

Hacia el año 350 a.C., Platón escribió en sus diálogos tardíos, Timeo y Critias sobre una la existencia de una gran isla – más grande que Libia y Asia juntas – más allá de las Columnas de Heracles, actual Estrecho de Gibraltar. Esta isla ocupaba gran parte de lo que hoy conocemos como el Océano Atlántico. En los Diálogos Critias, discípulos de Sócrates narra una historia que escuchó a su padre cuando era un niño y que éste a su vez escuchó de Solón, el gran legislador ateniense y uno de los Siete Sabios de Grecia.
El Timeo y Critias narra el viaje que Solón, realizó a Egipto, donde oyó a los sacerdotes de Sais la historia de la isla de Atlántida. Los sacerdotes le explicaron que la historia se remontaba al principio de los tiempos, cuando los dioses reinaban sobre la tierra y se dividieron el mundo para que cada uno de ellos lo gobernase. Poseidón, el dios del mar, recibió la isla que llamó Atlántida, eligió a una mujer mortal, Clito, y comenzó una dinastía de reyes que gobernarían durante siglos. Tuvieron cinco pares de gemelos y a cada uno le dio un reino. Al mayor de ellos, Atlas le dio la ciudad que llevaba su nombre y que tendría poder sobre las otras nueve. Así, explicó, se fundó la ciudad de Atlántida, dentro del continente que lleva su mismo nombre.
La historia, que Critias relata como verdadera, se remonta a nueve mil años antes de la época de Solón para contar como los atenienses detuvieron el avance del imperio de los atlantes y que al poco tiempo de la victoria ateniense, la isla desapareció en el mar a causa de un terremoto y una gran inundación.
En el Timeo, Critias habla de la Atlántida en el contexto de un debate acerca de la sociedad ideal; cuenta como llegó a enterarse de la historia y cómo fue que Solón la escuchó de los sacerdotes egipcios; refiere la ubicación y la extensión de sus dominios en el Mar Mediterráneo; la heroica victoria de los atenienses y, finalmente, como fue que el país de los atlantes se perdió en el mar. En el Critias, el relato se centra en la historia, geografía, organización y gobierno de la Atlántida, para luego comenzar a narrar cómo fue que los dioses decidieron castigar a los atlantes por su soberbia. El relato se interrumpe aquí quedando la historia sin concluir.
Para la mayoría de los pensadores de la antigüedad se trataba de una narración verídica, de una historia basada en sucesos o acontecimientos reales, aunque el debate generado no fue más allá de sostener o negar la realidad histórica de la Atlántida.
La precisa descripción de los textos y el hecho de que se afirme reiteradamente que se trata de una historia verdadera ha llevado a que se hayan buscado posibles ubicaciones para la isla.
La Atlántida ha tenido una repercusión considerable, tanto en la historia como en la literatura. Cuando la cultura clásica volvió a difundirse en Occidente, después de la caída de Constantinopla, en 1453, tanto el relato de Platón como los demás documentos acerca de las islas que habían existido en el Atlántico volvieron a estimular la imaginación del hombre.
En la antigüedad
Se conservan algunos párrafos de escritores antiguos que aluden a los escritos de Platón sobre la Atlántida, aunque se han perdido muchos otros. Estrabón en el siglo I adC, cita a través de la opinión de Posidonio acerca de que es posible que el relato de Platón no sea ficción. Un siglo más tarde, Plinio el Viejo señala en su Historia Natural que, de dar crédito a Platón habría que asumir que el océano Atlántico se llevó en el pasado extensas tierras. Por su parte Plutarco, en el siglo II nos informa que los nombres de los sacerdotes egipcios que habrían relatado a Solón la historia de la Atlantida son Sonkhis de Sais y Psnophis de Heliópolis. Finalmente, en el siglo V Proclo refiere que Crantor, filósofo de la Academia platónica, viajó a Egipto y pudo ver las estelas en que se hallaba escrito el relato que escuchó Solón.

Desde el Renacimiento
Durante la Edad Media la historia de la Atlántida no llamó la atención. En el Renacimiento la leyenda fue recuperada por los humanistas, quienes la asumirán unas veces como vestigio de una sabiduría geográfica y otras como símbolo de un provenir utópico. El escritor mexicano Alfonso Reyes afirma que la Atlántida, resucitada por los humanistas, fue clave para el descubrimiento de América. Francisco López de Gomara en su Historia General de las Indias, en 1552, afirma que Colón pudo estar influido por la leyenda atlántica y ve que en voz nauatl “atl”(agua) un indicio de vínculo entre atlantes y aztecas. López de Gomara atribuye especialmente a Colón la hazaña de haber “leído” el Timeo y Critias de Platón, donde obtuvo información acerca de la gran isla y de un territorio sumergido que era mayor que Asia y África. Fernández de Oviedo afirmó incluso que los monarcas espñoles poseían los derechos sobre las nuevas tierras americanas ya que, según él, Hespero, un rey prehistórico español, era hermano de Atlas, gobernante del territorio opuesto a Marruecos, y Hespero también reinaba sobre las Hespérides, “las islas de Occidente”
Fray Bartolomé de las Casas objetó ese derecho de dominio basado en las Hesperides o la Atlántida. Sin embargo, al comentar acerca de Colón dijo:
“…Cristóbal Colón pudo naturalmente creer y esperar que aún cuando aquella gran isla estaba perdida y sumergida, quedarían otras, o por lo menos, quedaría tierra firme, que él podría encontrar si la buscaba…”
Otro de los autores de la época del descubrimiento del Nuevo Mundo, Pedro Sarmiento de Gamboa, escribió en 1552:
“Las Indias de España eran continentes al igual que la isla Atlántica, y en consecuencia, la propia isla Atlántica, que estaba frente a Cádiz y se extendía sobre el mar que atravesamos para venir a las Indias, el mar que todos los cartógrafos llaman Océano Atlántico, ya que la isla Atlántica estaba en él. Y así hoy navegamos sobre lo que antes fue tierra firme”
Durante los siglos XVI y XVII, varias islas (Azores, Canarias, Antillas…) figuraron en los mapas como restos del continente perdido . en 1626, el filosofo inglés Francis Bacon publica La Nueva Atlántida (the New Atlantis), utopía en pro de un mundo basado en los principios de la razón y el progreso científico y técnico. En España, en 1673, el cronista José Pellicer de Ossau identifica la Atlántida con la península Ibérica, asociando a los atlantes con los misteriosos tartesios.
Desde la época del descubrimiento de América hasta hoy, filósofos y escritores nos han ofrecido sus teorías acerca de la Atlántida. Francis Bacon en The New Atlantis (1638) opinaba que la Atlántida de Platón era América. La trama de Shakespeare en Le Tempestad, que tiene lugar en una isla del Atlántico, se atribuye algunas veces al renovado interés en el continente sumergido y en las islas perdidas del océano. Más tarde, en 1665, el padre Kircher, un jesuita y estudioso de esta cuestión, opinó a favor de que la teoría de la Atlantida era una isla del atlantico y nos legó un famoso mapa en el que la hace aparecer en su relación de ubicación con Europa y América.
El propio Voltaire aparece también, ya que existe una dedicatoria al filósofo en un estudio sobre Atlántida del astrónomo Jean Bailly (anterior a la Revolución Francesa) que situaba la isla-continente en el extremo Norte, cuando el Ártico era tropical. AL parece Voltaire compartía la opinión de Baillo, aunque es difícil de probar, debido a su falta de fe en la mayor parte de las instituciones de la época.
La Atlántida estuvo a punto de tener de nuevo cierta influencia en la historia durante el siglo XIX, cuando Lord Gladstone, Primer Ministro británico durante el reinado de la reina Victoria, trató de hacer aprobar una ley por el Parlamento en la que se destinarían fondos para la búsqueda de la Atlántida. El proyecto de ley fue derrotado por miembros del gobierno.
En el siglo XIX aparecieron otras teorías más modernas, dos escuelas importantes: una se basaba en el supuesto de que el continente sumergido era una isla Atlántica, un pueste entre América y Europa, y la otra que había estado situada al norte o el noroeste de África, cuando el Sahara no era todavía un desierto.
No será hasta la segunda mitad del siglo XIX que la historia de la Atlántida adquiere la fascinación que provoca hasta hoy. En 1869, Julio Verne escribe la novela Veinte mil leguas de viaje submarino que en el capítulo IX describe un paseo que los protagonistas dan por los restos de la sumergida Atlántida. Tiempo después, en 1883, Ignatius Donnelly publica Atlántida: El Mundo Antediluviano (Atlantis: The antediluvian World).
La obra de Ignatius Donnelly
La primera teoría sobre la isla-continente recibió un impulso considerable a raíz de la publicación del libro de ignatius Donnelly, del cual se hicieron cincuenta ediciones y que aún hoy se sigue publicando. Posiblemente, donnelly se vio influido por Bory de Saint-Vicent, autor de un artículo publicado en 1803 enq ue indicaba que las Azores y las Canarias eran restos de la Atlántida, y de un mapa de la isla sumergida que se apoyaba enla información recibida de los autores clásicos.
Donnelly formuló la teoría de que la Atlántida fue la primera civilización mundial, la potencia colonizadora y civilizadora del litoral atlántico, de las costas del mediterráneo, el Cáucaso, América Central y del Sur, el Valle del Mississipi, el Báltico e incluso La India y partes de Asia Central. Fue también el lugar donde se inventó el alfabeto. Su catastrófico hundimiento habría sido un hecho histórico, inmortalizado en las leyendas de las inundaciones, y los mitos y leyendas de la Antigüedad constituirían simplemente una versión oscura y confusa de la verdadera historia atlántica.
Donnelly aprecia varias semejanzas entre la cultura egipcia y mesoamericana y hace converger una serie de antecedentes y observaciones que lo lleva a concluir que hubo una región, desaparecida, que fue el origen de toda civilización humana y cuyo eco habría perdurado en la leyenda de la Atlántida. El libro de Donnelly tuvo gran éxito de público, en una época donde el avance de la ciencia permitía a su hipótesis aparecer verosímil. Tanto fue así, que el gobierno británico organizó una expedición a las islas Azores, lugar donde el escritor situaba la Atlántida.
También intentó una aproximación científica al tema, examinando la viabilidad de la versión de Platón y estudiando los terremotos y hundimiento con caracteres de cataclismo que registra la historia, examinó con detenimiento las leyendas sobre inundaciones existentes en el mundo y su similitud, que para él es una prueba más del hundimiento de la Atlántida.
La Atlántida después de Donnelly
El éxito de Donnelly motivó a los autores más diversos a plantear sus propias teorías. En 1888, la ocultista Madame Blavatsky publica La Doctrina Secreta, texto basado, supuestamente, en un documento escrito en la Atlántida, EL libro de Dzian. Según Blavatsky, los atlantes habrían sido una raza de humanos anterior a la nuestra, cuya civilización habría alcanzado un notable desarrollo científico y espiritual. En 1938, Heinrich Himmler organiza, en el contexto del misticismo nacionalsocialista, una serie de expediciones a distintos lugares del mundo en busca de los antepasados atlantes de la raza aria. En 1940, el médium norteamericano Edgar Cayce predice que en 1968 la Atlántida volverá a la superficie frente a las costas de Florida.
Al margen de lo esotérico, el impulso generado por la obra de Donnelly, motivará a numerosos historiadores y arqueólogos durante el siglo XX, que desarrollaran teorías para ubicar la Atlántida en los más dispares lugares, asociando a los atlantes con diferentes culturas de la antigüedad. Así en 1913, el británico K.T. Frost sugiere que el imperio cretense, conocido de los egipcios y opresor de la Grecia antigua, habría sido el antecedente de la leyenda de la Atlántida. Por su parte, en 1922, el arqueólogo alemán Adolf Schulten retoma y populariza la idea de que Tartessos fue la Atlántida. Tesis que cuenta con varios seguidores hasta el día de hoy. Otra hipótesis sitúa la Atlántida en la isla de Malta, en el mar de Azov, en Sudamérica, en el Próximo Oriente, en el Norte de África, en Irlanda, en Indonesia y en la Antártida.
Sin embargo será la teoría de Frost la que llegará a convertirse en la más aceptada y difundida. En 1938 el arqueólogo griego Spyridon Marinatos plantea que el fin de la civilización cretense, a causa del volcán de Santorini podría ser el fondo histórico de la leyenda. La idea será trabajada por el sismólogo Angelos Galanopoulos, quien en 1960 publicará un artículo en donde relaciona la tesis cretense con los textos de Platón. Si bien el propio Marinatos sostuvo siempre que se trataba de una simple especulación, la tesis de la Atlántida cretense ha tenido amplia aceptación y captado muchos seguidores, entre los que contaba el oceanógrafo francés Jacques Cousteau.
Hipótesis sobre la Atlántida
La mayoría de las conjeturas que postulaban la existencia de la Atlántida como el continente perdido fueron invalidadas por la comprobación del fenómeno de la deriva continental durante los años 1950. Por ello, algunas hipótesis modernas proponen que algunos de los elementos de la historia de platón se derivan de mitos anteriores o se refieren a lugares conocidos. En Julio de 2005 se celebró en la isla de Melos el primer congreso de las hipótesis sobre la Atlántida, donde la mayoría de los participantes manifestaron su convicción sobre la base histórico-geográfica de la historia de la Atlántida reflejada en los diálogos de Platón. Se convocó un segundo encuentro para el 2007.
Actualmente existe un movimiento, sobre todo a través de Internet que lidera un investigador cubano, llamado Georges Diaz-Montexanos, que intenta probar que la Atlántida no es otra sino la Península Ibérica. Junto a un grupo de investigadores españoles dice haber descubierto evidencias arqueológicas debajo del mar, cerca de las costas de Gibraltar, que podrían pertenecer a la civilización Atlántica descrita por Platón.
TESIS CRETENSE
Las excavaciones realizadas por Sir Arthur Evans en la isla de Creta a finales del siglo XIX, puso al descubierto algo más que unas simples ruinas de un palacio minoico. A causa de ellas se hizo necesario replantear la historia del Mediterráneo antes del periodo clásico.
Se ha establecido que durante el reinado de la XVIII dinastía en Egipto, cuando Tebas estaba en la sima de su gloria, Creta era el centro de un gran imperio cuyo comercio e influencia se extendía del norte de Adriático a Tell el-Amarna y de Sicilia a Siria. Todo el comercio marítimo entre Europa, Asia y África estaba en manos cretnses, y las leyendas de Teseo parecen mostrar que los minoicos dominaban las islas griegas y las costas del Ática. Esta civilización era muy antigua y firmemente establecida. Se distinguen tres grandes periodos entre le Neolítico y el saqueo final de Knossos. Durante estos periodos existió una estrecha y constante comunicación entre Creta y Egipto, desarrollándose un intercambio de influencias e ideas.
La civilización minoica era esencialmente mediterránea, y para la época sorprendentemente moderna. Cuando el poder minoico estaba en su esplendor, podían parecer poderosos a ojos de las demás naciones, y su prestigio podía haberse visto incrementado por el misterio de las tierras sobre las que gobernaba y por su dominio sobre ese elemento que el mundo antiguo siempre vio con temor reverencial. Extrañas historias, además, de vastos palacios, de deportes y danzas, y sobre todo, de juegos de toros debían llegar a todos lados. El reino minoico era, por lo tanto, una gran y antigua potencia unida por el mismo mar que la separaba de las demás naciones, de manera que podía ser un continente separado de los demás.
Pero de repente, una terrible destrucción hizo desaparece el poder cretense. Confiados en su supremacía en el mar, no habían tenido en cuenta el fortificar sus ciudades y puede ser este descuido el que trajo su decadencia. Alguna conmoción rompió su poder marítimo cuando aún estaba lleno de vigor, creciendo y desarrollándose, una incursión saqueó la ciudad y asolo la isla y después de esto la civilización minoica se desvaneció. La influencia minoica pereció como fuerza política y comercial, por lo tanto Knossos y sus ciudades fueron destruidas cuando parecían más fuertes y más seguras, como si todo el reino de hubiese hundido en el mar.
En muchos casos, la descripción de la Atlántida que se hace en el Timeo y Critias tiene rasgos completamente minoicos. Dice Platón:
“… la isla era el camino hacia otras islas, y desde esas islas se podía pasar al continente opuesto que rodeaba el océano[…] En dicha isla había surgido una confederación de reyes grande y maravillosa que gobernaba sobre ella y muchas otras islas, así como partes de la tierra firme…”
Este párrafo describe la situación política y geográfica de Knossos. Después se puede leer en el Critias que la isla era muy elevada y escarpada en la orilla, como lo es en general toda la isla de Creta, pero que la región que rodeaba la ciudad era una meseta abrigada por el norte. Coincide con el lugar de Knossos, que está en una colina baj que se alza en una llanura. Además, las fronteras del imperio de la Atlántida eran muy parecidas a las adjudicadas a la influencia minoica. Se dice que Atlántida gobernó el norte de África hasta Egipto y Europa hasta el Mar Tirreno.
Una dificultad obvia a la hora de identificar Creta con l Atlántida es que Creta queda dentro las Columnas de Heracles, mientras que la Atlántida se afirma expresamente que estaba fuera de ellas. Si tomamos el mismo punto de vista geográfico que los sacerdotes de Sais, quienes contaron su historia a Solón, la confusión podría haber surgido de forma natural. La traducción del relato del egipcio al griego pudo provocar el error. En la época de Solón, el exotismo debía ser buscado muy al oeste, fuera del océanos y más allá de las Columnas de Heracles. Existía una frase egipcia que decía “Más allá de los Cuatro Pilares del Mundo”, que sería Creta según los cálculos egipcios iniciales, puesto que al principio los cuatro Pilares se identificaban con montañas reales.
A grandes rasgos, la historia y la geografía de la Creta minoica se correspondería con lo que Paltón nos dice de la Atlántida. El gran puerto con sus buques y mercancías llegando desde todas partes, los baños, el estadio y el sacrificio de un toro son marcadamente minoicos. El hecho de la caza del toro “en el templo de Poseidón sin armas, sino con palos y lazos” es una descripción de la plaza de toros de Knossos y la práctica de la Taurokathapsia, representada también en el vaso de Vafio.
Parece que Solón realmente escuchó un relato en Sais, que lo llenó de asombro y que no era más que el recuerdo egipcio de los minoicos. Aunque ni solón ni el sacerdote supieron identificar a la pequeña isla que parecía tan grande a sus antepasados.
“…¡Ay!, Solón, Solón, ¡Los griegos seréis siempre niños!, ¡no existe el griego viejo![…] tenéis alma de jóvenes, sin creencias antiguas transmitidas por una larga tradición y carecéis de conocimientos encanecidos por el tiempo. Esto se debe a que tuvieron y tendrán lugar muchas destrucciones de hombres, las más grandes por fuego y agua, pero también otras menores provocadas por otras innumerables causas.[…]Contrariamente, siempre que vosotros, o los demás, os acabáis de proveer de escritura y de todo lo que necesita una ciudad, después de un periodo habitual de años, os vuelve a caer, como un enfermedad, un torrente celestial que deja solo a los iletrados e incultos, de modo que nacéis de nuevo, como niños, desde el principio, sin saber nada de vuestra ciudad ni de los que ha sucedido entre vosotros durante las épocas antiguas…”

