24. Marketing industrial
en el año 2000. Las flores del milenio del marketing
por Bob Donath
Bob Donath es un famoso conferenciante y escritor de temas relacionados con el marketing y la publicidad del "business-to-business". Su carrera profesional representa una combinación única de experiencia y logros en el campo de la publicidad, el periodismo y el marketing. Bob Donath tiene hoy su propia consultora en marketing y comunicaciones de marketing, Bob Donath & Co., en White Plains, Nueva York, que se especializa en el marketing del business to business. Entre sus clientes se encuentran importantes empresas de servicios, departamentos de comunicaciones de marketing de varias empresas y un centro de reflexión e investigación académico- empresarial en una importante universidad. Es coautor de Managing Sales Leads: How to Turn Every Prospect into a Customer y es columnista habitual del Marketing News de la Asociación de Marketing de Estados Unidos. Tiene un Master en Marketing de la Escuela de Management Kellogg de la Northwestern University, y un Bachelor de la Escuela de Periodismo Medill, de la misma universidad.
Casi en el umbral del siglo XXI, las
compras realizadas por las empresas representan aproximadamente
US$ 7 de cada US$ 11 gastados en compras de productos y
servicios. A pesar de ello, su importancia ha permanecido oculta
para el público en general. El marketing industrial ha sido el
tradicional perdedor a los ojos del público y de la profesión
también. Los sofisticados y ubicuos presupuestos de campañas
masivas y publicidad que caracterizan a las campañas de
marketing dirigidas al consumidor acaparan toda la atención que
la prensa y el claustro académico prestan al tema del marketing.
Porque todos son en esencia potenciales clientes, el marketing de
productos y servicios de consumo sobresale muy por encima de todo
lo demás. Sumado al insulto, el marketing industrial también ha
quedado relegado al asiento de atrás dentro de su propio
hábitat. Tradicionalmente, las empresas industriales orientadas
a las cuentas concentran el esfuerzo de su fuerza de ventas en
las cuentas individuales y los distribuidores. En la línea de
pensamiento del sector manufacturas convencional, el marketing ha
sido una función de apoyo a las ventas y no el paraguas
estratégico de este esfuerzo. Y lo que es peor, las empresas que
luchan por mantener su ventaja competitiva a través de la
tecnología perciben al marketing como una función orientada a
lo técnico, que está más cerca del laboratorio de
investigación y desarrollo que del cliente.
Para el año 2000 o quizás un poco después, el concepto del
marketing habrá logrado florecer finalmente en muchas
industrias. Parece una ironía, pero el marketing tal como lo
conocemos hoy podría desaparecer como función distintiva que
tiene un lugar propio dentro del organigrama empresarial.
| Futuroscopio Los mejores días del marketing para los mercados industriales están por venir, pero llegar a ese momento no va a ser muy divertido. Para prosperar en el próximo milenio, las empresas que atienden a los clientes de la industria tendrán que enfrentar cambios importantes en la forma de acercarse al mercado. Las actuales tendencias han erosionado el rol establecido del marketing en la estrategia comercial de las empresas. El presente trabajo pertenece a mediados de la década de los 90, y ya resulta claro que el achicamiento del personal de las empresas, los reducidos presupuestos de marketing, los mercados globales y los compradores parsimoniosos han obligado a las empresas inteligentes a adoptar nuevas herramientas para luchar contra la erosión del precio, los conflictos entre los canales, la competencia extranjera y los remilgados compradores. El futuro sugiere que las empresas que se aferren al modelo tradicional no estarán con nosotros para ver los resultados en el siglo XXI. |
La información que cuenta
Las difíciles lecciones estratégicas
aprendidas han alimentado gran parte de las noticias importantes
que se han hecho presentes a principios de la década del los 90.
Las empresas que se estaban recuperando de las fiestas de la
década de los 80 convirtieron la "reingeniería"
destinada a concentrarse en "las áreas claves" en su
grito de guerra. Entre las lecciones sobresalientes está la
reestructuración que emprendió IBM para cambiar lo que había
sido un énfasis excesivo por mantener un status quo ya pasado de
moda. Otro ícono de la industria de la computación durante la
década de los 80, Digital Equipment Corp., logró abrirse paso a
través de su propia epifanía y aprendió a comercializar
soluciones en lugar de vender tecnología. Pero estas duras
lecciones no se limitan, por supuesto, al terreno de la industria
de la computación; el lento crecimiento y los cambios del
mercado, que superaron en ritmo a las habilidades del marketing,
hirieron a todos los que se dedican a él, aunque en grados
diferentes.
Sin embargo, para vislumbrar el futuro hace falta mirar más
allá de la hipérbola de las populares palabras de moda, tales
como "cambio de paradigma", "satisfacción del
cliente", "empresas virtuales" y "alianzas
estratégicas", para mencionar sólo algunas. Allí solemos
encontrar a estos especialistas ideando nuevas formas de
aprovechar la información que más necesitan: el conocimiento
sobre el cliente. Recurriendo a la investigación y también a
los modelos y bases de datos de avanzada, los expertos en
marketing exitosos, tanto en el marketing de consumo como en el
industrial, obtienen una ventaja competitiva a partir
sencillamente de saber qué es lo que los consumidores
individuales quieren. El comprador ha dejado de ser una masa de
consumidores sin rostro o algún tipo de modelo estadístico de
mercado masivo que derivaba en nichos de mercado abstractos.
Recurriendo a una frase que popularizó el Boston Consulting
Group, diría que el consumidor es un "segmento de
uno". Y el impacto que tendrá este cambio sobre el
marketing y las demás funciones de la empresa en el siglo XXI
será profundo.
Es verdad que los vendedores siempre trabajaron en los mercados
industriales con información personalizada cuenta por cuenta.
Pero la información nunca fue suficiente ni tampoco supieron los
empleadores reunirla y explotarla de lleno para controlar la
respuesta de toda la compañía al mercado, desde las áreas de
investigación y desarrollo a las de ingeniería, fabricación,
compras, finanzas y personal. Cuando el concepto del marketing se
convierta finalmente en el principal motor de la estrategia
comercial e industrial de la empresa, la información orientada
al cliente vinculará a cada empleado de todas las áreas de la
compañía con las metas de la estrategia de marketing. En
realidad, todos pasarán a ser especialistas en marketing.
Respuesta a las necesidades
Quizá porque es tan evidente, las
organizaciones tradicionales de marketing parecen haber olvidado
que los clientes se comportan según su propia conveniencia.
Cuanto más se acerque la oferta de productos y servicios a las
necesidades del cliente, más competitiva será la oferta. Al
reconocer este argumento, las empresas se han lanzado a
incorporar las herramientas de la calidad total (TQM) para
maximizar el valor que percibe el cliente. Pero con el avance de
las tecnologías de fabricación y de las técnicas de
evaluación de las necesidades del cliente, el imperativo del TQM
que dice que "hay que hacer bien las cosas que son
importantes" ya no será suficiente. La solución del siglo
XXI, predicen los gurúes, reside en la "agilidad" de
la empresa.
La "empresa ágil", un objetivo magnífico propuesto
por el Foro de la Empresa de Fabricación Ágil (AMEF) en el
Instituto Iacocca, de la Universidad de Lehigh, promete tiempos
de genuina emoción para quienes se dedican al marketing. En un
sentido estricto, la agilidad apunta a la función de
producción. Sin embargo, tiene que ver con atender a los
mercados y, en este contexto, la empresa se convierte en un motor
totalmente integrado destinado a satisfacer al cliente.
Según el catecismo de la agilidad, las barreras
interdepartamentales disfuncionales de la empresa van a
desaparecer, y el ingeniero y el especialista en marketing se
convertirán en almas gemelas. Es la culminación natural de
todos los movimientos orientados a la calidad, proclaman en el
AMEF los consultores y expertos académicos y empresariales de
las principales compañías.
Contracción y resolución
Tal como dice el refrán, "las
personas no compran taladros eléctricos, compran agujeros".
Por lo tanto, de acuerdo con uno de los principios del marketing,
los clientes no compran productos, compran soluciones. La
agilidad en la fabricación se convierte en la personificación
misma de la genuina orientación al mercado.
Sin embargo, la adaptación ultrabarata de
la tecnología para satisfacer exactamente las necesidades de
cada cliente contiene una contradicción básica. ¿Puede un
fabricante ser al mismo tiempo un ágil marketinero y un
tecnólogo competitivo? La respuesta se manifestará con claridad
en el drama de la reingeniería empresarial típica de la década
de los 90. Sin embargo, la respuesta bien puede ser
"no".
Las inversiones en personal calificado y en dinero que las
tecnologías básicas de avanzada requieren terminan
convirtiéndose en obstáculos que afectan la agilidad del
mercado. Eso es aceptable en mercados en los que la superioridad
técnica es un factor de éxito muy abarcativo. Pero los
competidores y los avances científicos rápidamente socavan esa
ventaja porque los grandes descubrimientos de hoy se convierten
en la moneda corriente de mañana. Durante principios de la
década de los 90, todo este tema de la "agilidad" en
Estados Unidos y de la "holónica" en Japón contempla
un mejoramiento de las tecnologías de fabricación que permita
mitigar este círculo vicioso. Sin embargo, al tiempo de escribir
el presente artículo, estas nociones seguían siendo teóricas y
no demostrables en la práctica.
Mientras tanto, las empresas que mejor presencia tendrán frente
al usuario final serán las que logren integrar la tecnología
necesaria, independientemente de cuál sea la fuente, para
maximizar su valor frente al cliente. Van a constituir la
"personificación" última del marketing, no
"haciendo" realmente nada físico sino convirtiendo los
productos de otros en servicios que solucionen los problemas del
cliente. En cierto sentido, es el rol clásico del fabricante de
equipos originales pero expresado a la enésima potencia.
Impulsados por estas fuerzas, los mercados industriales
cambiarán su actual orientación vertical por la de una red
interconectada de productores tecnólogos que intercambien
productos y capital intelectual (las soluciones del cliente). La
demanda de soluciones integradas que combinen las capacidades de
varios tecnólogos alentarán la formación de una variedad de
alianzas entre los productores: no necesariamente el antiguo
matrimonio de largo plazo implícito en el concepto de alianza
estratégica de la década de los 90 -porque los acelerados
cambios que cree la competencia no permitirán ese tipo de
rigidez- sino la respuesta oportuna y rápida a las necesidades
únicas y exclusivas de los clientes individuales. Cuando resulte
mutuamente ventajoso, hasta los acérrimos competidores de otros
tiempos se unirán para apoderarse de un particular nicho de
mercado.
William Davidow, experto en marketing de alta tecnología,
denominó a estos acuerdos como la creación de empresas
virtuales, adaptando el concepto de entidades virtuales ideado
por la ingeniería en computación. La prolífica formación de
uniones transitorias de empresas (joint ventures) entre
compañías dedicadas a la electrónica, la computación y las
telecomunicaciones, a mediados de la década de los 90, está
dando vida a este concepto de empresas virtuales. El impulso por
lograr la credibilidad a través del proceso de fijación de
normas crea una tempestad de declaraciones que dicen que se
comparten tecnología. Hasta famosos rivales como IBM y Apple
Computer, y Microsoft y Novell intentan cooperar, al menos
públicamente, en la búsqueda de futuros nichos mientras
continúan devorándose unos a otros en su mercados comunes.
El largo camino hacia el Nirvana
Llegar ahí no será fácil. Algunas de las
actuales tendencias podrían estar equivocando el rumbo en las
estrategias empresariales.
Una de las locuras disfuncionales es la aceptación irrefutable
de que la satisfacción del cliente es el parámetro clave del
marketing. Para principios de la década de los 90, más de 160
empresas de investigación de mercado sostenían tener amplia
experiencia en estudios sobre satisfacción del cliente. Los
resultados de los estudios se han convertido en parte de los
algoritmos de compensación de los gerentes de marketing de las
empresas de primera línea. No quiero decir con esto que la
satisfacción del cliente no sea importante, sino que convertir
esta satisfacción en un objetivo explícito puede llevar a
malinterpretar lo que realmente está sucediendo en el mercado.
El término
"satisfacción" significa que se ha alcanzado un nivel
absoluto de aceptación por parte del cliente, donde todo es
buenísimo, perfecto y de primer nivel. El cliente, sea hombre o
mujer, recibe todo lo que desea. Algunos le agregan un toquecito
semántico y dicen que "el placer del cliente" o
"el cliente fascinado" es la meta más noble e
importante. Cualquiera sea la retórica, lograr la satisfacción
requiere que la empresa tenga un desempeño
"satisfactorio" en todas las dimensiones, mejorando sus
puntos débiles y preservando sus fortalezas. Cuando se observa
una debilidad palpable en el cumplimiento de alguna de las
diversas tareas que el cliente exige significa que el cliente
aún no está "satisfecho".
Sin embargo, esta receta podría llevar al desastre. En lugar de
despilfarrar los recursos inevitablemente finitos de la empresa
en intentar fortalecer cada una de las facetas de su oferta, la
compañía debe asegurarse de que la competencia no pueda igualar
las fortalezas que ella tiene, las virtudes que en principio
atrajeron a los clientes. Importa menos que el cliente sienta el
cálido placer de la queja que la empresa haga las cosas
importantes mejor que sus proveedores rivales para ganar y
mantener el negocio.
Además, medir la satisfacción estudiando a los clientes
actuales no explica por qué los que no son clientes le compran a
otro. El análisis del factor clave segmento por segmento es el
mejor objetivo de investigación, porque asegura que no se omitan
las oportunidades aún inexplotadas que podrían llegar a
explotarse.
Finalmente, ¿es razonable esperar que los clientes satisfechos
admitan su alegría? No es probable que así sea, tal como
podría atestiguar cualquier vendedor que ha tenido que negociar
un precio. Reconocer que se está satisfecho vicía la capacidad
del comprador para conseguir un mejor precio o algún otro favor
por parte del vendedor. Irwin Gross, profesor de marketing de la
Universidad Estatal de Pennsylvania, señala que la negociación
depende realmente del valor relativo que cada una de las partes
gana. ¿Qué parte del valor total de la transacción obtiene el
comprador logrando a cambio un mejor precio y/o servicios y
concesiones de plazos? ¿Cuánto gana el vendedor ofreciendo
bonificaciones en el precio?
David Edelman, del Boston Consulting Group, sostiene que un
sistema de medición más acertado que la satisfacción del
cliente podría ser sencillamente el crecimiento de la
participación de la empresa en las compras que efectúa el
cliente. Este parámetro de la participación, más objetivo y
relativamente fácil de determinar, lleva a la organización
proveedora a mejorar aún más el servicio al cliente, evitando
la complacencia empresarial que se apodera de la empresa cuando
se ha logrado la "satisfacción".
Vínculos que unen
Las alianzas proveedor-distribuidor de
largo plazo -algunas de ellas tan acogedoras que se parecen a una
integración vertical- se pusieron de moda en las palabras aunque
no en los hechos durante la década de los 80. La incertidumbre
de los mercados y la complejidad de la tecnología alentaron la
experimentación con relaciones distintas de la tradicional
estrategia de ventas centrada en los acuerdos confrontativos
orientados a las transacciones. Proveedores y compradores por
igual descubrieron que alimentar alianzas duraderas con los
clientes claves tenía más importancia que la necesidad de mayor
flexibilidad. En muchos casos, los compradores y no los
proveedores son los que exigen una estrecha colaboración, al
reconocer que la calidad de sus propios productos y servicios
depende de que haya suministros, componentes y materia prima de
calidad. La función de compra, progresivamente más sofisticada,
comprendió que puede trasladar algunos de sus costos hacia
arriba, haciéndolos recaer en los proveedores-socios. Algunos
industriales sostienen, por ejemplo, que las prácticas de compra
que llevan el emblema de la entrega just-in-time no son, con
frecuencia, nada más que programas de inventario financiados por
el vendedor.
Es probable que el intercambio íntimo de información con los
clientes claves siga siendo la mejor forma que tienen los
fabricantes para innovar en terrenos técnicos de alta
complejidad. Algunas empresas hasta invitan a sus clientes a
participar de los equipos destinados al desarrollo de nuevos
productos. Y, tal como señala el profesor Eric von Hippel, del
Massachusetts Institute of Technology en su concepto de
"usuario líder", mantener un contacto continuo con
clientes técnicamente aventureros logra que el enfoque de una
empresa hacia la investigación y el desarrollo se adelante a las
tendencias del mercado.
El éxito de
esa línea de acción supone, por supuesto, que una empresa puede
adaptar su tecnología lo suficientemente rápido como para
atender suficientes de esos requisitos cambiantes del cliente.
Cuando no pueden y la mencionada "contradicción del
marketing" aflora a la superficie para arruinar la fiesta,
los integradores y otros intermediarios de la cadena de valor
llenan el vacío. Se convierten en los verdaderos especialistas
en marketing, vinculando la producción con el consumo.
El creciente poder de los canales de distribución ha demostrado
ser molesto para estos especialistas en una cierta cantidad de
industrias entre fines de la década de los 80 y principios de la
década de los 90. Con frecuencia, el distribuidor y el dealer, y
no el fabricante, son los "dueños" del cliente porque
se ganan su lealtad. Aunque hasta ahora el poder de los canales
se ha manifestado claramente como una crisis para los fabricantes
de productos de consumo, también constituye un peligro creciente
para los fabricantes que actúan en los mercados industriales,
especialmente aquellos con ofertas e imágenes de marcas con una
diferenciación muy pobre. Afortunadamente para ellos, la
creciente competencia entre canales brinda una segmentación
natural del mercado, aunque movida más por la estrategia del
distribuidor que por la del fabricante.
El rostro del marketing dirigido a la tecnología
La tecnología es también la doncella de
muchas de las mejoras que ha experimentado el marketing. Durante
mediados de la década de los 80, la revolución de la
computadora de escritorio permitió a la gente de marketing
controlar sus propios datos. El crecimiento coincidente de las
computadoras portátiles trasladó estos mismos beneficios a las
operaciones de venta. Las comunicaciones alámbricas e
inalámbricas amplificaron el poder de esas herramientas. Tener
mayor control derivó en una utilización más creativa de los
datos, sea a través de sistemas de seguimiento mejor adaptados o
de sistemas expertos e inteligencia artificial destinados a
colaborar con el marketing.
Sin embargo, las tecnologías son en sí mismas herramientas de
nivel táctico. El desafío del marketing consiste en utilizar
métodos avanzados para idear nuevas estrategias que, de otro
modo, no serían posibles. La automatización de la fuerza de
ventas, por ejemplo, debe ser algo más que la mera aceleración
de las comunicaciones impresas o telefónicas. Debe dar lugar a
iniciativas de venta que no serían factibles sin la tecnología.
Las empresas que desarrollan herramientas de demostración y
configuración de pedidos para que los vendedores las utilicen
con los clientes encuentran que la computadora convierte al
vendedor en un aliado poderoso del comprador, en un héroe tanto
para sí mismo como para el cliente. Por el contrario, la
automatización que sólo logra extraer más velocidad y
productividad de sistemas de informes que en otros tiempos se
hacían en papel hacen que el vendedor sienta que se han abusado
de él por lo que considera como una demanda de eficiencia que se
mide por reloj registrador.
En la sede central de la empresa, mientras tanto, las modernas
bases de datos aportadas por la tecnología deben ser algo más
que un simple "mantenimiento de listados para mailing".
Los sistemas deben analizar y destacar constantemente las
oportunidades estratégicas que la empresa puede explotar. Este
será el requisito para poder sobrevivir en los acelerados
mercados del futuro.
La tecnología puede hasta cambiar la naturaleza de la ventaja
competitiva de la empresa. Algunas cadenas minoristas de
comestibles descubrieron que ganan más vendiendo los datos que
les proporciona su scanner que con la venta de los comestibles.
Se dice que American Airlines gana más con su sistema de
reservas computarizado llamado "Sabre" que con lo
viajes en avión.
Superándonos a nosotros mismos
Pocas de estas predicciones color de rosa
para el milenio del marketing se convertirán en realidad para
muchos expertos de Estados Unidos si la industria no supera los
obstáculos culturales que aún existen. Y de ellos el que más
sobresale es nuestra perniciosa exigencia de obtener resultados
en el corto plazo. En una democracia, el electorado tiene los
políticos que merece. Y en una economía capitalista, los
inversores tienen el pensamiento de largo plazo que se permiten
tener, siempre que se lo permitan.
Jaqueados por la creciente competencia y la saturación del
mercado, los especialistas en el marketing del business to
business y en el marketing del consumer to business han
descubierto que es difícil lograr que el mercado crezca. Incluso
en la presente década, mantener puntos de participación en el
mercado no asegura un aumento de los ingresos. Para mantener un
crecimiento de las ganancias, las empresas han tenido que
recortar los costos. Para muchos, la incesante presión de corto
plazo de los mercados de capitales derivó en ataques de recorte
y en la destrucción de los centros de costos.
Por supuesto, en algunos casos, los inflados organigramas y
desdichados emprendimientos característicos del espíritu
especulativo de la década de los 80 ya no tenían sentido para
el lento crecimiento de la década de los 90. Pero, para muchas
empresas, los intentos desesperados por apuntalar las
declaraciones de pérdidas y ganancias llevaron a cortar no sólo
las grasas sino también los músculos del management, a través
de un "achicamiento" excesivo y de la creación de
empresas con "menos niveles". Los empleados
sobrecargados de trabajo, sin tiempo para la inspiración,
resultarán un gran impedimento para las empresas que esperan
prosperar en los mercados del siglo XXI.
Los arriesgados que más se beneficiarán con estas estrategias
de marketing ágiles serán seguramente las empresas pequeñas y
emprendedoras impulsadas más por la visión que por la
reducción de costos. Sus líderes de marketing sabrán cómo la
medida de su arte se traduce en ganancias punto por punto.
Invertirán con entusiasmo en marketing y estarán a la
vanguardia del milenio del marketing industrial.