UNIVERSIDAD YACAMBÚ
SEMINARIO AVANZADO DE EPISTEMOLOGIA
EL PROCESO EDUCATIVO Y LA COMPLEJIDAD
ENSAYO 1
DOCTORANDO HOLANDA GARCIA DE QUIJADA
Aproximarse
a un concepto de pensamiento complejo y comprender la complejidad pasa
necesariamente por una revisión de los aportes de Edgar Morin, investigador
francés, precursor del denominado “paradigma de la complejidad”.
Como
punto de partida es indispensable definir, el término “complejidad”. El cual
junto con el concepto “complejo” tiene una implicancia negativa, y que a su vez
se asocia con el término “complicado”, de manera que los tres términos
parecieran ser sinónimos.
En
el “Diccionario de uso del español” de Maria Moliner (1966) se define:
“Complejo:
complicado. Se aplica a un asunto en que hay que considerar muchos aspectos,
por lo que no es fácil de comprender o resolver”.
Podemos
afirmar, entonces, que lo comprensible es lo que se puede simplificar, reducir,
comprimir en menos elementos. Si este es el uso ordinario del asunto se puede
decir que este uso del término “complejidad” también se encuentra extendido en
el ámbito científico asociando, otra vez, complejidad y complicación.
La
complejidad, según Morin (1995), significa básicamente que:
a)
La amalgama de interacciones de un sistema es tal que no pueden concebirse sólo
analíticamente, por lo que no tiene sentido proceder vía el conocimiento de
variables aisladas para dar cuenta de un conjunto o subsistema complejo.
b) Los sistemas ocultan las constricciones y emergencias que permiten sus
saltos cualitativos internos, lo que se opone a la visión clásica del avance
evolutivo lineal.
c) Los sistemas complejos funcionan con una parte de incertidumbre, ruido o
desorden, lo que se contrapone al modelo clásico que elimina estas
consideraciones. Por ello afirmaba lúcidamente Ibáñez (1988): “La lógica del
orden es la muerte por confinamiento”.
De
la simplicidad y la complejidad
Morin
(1996) dice que el conocimiento emplea la abstracción, pero, además, se
construye en relación con el contexto movilizando todo lo que el individuo sabe
del mundo. La comprensión de datos particulares sólo puede ser pertinente para
los que ejercitan la inteligencia general y mueven sus conocimientos del
conjunto en cada caso particular. Sin embargo, es imposible conocer todo acerca
del mundo y de sus transformaciones.
Esta
modalidad de construir el conocimiento, según Morin (1999), puede considerarse
como un paradigma de la simplificación pues reduce el conocimiento de un todo a
sus partes y restringe lo complejo a lo simple. Así, la inteligencia parcelada,
compartimentada, disyuntiva, reduccionista, mutiladora, fragmenta lo complejo,
unidimensionaliza lo multidimensional y genera, ante los problemas y
situaciones que analiza, respuestas igualmente incompletas, e irresponsables.
Motta
(2002) menciona que Bachelard considera que existe lo simplificado porque no
somos capaces de comprender lo que existe en la realidad. De esta manera las
ciencias construyen su objeto de estudio sacándolo de contexto, analizándolo
desde una sola dimensión e incomunicando los saberes.
Morin
también considera el espiral recursivo en donde la noción de regulación esta
superada por la de autoproducción y auto-organización. La idea de espiral
expresa retroacción, regulación, mantenimiento de la forma, es decir, el
cerramiento de un sistema sobre sí mismo. La idea de espiral recursivo es más
compleja, pues engloba el concepto de retroacción y le añade el concepto de
ser, paradójicamente, fundamento para la producción de la propia organización.
Se trata, entonces, de un proceso recursivo y generativo mediante el cual una
organización activa produce los elementos y los efectos necesarios a su propia
generación o existencia. La recursión aporta una dimensión lógica que, en
términos de praxis organizacional, significa producción de si y re-generación.
Siguiendo
con esta línea de pensamiento se puede afirmar que un sistema que se espiral a
si mismo crea su propia autonomía. Esta idea permite comprender el fenómeno de
la vida como sistema de organización activa capaz de auto-organizarse y, sobre
todo, de auto-reorganizarse.
El
principio de auto-organización (autonomía / dependencia) es por consiguiente un
operador del pensamiento complejo. Este principio es válido para todo ser vivo
que, para guardar su forma (perseverar en su ser), debe auto-producirse y
autoorganizarse; gastando y sacando energía información y organización del
ecosistema en donde existe. Dicho ser vivo debe concebirse como un ser
auto-eco-organizador, ya que la autonomía es inesperable de la dependencia.
Otro
operador que menciona es el de la idea sistemica u organizacional, que
relaciona el conocimiento de las partes con el conocimiento del todo. El todo y
las partes están organizados, relacionados de manera intrínseca. Esto muestra
como toda organización hace surgir cualidades nuevas, que no existían en las
partes aisladas y que son consideradas como las emergencias organizacionales.
La concepción de estas emergencias es fundamental, si se quiere comprender la
religación de las partes con el todo y del todo con las partes. La emergencia
posee, como tal, virtud de acontecimiento y de irreductibilidad; es una
cualidad nueva intrínseca que no se deja descomponer, y que no se deduce de los
elementos anteriores. Luego, se impone como hecho: dato fenomenal que el
entendimiento debe constatar de entrada. Esta idea se encuentra profundizada en
otro operador del pensamiento complejo denominado principio hologramático;
dicho principio considera que no solo las partes están en el todo, sino que el
todo esta en el interior de las partes.
Finalmente,
la idea dialógica permite relacionar temas antagonistas que están al límite de
lo contradictorio. Lo que significa que dos principios, se unen sin que la
dualidad se pierda en la unidad; de donde resulta la idea de "unidualidad"
que Morin propone para algunos casos, (ejemplo: el hombre tiene un ser unidual
ya que es un ser biológico y cultural). Por lo tanto, la dialógica es la
complementariedad de los antagonismos.
Soto
González y Morin (1999) opinan que la unidad de un ser, de un sistema complejo,
o de una organización activa no es entendida por la lógica identitaria, ya que
no solo hay diversidad en lo uno, sino también relatividad de lo uno, alteridad
de lo uno, incertidumbres, ambigüedades, dualidades, escisiones, antagonismos.
Hay que entender que lo uno es en realidad relativo con respecto a lo otro. No
se le puede definir únicamente de manera intrínseca; necesita, para poder
surgir, de su entorno y de su observador. Lo uno es pues complejo.
La educación en el siglo XXI
En la
actualidad la sociedad está fragmentada. La escuela no es ajena a esta
fragmentación y desinstitucionalización, aunque, mientras los nuevos estudios
culturales desarrollan categorías de análisis como el paradigma de la
complejidad, la fluidez en la sociedad de la información, y la diversidad como
elemento común, la escuela intenta ponerse a la altura de las circunstancias,
sin lograrlo, quizá por su anacronismo institucional.
La
cuestión que planteamos, es que en ese intento la escuela está corriendo el
riesgo de perder su función social, por lo tanto creemos que la educación debe
realizarse a sí mismo un replanteo crítico antes de seguir el camino de
desconfiguración en el que se sumerge cada vez más.
Por
tanto, comprender la educación como práctica social institucionalizada requiere
de una mirada compleja que sea capaz de analizar elementos históricos como
dispositivos de la cultura institucional, e interrogarse acerca de la
intervención docente sobre la realidad
La
educación participa de las contradicciones de fin de siglo e inicio del nuevo
milenio. Por un lado, la sociedad observa los cambios trascendentes y
acelerados propuestos por el desarrollo de la tecnología digital, la cual está
transformando muchos aspectos de la vida de la gente. El comercio, los viajes y
las comunicaciones a escala mundial amplían los horizontes culturales y cambian
las pautas de competencia de las economías. En un reporte de la Comisión
Europea (2000) se afirma que, “la vida moderna ofrece nuevas oportunidades
y opciones a los ciudadanos, pero también entraña mayores riesgos e
incertidumbres. La gente tiene la libertad de adoptar diversos estilos de vida,
pero también la responsabilidad de dar forma a sus propias vidas.” Sin
embargo, las nuevas posibilidades que ofrece la educación no están disponibles
para todos. Más bien, los procesos de mundialización o globalización económica
parecen ahondar las diferencias.
Desde
otra perspectiva, Morin (1999) afirma que la “hiperespecialización” impide ver
lo global así como lo esencial y que los problemas nunca se presentan
parcelados. Empero, la participación de las disciplinas hace imposible captar
“lo que está tejido junto”, es decir lo complejo. El desafío de la globalidad
es, pues, al mismo tiempo un desafío de complejidad. Desde la escuela elemental
el niño aprende a aislar objetos (de su entorno), a separar disciplinas (antes
que reconocer sus solidaridades), a desunir los problemas, más que unir y a
integrar. Reducen lo complejo a lo simple. Así, estos niños pierden sus aptitudes
naturales para contextualizar los saberes e integrarlos dentro de sus
conjuntos, sin comprender que el conocimiento pertinente es aquel que es capaz
de situar toda información en su contexto y si es posible, dentro del conjunto
donde la misma se inscribe.
La
educación tal como aún se plantea, solo
reprime las curiosidades naturales de las personas sobre conocer la naturaleza
de las cosas, así, solo aprende a conocer la naturaleza humana desde la
perspectiva biológica o cultural pero no como un todo integrado.
Morin
(1994) afirma que la complejidad no es el opuesto a la simplicidad sino que él
considera que se produce una unión de la simplicidad y la complejidad. Es
decir, la complejidad “es la unión de los procesos de simplificación que
implican selección, jerarquización, separación, reducción, con los otros
contra-procesos que implican la comunicación, la articulación de aquello que
está disociado y distinguido.”
Al
vincular la Educacion con el pensamiento complejo, podemos inferir que está animado por una tensión permanente entre
la aspiración a un saber no parcelado, no dividido, no reduccionista, y el
reconocimiento de lo inacabado e incompleto de todo conocimiento. Es por ello
que debemos aspirar a un pensamiento
multidimensional y no reducido a la
fuerza de la incertidumbre y la ambigüedad.
La complejidad
es relación e inclusión, ni siquiera excluye la simplificación, sino que la
integra como uno de los elementos del pensamiento complejo. Sin embrago, siendo
multidimensional y global, es abierta e inclausurable. Por lo tanto, para el
pensamiento complejo es fundamental conocer el conocimiento y las formas de
conocer.
Entonces podemos
concluir que la educación es, ante todo, una práctica social, un conjunto de
acciones humanas. Una de las dificultades para poder hacer uso de los
conocimientos científicos que aporta la sicología, la antropología y otras
ciencias a la educación, se han concebido sólo elementos aislados de una
realidad compleja. Conforme el hombre se acerque a la complejidad de la
estructura y el sistema que opera cuando se piensa la educación, aportará
conocimientos útiles que lo acerquen a la comprensión de lo educativo. La
complejidad de lo educativo rebasa ampliamente cualquier visión disciplinaria; y
consiste en la posibilidad de ver lo esencial de las relaciones en juego y el
tipo y nivel de conocimientos que involucra
Bibliografía
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(2000), octubre. Consultado el 03/10/05. En: http://www.baquia.com/com/20001025/art00021.html
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Ibáñez, Jesús. (1988) Del algoritmo al sujeto. Madrid: Siglo XXI.
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Motta, Raúl, "Complejidad, educación y transdisciplinariedad",
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Soto González, Mario. (1999). Edgar Morin: complejidad y sujeto humano.
Tesis presentada en la Universidad de Valladolid en 1999. Consultada el
02/10/04. En: http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=7322