REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD YACAMBU
CONTADURÍA PÚBLICA
Heydi Cordero
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Introducción
A partir de 1917, al dar inicio a la explotación
petrolera, se abre un nuevo período en la historia venezolana en el cual se
opera todo un conjunto de transformaciones significativas en los distintos
aspectos de la sociedad, los cuales en la medida extrema han permitido
"superar" el estancamiento característico de un país agropecuario.
Este fenómeno traerá consigo las inversiones
extranjeras, motor fundamental de ese conjunto de cambios. Estas empresas
inversionistas, al principio van a tener participación a nivel nacional en la
explotación de hidrocarburos, luego en la mineral de hierro y posteriormente en
la industria, el comercio, los transportes y en menor grado, la agricultura, ya
que con la apertura de las vías de comunicación, los productos agrícolas
aumentaron en el mercado interno fomentando el mayor consumo, constituyendo lo
que hasta nuestros días es la economía nacional; si se puede llamar nacional,
pues con el fenómeno de la globalización no sabemos que es nuestro y que no lo
es.
Por ende en este trabajo se busca desarrollar de
manera puntual el papel de la
producción petrolera en la economía venezolana así como el rol de la industria
manufacturera en la economía nacional.
Cabe destacar que en Venezuela, la primera concesión
para explotar asfalto se otorgó en el año 1854, pocos meses después de
promulgado el primer Código de Minas. Once años más tarde, en 1865, el Estado
otorgó la primera concesión petrolera, que caducó antes de cumplir un año.
Luego de constituirse la primera compañía comercial venezolana de petróleo, con
el nombre de Petrolia del Táchira, en el año 1878, se
dieron algunas concesiones en forma ocasional.
Sin embargo, Venezuela tuvo una economía precaria
hasta la aparición del petróleo en la década de 1920, puesto que su comercio
internacional comprendió la exportación de café, además de cacao y otros
productos agrícolas, en cantidades muy modestas. Estos productos sufrieron los
vaivenes de los precios internacionales, que indicaban la prosperidad o la
ruina de la nación. Asimismo, las divisas obtenidas por las exportaciones
permitieron importar manufacturas y alimentos, aunque en cantidades limitadas,
correspondientes al valor de las exportaciones. Por tal razón, los productos
importados estaban destinados a la pequeña población urbana del país, que en
1920 no superaba el 15 % de la población total.
El resto de las actividades económicas, cuyo destino
no era la exportación, lo constituyó, básicamente, una débil agricultura
comercial, destinada al consumo interno, que producía maíz, frutas, hortalizas
y carne de ganado. Además, estaba ampliamente extendida la agricultura de
subsistencia, representada por el conuco. La industria manufacturera fue muy
precaria.
En ese sentido, a partir de 1907, cuando se comienza
a establecer la industria petrolera, el desarrollo de dos gigantescos
monopolios petroleros se fue dando, los cuales adoptaron los nombres de
Standard Oil Company y Royal Dutch Shell.
Estos dos grandes consorcios petroleros
internacionales comenzaron sus actividades en territorio venezolano de forma
intensiva, compitiendo agresivamente por lograr las mejores negociaciones, en
el marco de la nueva Ley de Minas. Esta ley otorgaba las concesiones por un
período de cincuenta años, con el compromiso de que las compañías comenzaran a
explotarlas dentro de los cuatro años siguientes al otorgamiento del título.
Las primeras concesiones otorgadas en el régimen de
Cipriano Castro fueron cedidas a un número de venezolanos que luego las
traspasaron a los consorcios petroleros internacionales. En 1907, debido a los
conflictos del gobierno de Castro con las potencias europeas y con los Estados
Unidos, el otorgamiento de estas concesiones fue temporalmente suspendido. Sin
embargo, en 1908, con la llegada de Juan Vicente Gómez al poder, la entrega de
concesiones a los monopolios petroleros internacionales se reinició de forma
acelerada.
La industria petrolera venezolana inició formalmente
sus actividades a nivel comercial a partir del año 1914, y desde ese momento
pasó a ser la más importante del país, pues se constituyó como una fuente
estratégica de energía, que le permitió abrirse campo en los mercados
internacionales de exportación e inversión. De esa manera, apareció la figura
de la concesión, que el Estado brinda a las compañías transnacionales para
explorar y explotar el recurso.
La política petrolera de Gómez estuvo influenciada
por diferentes aspectos. En primer lugar, se fueron asentando las bases de un
negocio estable. En segundo lugar, intentó evitar la dependencia de una sola
compañía o de un solo país. En tercer lugar, trató de obtener del fisco
nacional cuanto fuera posible en cada momento, así como buscó atraer
inversionistas y mantenerlos satisfechos. Por último, favoreció a sus allegados
y amigos.
Pero fue a partir de la década de 1920 cuando el
petróleo se convirtió en la mayor fuente de divisas del país y se impuso ante
los renglones tradicionales de producción como lo fueron el café y el cacao en
años anteriores.
Esto se debió a que luego de finalizada
Por lo tanto, para la década de 1930, el debate
acerca de cómo se podía incorporar la renta petrolera a la economía nacional
fue iniciado por el ministro de Fomento, Gumersindo Torres, quien fue el
promotor de la creación de la primera Ley de Hidrocarburos en el año 1920. Con
este compendio de leyes se separaron los hidrocarburos del resto del sector
minero; las regalías que debían pagar las compañías europeas se incrementaron
al 10% y se creó la reserva nacional. Para Torres la renta no representó un
esfuerzo efectivo, porque la economía del país no podía absorber este capital
de la misma manera que ocurría en los países desarrollados. Entonces, el Estado
sería el encargado de redistribuir los beneficios a partir del impulso de la
economía y de la creación de una industria fabril.
Por ello se puede observar que la aparición de la
renta petrolera alteró la realidad venezolana ya que su importancia fue tal que
no solamente se evidenció en los considerables volúmenes de dinero percibidos
por el país desde principios del siglo XX, sino en las estructuras políticas,
económicas y sociales del país.
Esto se puede evidenciar debido a que durante el
gobierno de López Contreras la recesión en la economía agrícola venezolana era
bastante más palpable, y el petróleo poco a poco se estaba convirtiendo en el
mayor ingreso de la nación. Alberto Adriani, ministro
del gabinete de López Contreras, pensaba que era importante reinvertir el
ingreso obtenido de la venta de este hidrocarburo en la reactivación del
cultivo del café, del cacao y de otros rubros que históricamente caracterizaron
la economía venezolana. Por eso, Adriani trabajó,
entre otras cosas, para convertir el Banco Agrícola y Pecuario en una
institución que protegiera la agricultura, especialmente lo concerniente al
otorgamiento de créditos. De igual manera, propuso que el lucro que se obtenía
del petróleo contribuyera a mejorar las condiciones de aquello en lo cual los
venezolanos habían fundamentado sus ingresos durante cuatrocientos años: la
agricultura.
En 1936 López Contreras ofreció al país una serie de
medidas que apuntaron a su desarrollo y evolución en todos los ámbitos
(políticos, económicos, sociales, educativos y militares), lo que se conoció
como el Programa de Febrero de 1936.
Terminado el gobierno de López Contreras, asumió el
poder el general Isaías Medina Angarita, quien
decidió establecer algunos cambios en la relación entre el Estado venezolano y
las industrias transnacionales del petróleo. De estos estudios surgió el
anteproyecto de
Pero fue hasta en 1959 que se retomaron gran parte
de las políticas económicas iniciadas entre 1945 y 1948. El Estado se convirtió
en el gran promotor de la industrialización y la modernización de la
agricultura, puesto que una de las políticas más relevantes fue la sustitución
de importaciones, con lo que se pretendió que en el país se produjeran parte de
las manufacturas y los productos agrícolas que hasta entonces se importaban.
El Estado tuvo también sus propias instituciones
para canalizar los recursos petroleros hacia el fomento de la industria y la
agricultura nacionales, tales como
Por otro lado, el Estado se reservó la propiedad de
las empresas básicas: hierro, acero, aluminio, electricidad y petroquímica, ya
que servían para fomentar una cadena de empresas privadas que utilizarían los
insumos industriales ofrecidos por el Estado para transformarlos. Así, por
ejemplo, gracias al hierro y al acero, puestos a disposición a precios bajos
por
Gracias a esta combinación de medidas, el sector
privado se desarrolló a la sombra de un Estado que lo protegió de la
competencia internacional, le otorgó créditos con cómodas condiciones y le
garantizó estabilidad económica. Dicha política de sustitución de importaciones
estuvo vigente entre 1959 y 1989.
Por ello se dice que el petróleo no sólo sirvió para
fomentar la economía sino que durante las décadas de 1960 y 1970, se llevaron a
cabo políticas que masificaron la educación y la salud a escalas inéditas en la
historia nacional. La masificación de la educación, en todos sus niveles, fue
un canal de ascenso social de primer orden. También se realizaron grandes
inversiones que llevaron electricidad y agua potable a casi todo el país. La
construcción de autopistas y carreteras continuó hasta principios de la década
de 1980.
En 1975, la industria del petróleo fue
nacionalizada, hecho que determinó la tendencia hacia la dependencia de este
rubro. Dependencia que aumentó las migraciones de los campos hacia las ciudades
en búsqueda de mejores condiciones de vida, lo cual provocó que un mayor
porcentaje de pobladores se establecieran en las principales urbes, lo que creó
un caos de sobrepoblación, problema que persiste aún hoy en día.
Se puede decir que diversos aspectos económicos y
legales influyeron en la consolidación de la industria petrolera en Venezuela;
por ejemplo, la creación, en 1960, de
Otro
avance en la industria del petróleo fue la creación de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), en 1975, la cual fue
fundada con miras a convertirse en la casa matriz de la nueva industria
petrolera nacionalizada a partir del 1 de enero de 1976. La corporación se
estructuró por medio de una ley especial en la que, con gran visión, los
legisladores de entonces redactaron disposiciones que la habrían de proteger de
las flaquezas y fallas seculares de las empresas estatales. Entre ellas
figuraba el mandato de operar como unidad de negocios, evitando la
participación directa en programas de índole social. Otras disposiciones de
importancia crucial garantizaron condiciones a los trabajadores que aseguraran
su continuidad en la empresa. Hasta 1999, todos los gobiernos nacionales
brindaron gran apoyo a PDVSA y respetaron las leyes que la regían. Ello
permitió que la empresa se consolidara, y mantuviera su autonomía operacional y
financiera y condujera sus planes con visión de largo plazo.
Esta
casa matriz coordinó hasta 1997 las operaciones de sus 14 empresas filiales,
las cuales, a lo largo de los años, fueron reducidas sólo a tres: Lagoven, Maraven y Corpoven. Posteriormente, en 1997, estas empresas filiales
fueron disueltas para dar paso a la creación y adquisición de otras grandes
empresas funcionales, cuya finalidad era duplicar la capacidad de refinación en
el país, así como también la colocación de la mitad del crudo exportado.
El Estado, a través de PDVSA, ejecuta políticas de
reforma para estimular el desarrollo de los factores productivos nacionales.
Entre ellas, el plan de negocios 2000-2009, que busca maximizar el proceso de
exploración a fin de compensar el agotamiento de las reservas de petróleo
liviano y mediano a través de la producción de crudo pesado y extrapesado en la
faja petrolífera del Orinoco, y que tiene previsto reinvertir las ganancias
derivadas de la renta petrolera en bienes socioeducativos para la población.
Por
otra parte, las nuevas realidades petroleras de Venezuela comienzan cuando una vez Chávez asumió la presidencia, se fueron moderando las
acciones de la empresa en el ámbito petrolero. A manera de ejemplo se pueden
citar sus palabras en el primer año de gobierno, durante la puesta en marcha de
Petrozuata, el primero de los proyectos integrados de
Actualmente, la llamada "nueva PDVSA" no es más una
empresa grande y con abundantes reservas, pero mediocre e ineficiente. Vale la
pena señalar que la nómina actual contiene mucha más gente que la que tenía en
Finalmente, conviene mencionar que esta información es bien
conocida en el ámbito petrolero internacional, aunque las autoridades
venezolanas pregonan que el país produce 3.3 millones de barriles diarios.
Aunque los altos precios petroleros de los cinco años pasados han dado a
Venezuela inmensos ingresos por exportaciones, la situación fiscal no es
holgada, mientras el gasto sigue en aumento. El resultado ha sido un gran
aumento de la deuda pública y varios retiros de las reservas internacionales
del Banco Central. Una cuantiosa parte de los gastos fiscales corresponde a una
multitud de programas sociales agrupados en buena medida dentro de las llamadas
"misiones", y al abundante financiamiento brindado a docenas de
países en América Latina y el Caribe, ya sea directamente o mediante entregas
de petróleo, todo lo cual genera inmensas presiones económicas al gobierno
nacional. Esa situación ha encontrado una conveniente confluencia con el
discurso político-populista, para adelantar una campaña de presiones a las
petroleras privadas que operan en el país, destinada a cambiar los términos de
los contratos vigentes. Aunque el pretexto público fue el de rescatar la
"soberanía vulnerada", la "migración" forzada de los
convenios operativos a asociaciones con PDVSA permitió a la empresa nacional
limpiar las considerables deudas acumuladas por retrasos en los pagos, lograr
que las socias paguen por gastos e inversiones y, en definitiva, reducir las
presiones financieras sobre PDVSA. El nuevo contrato establece el compromiso de
cubrir mensualmente las necesidades financieras en las proporciones de
participación. En ese sentido, se sabe oficiosamente que durante el tiempo
transcurrido, que ya pasa de un año, PDVSA no ha pagado por sus compromisos y
la deuda suma varios miles de millones de dólares. En los proyectos de
En cuanto a la agenda petrolera internacional se puede ver que en el plano
internacional la brecha entre los anuncios y las realidades es más evidente,
comenzando por la relación petrolera con Estados Unidos. Desde los primeros
tiempos de su gobierno, Chávez ha venido anunciando que suspenderá los
suministros petroleros a Estados Unidos. A menudo, los anuncios van acompañados
de la amenaza de desviarlos hacia China. Después de ocho años, el volumen
tradicional de 1.3-1.4 millones de barriles diarios sigue fluyendo
ininterrumpidamente hacia el norte. La explicación es sencilla: el gobierno
estadounidense no es propietario de refinerías, terminales ni oleoductos y sólo
en contadas ocasiones compra petróleo. El volumen de petróleo exportado por
Venezuela a Estados Unidos es el resultado de docenas de contratos con
clientes, vigentes durante muchos años, además de los volúmenes enviados a Citgo. Cabe destacar que ese mercado no sólo es el más
atractivo, sino que la mayoría de los crudos venezolanos son ácidos y pesados y
tienen allí sus nichos refinadores. Sin un plan coordinado de largo plazo,
resultaría imposible desviar el petróleo venezolano hacia China, pues la
primitiva y obsoleta red de refinación de ese país no podría recibirlo. Cuando
Chávez ataca a Colombia y Perú por sus sendos tratados de comercio con Estados
Unidos, pasa por alto de manera muy conveniente que Venezuela tiene el tratado
comercial más grande de la región con Estados Unidos, con la excepción de
México. El año pasado se exportó petróleo a Estados Unidos por 38000 millones
de dólares, los cuales se sumaron a los 10000 millones de importaciones desde
Estados Unidos. En cuanto a otras latitudes, se han firmado docenas de cartas
de intención con muchos países, entre ellos China, Rusia, Argentina, Brasil e
Irán, pero hasta ahora todo permanece en el tintero. Tal vez el anuncio que
mejor expresa la estrategia efectista-política del gobierno venezolano en
materia petrolera sea el del gasoducto del sur. Se trataría de una tubería de
más de
Asimismo, la industria petrolera debe lidiar con
el llamado Peak Oil, el cual es hoy”, el
punto de inflexión de producción de petróleo ya que se ha alcanzado el tope de
productividad y en adelante los volúmenes extraídos se reducirán cada vez más.
Ello, unido a la creciente demanda de países emergentes, como China e India,
hace que el precio del petróleo suba inconteniblemente. Si bien un componente
especulativo también lleva el precio hacia arriba, no es lo determinante.
Conclusiones
Uno de los más visibles efectos de la industria
petrolera fue la cantidad de ingresos que el país empezó a recibir del exterior
por la exportación de crudo. Este país, escasamente productivo, con una población
mal alimentada y analfabeta, se encontró de pronto con la capacidad de
importarlo todo. Las divisas que reportaba la exportación de petróleo superaron
rápidamente las que se obtenían por el café y el cacao. Además, con una
diferencia fundamental: en
Con el petróleo, el vínculo entre trabajo y
bienestar se rompió. Los venezolanos mejoraron rápidamente su calidad de vida
sin que hubiera cambiado en su esencia la vieja y atrasada economía agrícola.
El país comenzó a vivir de un ingreso que no era producto de su trabajo: la
renta petrolera, la cual se entiende como el paso que dio el país de tener una
economía agrícola a una economía dependiente de la explotación y venta del
petróleo.
Por
ende, la
economía, es y seguirá siendo, el elemento que transformará la vida de todo
hombre. En el caso de Venezuela, las concepciones económicas han estado siempre
sujetas a la tierra. Primero con la agro exportación cuya base era la tierra y
segundo la exportación petrolera, proveniente del subsuelo. Todo lo surgido, a
raíz de la economía petrolera venezolana a partir del siglo XX, para bien o
para mal, ésta es la realidad, que las cosas han podido ser mejor, nadie lo
pone en duda. Venezuela al iniciarse el siglo XXI, si algo es prioritario, sin
duda es evitar todos los errores cometidos, desde el siglo XX, que al parecer
es el siglo más nefasto en la historia de Venezuela.
La industrialización en Venezuela
Introducción
El
sector industrial es factor fundamental en el proceso de desarrollo de un país,
su función de productor de bienes y servicios
finales, intermedios y de capital, su capacidad de creación de empleo y fuente
de ahorro y generación de divisas le otorgan un papel clave en el ciclo de
crecimiento económico. Venezuela como cualquier otro país cuenta con un
importante sector industrial productor de bienes y servicios. El presente
trabajo tiene como objetivo analizar el desempeño de la industria manufacturera
venezolana desde sus inicios hasta nuestros días.
Tradicionalmente se ha considerado que la industria
en Venezuela, salvo la petrolera, ha jugado, en la economía nacional, un rol
notablemente menor que el comercio y la agricultura. El papel preponderante del
Estado y del petróleo ha relegado a segundo plano el análisis y estudio
específico del desarrollo del sector industrial manufacturero nacional. Apenas
en 1950, con notable retraso, comienzan a realizarse y publicarse estudios
estadísticos relacionados con la industria manufacturera venezolana de manera
consecuente. A esto se le agrega la reducida recopilación de datos comparables,
la falta de información sobre las actividades industriales, además de la
heterogeneidad de los indicadores que manejan los diversos autores que han
tratado el tema, por lo que hasta ahora existen muy pocos trabajos de
investigación que muestren una evaluación minuciosa del proceso industrial
venezolano, más allá de simples enumeraciones. Sin embargo, es posible
rastrear, hasta la primera mitad del siglo XIX, los orígenes de la industria en
Venezuela.
Todo comienza a mediados del siglo XIX, mientras los
países europeos y Estados Unidos atravesaban el auge de la segunda Revolución
Industrial, Venezuela presenciaba el incipiente surgimiento de las primeras
industrias y de la infraestructura necesaria para su desarrollo. Como en otros
países latinoamericanos, la industria en Venezuela se dirige en sus inicios
hacia las manufacturas de consumo corriente: textiles, cueros, alimentos y
bebidas. Y si bien existían anteriormente algunas otras actividades que podrían
incluirse en este análisis, como algunas fábricas de jabón, de velas,
curtidurías o de calzado, la verdad es que no superaban el nivel artesanal.
Sin embargo,
para finales del siglo XIX Venezuela contaba ya con una: fábrica de papel
(1843), una refinería de azúcar (1859), una fábrica de pólvora (1860), una
tenería (1981), molinos para el procesamiento de granos (1861), una fábrica de
clavos (1873), una de chocolates (1861) y una fábrica de cigarrillos fundada en
1875 (El Cojo) que pronto tendría sucursales en Ciudad Bolívar, Valencia y
Maracaibo.
La industria textil, que usualmente es de las
primeras en los procesos industriales, comienza su producción a nivel fabril en
1858, con la entrada en funcionamiento del primer telar mecanizado en
Venezuela, ubicado en las afueras de Caracas.
Toda la maquinaria utilizada por estas empresas era
importada, desde los Estados Unidos y Europa fundamentalmente, situación que se
mantendrá hasta los inicios del siglo siguiente. Es necesario señalar también,
que el impulso para la industrialización de los países latinoamericanos en
general, que se da en esta época, está determinado en gran parte por la
inversión de capital extranjero proveniente mayormente de los Estados Unidos,
que buscaba, entre otras cosas, asegurar mercados y socios comerciales con la
finalidad de colocar y comercializar sus productos manufacturados.
El trazado de las vías férreas no obedeció a una
política de integración del territorio, sino a un intento por vincular algunos
de los principales centros de producción agrícola o minera al puerto de exportación
más cercano. A inicios del siglo XX mientras en Brasil, Argentina, Uruguay y
Chile, ésta influencia estadounidense se deja sentir con mayor fuerza, en
Venezuela se establecen lentamente los cimientos de una infraestructura que se
podría llamar moderna. La construcción de vías de comunicación ya estaba en
marcha para este período y para finales del mandato de Juan Vicente Gómez
(1936), Venezuela contaba con una red medianamente eficiente de transporte y
comunicaciones. Por su parte el desarrollo de vías ferrocarrileras nunca
alcanzó la importancia que tuvo en otros países de América Latina, funcionando
básicamente como enlace con otras rutas comerciales o para el transporte de
mercancía hacia la costa.
Durante los primeros veinte años del siglo XX se ven
aparecer fábricas de mayor envergadura y se presencia el crecimiento de las ya
existentes. Esto es posible gracias al mediano desarrollo de la infraestructura
de transporte y servicio básicos de agua y gas. En este período se crean:
Para 1915, según estadísticas publicadas en el
Anuario Estadístico de Venezuela, se había invertido en el sector industrial
manufacturero unos cincuenta y cinco millones de bolívares, en comparación con
los ciento cuatro millones invertidos en ganado, los ciento setenta millones en
transporte, doscientos doce millones en agricultura y trescientos dos millones
en el comercio. Y si bien es cierto que estas cifras distan de ser exactas,
pueden dar una idea del desequilibrio que se presenta entre el sector productor
de manufacturas y el de comercio, lo que indica, entre otras cosas, la magnitud
de las importaciones de productos manufacturados.
Los años siguientes, en Venezuela, están marcados
por el transito de una economía cafetalera a una petrolera. En la década de los
años treinta se deja sentir el influjo de la explotación petrolera en la
estructura económica venezolana y el bolívar sufre una revaluación. Esto aumentó
el costo de la producción y abarató el precio de las importaciones, lo que
traerá como consecuencia la concentración de las firmas comerciales en la
importación de bienes de consumo fundamentalmente.
A partir de 1936 se
introdujeron importantes cambios económicos al conformarse un nuevo
perfil de la acción estatal. La creación en 1937 del Banco Industrial de
Venezuela favoreció el impulso de las manufacturas, aunque
dirigido en su mayor parte al financiamiento de pequeñas empresas.
A través del Plan Trienal
(1938-1941) se esbozaron los lineamientos del primer programa económico puesto
en práctica en Venezuela, además de constituir el punto de partida de la
aplicación concreta de políticas sociales, principalmente en las áreas de
educación y salud.
Con base en la nueva
concepción en torno al papel del Estado, el Plan Trienal
ofrecía una propuesta de modernización económica mediante el fomento de la
producción agrícola e industrial, objetivo que debía evolucionar en estrecha
relación con el mejoramiento de las condiciones de vida de las “masas” y su
educación.
Durante
Por entonces, se abrió una
intensa discusión en torno a los alcances de la intervención económica
del Estado y a la exigencia de implantar medidas de carácter proteccionista. En
este contexto, se comenzaron a trazar políticas orientadas al fomento del
sector industrial, conceptuado como el eslabón fundamental en la estrategia de
modernización de la estructura productiva.
Esta
situación llevó a una crisis del sector industrial y agricultor que se
mantendrá hasta el estallido de la segunda Guerra Mundial, cuando naturalmente
se imponen grandes restricciones a la importación.
A
partir de 1939 Venezuela, junto con el resto de Latinoamérica, queda librada en
gran medida a sus propias fuerzas. Así, comienza un crecimiento de la
embrionaria actividad industrial venezolana y las fábricas incrementan su
producción y expansión. Se crearon, entonces, fábricas procesadoras de
alimentos, fábricas destinadas a la fundición, de productos farmacéuticos, de
cauchos y mecánica. Es importante señalar que hasta este momento, el Estado no
se había dedicado al diseño de una política consecuente con fines de coordinar
los esfuerzos, tanto públicos como privados, hechos hasta entonces para lograr
la evolución del sector industrial manufacturero nacional.
En
1946 fue creada
En 1948, se observó la
intensificación de la acción del Estado en materia económica, tendencia que se
había iniciado, como ya lo señalamos, en el transcurso de
En el Nuevo Ideal Nacional
se atribuía gran relevancia al desarrollo de la industrialización, que
sería impulsada tanto por el sector privado como por el público. El Estado
asumió la dirección de la petroquímica, siderurgia, teléfonos, electricidad y
diversos servicios. También se proyectaron planes para incentivar la
agroindustria, concretamente en los casos del maíz, arroz y azúcar, a fin de
garantizar el abastecimiento de los principales productos de consumo interno.
A fin de acelerar el
crecimiento manufacturero, el Ministerio de Fomento creó en
1955
El efecto dinamizador del
conjunto de políticas aplicadas en esa década tuvo resultados alentadores
en breve tiempo. Mientras el incremento del PIB fue de 9,3% entre 1950 y
En 1958, tras la caída del
régimen perezjimenista, fue creada
Entre 1965 y 1969, la
desaceleración del ritmo de desarrollo industrial obedecía a las limitaciones
del mercado interno, tanto por su reducido tamaño como por la desigual
distribución del ingreso. Por otra parte, el proteccionismo, herramienta
primordial para la etapa de despegue, se había convertido en un factor que, a
mediano plazo, estaba frenando las posibilidades de expansión del sector, ante
la ausencia de incentivos para multiplicar las inversiones y elevar la
competitividad.
Cordiplan elaboró
en 1966
El estancamiento de la
evolución industrial fue atribuido a la persistencia de un modelo económico
sujeto todavía a la utilización de la renta petrolera para financiar la
inversión, a lo que se agregaba el deterioro crónico de los términos de
intercambio.
La situación económica
venezolana cambió de manera significativa a partir del boom petrolero de 1973
que posibilitó un incremento extraordinario de los ingresos fiscales.
Algunas ramas, con mayor
capacidad para crear empleo, presentaron signos sumamente
desalentadores, como es el caso de las fábricas textiles y de prendas de vestir
que, entre 1977 y 1979, sufrieron una caída de 5,7% y 3%, respectivamente. Este
fenómeno se explica por las importaciones indiscriminadas, dada la apreciación
de la moneda venezolana y su elevada capacidad de compra en el
exterior. Incluso, las industrias básicas de hierro y acero cayeron en 3.1% en los
años mencionados, las cuales eran reputadas como uno de los puntales del
programa de desarrollo.
Para
mayo de 1989, se
estableció la normativa para la nueva política comercial de Venezuela, en la que se
contemplaba la reforma gradual del arancel de aduanas. De acuerdo a tales
disposiciones, se eliminarían los impuestos específicos y se fijarían aranceles
que irían disminuyendo en los años sucesivos. Asimismo, se planteó con insistencia la
aplicación de un programa de “reconversión” de las industrias para
adaptarlas a las nuevas condiciones de la globalización de los mercados.
La situación de la
industria no presentó síntomas de mejoría en los años posteriores.
El control de cambios establecido entre 1994 y 1995 significó un duro golpe
para las manufacturas que no pudieron resistir la competencia de las importaciones
y el ascenso constante de los costos de producción. Por otra parte, las altas
tasas de interés dificultaron el acceso a las fuentes de financiamiento, lo que
generó la contracción de las inversiones. Todo ello estaba enmarcado, como
agravante, en un clima inflacionario que afectaba profundamente a la industria,
tanto por el aumento de los costos como por la disminución de la
demanda. Como resultado de estas tendencias se exteriorizó, entre 1994 y 2000,
una profunda crisis del sector industrial.
La crisis industrial se
caracterizó por la desaparición de gran número de pequeñas y medianas
empresas que no estaban dotadas de tecnologías adecuadas para afrontar la
competencia. La liberalización económica golpeó de manera contundente a la
débil industria venezolana, con evidentes repercusiones negativas en el proceso
de formación de capital y la capacidad de producción.
Humberto García Larralde (2001) afirma que el desempeño de la
actividad manufacturera en la década de los noventa presentaba claros signos de
crisis con bajos niveles de inversión y “creciente obsolescencia en equipos”,
factores que atentaban contra la pretendida competitividad del sector, al
tiempo que se registraba un extraordinario incremento de las importaciones en
el contexto de las políticas de apertura comercial y la consiguiente elevación
de la competencia externa, a lo que se unían la sobrevaluación de la moneda y
la disminución de la productividad.
Conclusiones
Desde su etapa inicial, el
desenvolvimiento de la industria venezolana ha estado asociado a la
acción promotora del Estado. Esta tendencia adquirió mayor fuerza a partir de
los años cincuenta con el reforzamiento del papel empresarial del Estado. El
gasto público se convirtió así en el motor de la economía, a la vez que la producción
manufacturera llegó a tener una estrecha dependencia de la capacidad expansiva
de dicho gasto. Mientras la industria estuvo orientada hacia el mercado
interno, aunque limitado en tamaño y capacidad de consumo, logró crecer y
alcanzar cierto desarrollo.
Al modificarse las
condiciones económicas internacionales, en el marco del proceso de
globalización, ese sector no tuvo capacidad de adaptación frente a los nuevos
requerimientos del mercado exterior, debido a su baja productividad,
lo que generó la desaparición de gran número de empresas y la caída de la
inversión privada.
El impacto de la
liberalización económica fue demoledor para la industria venezolana,
la cual había nacido y crecido al calor de la protección estatal.
Paralelamente, las medidas de ajuste generaron una disminución de la capacidad
adquisitiva y del consumo que se reflejó en la caída del producto industrial y
en una elevada capacidad ociosa.
La problemática del sector
industrial constituye motivo de honda preocupación por su
estrecha vinculación con la creación de empleo y con la posibilidad de
diversificar la estructura productiva y la generación de una economía menos
dependiente de la renta petrolera. Asimismo, dicha actividad ha aportado a lo
largo de muchas décadas una experiencia enriquecedora en materia de avances
tecnológicos, formación de recursos humanos e incorporación de conceptos
asociados a la idea de “sembrar el petróleo”.
La recuperación de la
industria venezolana implica la adopción de cambios estructurales en
el contexto de un modelo de desarrollo económico sostenible en el tiempo, para
lo cual se requiere redefinir el rol del Estado en la economía. En tal sentido,
es fundamental el incremento de las inversiones, la elevación de la
productividad, el logro de niveles aceptables de integración entre las
distintas ramas industriales, la articulación de las acciones de los organismos
públicos y la adopción de estrategias que, por un lado, superen las
limitaciones del tradicional modelo sustitutivo y, por otro, tomen en cuenta las
nuevas condiciones del mercado internacional.
Infografía
http://www.monografias.com/trabajos12/laappet/laappet.shtml
http://es.wikipedia.org/wiki/Venezuela
http://www.monografias.com/trabajos7/vene/vene.shtml?relacionados
http://www.analitica.com/va/economia/opinion/8497312.asp
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