Hablaría de magia. Podría,
al fin, ganarse unas libras.
Presentó sus
manuscritos a varias editoriales. Muchas se negaron. Quienes colorean la
historia dicen que Joanne no tenía plata para fotocopiar los originales, por lo
que habría hecho las copias a máquina. Lo que sí pasó es que Bloomsbury
finalmente aceptó ese proyecto loco. Se
trataba de una serie de siete novelas demasiado extensas para el público
infantil, pero que acabó convirtiéndose en un éxito. Todo lo que vino después –
superventas, película y millones - ya es parte de la pottermanía.
La saga no sólo se
convirtió en un éxito de literatura para niños, sino que reclutó a muchos
lectores adultos entre sus seguidores. Y eso porque Joanne no escribió el mundo
infantil como una caricatura sentimentaloide: “Yo no tengo una tendencia a
sentimentalizar la niñez. La mía la recuerdo, a veces, viviendo momentos de
intensísima felicidad, que jamás se llegan a sentir en la adultez... Y a pesar
de haber tenido mucho más contacto con los chicos cuando enseñaba, no he usado
nada en mis libros que haya sacado de la observación de otros niños. La clave
para mí es que yo no veo a los chicos como una extraña banda de criaturas, a la
que tengo que investigar para conocerlos realmente”.
¿Casualidad o copia?
Con esa receta, Joanne le dio el pato a todos los gatos el
2001. Fue el año de estreno de la película Harry Potter y la piedra
filosofal, la primera puesta en celuloide de su saga literaria. Supervisó
con celo el guión del filme, la selección de los actores y los lugares que
darían lugar al mundo de Potter. Se llenó los bolsillos de plata y terminó con
su soltería, al casarse con el médico Neil Murray, un divorciado seis años
menor que ella.
Todos los halagos y trofeos, sin embargo,
no esconden las críticas. Ya hay lectores hastiados del fenómeno Potter, y
otros francamente espantados. Los fieles de una iglesia cristiana de Nuevo
México, por ejemplo, acataron el llamado de su párroco y quemaron en una hoguera decenas de volúmenes de la
premiada novela. En el mismo lote habían libros de Stephen King, discos del
rapero Eminem y videos de la película Blanca Nieves. Los austriacos en cambio
han sido menos sacros y acaban de lanzar una “línea caliente” para quienes
quieran desahogar todo el odio que sienten por Harry Potter. El fundador de
este curioso servicio, Alos Gmeiner, pretende publicar un libro con las
diatribas en contra del héroe mágico.
Pero estos berrinches populares en contra
del fenómeno no es lo más grave que debe enfrentar Joanne Rowling. Ella, quien
coloca sólo sus iniciales J.K. cuando firma sus libros – al igual que C.S.
Lewis o que J.R.R. Tolkien - no ha dicho nada frente a la reedición de una
novela publicada originalmente en 1984 y que contiene curiosas
coincidencias con la historia de Harry Potter. El libro en cuestión se llama La
leyenda de Rah y los muggles y fue escrito
por la estadounidense Nancy Stouffer. En él aparece un niño de pelo
oscuro y anteojos llamado Larry Potter, y existen los muggles, gente pequeña
que se dedica a cuidar huérfanos. ¿Simple coincidencia?
Ella no se hace cargo. Todas sus energías
están dedicadas a terminar la saga de Potter, que debe completar siete volúmenes.
Lo que vendrá después no lo tiene claro. Así lo dijo al diario argentino La
Nación: “Tengo algunas ideas muy vagas que escribo y luego guardo. Y es muy
probable que un día, cuando termine de escribir el séptimo libro, las agarre y
me dé cuenta de que son basura y quiera hacer otra cosa totalmente distinta. Me
preguntan muchos cuándo voy a escribir libros para adultos, como si uno no
fuera un escritor serio hasta tanto lo haga. Si soy reconocida como una
escritora de literatura infantil hasta el resto de mis días, nunca voy a sentir
que pertenezco a una segunda categoría”.
Como sea, Joanne ya sabe que será difícil
sacarse de encima la marca de Harry Potter. Tendría que inventarse un
seudónimo. O renegar de ese hijo literario que tantos dividendos le ha dado.