La Tragedia
del S.S. St.
Louis
Después de Kristallnacht en Noviembre de 1938 muchos Judíos dentro de Alemania decidieron que había llegado el
momento de irse. A pesar que muchos Judíos Alemanes
habían emigrado en los años precedentes, los Judíos que permanecieron tuvieron
más dificultad porque las políticas migratorias habían endurecido. Ya para el
1939 no sólo visas eran necesitadas para poder entrar en otro país, sino que
dinero era necesario para irse de Alemania. Puesto que muchos países,
especialmente Estados Unidos, tenían cuotas de migración, las visas eran casi
imposibles de adquirir dentro de un corto lapso de tiempo en los cuales eran
necesitadas. Para muchos las visas llegaban después que ya era muy tarde. La
oportunidad que el S.S. St. Louis presentaba parecía ser la última esperanza de
escapar.
Abordando
El S.S. St. Louis, parte
de la Línea Hamburg-America
(Hapag), estaba en el muelle 76 esperando su próxima
travesía cual habría de llevar refugiados Judíos de Alemania a Cuba. Una vez
que los refugiados arribaran en Cuba, ellos esperarían su número de cuota para
poder entrar en Estados Unidos. El barco blanco y negro con ocho pisos
(cubiertas) tenía espacio para 400 pasajeros de primera clase (800 Marcos de Reich [Reichsmarks] cada uno) y
500 pasajeros clase turista (600 Marcos del Reich [Reichsmarks] cada uno). Los pasajeros también eran
requeridos pagar 230 Reichsmarks adicionales por los
"honorarios habituales de contingencia", que se suponía cubría los
costos se había un viaje imprevisto de regreso. Puesto que todos los Judíos habían sido forzados fuera de sus trabajos y habían
sido cobrados rentas bajo el régimen Nazi, la mayoría de los Judíos no tenían
esta cantidad de dinero. Algunos de estos pasajeros tenían familiares fuera de
Alemania y Europa que les habían mandado el dinero mientras otras familias
tuvieron que hacer un fondo común de dinero para mandar tan siquiera un miembro
hacia la libertad. En el Sábado, Mayo 13, 1939, los pasajeros abordaron.
Mujeres y hombres. Jóvenes y viejos. Cada persona que abordaba tenía su propia
historia de persecución.
Un pasajero,
Aaron Pozner, había sido
dejado en libertad recientemente de Dachau (campo de
concentración). En la noche de Kristallnacht, Pozner junto con 26,000 otros Judíos había sido arrestado y
enviado a campos de concentración. Mientras estuvo internado en Dachau, Pozner fue testigo de
asesinatos brutales por medio de la horca, ahogados y crucifixión como también
tortura por medio de flagelación, y castraciones por un baronet.
Sorpresivamente Poznet fue suelto de Dachau con la condición que se fuera de Alemania en 14
días. A pesar de que su familia tenía muy poco dinero, ellos pudieron juntar
suficiente dinero para comprar el boleto para él a bordo del S.S. St. Louis.
Pozner se despidió de su esposa y dos pequeños hijos
sabiendo que ellos nunca podrían reunir suficiente dinero para comprar otro
boleto hacia la libertad. Golpeado y forzado a dormir entre cueros
ensangrentados de animales en su viaje para llegar al barco, Pozner abordó con el conocimiento que era su
responsabilidad reunir el dinero para trae a su familia a la libertad.
Muchos otros
pasajeros habían dejado atrás a miembros de la familia mientras otros iban a
encontrarse con miembros que se habían ido anteriormente. Según los pasajeros
abordaban ellos se recordaban de años de persecución que había sufrido. Algunos
habían salido de su escondite para abordar el barco y ninguno tenía la certeza
de que no iban a tener el mismo trato una vez a bordo. La bandera Nazi izada en
el barco y la foto de Hitler colgada en el comedor no
disiparon sus temores. Más temprano, el Capitán Gustav
Schroeder (foto a la izquierda) les había dado a los
231 miembros de la tripulación estrictas advertencias de que los pasajeros
tenían que ser tratados como cualquiera otros. Muchos estaban dispuestos a
hacer esto, dos sobrecargos aun le cargaron el equipaje a Moritz
y Recha Welter puesto que ellos eran ancianos. Pero
había un miembro de la tripulación que estaba disgustado con esta política y
estaba presto a buscar problemas, Otto Schiendick. No
sólo estaba Otto Schiendick dispuesto a provocar
problemas y estaba constantemente tratando, él eran un mensajero secreto del Abwehr (Policía Secreta Alemana). En este viaje, Schiendick tenía que recoger documentos secretos acerca de
las fuerzas militares de USA de manos de Robert Hoffman en Cuba. Esta misión tenía el Nombre-código
Operación Sunshine (luz del sol).
El capitán
escribió una nota en su diario:
Hay algo de
disposición nerviosa entre los pasajeros. A pesar de esto, todo parecen
convencidos que ellos nunca verán a Alemania de nuevo. Enternecedoras escenas
de partida han tomado lugar. Muchos parecen ligeros de corazón por haber
abandonado sus hogares. Otros lo toman fuertemente. Pero el buen tiempo, aire
puro del mar, buena comida, y servicio atento pronto proveerá la usual
atmósfera sin preocupaciones de las largas travesías marinas. Dolorosas
impresiones en tierra desaparecen rápidamente en el mar y pronto parecen
meramente como sueños.
A las 8:00
p.m. el Sábado (Mayo 13) de noche, el barco zarpó.
El Viaje a Cuba
Tan sólo
media hora después que el S.S. St. Louis había zarpado, recibió un mensaje de Claus-Gottfried Holthusen, el superintendente de Hapag.
El mensaje decía que el S.S. St. Louis tenía que ir "a toda máquina"
porque había otros dos barcos (el Flandre y el Ordina) transportando refugiados Judíos y dirigiéndose a
Cuba. Aunque no hubo explicación de la necesidad de la presteza, este mensaje
parecía advertir de problemas inminentes.
Los pasajeros
poco a poco empezaron a acostumbrarse a la vida a bordo de un barco grande. Con
mucha buena comida, cines, piscinas el temperamento comenzó a relajarse un
poco. Los niños disfrutaron de la compañía de otros niños e hicieron nuevos
amigos como también hacían travesuras de niños encerrando los compartimentos de
los baños y después saliendo por debajo
y enjabonando las cerraduras, Muchas veces Schiendick
trató de interrumpir la calma poniendo copias del Der
Stürmer
(literatura Nazi), sustituyendo las películas del cine por propaganda nazi o
cantando canciones Nazi.
Para Recha Weiler,
quien fue ayudada por el sobrecargo con su equipaje, su primordial preocupación
era por su esposo puesto que la salud de él continuaba deteriorándose. Por más
de una semana, el médico del barco continuó prescribiendo medicinas para Moritz Weiler pero nada ayudaba.
El Martes, Mayo 3, Moritz
murió. El Capitán Schroeder, el sobrecargo y el
medico del barco ayudaron a Recha a despedir a su
esposo, proveyeron velas, y encontraron un rabino a bordo. A pesar de que Recha quería que su esposo fuera sepultado al llegar a
Cuba, no había facilidades de almacenamiento donde el cuerpo pudiera ser
guardado. Recha accedió a una sepultura en el mar.
Para no molestar a los otros pasajeros, fue acordado tener los servicios del
funeral a la 11:00 la misma noche.
Después que
los ritos del funeral fueron observados, el cuerpo fue envuelto en una bandera
grande del Hapag que después fue cosida. Schiendick, tratando de buscar pleito, insistió que las regulaciones
del Partido afirmaban que el féretro en una sepultura en el mar, debía ser
envuelto en una bandera con swástica. La propuesta de
Schiendick fue rehusada, Esa noche, después de un
corto servicio funeral, el cuerpo fue deslizado en el mar.
En la
próxima media hora, un miembro de la tripulación deprimido saltó por la borda
en el mismo lugar que el cuerpo había sido deslizado al mar. El S.S. St. Louis dio
la vuelta y comenzaron a buscar al hombre. Los chances de encontrar al hombre
eran pocos y el barco perdió tiempo valioso en su carrera hacia Cuba para
llegar antes que el Flandre y Orduna.
Después de algunas horas de búsqueda, fue cancelada y el barco resumió su curso.
La noticia
de las dos muertes conmovieron a los pasajeros y las tensiones y sospechas
aumentaron. Para Max Loewe,
quien ya estaba al borde de la psicosis, las muertes la aumentaron. La esposa y
dos hijos de Max estaban tremendamente preocupados
acerca de Max pero trataron de esconderlo.
Una vez el
Capitán recibió un cable en Mayo 23 que decía que los pasajeros del S.S. St Louis
podría ser que no pudieran desembarcar a causa del decreto 937, él lo sintió
prudente establecer un pequeño comité de pasajeros. El comité debía explorar
las posibilidades si en caso de que hubiera problemas en desembarcar en Cuba.
Decreto
937
En Cuba,
temprano en 1939, el Decreto 55 había pasado cual hacía distinción entre
refugiados y turistas. El Decreto señalaba que cada refugiado necesitaba una
visa y era requerido pagar un bono de $500 para garantizar que ellos no se
convirtieran en carga pública de Cuba. Pero el Decreto también señalada que los
turistas seguían siendo bienvenidos y no necesitaban visas. El director de
inmigración de Cuba, Manuel Benítez, se dio cuenta que el Decreto 55 no definía
al turista ni al refugiado. El decidió que tomaría ventaja de esta laguna en la
ley y haría dinero cobrando permisos de desembarque que permitiría a los
refugiados desembarcar en Cuba por llamarlos turistas. El vendió estos permisos
a cualquiera que pagara $150. Aunque sólo permitían a alguien desembarcar como
turista, estos permisos lucían auténticos, aún siendo firmados individualmente
por Benítez, y generalmente fueron hechos para que lucieran como visas. Algunas
personas compraron cantidades de estos por $250 cada uno y los revendieron a
refugiados individuales por mucho más. Benítez hizo una pequeña fortuna
vendiendo estos permisos como también recibió dinero de la Línea Naviera. Hapag había comprendido la ventaja de poder ofrecer un
paquete completo a sus pasajeros, el permiso y el pasaje en el barco de ellos.
El
Presidente de Cuba, Federico Laredo Bru, y su
gabinete no les gustó el hecho de que Benítez ganara una gran suma de dinero –
que él no estaba dispuesto a compartir – basado en la laguna legal del Decreto
55. También la economía de Cuba había comenzado a estancarse y muchos culparon
a los recientes refugiados de tomar trabajos que hubieran sido para los Cubanos.
El 5 de
Mayo, el Decreto 937 fue pasado el cual cerró la laguna legal. Sin saberlo,
casi todos los pasajeros del S.S. St. Louis habían comprado un permiso de desembarque por
un precio inflado pero ya para el momento de zarpar, había sido anulado por el
Decreto 937.
Las
expectativas crecieron según el S.S. St. Louis se acercaba al Puerto de la Habana. No hubo
más misteriosos y aprensivos telegramas. No más muertes. Los pasajeros
disfrutaron el resto de los días en el barco y pensaban cómo serían sus nuevas
vidas en Cuba.
Tarde en el
atardecer del Viernes, el último día completo antes de
que el barco habría de arribar, el Capitán Schroeder
recibió un telegrama de Luis Clasing (el oficial
local de Hapag en la Habana) que decía que el S.S. St Louis
tenía que anclar fuera del muelle. Originalmente planeando atracar en el muelle
de Hapag, anclar fuera del muelle fue una concesión
del Presidente Laredo Bru puesto que él aún no
permitió que los pasajeros del St. Louis
desembarcaran. El Capitán Schroeder fue a dormir esa
noche pensando en este cambio.
Llegada a Cuba
A las tres
de la mañana el práctico de puerto abordó. El Capitán Schroeder
estaba ansioso por preguntar al práctico por las razones por las cuales ellos
tuvieron que anclar en la bahía en vez del muelle, pero el práctico uso la
excusa de la barrera del idioma como una razón para no responder a las
preguntas del Capitán del barco. Un timbre fue sonado a las cuatro de la mañana
para despertar a los pasajeros y el desayuno fue a las cuatro y media.
La policía
Cubana y oficiales de inmigración abordaron el S.S. St. Louis el Sábado
por la mañana. Entonces los oficiales de inmigración de fueron de repente sin
ninguna explicación. La policía se quedó abordo para cuidar el
escalera de desembarque. Muchos oficiales abordaron pero entonces se fueron sin
ninguna explicación en cuanto a por qué tuvieron que anclar en la bahía ni
dieron seguridad que los pasajeros fueran permitidos desembarcar. Mientras la
mañana transcurrió familiares y amigos de los pasajeros que estaban en Cuba
comenzaron a alquilar botes y a circular al S.S.
St. Louis. Los pasajeros abordo saludaban y
gritaban a aquellos abajo, pero a barcos pequeños no se les permitió acercarse.
Los
pasajeros permanecieron ansiosos por desembarcar, sin darse cuenta de las
negociaciones internacionales y políticas que rodeaban su destino.
Negociaciones
e influencias
Manuel
Benítez
Aunque un
jugador principal en el destino de los refugiados puesto que fue él quien firmó
sus permisos de desembarque, él continuamente subestimó la posición del
Presidente Laredo Bru. Benítez constantemente mantenía
que Laredo Bru se retraería puesto que el St. Louis fue permitido en la bahía. El
quería $250,000 en sobornos para que él pudiera enmendar su relación con Laredo
Bru y revocara el decreto 937. El Presidente Laredo Bru rehusó escuchar las peticiones de Benítez. A pesar que
él ya no tenía acceso a Laredo Bru continuaba
defendiendo su seguridad de que Laredo Bru se
retraería. Su actitud de plena confianza y su hablar lisonjero convencieron a
un número de personas influyentes de que las circunstancias no eran tan graves
como parecían, así que no tomaron ninguna acción.
Luis Clasing y Robert Hoffman (oficiales locales de Hapag
en la Habana)
Clasing se reunión algunas veces con Benítez, esperando que Benítez
asegurara a los pasajeros que ellos serían permitidos desembarcar. Benítez
quería $250,000 – suficiente para pagar al Presidente Laredo Bru lo que perecía su porción de las ganancias de los
permisos de desembarque. Esto era demasiado para Hapag
pagar. Hapag ya había dado a Benítez muchos sobornos;
la petición de Benítez fue en respuesta a su pobre influencia sobre Laredo Bru para cambiar su posición.
Hoffman necesitaba que el barco desembarcara para poder
reunirse con Schiendick para darle los documentos
secretos. El Capitán Schroeder rehusó darle permiso a
la tripulación para ir a tierra, así que Hoffman
necesitaba encontra la forma de ir abordo o de hacer
que Schiendick desembarcara.
Martin Goldsmith (Director del
Comité de Ayuda en Cuba cual estaba financiado por el Comité de la Junta de
Distribución de los Judíos Americanos)
Antes de que el S.S.
St. Louis arribara en la Habana, Goldsmith repetidamente le había pedido a la Junta fondos
adicionales para ayudar a los refugiados que ya estaban en Cuba y para aquellos
próximos a llegar. La Junta rehusó. La comunidad local Judía donó al Comité de
Ayuda pero sentía que el mundo debía estar ayudando. Después que el S.S. St. Louis arribó,
la Junta se comenzó a percatar de la seriedad del aprieto. Ellos mandarían a
dos profesionales para negociar – pero ellos no llegarían hasta cuatro días
después.
Joseph Goebbels y el
Anti-Semitismo
Goebbels decidió usar el S.S. St. Louis y a sus pasajeros como plan maestro de
propaganda. Habiendo mandado agentes a Cuba para agitar el antisemitismo, la
propaganda Nazi fabricada realzó la naturaleza criminal de los pasajeros –
haciéndolos lucir aún más indeseables. Los agentes dentro de Cuba agitaron el
antisemitismo y organizaron protestas. Muy pronto una cantidad adicional de
1,000 refugiados Judíos más entrando en Cuba fue visto como una amenaza.
Atascados en Cuba
La ansiedad y expectativa de la inminente partida se
transformó en aún más ansiedad y sospechas según la espera fue prolongada de
horas en días.
El Lunes, dos días después de
llegar a Cuba, Hoffman encintró la forma de abordar
el St Louis. Clasing
había permitido que Hoffman fuera abordo en lugar de
él puesto que Clasing estaba ocupado en qué iba a
hacer con 250 pasajeros que se suponía que abordaran el St. Louis para la travesía de regreso a Alemania. ¿Permitiría el
Presidente Laredo Bru que 250 refugiados
desembarcaran para que estos pasajeros que esperaban en la Habana pudieran
hacer su viaje de regreso?
Hoffman ya había escondido los documentos secretos en el lomo
de revistas, dentro de plumas y dentro de un bastón, así que él trajo estos al
barco. En la escalera de embarque, a Hoffman le fue
dicho que él podía subir al barco pero que no le era permitido traer nada
abordo. Dejando sus revistas y el bastón detrás, Hoffman
abordó con las plumas. Enviado directamente al Capitán Schoeder,
Hoffman usó la influencia de la Abwehr para forzar
a Schroeder para que permitiera a la tripulación ir a
tierra. Schoeder, horrorizado de que la Abwehr estaba conectada a su barco, accedió. Después de una
reunión rápida con Schiendick, Hoffman
dejó el barco. Con el cambio de política, Schiendick
pudo recoger las revistas y el bastón y reabordar el St. Louis. Ahora Schiendick se convirtió en
una fuerza mayor para regresar a Alemania sin paradas en América por temor de
ser sorprendido con los documentos secretos.
El Martes el capitán Schroeder llamó
al comité de los pasajeros para una reunión sólo por segundas vez. El comité se
había puesto desconfiado del capitán. El St. Louis ya había estado en la bahía por cuatro días antes de que
ellos fueran llamados. Ninguna buena noticia había venido y al comité de los
pasajeros le fue pedido que enviara telegramas a personas influyentes,
familiares y amigos pidiendo ayuda.
Cada día que
el St. Louis pasaba en la bahía, Max Loewe se ponía más paranoico.
Su familia se había preocupado anteriormente, pero Max
se puso extremadamente trastornado creyendo que había muchos SS y GESTAPO
abordo planeando arrestarlo y llevarlo a un campo de concentración.
El Martes, Max Loewe
se cortó las venas y saltó por la borda en el mismo lugar donde el cuerpo había
sido deslizado por la borda. Chapoteando mientras trataba de arrancarse las
venas con las uñas, Max Loewe
atrajo la atención de muchos abordo. La sirena sonó por el hombre por la borda
y un valiente miembro de la tripulación, Heinrich Meier, saltó al agua. La sirena y el alboroto atrajeron a
la policía al área. Después de algún forcejeo, Meier
pudo agarrar a Loewe y empujarlo hacia un bote de la
policía. Loewe seguía gritando y tuvo que ser
aplacado a la fuerza para que no se tirara de nuevo al agua. El fue llevado a
una ambulancia que esperaba y después al hospital. A su esposa no se le
permitió visitarlo.
Los días
siguieron progresando y los pasajeros se pusieron cada vez más sospechosos y
temerosos. Si ellos fueran forzados de regreso a Alemania, por seguro serían
mandados a campos de concentración. Las posibles consecuencias del regreso de
ellos eran altamente sugeridas en periódicos y revistas Alemanas.
El mundo
siguió el destino de los pasajeros a bordo del S.S. St. Louis. Su historia fue cubierta
alrededor del mundo. El embajador de Estados Unidos a Cuba se reunió con un
miembro influyente en el gobierno Cubano y habló diplomáticamente de la
posición precaria que los cubanos se encontraban. El embajador había hablado
sin instrucciones directas del Presidente pero él hizo conocidas las
preocupaciones de Estados Unidos. El Secretario de Estado Cubano afirmó que el
asunto habría de ser determinado por el gabinete.
El Miércoles el gabinete se reunió. Los pasajeros a bordo del S.S. St. Louis
no serían permitidos desembarcar, ni siquiera aun los 250 necesitados para
permitir espacio para los pasajeros que regresaban.
El Capitán Schroeder comenzó a temer suicidios en masa a bordo del
barco. Amotinamiento era otra posibilidad. Con la ayuda del comité de los
pasajeros "patrullas de suicidio" fueron creadas para patrullar de
noche.
Dos
Americanos de la Junta arribaron en la Habana y para el Jueves, Junio 1ro,
se habían hecho amigos de un par de personas influyentes que convencieron al
Presidente Laredo Bru a reabrir las negociaciones.
Para shock de ellos, Laredo Bru
no negociaría hasta que el St. Louis fuera de
aguas Cubanas. Al St. Louis le fue dada orden de salir antes
de las próximas tres horas. Súplicas de Schroeder que
él necesitaba más tiempo para prepararse para la partida, el plazo fue
retrasado hasta el viernes, 2 de Junio a las 10:00 a.m.
Ninguna
opción fue dejada para el St. Louis, si no
se iban pacíficamente, serían forzados fuera por la armada Cubana.
Saliendo
de Cuba
En la mañana
del viernes, el S.S. St.
Louis hizo estruendo con sus motores y comenzó a retirarse. Despedidas
fueron gritadas por la borda a amigos y familiares en botes alquilados abajo.
EL S.S. St. Louis
iba a rodear a Cuba, esperando esperanzado por la conclusión de las
negociaciones entre el representante de la Junta, Lawrence Berenson
y el presidente Laredo Bru.
El gobierno
Cubano quería $500 por cada refugiado (aproximadamente $500,000 en total) La
misma cantidad fue requerida de cualquier refugiado que obtenía una visa a
Cuba. Berenson no creía que él tendría que pagar
tanto, con las negociaciones, él creyó, que solamente le costaría a la Junta
unos $125,000.
Durante el
día siguiente, Berenson fue abordado por algunos
hombres que reclamaban afiliación con el gobierno Cubano, uno se identificó a
sí mismo como teniendo poderes para negociar otorgados por Laredo Bru. Estos hombres insistieron que necesitaban entre
$400,000 y $500,000 para asegurar el regreso de los pasajeros del St. Louis. Berenson
creía que estos hombres sólo querían una parte de las ganancias por negociar un
precio más alto. El estaba equivocado.
Mientras las
negociaciones continuaban, el S.S. St. Louis daba vueltas alrededor de Cuba y después se
dirigió hacia el norte siguiendo la costa de la Florida con la esperanza de que
quizás los Estados Unidos aceptaran a los refugiados. [Recuentos a menudo
mencionan que Los barcos de los Guarda Costas de Estados Unidos estaban
siguiendo al St. Louis para prevenir que desembarcara,
pero esos barcos en realidad habían sido enviados por petición del Secretario
del Tesoro Henry Morgenthau, Jr.,
porque la localización del barco era desconocida y él quería mantener vigilancia sobre el barco en
caso de que un cambio en política le permitiera atracar.
En este
momento fue notado que por causa del corto tiempo para prepararse y dejar el
puerto, el St. Louis tendría falta de comida y agua
en menos de dos semanas. Los telegramas continuaban llegando insistiendo en la
posibilidad de atracar en Cuba o aun en la República Dominicana. Una vez llegó
un cable diciendo que el S.S. St. Louis atracaría en la Isla de la Juventud (antes
Isla de Pinos), al sur de Cuba y perteneciente a Cuba, entonces Schroeder volvió el barco y se dirigió hacia Cuba.
Las buenas
noticias fueron anunciadas a aquellos a bordo y todos se regocijaron. Listos y
esperando una nueva vida, los pasajeros se prepararon para su arribo la mañana
siguiente.
A la mañana
siguiente llegó un telegrama diciendo que atracar el la Isla de la Juventud no
había sido confirmado. Horrorizados, el comité de los pasajeros comenzó a
pensar en otras alternativas.
Cerca del
mediodía el Martes, 6 de Junio, el presidente Laredo Bru cerró las negociaciones. Por un mal entendimiento la
adjudicación de dinero no había sido acordada y Berenson
perdió el plazo de 48 horas que él no sabía que existía. Un día después la
Junta propuso pagar a Laredo Bru todas las demandas
pero él dijo que ya era muy tarde.
Con el
suministro de comida disminuyendo y presiones de Hapag
para regresar a Alemania, el Capitán Schroeder ordenó
que el barco cambiara dirección y se dirigiera hacia Europa.
La
Travesía de Regreso
Al siguiente
día, Miércoles, Junio 7, el Capitán Schroeder informó al comité de los pasajeros que se estaban
regresando a Europa. Aunque la situación era desesperada todavía había
esperanzas que las negociaciones para su arribo en Europa en algún lugar aparte
de Alemania fuera posible.
Mientras
negociaciones masivas estaban comenzando, Aaron Pozner reunió algunos jóvenes abordo para participar en
amotinamiento. A pesar de que tuvieron éxito en capturar el puente de mando,
ellos no capturaron los otros lugares estratégicos del barco. El amotinamiento
fue frustrado. El suicidio por ahorcase un miembro de la tripulación también
marcó el terror en el viaje de regreso.
Por medio de
milagrosas negociaciones, el comité de la Junta pudo encontrar algunos países
que tomaran grupos de los refugiados. 181 iría a Holanda, 224 a Francia, 228 a
Gran Bretaña y 214 a Bélgica.
Los
pasajeros desembarcaron del S.S. St. Louis entre el 16 de Junio y el 20 de Junio. Otros
barcos fueron transformados para llevar pasajeros a sus destinos.
Habiendo
cruzado el Océano Atlántico dos veces los pasajeros, las esperanzas originales
de LIBERTAD en Cuba y en Estados Unidos se
transformaron en una triste búsqueda para escapar lo que era una muerte segura
a su regreso a Alemania. Sintiéndose SOLOS Y RECHAZADOS por el mundo, los
pasajeros regresaron a Europa en Junio de 1939. Con el comienzo de la Segunda
Guerra Mundial sólo a unos meses vista, muchos pasajeros fueron mandados al
este donde los países eventualmente fueron ocupados por Alemania.
Traducido por Diego Ascunce del Jewish Virtual Library
"The Tragedy of the S.S. S.t Louis"
NOTA
DEL TRADUCTOR:
La
mayor parte de estos refugiados de todos modos murieron en campos de exterminio
Nazi al Alemania invadir y ocupar los países donde
ellos fueron llevados.
Cuba
ha sido un país muy maldecido por YAHWEH, nuestro Elohim. Aquí vemos el
cumplimiento de la maldición Avrahámica:
"Maldeciré
a los que te maldigan."
Como
también la vemos en el hecho de que Cuba fue uno de los muy pocos países de
nuestra América en votar en contra del establecimiento del ESTADO
DE ISRAEL en las Naciones Unidas en 1948.
Diego Ascunce
www.geocities.com/horamesianica