La Tragedia del S.S. St. Louis

 

Después de Kristallnacht en Noviembre de 1938 muchos Judíos dentro de Alemania decidieron que había llegado el momento de irse. A pesar que muchos Judíos Alemanes habían emigrado en los años precedentes, los Judíos que permanecieron tuvieron más dificultad porque las políticas migratorias habían endurecido. Ya para el 1939 no sólo visas eran necesitadas para poder entrar en otro país, sino que dinero era necesario para irse de Alemania. Puesto que muchos países, especialmente Estados Unidos, tenían cuotas de migración, las visas eran casi imposibles de adquirir dentro de un corto lapso de tiempo en los cuales eran necesitadas. Para muchos las visas llegaban después que ya era muy tarde. La oportunidad que el S.S. St. Louis presentaba parecía ser la última esperanza de escapar.

 

Abordando

 

El S.S. St. Louis, parte de la Línea Hamburg-America (Hapag), estaba en el muelle 76 esperando su próxima travesía cual habría de llevar refugiados Judíos de Alemania a Cuba. Una vez que los refugiados arribaran en Cuba, ellos esperarían su número de cuota para poder entrar en Estados Unidos. El barco blanco y negro con ocho pisos (cubiertas) tenía espacio para 400 pasajeros de primera clase (800 Marcos de Reich [Reichsmarks] cada uno) y 500 pasajeros clase turista (600 Marcos del Reich [Reichsmarks] cada uno). Los pasajeros también eran requeridos pagar 230 Reichsmarks adicionales por los "honorarios habituales de contingencia", que se suponía cubría los costos se había un viaje imprevisto de regreso. Puesto que todos los Judíos habían sido forzados fuera de sus trabajos y habían sido cobrados rentas bajo el régimen Nazi, la mayoría de los Judíos no tenían esta cantidad de dinero. Algunos de estos pasajeros tenían familiares fuera de Alemania y Europa que les habían mandado el dinero mientras otras familias tuvieron que hacer un fondo común de dinero para mandar tan siquiera un miembro hacia la libertad. En el Sábado, Mayo 13, 1939, los pasajeros abordaron. Mujeres y hombres. Jóvenes y viejos. Cada persona que abordaba tenía su propia historia de persecución.

 

Un pasajero, Aaron Pozner, había sido dejado en libertad recientemente de Dachau (campo de concentración). En la noche de Kristallnacht, Pozner junto con 26,000 otros Judíos había sido arrestado y enviado a campos de concentración. Mientras estuvo internado en Dachau, Pozner fue testigo de asesinatos brutales por medio de la horca, ahogados y crucifixión como también tortura por medio de flagelación, y castraciones por un baronet. Sorpresivamente Poznet fue suelto de Dachau con la condición que se fuera de Alemania en 14 días. A pesar de que su familia tenía muy poco dinero, ellos pudieron juntar suficiente dinero para comprar el boleto para él a bordo del S.S. St. Louis. Pozner se despidió de su esposa y dos pequeños hijos sabiendo que ellos nunca podrían reunir suficiente dinero para comprar otro boleto hacia la libertad. Golpeado y forzado a dormir entre cueros ensangrentados de animales en su viaje para llegar al barco, Pozner abordó con el conocimiento que era su responsabilidad reunir el dinero para trae a su familia a la libertad.

 

Muchos otros pasajeros habían dejado atrás a miembros de la familia mientras otros iban a encontrarse con miembros que se habían ido anteriormente. Según los pasajeros abordaban ellos se recordaban de años de persecución que había sufrido. Algunos habían salido de su escondite para abordar el barco y ninguno tenía la certeza de que no iban a tener el mismo trato una vez a bordo. La bandera Nazi izada en el barco y la foto de Hitler colgada en el comedor no disiparon sus temores. Más temprano, el Capitán Gustav Schroeder (foto a la izquierda) les había dado a los 231 miembros de la tripulación estrictas advertencias de que los pasajeros tenían que ser tratados como cualquiera otros. Muchos estaban dispuestos a hacer esto, dos sobrecargos aun le cargaron el equipaje a Moritz y Recha Welter puesto que ellos eran ancianos. Pero había un miembro de la tripulación que estaba disgustado con esta política y estaba presto a buscar problemas, Otto Schiendick. No sólo estaba Otto Schiendick dispuesto a provocar problemas y estaba constantemente tratando, él eran un mensajero secreto del Abwehr (Policía Secreta Alemana). En este viaje, Schiendick tenía que recoger documentos secretos acerca de las fuerzas militares de USA de manos de Robert Hoffman en Cuba. Esta misión tenía el Nombre-código Operación Sunshine (luz del sol).

 

El capitán escribió una nota en su diario:

 

Hay algo de disposición nerviosa entre los pasajeros. A pesar de esto, todo parecen convencidos que ellos nunca verán a Alemania de nuevo. Enternecedoras escenas de partida han tomado lugar. Muchos parecen ligeros de corazón por haber abandonado sus hogares. Otros lo toman fuertemente. Pero el buen tiempo, aire puro del mar, buena comida, y servicio atento pronto proveerá la usual atmósfera sin preocupaciones de las largas travesías marinas. Dolorosas impresiones en tierra desaparecen rápidamente en el mar y pronto parecen meramente como sueños.

 

A las 8:00 p.m. el Sábado (Mayo 13) de noche, el barco zarpó.

 

 El Viaje a Cuba

 

Tan sólo media hora después que el S.S. St. Louis había zarpado, recibió un mensaje de Claus-Gottfried Holthusen, el superintendente de Hapag. El mensaje decía que el S.S. St. Louis tenía que ir "a toda máquina" porque había otros dos barcos (el Flandre y el Ordina) transportando refugiados Judíos y dirigiéndose a Cuba. Aunque no hubo explicación de la necesidad de la presteza, este mensaje parecía advertir de problemas inminentes.

 

Los pasajeros poco a poco empezaron a acostumbrarse a la vida a bordo de un barco grande. Con mucha buena comida, cines, piscinas el temperamento comenzó a relajarse un poco. Los niños disfrutaron de la compañía de otros niños e hicieron nuevos amigos como también hacían travesuras de niños encerrando los compartimentos de los baños  y después saliendo por debajo y enjabonando las cerraduras, Muchas veces Schiendick trató de interrumpir la calma poniendo copias del Der Stürmer (literatura Nazi), sustituyendo las películas del cine por propaganda nazi o cantando canciones Nazi.

 

Para Recha Weiler, quien fue ayudada por el sobrecargo con su equipaje, su primordial preocupación era por su esposo puesto que la salud de él continuaba deteriorándose. Por más de una semana, el médico del barco continuó prescribiendo medicinas para Moritz Weiler pero nada ayudaba. El Martes, Mayo 3, Moritz murió. El Capitán Schroeder, el sobrecargo y el medico del barco ayudaron a Recha a despedir a su esposo, proveyeron velas, y encontraron un rabino a bordo. A pesar de que Recha quería que su esposo fuera sepultado al llegar a Cuba, no había facilidades de almacenamiento donde el cuerpo pudiera ser guardado. Recha accedió a una sepultura en el mar. Para no molestar a los otros pasajeros, fue acordado tener los servicios del funeral a la 11:00 la misma noche.

 

Después que los ritos del funeral fueron observados, el cuerpo fue envuelto en una bandera grande del Hapag que después fue cosida. Schiendick, tratando de buscar pleito, insistió que las regulaciones del Partido afirmaban que el féretro en una sepultura en el mar, debía ser envuelto en una bandera con swástica. La propuesta de Schiendick fue rehusada, Esa noche, después de un corto servicio funeral, el cuerpo fue deslizado en el mar.

 

En la próxima media hora, un miembro de la tripulación deprimido saltó por la borda en el mismo lugar que el cuerpo había sido deslizado al mar. El S.S. St. Louis dio la vuelta y comenzaron a buscar al hombre. Los chances de encontrar al hombre eran pocos y el barco perdió tiempo valioso en su carrera hacia Cuba para llegar antes que el Flandre y Orduna. Después de algunas horas de búsqueda, fue cancelada y el barco resumió su curso.

 

La noticia de las dos muertes conmovieron a los pasajeros y las tensiones y sospechas aumentaron. Para Max Loewe, quien ya estaba al borde de la psicosis, las muertes la aumentaron. La esposa y dos hijos de Max estaban tremendamente preocupados acerca de Max pero trataron de esconderlo.

 

Una vez el Capitán recibió un cable en Mayo 23 que decía que los pasajeros del S.S. St Louis podría ser que no pudieran desembarcar a causa del decreto 937, él lo sintió prudente establecer un pequeño comité de pasajeros. El comité debía explorar las posibilidades si en caso de que hubiera problemas en desembarcar en Cuba.

 

Decreto 937

 

En Cuba, temprano en 1939, el Decreto 55 había pasado cual hacía distinción entre refugiados y turistas. El Decreto señalaba que cada refugiado necesitaba una visa y era requerido pagar un bono de $500 para garantizar que ellos no se convirtieran en carga pública de Cuba. Pero el Decreto también señalada que los turistas seguían siendo bienvenidos y no necesitaban visas. El director de inmigración de Cuba, Manuel Benítez, se dio cuenta que el Decreto 55 no definía al turista ni al refugiado. El decidió que tomaría ventaja de esta laguna en la ley y haría dinero cobrando permisos de desembarque que permitiría a los refugiados desembarcar en Cuba por llamarlos turistas. El vendió estos permisos a cualquiera que pagara $150. Aunque sólo permitían a alguien desembarcar como turista, estos permisos lucían auténticos, aún siendo firmados individualmente por Benítez, y generalmente fueron hechos para que lucieran como visas. Algunas personas compraron cantidades de estos por $250 cada uno y los revendieron a refugiados individuales por mucho más. Benítez hizo una pequeña fortuna vendiendo estos permisos como también recibió dinero de la Línea Naviera. Hapag había comprendido la ventaja de poder ofrecer un paquete completo a sus pasajeros, el permiso y el pasaje en el barco de ellos.

 

El Presidente de Cuba, Federico Laredo Bru, y su gabinete no les gustó el hecho de que Benítez ganara una gran suma de dinero – que él no estaba dispuesto a compartir – basado en la laguna legal del Decreto 55. También la economía de Cuba había comenzado a estancarse y muchos culparon a los recientes refugiados de tomar trabajos que hubieran sido para los Cubanos.     

 

El 5 de Mayo, el Decreto 937 fue pasado el cual cerró la laguna legal. Sin saberlo, casi todos los pasajeros del S.S. St. Louis habían comprado un permiso de desembarque por un precio inflado pero ya para el momento de zarpar, había sido anulado por el Decreto 937.

 

Las expectativas crecieron según el S.S. St. Louis se acercaba al Puerto de la Habana. No hubo más misteriosos y aprensivos telegramas. No más muertes. Los pasajeros disfrutaron el resto de los días en el barco y pensaban cómo serían sus nuevas vidas en Cuba.

 

Tarde en el atardecer del Viernes, el último día completo antes de que el barco habría de arribar, el Capitán Schroeder recibió un telegrama de Luis Clasing (el oficial local de Hapag en la Habana) que decía que el S.S. St Louis tenía que anclar fuera del muelle. Originalmente planeando atracar en el muelle de Hapag, anclar fuera del muelle fue una concesión del Presidente Laredo Bru puesto que él aún no permitió que los pasajeros del St. Louis desembarcaran. El Capitán Schroeder fue a dormir esa noche pensando en este cambio. 

 

Llegada a Cuba

 

A las tres de la mañana el práctico de puerto abordó. El Capitán Schroeder estaba ansioso por preguntar al práctico por las razones por las cuales ellos tuvieron que anclar en la bahía en vez del muelle, pero el práctico uso la excusa de la barrera del idioma como una razón para no responder a las preguntas del Capitán del barco. Un timbre fue sonado a las cuatro de la mañana para despertar a los pasajeros y el desayuno fue a las cuatro y media.

 

La policía Cubana y oficiales de inmigración abordaron el S.S. St. Louis el Sábado por la mañana. Entonces los oficiales de inmigración de fueron de repente sin ninguna explicación. La policía se quedó abordo para cuidar el escalera de desembarque. Muchos oficiales abordaron pero entonces se fueron sin ninguna explicación en cuanto a por qué tuvieron que anclar en la bahía ni dieron seguridad que los pasajeros fueran permitidos desembarcar. Mientras la mañana transcurrió familiares y amigos de los pasajeros que estaban en Cuba comenzaron a alquilar botes y a circular al S.S. St. Louis. Los pasajeros abordo saludaban y gritaban a aquellos abajo, pero a barcos pequeños no se les permitió acercarse.

 

Los pasajeros permanecieron ansiosos por desembarcar, sin darse cuenta de las negociaciones internacionales y políticas que rodeaban su destino.

 

Negociaciones e influencias

 

Manuel Benítez

 

Aunque un jugador principal en el destino de los refugiados puesto que fue él quien firmó sus permisos de desembarque, él continuamente subestimó la posición del Presidente Laredo Bru. Benítez constantemente mantenía que Laredo Bru se retraería puesto que el St. Louis fue permitido en la bahía. El quería $250,000 en sobornos para que él pudiera enmendar su relación con Laredo Bru y revocara el decreto 937. El Presidente Laredo Bru rehusó escuchar las peticiones de Benítez. A pesar que él ya no tenía acceso a Laredo Bru continuaba defendiendo su seguridad de que Laredo Bru se retraería. Su actitud de plena confianza y su hablar lisonjero convencieron a un número de personas influyentes de que las circunstancias no eran tan graves como parecían, así que no tomaron ninguna acción.

 

 

Luis Clasing y Robert Hoffman (oficiales locales de Hapag en la Habana)

 

Clasing se reunión algunas veces con Benítez, esperando que Benítez asegurara a los pasajeros que ellos serían permitidos desembarcar. Benítez quería $250,000 – suficiente para pagar al Presidente Laredo Bru lo que perecía su porción de las ganancias de los permisos de desembarque. Esto era demasiado para Hapag pagar. Hapag ya había dado a Benítez muchos sobornos; la petición de Benítez fue en respuesta a su pobre influencia sobre Laredo Bru para cambiar su posición.

 

Hoffman necesitaba que el barco desembarcara para poder reunirse con Schiendick para darle los documentos secretos. El Capitán Schroeder rehusó darle permiso a la tripulación para ir a tierra, así que Hoffman necesitaba encontra la forma de ir abordo o de hacer que Schiendick desembarcara.

 

Martin Goldsmith (Director del Comité de Ayuda en Cuba cual estaba financiado por el Comité de la Junta de Distribución de los Judíos Americanos)

 

Antes de que el S.S. St. Louis arribara en la Habana, Goldsmith repetidamente le había pedido a la Junta fondos adicionales para ayudar a los refugiados que ya estaban en Cuba y para aquellos próximos a llegar. La Junta rehusó. La comunidad local Judía donó al Comité de Ayuda pero sentía que el mundo debía estar ayudando. Después que el S.S. St. Louis arribó, la Junta se comenzó a percatar de la seriedad del aprieto. Ellos mandarían a dos profesionales para negociar – pero ellos no llegarían hasta cuatro días después.

 

Joseph Goebbels y el Anti-Semitismo

 

 Goebbels decidió usar el S.S. St. Louis  y a sus pasajeros como plan maestro de propaganda. Habiendo mandado agentes a Cuba para agitar el antisemitismo, la propaganda Nazi fabricada realzó la naturaleza criminal de los pasajeros – haciéndolos lucir aún más indeseables. Los agentes dentro de Cuba agitaron el antisemitismo y organizaron protestas. Muy pronto una cantidad adicional de 1,000 refugiados Judíos más entrando en Cuba fue visto como una amenaza.

 

Atascados en Cuba

 

La ansiedad y expectativa de la inminente partida se transformó en aún más ansiedad y sospechas según la espera fue prolongada de horas en días.

 

El Lunes, dos días después de llegar a Cuba, Hoffman encintró la forma de abordar el St Louis. Clasing había permitido que Hoffman fuera abordo en lugar de él puesto que Clasing estaba ocupado en qué iba a hacer con 250 pasajeros que se suponía que abordaran el St. Louis para la travesía de regreso a Alemania. ¿Permitiría el Presidente Laredo Bru que 250 refugiados desembarcaran para que estos pasajeros que esperaban en la Habana pudieran hacer su viaje de regreso?

 

Hoffman ya había escondido los documentos secretos en el lomo de revistas, dentro de plumas y dentro de un bastón, así que él trajo estos al barco. En la escalera de embarque, a Hoffman le fue dicho que él podía subir al barco pero que no le era permitido traer nada abordo. Dejando sus revistas y el bastón detrás, Hoffman abordó con las plumas. Enviado directamente al Capitán Schoeder, Hoffman usó la influencia de la Abwehr para forzar a Schroeder para que permitiera a la tripulación ir a tierra. Schoeder, horrorizado de que la Abwehr estaba conectada a su barco, accedió. Después de una reunión rápida con Schiendick, Hoffman dejó el barco. Con el cambio de política, Schiendick pudo recoger las revistas y el bastón y reabordar el St. Louis. Ahora Schiendick se convirtió en una fuerza mayor para regresar a Alemania sin paradas en América por temor de ser sorprendido con los documentos secretos.

 

El Martes el capitán Schroeder llamó al comité de los pasajeros para una reunión sólo por segundas vez. El comité se había puesto desconfiado del capitán. El St. Louis ya había estado en la bahía por cuatro días antes de que ellos fueran llamados. Ninguna buena noticia había venido y al comité de los pasajeros le fue pedido que enviara telegramas a personas influyentes, familiares y amigos pidiendo ayuda.

 

Cada día que el St. Louis pasaba en la bahía, Max Loewe se ponía más paranoico. Su familia se había preocupado anteriormente, pero Max se puso extremadamente trastornado creyendo que había muchos SS y GESTAPO abordo planeando arrestarlo y llevarlo a un campo de concentración.

 

El Martes, Max Loewe se cortó las venas y saltó por la borda en el mismo lugar donde el cuerpo había sido deslizado por la borda. Chapoteando mientras trataba de arrancarse las venas con las uñas, Max Loewe atrajo la atención de muchos abordo. La sirena sonó por el hombre por la borda y un valiente miembro de la tripulación, Heinrich Meier, saltó al agua. La sirena y el alboroto atrajeron a la policía al área. Después de algún forcejeo, Meier pudo agarrar a Loewe y empujarlo hacia un bote de la policía. Loewe seguía gritando y tuvo que ser aplacado a la fuerza para que no se tirara de nuevo al agua. El fue llevado a una ambulancia que esperaba y después al hospital. A su esposa no se le permitió visitarlo.

 

Los días siguieron progresando y los pasajeros se pusieron cada vez más sospechosos y temerosos. Si ellos fueran forzados de regreso a Alemania, por seguro serían mandados a campos de concentración. Las posibles consecuencias del regreso de ellos eran altamente sugeridas en periódicos y revistas Alemanas.

 

El mundo siguió el destino de los pasajeros a bordo del S.S. St. Louis. Su historia fue cubierta alrededor del mundo. El embajador de Estados Unidos a Cuba se reunió con un miembro influyente en el gobierno Cubano y habló diplomáticamente de la posición precaria que los cubanos se encontraban. El embajador había hablado sin instrucciones directas del Presidente pero él hizo conocidas las preocupaciones de Estados Unidos. El Secretario de Estado Cubano afirmó que el asunto habría de ser determinado por el gabinete.

 

El Miércoles el gabinete se reunió. Los pasajeros a bordo del S.S. St. Louis no serían permitidos desembarcar, ni siquiera aun los 250 necesitados para permitir espacio para los pasajeros que regresaban.

 

El Capitán Schroeder comenzó a temer suicidios en masa a bordo del barco. Amotinamiento era otra posibilidad. Con la ayuda del comité de los pasajeros "patrullas de suicidio" fueron creadas para patrullar de noche.

 

Dos Americanos de la Junta arribaron en la Habana y para el Jueves, Junio 1ro, se habían hecho amigos de un par de personas influyentes que convencieron al Presidente Laredo Bru a reabrir las negociaciones. Para shock de ellos, Laredo Bru no negociaría hasta que el St. Louis fuera de aguas Cubanas. Al St. Louis le fue dada orden de salir antes de las próximas tres horas. Súplicas de Schroeder que él necesitaba más tiempo para prepararse para la partida, el plazo fue retrasado hasta el viernes, 2 de Junio a las 10:00 a.m.

 

Ninguna opción fue dejada para el St. Louis, si no se iban pacíficamente, serían forzados fuera por la armada Cubana.

 

Saliendo de Cuba

 

En la mañana del viernes, el S.S. St. Louis hizo estruendo con sus motores y comenzó a retirarse. Despedidas fueron gritadas por la borda a amigos y familiares en botes alquilados abajo.

 

EL S.S. St. Louis iba a rodear a Cuba, esperando esperanzado por la conclusión de las negociaciones entre el representante de la Junta, Lawrence Berenson y el presidente Laredo Bru.

 

El gobierno Cubano quería $500 por cada refugiado (aproximadamente $500,000 en total) La misma cantidad fue requerida de cualquier refugiado que obtenía una visa a Cuba. Berenson no creía que él tendría que pagar tanto, con las negociaciones, él creyó, que solamente le costaría a la Junta unos $125,000.

 

Durante el día siguiente, Berenson fue abordado por algunos hombres que reclamaban afiliación con el gobierno Cubano, uno se identificó a sí mismo como teniendo poderes para negociar otorgados por Laredo Bru. Estos hombres insistieron que necesitaban entre $400,000 y $500,000 para asegurar el regreso de los pasajeros del St. Louis. Berenson creía que estos hombres sólo querían una parte de las ganancias por negociar un precio más alto. El estaba equivocado.

 

Mientras las negociaciones continuaban, el S.S. St. Louis daba vueltas alrededor de Cuba y después se dirigió hacia el norte siguiendo la costa de la Florida con la esperanza de que quizás los Estados Unidos aceptaran a los refugiados. [Recuentos a menudo mencionan que Los barcos de los Guarda Costas de Estados Unidos estaban siguiendo al St. Louis para prevenir que desembarcara, pero esos barcos en realidad habían sido enviados por petición del Secretario del Tesoro Henry Morgenthau, Jr., porque la localización del barco era desconocida y él  quería mantener vigilancia sobre el barco en caso de que un cambio en política le permitiera atracar.

 

En este momento fue notado que por causa del corto tiempo para prepararse y dejar el puerto, el St. Louis tendría falta de comida y agua en menos de dos semanas. Los telegramas continuaban llegando insistiendo en la posibilidad de atracar en Cuba o aun en la República Dominicana. Una vez llegó un cable diciendo que el S.S. St. Louis atracaría en la Isla de la Juventud (antes Isla de Pinos), al sur de Cuba y perteneciente a Cuba, entonces Schroeder volvió el barco y se dirigió hacia Cuba.

 

Las buenas noticias fueron anunciadas a aquellos a bordo y todos se regocijaron. Listos y esperando una nueva vida, los pasajeros se prepararon para su arribo la mañana siguiente.  

 

A la mañana siguiente llegó un telegrama diciendo que atracar el la Isla de la Juventud no había sido confirmado. Horrorizados, el comité de los pasajeros comenzó a pensar en otras alternativas.

 

Cerca del mediodía el Martes, 6 de Junio, el presidente Laredo Bru cerró las negociaciones. Por un mal entendimiento la adjudicación de dinero no había sido acordada y Berenson perdió el plazo de 48 horas que él no sabía que existía. Un día después la Junta propuso pagar a Laredo Bru todas las demandas pero él dijo que ya era muy tarde.

 

Con el suministro de comida disminuyendo y presiones de Hapag para regresar a Alemania, el Capitán Schroeder ordenó que el barco cambiara dirección y se dirigiera hacia Europa.

 

La Travesía de Regreso

 

Al siguiente día, Miércoles, Junio 7, el Capitán Schroeder informó al comité de los pasajeros que se estaban regresando a Europa. Aunque la situación era desesperada todavía había esperanzas que las negociaciones para su arribo en Europa en algún lugar aparte de Alemania fuera posible.

 

Mientras negociaciones masivas estaban comenzando, Aaron Pozner reunió algunos jóvenes abordo para participar en amotinamiento. A pesar de que tuvieron éxito en capturar el puente de mando, ellos no capturaron los otros lugares estratégicos del barco. El amotinamiento fue frustrado. El suicidio por ahorcase un miembro de la tripulación también marcó el terror en el viaje de regreso.

 

Por medio de milagrosas negociaciones, el comité de la Junta pudo encontrar algunos países que tomaran grupos de los refugiados. 181 iría a Holanda, 224 a Francia, 228 a Gran Bretaña y 214 a Bélgica.

 

Los pasajeros desembarcaron del S.S. St. Louis entre el 16 de Junio y el 20 de Junio. Otros barcos fueron transformados para llevar pasajeros a sus destinos.

 

Habiendo cruzado el Océano Atlántico dos veces los pasajeros, las esperanzas originales de LIBERTAD en Cuba y en Estados Unidos se transformaron en una triste búsqueda para escapar lo que era una muerte segura a su regreso a Alemania. Sintiéndose SOLOS Y RECHAZADOS por el mundo, los pasajeros regresaron a Europa en Junio de 1939. Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial sólo a unos meses vista, muchos pasajeros fueron mandados al este donde los países eventualmente fueron ocupados por Alemania.

 

Traducido por Diego Ascunce del Jewish Virtual Library "The Tragedy of the S.S. S.t Louis"

 

NOTA DEL TRADUCTOR:

La mayor parte de estos refugiados de todos modos murieron en campos de exterminio Nazi al Alemania invadir y ocupar los países donde ellos fueron llevados.

Cuba ha sido un país muy maldecido por YAHWEH, nuestro Elohim. Aquí vemos el cumplimiento de la maldición Avrahámica:

"Maldeciré a los que te maldigan."

Como también la vemos en el hecho de que Cuba fue uno de los muy pocos países de nuestra América en votar en contra del establecimiento del ESTADO DE ISRAEL en las Naciones Unidas en 1948.

 

       Diego Ascunce

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