Anterior Indice Siguiente

 

LA EDUCACION SUPERIOR EN AMERICA LATINA: INSTITUCIONES PUBLICAS Y PRIVADAS
 

Fulvia Nieves de Galicia
Coordinadora CDCH-UCV
[email protected]
Eduardo Castillo Castillo
Asesor CDCH-UCV
[email protected]


Resumen

En el presente trabajo se formula una aproximación a la caracterización de las tensiones que existen entre los sectores que promueven las políticas académicas de instituciones de educación superior, sobre la diversificación del sistema en los países de América Latina y el Caribe, con un creciente desarrollo de modelos distintos a instituciones universitarias tradicionales donde prevalece la influencia de la Universidad Francesa-Napoleónica. Se hace una reflexión en torno a la diversificación de las instituciones de educación superior; partiendo de los cambios fundamentales acaecidos en nuestras sociedades, caracterizado por el proceso de globalización e internacionalización de los mercados, relacionados cada vez más con los conocimientos y las tecnologías, y por crecientes exigencias de una sociedad civil más activa y participativa que exige mejorar sus niveles y calidad de vida. Se plantea el dilema que existe entre los nuevos escenarios de desarrollo de la educación superior en el futuro inmediato por los requerimientos de mayor industrialización y modernización tecnológica en la producción y por las demandas políticas y sociales de mayor equidad social en las oportunidades de educación superior. Se hace referencia a la situación de Venezuela en cuanto al proceso de diversificación y los problemas que se confrontan por crear un sistema diferenciado en la educación superior, donde cada tipo de institución responda a las distintas funciones y misiones dentro de una concepción de calidad y equidad.

Palabras Clave: Educación Superior, Diversificación, Globalización, Competitividad, Modernización, Sociedad del Conocimiento, Equidad, Calidad, Cambio Tecnológico, Públicos, Privados, Desafíos, Escenarios y Autonomía.

Abstract

The present work approximates to the characterization of tensions that exist among the sectors that promote policies, on the diversification of the system in the countries of Latin America and the Caribbean, with growing development of models different from traditional university models, where the influence of the pattern of French-Napoleonic University prevails. An evaluation is made related to the diversification of the higher education institutions; starting from the fundamental changes ocurred in our societies, characterized by the globalization process and an internationalization of markets, related very closely to knowledge and technologies, and by growing demands of civil society extremely active and participative in improving quality of life. We also evaluate the dilemma that exists among the new scenarios of development of the superior education in the inmediate future for the requirements of industrialization and technological modernization of production and for the political and social demands of more social equity in the opportunities of superior education. Venezuelan situation is refered in terms of the diversification process and the problems confronted to create a differentiated system in the superior education; where each type responds to the different functions and missions inside a conception of quality and equity.

Key words: Superior Education, Diversification, Modernization, Equity, Quality, Technological change, Higher education institutions.

Introducción

Plantear una reflexión sobre la temática de las políticas educativas relacionadas con el desarrollo creciente de las instituciones de educación superior de naturaleza privada, coexistiendo en espacios tradicionalmente originarios de universidades públicas, nos conduce a lo que en esencia nos anima en el presente trabajo: la preocupación honesta por encontrar formas eficientes y eficaces de cumplir con la misión de toda universidad frente a los cambios de nuestra sociedad, sus retos y sus posibilidades, por ser una fuerza fundamental, capaz de aportar algo en la dirección del desarrollo de nuestros pueblos.

Confrontamos cambios esenciales en nuestras sociedades caracterizadas por un lado, por procesos de globalización e internacionalización de los mercados, relacionados cada vez más con los conocimientos y las tecnologías, por el otro, las crecientes exigencias de justicia hechas por una sociedad civil más activa y participativa, que reclama una cultura respetuosa de los derechos humanos y solidaria de las justas demandas de amplios y variados sectores de la población por mejorar sus niveles y calidad de vida.

La situación que viven nuestros países sólo podrá ser superada si fortalecemos sociedades conscientes de la necesidad de satisfacer y crear condiciones para el desarrollo armónico de todos, por ello, es muy oportuno que reflexionemos sobre el papel que ha de jugar la universidad en la orientación del futuro de nuestras sociedades, bien públicas o privadas, para de este modo responder a la pregunta de cuál es la contribución específica de la Universidad en América Latina.

En América Latina, uno de los nuevos “escenarios” de desarrollo de la educación superior en el futuro próximo (visión prospectiva), lo constituye la resolución del dilema presentado por los requerimientos de mayor industrialización y modernización tecnológica en la producción y por las demandas políticas y sociales de mayor equidad social en las oportunidades de educación superior, Espinez (1995), por ello, los requerimientos de modernización productiva implican:

  • Una creciente importancia de las actividades de investigación y desarrollo científico y tecnológico.
  • Un alto énfasis en la investigación aplicada y en las relaciones entre la Universidad y el sector productivo.
  • La formación de recursos humanos altamente calificados.
  • La revaloración social y académica de las oportunidades de formación técnica y tecnológica.

En cuanto al requerimiento de mayor equidad en las oportunidades educativas, ello no se logra con “más de lo mismo”, sino diversificando las instituciones, programas y modalidades de formación para una población estudiantil de creciente heterogeneidad social y cultural, con expectativas educativas y ocupacionales muy diversas. Sin embargo en muchos países de América Latina se ha configurado un modelo actual segmentado de diversificación entre las instituciones universitarias, que se presenta comúnmente en las de corte tradicional, de alto estatus social y académico, y el conjunto de instituciones y programas de educación de carácter técnico y tecnológico. Este dualismo en las oportunidades educativas refuerza la desigual distribución social y no contribuye a la necesaria modernización de la estructura ocupacional, que en gran medida reside en la diversificación y consolidación del conjunto de las profesiones técnicas.

Las consecuencias negativas de este dualismo educativo impiden el logro de una modernización productiva con equidad; la diversificación entre diversos tipos de instituciones, programas y modalidades, debe ofrecer condiciones de equivalencia de calidad y estatus, con el fin de evitar la conformación de oportunidades educativas de primera, segunda y tercera clase. Sus diferencias mutuas radican en sus distintos objetivos educativos y destinos ocupacionales, no en una calidad educativa inferior. La diversificación, con equivalencias de estatus y calidad, es condición de equidad social y de modernización productiva.
“La universidad fue por muchos siglos la única forma institucional de educación superior. América Latina ha sido la región del mundo donde primero se transplantaron modelos de universidades europeas, considerados como uno de los legados más importantes que el mundo moderno heredó de la Edad Media Europea” (García, 1998, p. 24). Sin embargo, después de la segunda mitad del siglo XX, el sector no universitario ha crecido significativamente en la región; a mediados de dicha década, se registra un 85% de instituciones no universitarias en el nivel de educación superior; no obstante en términos de matrícula, todavía las universidades siguen teniendo una alta proporción el 68%, lo cual nos indica que por lo general las instituciones no universitarias son pequeñas con relación a las universidades. En nuestro continente existe un 88% de Instituciones de Educación Superior con menos de 5000 estudiantes, al mismo tiempo que hay países con megainstituciones como la UBA de Buenos Aires y la UNAM de México, las cuales tienen más de 170.000 estudiantes la primera y 130.000 la segunda(García, 1998, p. 49).

Según la UNESCO (1995), en relación con las tendencias de la educación superior, tres son los desarrollos claves durante el último cuarto de siglo:

a. La expansión cuantitativa.
b. La diferenciación de las estructuras institucionales, de los programas y jornadas de estudios.
c. Las restricciones financieras, que se han vuelto perjudiciales para el funcionamiento general de la educación superior, afectando su calidad y dificultando las tareas de investigación, principalmente en los países en desarrollo.

La extraordinaria expansión cuantitativa de la matrícula que se observa en la educación superior de todas las regiones del mundo, encuentra su explicación en el crecimiento demográfico, con su consecuente incremento del número de egresados de niveles educativos precedentes, que luego buscan acceso a la educación superior. La consciencia generalizada acerca de la importancia que para el desarrollo de un país tiene la inversión en educación superior y el instrumento clave no sólo para desarrollo sino también para remover los últimos vestigios de colonialismo, así como para fortalecer su propia identidad nacional y crear las capacidades locales en ciencias y tecnologías, incide en la expansión de la matrícula.

En términos absolutos la expansión ha significado pasar en 1960 de 13 millones de estudiantes en el nivel superior en todo el mundo, a 65 millones en 1991; matriculados en cerca de 30.000 instituciones reconocidas de nivel terciario. Para el año 2000 se estima que serán 80 millones los estudiantes en este nivel. (UNESCO, 1995).

En lo que se refiere a la tendencia hacia una mayor diversificación de las estructuras institucionales académicas, la UNESCO atribuye este fenómeno a factores externos e internos. Entre los externos mencionan los siguientes:

1. Aumento de la demanda social de la educación superior y la necesidad de proveer a una clientela mucho más diversificada.
2. Recortes drásticos en los gastos de la educación superior estatal, que fuerzan a las instituciones a diseñar alternativas, programas y sistemas de impartir la enseñanza, más efectivos en relación al costo.
3. Necesidades permanentemente cambiantes del mercado del trabajo que han hecho que la educación superior brinde capacitación en nuevos campos profesionales, tecnológicos y gerenciales, y en nuevos contextos como resultados de la modernización y la regionalización de la economía.

En lo que respecta a los factores internos, considera que han sido relevante para la organización de las actividades docentes y de investigación los siguientes:

1. Los enormes avances en la ciencia derivados del desarrollo de varias disciplinas académicas y de su posterior diversificación.
2. La consciencia creciente de la necesidad de promover enfoques y métodos de enseñanza, formación e investigación interdisciplinarios, multidisciplinarios o transdisciplinarios
3. El rápido desarrollo de nuevas tecnologías de información y comunicación, además de la creciente aplicabilidad de estos en las diferentes funciones y necesidades de la educación superior. (Tunnermann, 1997, p. 53).

Como consecuencia de todos estos factores, en el panorama de la educación superior contemporáneo se advierte una variada tipología de instituciones, en la que se encuentran ubicadas las universidades privadas, lo cual nos permite orientar el presente análisis con sentido más de colaboración que de confrontación entre ellas. Tipologías que obedecen al tamaño de las instituciones, la duración de los estudios, el perfil académico, las formas de enseñanza, el cuerpo estudiantil, las fuentes de financiamiento, la organización y estructura académico-administrativa, y su inserción en la sociedad, nacional, regional o local, así como la demanda que se atiende en dichos contextos.

La diversificación es una de las tendencias mejor recibidas en la educación superior y deberá ser apoyada por todos los medios disponibles; no obstante aquí radican las posturas que visualizan la diversificación con sentido de confrontación, en cuanto a que se observa que la creciente diversidad de instituciones privadas, en muchos casos, no guarda concordancia con el reto que significa apoyar la diversificación: hay que preocuparse por garantizar la calidad de las instituciones y sus programas, la equidad respecto al acceso y la preservación de la misión y función de la educación superior, con total respeto por la libertad académica y la autonomía institucional; si esto se garantiza, la diversificación representa una salida respetuosa por enfrentar la demanda creciente de la sociedad.

Tomando en consideración estos señalamientos, en Venezuela la diversificación hacia instituciones no universitarias no ha sido sólo responsabilidad del sector privado, como ha sucedido en otros países de la región, sino también del sector público. Como señala Carmen García Guadilla en su trabajo sobre la educación superior en Venezuela (1997): la diversificación fue la forma que encontró el estado venezolano para diferenciar la oferta educativa a través de un proceso técnico que asigna a los estudiantes a determinadas carreras, dentro del espacio jerárquico de las instituciones y de las disciplinas. Por lo tanto la diversificación institucional no ha sido propiamente tal, sino más bien, segmentación de calidades y clientelas entre las distintas instituciones. Es decir, la diversificación no ha respondido a las distintas funciones y misiones que deben tener las instituciones, no ha habido la necesaria articulación que se demanda de los procesos de diferenciación, por lo tanto, esto sería uno de los principales problemas que Venezuela tiene que afrontar: crear un sistema diferenciado donde cada tipo de institución responda a las distintas funciones y misiones dentro de una concepción de calidad, que proporcione articulaciones beneficiosas para todo el conjunto del sistema de educación superior.

Es necesario referirnos a la autonomía que debe estar presente en todo proceso diversificador, que obedece al hecho de garantizar el poder que tienen las instituciones de educación superior en nuestra región, de autodeterminarse de manera responsable en lo académico, en lo administrativo y en lo financiero. En virtud de ello, pueden tener su vocación propia y su perfil propio, con la sola orientación de los principios que la definen y expresan su razón de ser en el marco de la constitución y la Ley de cada país. Las acciones orientadas hacia la modernización de la educación superior descansan sobre el principio de la autonomía. Principio que inspira a la universidad desde sus orígenes en los campos académicos, administrativos y financieros.

La universidad de América Latina y el Caribe frente al cambio y la globalización

La humanidad en las últimas décadas ha entrado en un proceso acelerado de cambios que se manifiestan en todos los ámbitos del acontecer político, social, científico y cultural, de suerte que se afirma que estamos viviendo el inicio de una nueva civilización, donde la educación, el conocimiento y la formación juegan un papel central: “la sociedad del conocimiento y de la innovación”; una sociedad en la que la competencia económica y tecnológica, representa un pilar fundamental y las ventajas competitivas han dejado de depender sólo del capital físico, para fundamentarse en el capital humano y en el capital social y su productividad (Moreno, 2000, p. 17).

Uno de los fenómenos más característicos de esta época es la aparición de la “globalización” o “mundialización” que modifica el paradigma de las relaciones interestatales hasta ahora vigente, que confiere a los Estados Nacionales el papel de actores principales del sistema internacional.

En el nuevo esquema los estados pasan a constituir un eslabón de un sistema mayor: el sistema global o mundial. El concepto de “globalización” no se limita al aspecto puramente económico; en realidad es un proceso multidimensional que comprende aspectos vinculados a la educación, la cultura, la política y otros. A su vez, los avances tecnológicos están modificando profundamente la naturaleza de la actividad productiva. Hay una tendencia hacia la “desmaterialización” del proceso productivo; la riqueza de las naciones se ciñe hoy en día principalmente al conocimiento y a la información. Sin embargo, el proceso de globalización no está generando un incremento uniforme del progreso y desarrollo en todas las regiones del mundo, más bien se está dando una globalización fragmentada o segmentada, que concentra las ventajas del desarrollo en un sector relativamente reducido de la población mundial y crea profundas brechas de desigualdad, en términos de calidad de vida, acceso a los bienes económicos y culturales entre los distintos componentes de las sociedades nacionales.

Frente a los procesos de globalización y de conformación de los grandes bloques económicos, los estados necesitan nuevos enfoques y políticas lúcidas para fortalecer su capacidad de negociación, fomentar su competitividad y mejorar su inserción en la economía internacional. Este es un reto que las instituciones de educación superior, respetando su diversificación, tienen también que asumir como un imperativo de la época y contribuir a la formación de esas políticas.

El sistema educativo, tanto público como privado, está quedando rezagado en la transformación del conocimiento que está ocurriendo fuera del mismo y dadas las rigideces y limitaciones de las instituciones públicas, es muy probable que en las próximas décadas, el sector privado pudiera sobrepasar al sector público en algunos países, como la institución fundamental del sistema educativo.

No cabe duda que la tecnología informática, al dotar a todo investigador del acceso inmediato al conocimiento mundial, brindándole herramientas sofisticadas de control y procesamiento de datos y de manejo de experimentos, facilita la generación de nuevos conocimientos y es probable que acelere el ritmo de su producción. Sin embargo, ese fenómeno no es el que marca la diferencia cuantitativa frente al pasado reciente. Por algo la época que estamos dejando atrás fue llamada la “sociedad científica – técnica”. La característica que más profundamente distingue la “sociedad del conocimiento” como tal es el acceso universal, masivo y permanente a los conocimientos existentes y a los que se van generando (Pérez, 1998, p. 2).

Es la difusión, la posibilidad de socialización masiva de la información, lo que marca la diferencia (Pérez, 1998, p. 2), es quizás el principal factor donde se centra la necesidad de una perentoria integración de las instituciones de educación superior con sentido de colaboración más que de confrontación.

Los estudios prospectivos más conocidos en las décadas anteriores a la emergencia del proceso de globalización, se orienta particularmente a construir estilos de desarrollo cónsonos con el modelo económico y social prevaleciente, y en cada época histórica la región se ha visto en la necesidad de rediseñar sus sistemas de formación de élites dirigentes y profesionales. Pero mientras en el pasado estos esfuerzos se concretan en las llamadas “reformas universitarias”, generalmente promovidas por las propias comunidades académicas, ligadas a propósitos democratizadores y de transformación social; los procesos actuales apuntan más bien a una redefinición de las relaciones entre el Estado, la sociedad y la universidad, donde no siempre la iniciativa parte de los sectores universitarios, sino que son provocados por cuestionamientos externos a la academia.

Sobre el particular hay autores que afirman, entre ellos Rollin Kent, citado por Tunnermann (1997, p. 20), que ahora nos encontramos con una sociedad que critica a la universidad. Una universidad que debe rendir cuenta frente a públicos externos y un sistema de educación superior, donde autores tradicionales excluidos (bajo el concepto de autonomía) ahora son partícipes o hasta protagonistas del cambio. Frente a esta realidad las universidades privadas se erigen en el contexto latinoamericano como una oportunidad de oferta diferenciadora de las instituciones universitarias públicas, en las cuales la rendición de cuentas y los procesos de cambios, encuentran mayores oportunidades de respuesta.

Para los latinoamericanos, uno de los elementos claves para reinsertarnos favorablemente en el contexto global, es el mejoramiento sustancial de nuestra competitividad. Competitividad implica conocimiento, tecnología, manejo de información y destreza. En otras palabras significa elevar la calidad de nuestros centros educativos y la preparación de nuestros recursos humanos de alto nivel; significa incorporar el proceso técnico a la actividad productora. Cabe entonces distinguir como lo hace la CEPAL, entre la “competitividad espuria”, basada en la reducción de los salarios y de los servicios sociales y la “competitividad auténtica”, que implica la capacidad de un país de promover su participación en los mercados internacionales y, a la vez, elevar el nivel de vida de su población mediante el progreso científico y tecnológico. En el marco de este enfoque no sólo compiten los factores económicos, sino también las condiciones sociales, los sistemas educativos y las políticas de desarrollo científico y tecnológico.

Al lado de esta condición debemos tomar en cuenta y aquí señalamos otro de los elementos diferenciadores entre las instituciones de educación superior, que si la competitividad implica progreso técnico y dominio de nuevas tecnologías, no hay avance tecnológico sin desarrollo científico que, a su vez, tiene sus raíces en un sistema educativo de alta calidad; en otras palabras, para poder competir en los nuevos espacios económicos tenemos que dar atención preferente a la formación de recursos humanos del más alto nivel, al desarrollo científico, al progreso técnico y a la acumulación de información, todo lo cual significa priorizar las inversiones en educación, tecnología e investigación.

Las nuevas formas de organizar el conocimiento (inter y transdisciplinariamente), el ritmo veloz con que se produce, así como la pluralidad de la ciencia y la complejidad de los nuevos saberes, hace que hoy sea diferente la transmisión de los conocimientos a como se venía haciendo tradicionalmente. La forma como deben ser concebidos esos cambios debe ser integral, con miras a un trabajo más colectivo y transdisciplinario, donde cada uno de los componentes del sistema de educación superior contribuyan de acuerdo a su perfil, su misión y su organización a incorporarnos a la sociedad del conocimiento.

Las formas de acceso al conocimiento comienzan a ser infinitas. Las limitaciones tradicionales de recursos que afectan al aprendizaje (nómina adecuada de profesores, infraestructura apropiada y suficiente planta física, tiempo de dedicación del docente, educación presencial y demás), están siendo superadas hoy en día en la educación superior por la liberación del tiempo, del espacio en los nuevos procesos de acceso al conocimiento. Si se tiene acceso al conocimiento queda eliminado el imperativo geográfico presente en la educación superior tradicional.

El nuevo paradigma educativo exige procesos de aprendizaje diversificado y autorregulados, con técnicas de aprendizaje basadas en la resolución de problemas y donde la enseñanza se centra en enseñar a aprender y a emprender.

Continuacion


  
Anterior Indice Siguiente
Hosted by www.Geocities.ws

1