FUNDADORA, CENTENARÍA, BENEMÉRITA, NOBILÍSIMA, AUGUSTA, RESPETABLE   LOGIA MASÓNICA HONOR Y PROGRESO NRO. 5 FUNDADA EL 23 DE AGOSTO DEL 1868.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL CORONEL FRANCISCO BOLOGNESI CERVANTES Y LA EPOPEYA DEL MORRO DE ARICA

 

DATOS BIOGRÁFICOS

 

            Hacía cuatro meses que el penúltimo Virrey del Perú, Teniente General de los Reales Ejércitos don Joaquín de la Pezuela había asumido el gobierno del poderoso Virreinato en trance de revolución, cuando nació en la ciudad de Lima Francisco Bolognesi Cervantes, destinado a ser uno de los más grandes héroes de la República.

 

            La estirpe de Bolognesi estuvo vinculada a Italia por el lado paterno y a España por el lado materno.  Fue su padre don Andrés Bolognesi natural de la ciudad de Génova, perteneciente a una distinguida familia italiana que por tradición cultivaba el bello arte de la música; y su madre doña Juana Cervantes Pacheco, perteneciente a una distinguida familia criolla arequipeña, radicada en Lima cuando llegó a esta ciudad don Andrés Bolognesi.  Doña Juana contrajo matrimonio con el músico italiano en Lima, el 13 de Junio de 1814, habiendo procreado como fruto de su unión a siete hijos:  Margarita, Francisco, Rosa, Manuela (fallecida al nacer), José, Manuela (la segunda) y Mariano .

 

            Los esposos Bolognesi – Cervantes vivieron en la casa situada en la calle Afligidos (hoy Jirón Cailloma) Nº 125 y en ella nació el 4 de Noviembre de 1816, Francisco Bolognesi Cervantes, el peruano ilustre que consideró de su deber oponerse resueltamente al destructor expansionismo chileno con el sacrificio de su vida, cuando la Nación le confió la defensa del puerto peruano de Arica.

 

            En 1823 su familia se establece en Arequipa, lugar donde nacieron sus dos hermanos menores, motivo por el cual algunos historiadores sostienen la tesis de que Francisco Bolognesi nació en esa ciudad, basándose en la Foja de Servicios del Coronel Bolognesi que se encontraba en poder de la bisnieta del héroe doña Ana María Bolognesi de Raguz, y en ella se consigna junto al nombre, grado y datos personales que su “país”, esto es, su lugar de nacimiento, es Arequipa.  En base de este documento que indiscutiblemente tiene datos erróneos, se formuló la tesis de que el Coronel Bolognesi habría nacido en Arequipa en fecha posterior a la de 1816, que de acuerdo con esta Foja de Servicios podría haber sido en 1822.  A favor de la tesis arequipeña que ha tenido varios defensores, se exhibe también el documento de petición de ingreso a la Logia Masónica “Virtud y Unión”, el 29 de Julio de 1860, y en el cual consta que su proponente el señor Vidal García dice que:  “El profano que presento es natural de Arequipa, de 38 años de edad, de estado casado, de profesión militar y de religión católica, apostólica y romana.  Vive en el Cuartel de Artillería”.

 

            Sin embargo el nacimiento de Francisco Bolognesi en Lima está probado por otros documentos como la Partida de Bautismo encontrada en la Parroquia de San Sebastián y publicada por primera vez en la Revista “Actualidades” del 7 de Junio de 1904.  Afortunadamente esta duda, el debate suscitado en torno a ella y el resultado a que finalmente se llegue, no afectan ni afectarán en lo absoluto la sagrada memoria del Héroe, no deslucen su limpia trayectoria militar, sus virtudes ciudadanas y masónicas, su grandeza de alma, su ejemplar heroísmo; ni alteran tampoco el hecho mismo que protagonizara elevándose a la inmortalidad.  Limeño o arequipeño, Bolognesi es y será siempre el mismo para la Patria y la Gloria.

 

            Francisco Blognesi realizó sus estudios primarios en Arequipa y en 1830 ingresó al Seminario Conciliar de San Jerónimo donde concluyó con éxito sus estudios de Humanidades.  Al fallecer su padre en 1834, ingresa a trabajar a la Casa Comercial de los señores Lebris y Violer especializándose en la Teneduría de Libros, ganando fama de competente y laborioso, poco tiempo después deja esta casa comercial para dedicarse a los negocios por su propia cuenta.

 

            En 1854 Bolognesi ingresa al Ejército Nacional con el grado de Teniente Coronel, habiendo sido designado Ayudante del Estado Mayor General de la División de Arequipa.  En el mes de Junio debido a sus conocimientos de Contabilidad es nombrado por el Mariscal Castilla, Presidente Provisorio del Perú en esa época, como Comisario de Guerra del Ejército Libertador (que así se denominaban las Fuerzas Revolucionarias que comandaba Castilla contra el gobierno del General Echenique). 

 

            El 18 de Abril de 1856 Bolognesi pasa a servir en la Inspección General del Ejército y el 14 de Noviembre es nombrado Ayudante de Campo del Presidente Castilla.  Desde esa fecha hasta 1858 participó en el sofocamiento de la sublevación del General Manuel Ignacio de Vivanco, obteniendo el grado de Coronel el 7 de Marzo de 1858 por su valiente y eficaz comportamiento en la toma de Arequipa.

 

            En 1859 participa en la Campaña en el Ecuador al mando del Escuadrón Volante de Artillería, la cual culmina con la firma del Tratado de Mapasingue el 25 de Enero de 1860.  En 1861, 1862 y 1869 fue comisionado a Europa para adquirir material de guerra moderno como artillería, fusiles, etc. para dotar a las maltrechas unidades del Ejército.

 

            De regreso al Perú Bolognesi es víctima de la malevolencia de algunos que lo habían indispuesto ante el Presidente Balta, permaneciendo en la situación de indefinido hasta que el año 1875 participa en el Censo General dispuesto por el Gobierno del Presidente Manuel Pardo, como delegado de la Provincia Litoral de Tarapacá.

 

            El 5 de Abril de 1879, Chile le declara la guerra al Perú y el Coronel Bolognesi es asignado como Comandante de la Tercera División del Ejército del Sur, al frente del cual hizo toda la campaña de Tarapacá, asistiendo a  la batalla de San Francisco, a la victoria de Tarapacá, efectuando después la heroica retirada por la inclemente pampa de Tamarugal y los contrafuertes de la cordillera hacia Arica, el sitio que la Gloria le tenía reservado para que inmortalizase su nombre entre los grandes de la Patria.                                                         

 

           

LA BATALLA DE ARICA

 

            Desde los primeros días de abril de 1879, Arica mereció la atención del gobierno que dispuso su artilllamiento y trabajos de organización del terreno; actividades que se desarrollaron poco a poco hasta obtener una cierta potencia en cuanto a artillería y una limitada protección mediante parapetos en base a sacos terreros, así como un sistema  de minas, que a la postre no llegó a funcionar como se había planificado por motivos hasta hoy desconocidos.

 

            Diversas razones justifican estas medidas:  Arica es un puerto de buena y profunda rada, abrigada de los vientos del sur por el Morro y la Isla del Alacrán, que favorecen las operaciones de embarque y desembarque con comodidad; tiene vida propia por disponer de recursos en los valles de Lluta y Azapa; sus características topográficas y marítimas facilitan la fortificación y proporcionan seguridad y abrigo a  las naves que fondean en su rada, pudiendo convertirse en una base naval y militar importante en función de los trabajos de fortificación.  Además, constituía el área obligada de conjunción de las fuerzas de los aliados:  Perú y Bolivia.

 

            El Presidente Mariano Ignacio Prado hizo transportar al puerto de Arica los recursos materiales disponibles para organizarlo como una “plaza fuerte”, pero – en afirmación de M. Paz Soldán – “sin sujeción a un plan estratégico y científico”.  El Contralmirante Lizardo Montero investido como Jefe Militar y Político del sur continuó los trabajos de fortificación y defensa, con las limitaciones y deficiencias señaladas.  Posteriormente, el Coronel Francisco Bolognesi, nombrado Jefe de la Guarnición Militar de Arica, el 03 de Abril de 1880, continuó con los trabajos incluyendo el minado de diversos puntos del área de defensa sin más instrucciones que estas retumbantes palabras:  “Es preciso hacer volar a Arica con todos sus defensores y todos sus asaltantes.  Necesitamos un medio que, como el estertor de la muerte, sacuda hasta las últimas fibras el corazón de la Patria”.

 

            La campaña de Tarapacá había concluido con el paliativo de una victoria que no cambió el rumbo de la guerra.  Así, los vencedores de Tarapacá después de recorrer 316 Kms – distancia que separa Tarapacá de Arica - , tras grandes penalidades “hallaron la más desdeñosa acogida de parte de los altos jefes de esa región, porque los dispersos de San Francisco, para cubrir su delito, echaron sombras a la reputación de los jefes y al valor de los soldados quienes, sin embargo, con la victoria del 27 de noviembre de 1879, acababan de poner en evidencia que fue injustificado el abandono que aquellos hicieron del campo de San Francisco”.

 

            De modo semejante la campaña de Tacna con las acciones de los Ángeles y la Batalla del Alto de la Alianza, también había terminado en otros reveses para la causa de los aliados, que dio a los chilenos la posesión total de todo el sur del Perú hasta la línea del río Moquegua, salvo la escasa guarnición de Arica, que materialmente, sería fácil presa junto a las pocas tropas de Leiva, del pomposamente llamado segundo Ejército del Sur, que por diversas circunstancias no acudieron oportunamente a ninguna de las acciones de la campaña de Tacna.      

           

            Abandonado por las autoridades políticas y por el General en Jefe en precipitada retirada, el Coronel Bolognesi y los suyos seguramente que meditaron hondamente sobre el camino a seguir.  La plaza de Arica ya no tenía importancia para el Perú.  El sur estaba perdido.  Para Chile sí tenía gran importancia, porque era el puerto que necesitaba su ejército para comunicarse con la base de sus operaciones y para poder dar otra ocupación a su escuadra bloqueadora.  Hasta entonces los chilenos tenían que usar el distante puerto de Ilo o la caleta de Ite.  Bien podían retirarse hacia Bolivia o capitular honrosamente frente al enemigo, pero había deberes que imponía el honor nacional.  Este concepto del honor nacional en los defensores de Arica se percibe nítidamente en los documentos tanto peruanos como chilenos.

 

            Como Jefe de altas condiciones morales que no impone su decisión por la fuerza compulsiva de la disciplina militar, sino por la aceptación del deber moral del soldado, Bolognesi reunió en la noche del 28 de Mayo a los Jefes y Sub Jefes de la guarnición de Arica para tomar su parecer sobre la actitud a seguir.  Según versión recibida de varios de los sobrevivientes a tan magna asamblea, don Gerardo Vargas nos dice lo siguiente sobre lo que Bolognesi expresó en esa reunión:  “Cuando todos se hallaban presentes en la amplia sala, Bolognesi, en medio de profundo silencio y angustiosa expectación, se puso de pié, y en voz vibrante y convincente, expresó que había convocado a sus capitanes para manifestarles que, después de los desgraciados acontecimientos de Tacna, la guarnición de Arica, sin reparar en sacrificios, debía y tenía que cumplir con las órdenes terminantes, imperativas, que por su conducto había recibido del general Montero la antevíspera de aquella nueva desgracia de nuestras armas, en orden a la defensa de la plaza; que por su parte, estaba dispuesto a cumplirlas y las cumpliría, y que en ese propósito que le dictaban el honor militar y el patriotismo que abrazaba su corazón, esperaba que, llegado el momento, le secundarían y rodearían todos los jefes amigos allí presentes”.  Bolognesi recibió la respuesta afirmativa de todos los presentes, menos uno, porque las obras humanas no son perfectas; sólo lo es Dios.

 

            Muy de mañana del sábado 5 de Junio de 1880, el Coronel Bolognesi recibió al parlamentario chileno Mayor José de la Cruz Salvo, quien en nombre del General en Jefe del Ejército Chileno le ofrecía una capitulación honrosa.  Conocemos la respuesta que dio Bolognesi al Mayor Salvo, recogida por el historiador chileno Vicuña Mackenna de boca misma del parlamentario:  “Tengo deberes sagrados”, repuso el gobernador de la plaza, “y los cumpliré quemando el último cartucho”.  Estos deberes sagrados eran los que le imponía el honor nacional y con toda seguridad que se conversó de esto en la entrevista, porque el parte chileno sobre la batalla recoge esta versión, lo que es muy honroso para el Coronel Bolognesi y los defensores de Arica.  Dice el parte chileno al referirse al parlamentario que envió Baquedano:  “El señor Bolognesi respondió, después de conferenciar con sus jefes compañeros, que estaba dispuesto a salvar el honor de su país quemando el último cartucho”.  En el mismo parte, líneas después, al referirse al bombardeo que tuvo lugar el día 6 en que participó la escuadra, se dice:  “Abrigábamos entonces la esperanza de que con esta tentativa los peruanos desistirían del propósito de seguir resistiendo inútilmente, sin probabilidades de triunfo.  Al mismo tiempo, obligándolos a batirse, les dábamos oportunidad para salvar el honor de su país y entrar en honrosa y cuerda capitulación”.  En correspondencia particular de los defensores de Arica también fluye este concepto del honor nacional y la decisión de no rendirse.

 

            En la madrugada del lunes 7 de Junio de 1880, más de 7000 chilenos al mando del sanguinario Coronel Pedro Lagos se lanzaron al asalto del Morro.  Lo hicieron por el lado Este y amparados por la oscuridad y la neblina del amanecer.  Los defensores del fuerte Este al mando del Coronel Marcelino Varela, fueron los primeros en descubrir en el claro – oscuro de la mañana, la presencia del enemigo.  “A las cinco más o menos – dice el parte del Coronel Varela – cuando principiaban los primeros albores de la mañana, notamos en medio de una densa niebla una línea negra que apenas se distinguía, la que examinada con prolijidad, conocimos que era una fuerza enemiga formada en batalla, la que por su extensión calculamos que pasaba de 1000 hombres y que se encontraba a una distancia de 700 a 800 metros y por consiguiente al alcance de mi armamento Peabody”.  Al grito de ¡el enemigo a la vista! Se rompieron los fuegos, siendo contestados en el acto por un nutrido fuego del enemigo, dando lugar a una encarnizada lucha en ese lugar por espacio de media hora.  Alertados los defensores del fuerte Ciudadela por las descargas del fuerte Este, descubrieron como a 300 metros a los chilenos que ascendían precipitadamente la pendiente rompiendo también sus fuegos sobre el enemigo y generalizándose la lucha en los dos fuertes.  Se había realizado totalmente la sorpresa táctica planeada por los atacantes.  Los defensores al disparar sus cañones reglados para una distancia mayor a la que se encontraban los atacantes no consiguieron el objetivo de la defensa y al quedar neutralizados por la proximidad del enemigo, hizo perder a la posición peruana gran parte de su poderío.  El número abrumador de las tropas enemigas que se lanzaban al asalto en sucesivas e interminables formaciones de ataque, les hizo comprender que no quedaba otra alternativa que sacrificarse por el honor nacional.  Los chilenos llegados al pie de los  parapetos de sacos de arena, rasgaron con sus corvos y yatanganes los sacos de arena de las filas inferiores, consiguiendo que se desmoronaran los de las filas de arriba.  Por las brechas abiertas ingresaron en tropel al interior de las defensas, generalizándose la lucha cuerpo a cuerpo.

 

            No voy a describir con detalles el proceso de asalto y la porfiada defensa.  Sólo diré que en la defensa del Ciudadela, murió heroicamente el jefe del “Granaderos de Tacna” Coronel Justo Arias Aragüez y el jefe del “Cazadores de Piérola” Teniente Coronel Francisco Cornejo.  En el fuerte Este murió defendiendo el honor nacional el jefe de la Séptima División Coronel José Joaquín Inclán.  Ante la ofensiva chilena que era constantemente alimentada, los defensores que quedaron con vida se retiraron combatiendo hacia la plazoleta del Morro.  Los integrantes de la Octava División al mando del Coronel Alfonso Ugarte, con los batallones “Iquique” y “Tarapacá” mandados por los Tenientes Coroneles Roque Sáenz Peña y Ramón Zavala acudieron presurosos a la defensa del Morro, siendo muerto Zavala y herido Sáenz Peña.  Fue en esos momentos supremos en que concentrados el Jefe de las Baterías del Morro Capitán de Navío Juan Guillermo More, el jefe de la Octava División Coronel Alfonso Ugarte, y el Coronel Bolognesi con otros jefes de la defensa, tuvieron que sufrir la avalancha de los regimientos chilenos, que en proporción de 5 a 1 por lo menos, atacaban en todas las direcciones, generalizándose una violenta lucha cuerpo a cuerpo en que nadie pedía ni daba cuartel.  Aquí en la fase final del combate y cumpliendo con la palabra empeñada en defensa del honor nacional, murió heroicamente el jefe de la plaza Coronel Francisco Bolognesi, derribado por una descarga enemiga, y cuando se incorporaba para hacer fuego con su revólver, un soldado chileno le destrozó el cráneo de un feroz culatazo.  La descarga también alcanzó al jefe de las Baterías del Morro, Capitán de Navío Juan Guillermo More, que pagó así valientemente la deuda que tenía con la Patria por el hundimiento del buque que mandaba,  la “Independencia”.  Murió también el Jefe de Estado Mayor de la Octava División Coronel Mariano E. Bustamante.  El tercer jefe del Batallón “Artesanos de Tacna”, Sargento Mayor Armando Blondel cayó también abatido por las balas chilenas al disputar con un soldado enemigo que quería bajar la bandera peruana del Morro.  También cayó el Jefe de Estado Mayor de la Séptima División, Teniente Coronel Ricardo O’Donovan.  El Coronel Alfonso Ugarte, Comandante General de la Octava División, considerando que todo esfuerzo era ya inútil y a pesar de que las balas chilenas lo habían respetado, quiso seguir la suerte de sus gloriosos compañeros y cogiendo una bandera  peruana para que no cayera en manos del enemigo, se lanzó a caballo por las empinadas crestas del Morro que dan al mar.  La lucha fue de una fiereza sin igual a  pesar de lo desigual del número de combatientes.  “La lucha había sido porfiada y sangrienta hasta lo increíble “, dice el parte chileno.  Esta fase final del combate representa el bello cuadro del pintor nacional señor Juan Lepìani.

 

            “Eran las 8:59 a.m. – dice el parte oficial peruano – cuando todo estaba perdido; muertos casi todos sus jefes, prisioneros los únicos que quedaban y arriada por mano del vencedor nuestra bandera”.  “A las 9 a.m. – dice el parte oficial chileno – la plaza era completamente nuestra, y la bandera de Chile se ostentaba en los fuertes y en los edificios públicos”.  Habían pasado más de tres horas y media desde que se inició la lucha en los fuertes del Este, en que la guarnición sitiada tuvo que luchar contra un enemigo más de cinco veces superior en número y armamento.  Sucumbieron casi todos lo jefes de alta graduación y la mayor parte de la oficialidad, lo que al mismo tiempo que constituye uno de los casos de mayor heroísmo en el mundo, también, por desgracia, uno de los mayores casos de barbarismo e insensibilidad.  Según los partes de ambos bandos, la mortandad en el ejército sitiado fue de las dos terceras partes de los efectivos, lo que indica que se cumplió con la consigna chilena de que “hoy no hay prisioneros”.

 

            Deseo terminar este trazado transcribiendo el final del parte oficial peruano que encierra una profunda filosofía nacional y un dramático pedido para las generaciones futuras:  “Quiera Dios y la Patria aceptar el sacrificio de tantas víctimas, de tantos patriotas de corazón, como un holocausto ofrecido en aras del honor nacional para la salvación del país, y plugiera la Divina Providencia, por tanta sangre generosa vertida, que nuestro Gobierno sea siempre bien inspirado, y retemplado el valor, la fe y el entusiasmo en nuestro pueblo que, una vez por todas, debe mostrarse unido y viril hasta ver realizados sus nobles propósitos “.

 

            RR:. y QQ:. HH:. , el mensaje de nuestro Q:.H:. Francisco Bolognesi y sus compañeros en la defensa de Arica, debe vivir permanentemente en el corazón y en el recuerdo de todos los peruanos en general y en los HH:. de la Orden en particular.

 

              

                                                           Valle de Lima, 07 de Junio del 2005 E:.V:.

                       

                                                           Q:.H:.  Luis Eduardo NAKAYA CAMPANA

 

 

 

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