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LOS CAMINOS DE IGNACIO Indice
EL CAMINO MISERICORDIOSO Indice
2.- IGNACIO, LA ENFERMEDAD Y LOS ENFERMOS
Tanto con su vida como en su doctrina, San Ignacio de Loyola nos ha dejado múltiples ejemplos y enseñanzas acerca de la enfermedad, acerca de los enfermos y de su cuidado médico y pastoral, acerca del sentido providencial de la enfermedad, de cómo asumirla con fe y paciencia, acerca de la caridad con que se ha de atender a los enfermos.
San Ignacio conoció la enfermedad por experiencia propia. Fue él mismo un enfermo y supo santificarse, no a pesar, sino precisamente gracias a la invalidez, primero, y a la enfermedad crónica después, hasta la muerte que esta enfermedad le ocasionó.
En otra oportunidad me he referido a San Ignacio como "psicoanalista espiritual y patrono de las decisiones difíciles". Ahora quisiera mostrar que tiene títulos para seguir siendo invocado hoy como "patrono e intercesor de los enfermos".
San Ignacio enseñaba que es posible alabar, hacer reverencia y servir a Dios, tanto en la salud como en la enfermedad, en vida larga o corta. Pero así como sabía mostrar a los enfermos el sentido providencial y pedagógico de los sufrimientos y de la invalidez, quería que los sanos cuidaran su salud.
Aunque parece que tanto San Ignacio como sus amigos atribuían la enfermedad que padeció toda su vida a sus penitencias excesivas e indiscretas, San Ignacio no abrigó al respecto amargas culpas, sino que la consideró de todos modos providencial, pues le dio un corazón misericordioso y comprensivo con los que sufren. Tampoco abrigó Ignacio resentimiento por los errores o la ignorancia de los médicos que lo trataron y que en ocasiones lo dañaron en lugar de aliviarlo. Por el contrario, se sometió siempre con total obediencia a las indicaciones médicas y quiso que los jesuitas las obedecieran en todo como a las órdenes de un superior.
San Ignacio encarecía a los jesuitas la obra de misericordia de visitar a los enfermos y les prescribía hacerse tiempo para ella aún en medio de ocupaciones que podían parecer más importantes y por atender a las cuales podría alguno de ellos sentirse legítimamente excusado del ministerio con los enfermos por razones aparentes de un bien mayor o más universal.
Así por ejemplo, Ignacio encarga a los jesuitas que van a tomar parte en el Concilio de Trento que no dejen de visitar los hospitales.
El mismo Ignacio, en su vida, nos dejó ejemplos conmovedores de caridad y humanidad con los enfermos.