Réquiem abierto para Capricornio
Hoy pasé por la puerta del bar en donde te conocí. Sí, sé que nos conocimos antes, pero fue ahí donde aprendí a quererte.
Recordé las noches enteras que pasamos ahí sentados - entre los incontables afiches con nombres que no conocíamos - hablándonos, mirándonos. También recordé el desfile de caras de nuestra adolescencia, que eran muchas. Hace más de una década de esto, y a muchas no volví a verlas, aunque algunas se me aparecieron de golpe, ubicadas en sus mesas, con sus gestos, pero ya sin sus voces y sin historias.
El tiempo pasó. Nos pasó. Quizás sea que hoy siento que me aplastó... o que lo dejé pasar. No sé si a vos te habrá pasado lo mismo. No saberlo me dolió por mucho tiempo: dejé de conocerte.
Ya no está Capri, tanto como no estás vos. ¿Sabés? ver todo esto me dio melancolía, pero nada más. Sólo quería decírtelo, porque ya no siento la necesidad de contar con tu respuesta.
Hernán Neyra
Buenos Aires, 1997