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LOS CAMINOS DE IGNACIO Indice
EL CAMINO MISERICORDIOSO Indice
No menos autoridad en asuntos de enfermedad e invalideces, ni menos títulos a maestro ejemplar y comprensivo intercesor, le da a Ignacio su calidad de enfermo crónico.
San Ignacio padeció desde poco después de su conversión y por el resto de sus días, de una enfermedad crónica, cuya naturaleza los médicos no acertaron a diagnosticar y a consecuencia de la cual le sobrevino al fin la muerte.
Durante esa enfermedad, San Ignacio probó por experiencia propia las más diferentes situaciones, tentaciones y pruebas a las que cualquier enfermo crónico se ve expuesto: "los médicos no dan con lo que tengo"; "estoy cada vez peor"; "mis amigos dicen que es por la vida que llevé, y yo también lo creo".
7.1.- No dan con lo que tengo
A pesar de los adelantos de la medicina todavía hoy hay enfermos que, como Ignacio, sufren esa tan particular situación. A los sufrimientos propios de la enfermedad, se añade la incertidumbre acerca de su naturaleza; la peregrinación de médico en médico; los ensayos a ciegas de recetas, regímenes y consejos, a las veces equivocados, y puede ser que con consecuencias malas y aún catastróficas; las opiniones de los comedidos y los bienintencionados; si la cosa es muy grave hay quien apela desesperadamente a cualquier recurso humano, sin vacilar en largos viajes, videntes, manosantas o curanderos. Conocemos este tipo de sufrimiento.
Pues bien, tampoco a Ignacio acertaron los médicos a diagnosticarle el mal. Y parece una ironía, pero lo que Ignacio y sus médicos ignoraron lo sabemos muy bien nosotros hoy: Ignacio padeció de una calculosis biliar, y esa dolencia no lo habría llevado a la tumba de haber vivido en este siglo.
7.2.- Qué mal tenía y de qué murió Ignacio
Cuando Ignacio murió, se le hizo embalsamar. Y para ello se le practicó un vaciado de las vísceras y al mismo tiempo los médicos de la época pudieron hacer el reconocimiento ocular o autopsia de los órganos de Ignacio. Veamos lo que dice García-Villoslada:
"Al describir la autopsia, dice Polanco que los presentes vieron el hígado que tenía tres piedras. Pero el autor mismo de la operación, insigne anatomista, Dr. Realdo Colombo (+ 1559) discípulo de Verallo, aseguró en su obra 'De re anatomica libri XV' (Venecia 1559), 'que él extrajo con sus propias manos al Venerable Ignacio, General de la Compañía de Jesús, en presencia del médico Giacomo Boni, casi innumerables piedras de vario color, halladas en los pulmones, en el hígado, en la vena porta, como tú mismo, buen Giacomo, lo viste con tus propios ojos'. Treinta años había sufrido Ignacio con paciencia admirable, sin un gemido, la mordedura casi constante de los cálculos en sus entrañas. Treinta años de dolor callado.
Sólo ahora pueden los doctores en medicina diagnosticar con acierto la naturaleza de la enfermedad que le causó la muerte. Véase lo que escribió en 1922 el Doctor Alejandro Canezza en un periódico de Roma:
'Después de tales dilucidaciones es fácil establecer, que la enfermedad de Ignacio consistía en una calculosis biliar con síntomas particulares referentes al estómago; los accesos dolorosos presentaban el aspecto singular de irradiarse al estómago, simulando así una enfermedad del estómago, como precisamente sucede en aquella forma de cólico biliar, denominada por eso gastrálgica por su sintomatología. Pero el relato de la autopsia nos permite valorar la atrocidad de los dolores y la fortaleza del hombre que los soportó con tanta serenidad. En efecto, Realdo Colombo encontró los cálculos en la vena porta, adonde transmigraron de la vesícula biliar por un proceso inflamatorio, que se manifiesta siempre con un síndrome doloroso terrible y con disturbios funcionales de particular gravedad. En conclusión, también la historia de la enfermedad de Loyola proyecta viva luz sobre la psicología del hombre fuerte, y en extremo tenaz frente a los padecimientos físicos, como ante las persecuciones y la adversidad."
[GARCIA-VILLOSLADA, Ricardo, S.J., San Ignacio de Loyola. Nueva Biografía, Madrid 1986, Ed. B.A.C. (Col. BAC Maior Nº 28) 1066 págs. Nuestra cita en las páginas 1022-1023. García-Villoslada cita la monografía de De Laburu, como fuente para el testimonio del Dr. Colombo y después de trascribir la cita del Dr. Canezza, agrega en nota estos datos: Fontes narrat. I.769, nota 16. Lo publicó el Dr. Alessandro Canezza primeramente en "Il corriere d'Italia", 30 luglio 1922, y mejor en "Notizie della Provincia Romana" S.I. año 1922 p. 133-35. Coincide fundamentalmente en el diagnóstico con el Doctor Gregorio Marañón: "El dolor de estómago" que decía Ignacio, era "un dolor hepático". "El diagnóstico de litiasis biliar y cirrosis hepática parece, pues, indiscutible" p. 153. Véase su hermoso artículo Notas sobre la vida y la muerte de San Ignacio de Loyola: en Arch. Hist. Soc. Iesu 25 (1956) 134-155].
Para medir con exactitud la entidad de los dolores que padeció crónicamente San Ignacio, convenía comenzar enterándose de esto. Dios quiso que San Ignacio padeciera terribles dolores y malestares para que pudiera ser misericordioso con los enfermos.