FUNDADORA, CENTENARÍA, BENEMÉRITA, NOBILÍSIMA, AUGUSTA, RESPETABLE LOGIA MASÓNICA HONOR Y PROGRESO NRO. 5 FUNDADA EL 23 DE AGOSTO DEL 1868.
“MIGUEL GRAU SEMINARIO N° 135” VALLE DE SANTIAGO.
Tema : “HUMANISMO. ¿QUÉ ES? HISTORIA Y MARCO CONCEPTUAL”
Fecha de Exposición : 21 de Abril de 1998
Autor : Hˆ Héctor Jara Paz
Grado 3°
Para ser leído en tenida de 2° Grado Simbólico
ÍNDICE:
1. Bibliografía
2. Introducción
3. Referencias Históricas
4. Visión Humanística
1. BIBLIOGRAFÍA: - Enciclopedia Encarta
1997
- Revista Citerior
Volumen XLVII N° 3, 1996
- Seminario Humanismo y Masonería
Masonería Capitular, 1997, Héctor Jara
- Los Fundamentos del Mundo Moderno
Historia Universal Siglo XXI, 12° Edición, 1981
A.:L.:G.:D.:G.:A.:D.:U.:,
2‑ INTRODUCCIÓN.‑
HUMANISMO, como concepto filosófico es definido como una actitud que hace hincapié en la dignidad y el valor de la persona. Las personas son seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la verdad y practicar el bien. Sus orígenes desde esta perspectiva, se encuentran en la filosofía de los clásicos Greco‑Romanos, sin embargo, desde el punto de vista histórico, se entiende e identifica como un sistema cultural Europeo, comprendido entre mediados del siglo XV y mediados del XVI, apareciendo como una especie de anuncio de una revelación laica, anticipando la concepción histórica del mundo moderno.
Sin embargo, cualquier definición histórica es imperfecta, sólo se utiliza como un instrumento de la historiografía, cayendo muchas veces en la incongruencia de establecer afirmaciones integrales en espacio y contenido a situaciones de espacio y tiempo histórico heterogéneos. En otras palabras, los contenidos de este movimiento, donde se dan las más altas creaciones culturales de Europa, deben ser precisados en cada caso, según los períodos, los países y los ambientes en que se aplica. Por otro lado, sería igualmente un error, señalar que todas las creaciones de este período corresponden a este movimiento, toda vez que la cultura eclesiástica seguirá presente en una infinidad de manifestaciones o derivaciones culturales.
El análisis se centrará en la generalidad de aspectos históricos, sin detallar la temporalidad de los años como así mismo, a representantes de distinta época y lugar, para terminar en reflexiones sobre el aporte y su vigencia a modo de introducción de la plancha Humanismo y Masonería que se expondrá próximamente.
3‑ REFERENCIAS HISTÓRICAS;
Es importante situar a la Europa anterior a la época del mundo moderno, una
sociedad que arrastra la crisis de la sociedad feudal, en sus estructuras de poder, entendiendo a ésta tanto en el aspecto político como en el manejo de la Educación y la Cultura, los cambios en las relaciones económicas con nuevos mercados y productos a comercializar, el dinero asentándose como medio de transacción y por último, importantes migraciones del campo a la ciudad. Esta sociedad en crisis, generará una serie de condiciones favorables a los cambios venideros, a modo de diagnóstico, es importante señalar el clima social de la época que se ve afectado por una serie de factores que adquieren importancia histórica. La profunda fractura demográfica provocada por las epidemias que asolaron a Europa durante el siglo XIV; los cambios en la estructura y productividad agrícola, afectada por las pestes y la disminución de animales para el arado; la fuga de la población agrícola dejando pueblos abandonados, van minando y disgregando el poderío señorial y la estructura básica del feudalismo, afectando al clero y su relación con la tenencia y explotación de la tierra y del campesinado; detrás de las carencias materiales surgen tensiones y
revueltas del campesinado que empieza a encontrar aliados en las ciudades para sus rebeliones; por otro lado, aparece una nueva fisonomía de la incipiente actividad industrial que empieza a desarrollarse en las principales ciudades orientada a la fabricación de productos ya no sólo suntuarios sino, para las necesidades de los nuevos habitantes de las ciudades, campesinos que conforman la nueva población urbana y marginal; también es importante destacar los reflejos político‑militares que provoca esta crisis, se trata de un siglo en guerra casi permanente, rivalizan en toda Europa reinos, principados y ciudades en pos de la ampliación de sus territorios, cimiente de los futuros estados nacionales.
Estos son algunos factores sociales previos al período Humanista pero que de alguna manera permiten entender a la Europa de la época y su disposición para abrazar una nueva mentalidad.
Hacia el año 1350, no había en Europa un arte, una filosofía, una moral distinta del sistema cultural eclesiástico, por lo que la cultura laica y eclesiástica compartieron en los inicios del Humanismo un fondo común de dogmas y creencias religiosas. Los grandes problemas del hombre y sus exigencias sociales se seguían expresando a través de la temática del cristianismo. Sólo a mediados del siglo XIV surge una cultura distinta a la escolástica y clerical llamada laica para diferenciarla de lo cristiano. Esta se nutre en el redescubrimiento y la conservación de las obras clásicas, la recopilación y traducción de las obras clásicas que se generalizó de modo significativo en su primera etapa entre el alto clero y la nobleza. Será significativo el rol que desarrolló la imprenta cumpliendo un rol preponderante en la difusión de estas nuevas ediciones de los clásicos.
4‑ VISIÓN HUMANÍSTICA.
En el aspecto religioso y cultural, la sensibilidad cristiana se polariza en torno a la agonía y al tránsito del creyente de la tierra al más allá y al mismo tiempo, florece un sentido de la muerte que escapa a la tradición y al patrimonio cristiano. La idea de la Muerte es el cambio más representativo y simbólico de la sensibilidad cultural de la época. El Humanista rechaza la idea de... sufrir en este mundo para ser feliz en otro, o someter su cuerpo o inteligencia al arbitrio social y al dogma religioso.
La Muerte pasa a ser un poder universal que se ejerce indistintamente sobre todos los hombres sin excepción, un ser nuevo, una fuerza impersonal, ni benigna ni maligna, deja de ser la imagen macabra del castigo que se refleja en los iconos de la época, y pasa a ser enmarcada de forma natural en dimensiones moralistas, es el perecer humano, hecho conciencia colectiva, es a su vez, una nueva valoración de la vida, del cuerpo humano, del goce y del placer. Actúa como contrapeso de las pasiones y los arrebatos, de los errores y de las verdades de los hombres. Sin infierno y sin paraíso, la amargura de la destrucción del cuerpo basta para dar a la vida un nuevo sentido, al mismo tiempo, trágico y plenamente humano. A nivel de la Conciencia, donde el dogma reinaba sin conflictos, el hombre piensa ya en sí mismo en cuánto a hombre, no ya sólo como cristiano. La Muerte pasa ya ha vivir en la espiritualidad de la época y constituye una de las notas más emblemáticas de su individualismo.
Esto no puede inducir a pensar de que los Humanistas se alejaban de la idea de la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la fe en la virtud moral. En la práctica, al no existir una corriente de pensamiento orgánica y sistemática de una nueva filosofía, tampoco existió un movimiento de hombres organizados que luchara en contra de los representantes de la escolástica, es decir la Iglesia. Salvo situaciones de excepción, la Iglesia no reaccionó como en otras épocas posteriores en la excomulgación de hombres o censura de textos, no vio en este movimiento principalmente artístico, la semilla de un fundamentalismo racional que llegaría años después con la Ilustración.
La contribución cultural de los llamados Humanistas, principalmente Italianos en la primera etapa, pero igualmente importantes Franco‑Holandeses en una etapa posterior, fue una tendencia a la universalidad y su capacidad de expresar valores para una sociedad en etapa de cambio vigoroso. Desarrolla formas éticas, artísticas y literarias de manera funcional y conscientemente orientado a sustituir el sistema mental jerárquico de la sociedad medieval. Destaca al individuo, pero ve en la unión fraterna de los hombres y la concepción de sí mismos, a un hombre sin desigualdades substanciales.
Es una cultura abierta, libre, dinámica y fundamentalmente humana que se revela contra las ideas de la época acerca del deber ser.
Los Humanistas evocaron a los grandes clásicos de la antigüedad para luchar contra la tradición cristiana y mentalidad escolástica, respondiendo a necesidades terrenas y socialmente precisas, pretendiendo ser una cultura funcional y concreta. Idealizaron lo humano, lo que en términos prácticos se reflejó principalmente en las artes, sin embargo, desde el punto de vista de la organización social, no pudieron plasmar su idealismo en formas concretas de gobierno, asentándose en dimensiones aristocráticas y nobiliarias. Cabe destacar que su origen social se encuentra en una burguesía mercantil, ciudadana y precapitalista, lo que ayudó a una desigual aceptación de los conceptos en los distintos estamentos de la sociedad.
El Humanismo nunca llegó a tener un modo orgánico y sistemático. Al sistema cultural eclesiástico, unitario y fuertemente organizado, le sucede una cultura laica que quiere ser abierta, con fuerza hacia su interior e inorgánica, lo que socialmente es el inicio y término de su propia crisis.
Uno de los aspectos más importantes de su desarrollo fue el nutrirse filosóficamente de los clásicos, sin embargo, esta misma situación provocó una ausencia en la especulación filosófica y no se generaron nuevos sistemas filosóficos. El auge de las artes, la función vital que desempeñan los conocimientos geométricos y el retorno a la “naturaleza” como actividad autónoma y creadora del artista, no fue similar a la actitud del hombre de letras, que quiso llegar al mismo resultado productivo gracias a la Antigüedad, cuyo honor y vigencia proclamaba. Pretendió cambiar la forma, dejando en un segundo plano la sustancia, y de este modo, mientras el Arte se adaptaba a los cambios presentes y futuros de la vida europea, las otras formas culturales, desde la literatura a la ciencia, desde la filosofía a la moral, desarrollaron sus actividades, todavía durante un largo período a través del contacto rico y profundo con la Antigüedad, los hombres de letras se dedicaron a degustar los exquisitos frutos de quince y veinte siglos anteriores antes que producir otros.
5‑ CONCLUSIONES.
La racionalidad humana, es capaz de producir, de crear, y no necesariamente aprovechar y disfrutar en una consecuencia social y orgánica, el idealismo y proyección del hombre en si mismo.
Es la Historia de la época Humanista, incapaz de hacer surgir un sistema político nuevo para sus nuevos tiempos. No obstante surgieron en esta época pensamientos que serán lectura obligada para los líderes de los nuevos tiempos y que no fueron sistema en su época con ausencia de un pensamiento político organizado que representara al Humanismo.
Hubo luces de quienes sintetizaron las realidades artístico-culturales, las manifestaciones y necesidades de los hombres, sus debilidades, sus virtudes y sobre todo su potencial de desarrollo político. Estos aspectos, integrados en un pensamiento ideológico, como expresé anteriormente, no verán sus frutos en su época, pero serán a mi juicio, la más rica herencia que deja el Humanismo al hombre moderno y que este aún no termina de comprender... el amor a la POLÍTICA, como sublime etapa de perfección del hombre racional.
El escritor Florentino Francesco Guicciardini (1483‑1540), uno de los más representativos de la época Humanista Italiana, condensaría esta falta de consecuencia y realización del Humanismo en un sistema político que lo representará, a través de varias categorías que hace del hombre social. La principal es que los hombres se dejan arrastrar al mal casi regularmente, suponiendo entonces de que la función pública se realiza al margen o en una dimensión acristiana, aduciendo categorías muy conocidas hoy en nuestro país y supuestamente superiores a la moralidad vigente, tales como “razones de Estado” para justificar lo que el ciudadano corriente ve como una simple inconsecuencia política frente a un ideal, sin embargo, para él, la figura de Dios, permite fuego de causas y efectos de mayor o menor dramatismo y mediocridad, una suerte de equilibrio moral que termina imponiéndose hasta una nueva crisis.
Esta dimensión acristiana de la política será aceptada por las mejores luces de la época desde Commynes a Erasmo o Maquiavelo a Lutero, pero será a mi parecer, Nicolás Maquiavelo (1469‑1527), quien mejor representará las ausencias, el presente y el futuro de la relación del hombre con el poder político, dedicado a captar la racionalidad de la Historia, para comprenderla como pasado y poder crearla, al mismo tiempo, como porvenir. Rompe el esquema de la debilidad de la naturaleza humana derivada del pecado original o del conjunto indeterminado de almas singulares, y la establece como realidad orgánica, regida y determinada por leyes y funcional como un mecanismo complejo pero absolutamente racional, lo que hace romper los esquemas de la mano de Dios en aquellos aspectos supuestamente incontrolables o impredecibles del hombre social, sosteniendo la existencia de formas perennes de actividad colectiva del hombre, sujetas de estudio, modificación y perfección.
Este concepto de “Naturaleza” antepuesto al pensamiento teológico cristiano, es un conjunto vivo de relaciones sociales y de energías individuales que hacen de la Historia el campo de acción de comunidades organizadas, que en sí mismas encierran la razón de su desarrollo según leyes propias, como una realidad completa y autónoma del criterio religioso y sus esquemas morales, consecuentemente no admitiendo valores, más que los puramente humanos. De este modo, su capacidad creadora le permite forjar su propio destino, hacer su propia Historia y los hombres escogidos, aquellos que tienen conciencia de una realidad social, han de tener la capacidad de forjar y mantener un Estado.
Maquíavelo llega a estas reflexiones sublimando las lecciones de los clásicos de la época, presuponiendo la sustancial inmutabilidad de la naturaleza humana e identificando normas vitales de su existencia social. Coloca al hombre frente a sí mismo y ya no frente a un sistema de valores trascendentes a su propia realidad individual y colectiva. Al identificar en el hombre social el deseo de poder y de riqueza, el instinto natural de dominio y de expansión prepotente, la búsqueda de lo útil y de lo cómodo, establece categorías para comprender el comportamiento político humano y perfeccionarlo mediante leyes y normativas que deben hacer al hombre sujeto preponderante de la Historia, principalmente de la que está por hacer.
El hombre consciente, que se automargina de su responsabilidad social, representa a la mediocridad. La conciencia de las debilidades de la naturaleza humana así como el conocimiento de sus potencialidades y virtudes, escasos en proporcionalidad a la ignorancia mayoritaria de quienes pretenden mantener al pueblo en ese estado, entregan al hombre Humanista las herramientas necesarias para mejorar su sociedad. La sola marginalidad o neutralidad de algunos de aquellos pocos, retarda la evolución y proyección perfectible de los pueblos y sus necesidades.
A través de la Historia, el hombre ha conseguido consensos en los sistemas globales de convivencia, basados en una esencia Humanista en que la satisfacción y calidad de vida del hombre, al menos en términos teóricos debiera ser cada vez mejor. La Democracia como sistema político de convivencia, a permanecido y se ha perfeccionado desde los tiempos de la Antigüedad hasta nuestros días; hoy en día, pareciera que en términos prácticos, el Sistema Social de Mercado fuera consenso para una economía global, Humanizarlo, haciéndolo más social que de mercado, mediante sistemas de integración regionales o continentales, ha de ser la gran tarea de este siglo para quienes nos sentimos depositarios de la concepción Humanista.
S.: F.: U.:
Filosofía