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| CUANDO LA SAL PIERDE SU SABOR |
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A
continuación tenemos las siguientes tres citas:
Mateo
5:13 “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con
qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada
por los hombres”
Marcos
9: 49-50 “Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado
con sal. Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la
sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los
otros”
Lucas
14:34-35 “Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se
sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que
tiene oídos para oír, oiga”
De
estos versículos podemos concluir que el ser sal es una característica muy
importante del cristiano. Sabemos las características de la sal; las principales
son: el dar sabor a los alimentos, la preservación de ellos y el provocar la
sed. Se ha dicho mucho acerca de esto.
Debemos
tener presente que cumplimos un papel esencial en el mundo y es el de hacer de
él un mejor lugar para vivir. Ahora, en estas tres citas se nos advierte contra
el peligro de perder nuestras propiedades de sal, entonces la pregunta es: ¿Cómo
pierdo yo mis propiedades de sal?. Una respuesta general podría ser: pecando,
apartarme de la voluntad de Dios. Todo esto es cierto. Pero la Biblia nos da
elementos para precisar mejor esta respuesta. Sobre esto trata este
estudio.
Iremos
cita por cita:
Mateo
5:13
“Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué
será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por
los hombres”.
Esta
advertencia la tenemos después de lo que se llama las bienaventuranzas (Mateo
5:1-12). Esta porción de la escritura es parte del sermón del monte que se
extiende en los capítulos 5, 6 y 7 del evangelio de Mateo. Este discurso termina
de esta manera: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le
compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió
lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y
no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas
palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa
sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y
dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” (Mateo
7:24-27).
Es
claro que esto se puede aplicar a toda la doctrina que Jesús enseñó, pero Mateo
coloca esta sentencia al final del sermón del monte, de modo que lo que en ella
se habla es de vital importancia. Y uno de los temas tocados es las
bienaventuranzas; y en especial es clave para que la sal no deje de ser
salada.
Bienaventurados
los pobres de espíritu, bienaventurados los que lloran, bienaventurados los
mansos, bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, bienaventurados
los misericordiosos, bienaventurados los de limpio corazón, bienaventurados los
pacificadores y bienaventurados los perseguidos por causa de Cristo son dichos
que si somos sinceros con nosotros mismos no tienen ningún atractivo. Es obvio
que nuestro Señor tenía un propósito al decirnos todo esto, y el propósito más
claro es que el reino de los cielos es completamente diferente a lo que hemos
estado acostumbrados en el mundo. Para los apóstoles y para nosotros antes de
haber conocido la palabra de Dios la verdad era otra. Para nosotros ser
bienaventurado es ser rico carnalmente hablando nunca pobre de espíritu; para
nosotros bienaventurado es estar siempre con una sonrisa en los labios pero
Jesús nos dice que los que sufren por el estado actual de las cosas ellos son
bienaventurados. Jesús nos impulsa a cambiar nuestra manera de pensar de una
manera radical. En primer lugar en el reino de los cielos no se puede tener las
mismas expectativas que en el mundo. Lo que necesitamos urgentemente es un
cambio de mente. Romanos 12:2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos
por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios,
agradable y perfecta”
En
Lucas 16:13-15 dice: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o
aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No
podéis servir a Dios y a las riquezas. Y oían también todas estas cosas los
fariseos, que eran avaros, y se burlaban de él. Entonces les dijo: Vosotros sois
los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres; mas Dios conoce
vuestros corazones; por que lo que los hombres tienen por sublime, delante de
Dios es abominación.”
La
frase “lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación”
confirma lo que venimos diciendo. Esto es precisamente lo que Jesús nos quiere
hacer entender en las bienaventuranzas. El sistema de Dios es completamente
diferente que el sistema del mundo.
Entonces
un cambio total de nuestra perspectiva es necesario para ser
sal.
Marcos
9:49-50
“Porque todos serán salados con fuego, y todo sacrificio será salado con sal.
Buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened
sal en vosotros mismos; y tened paz los unos con los
otros”
Leamos
lo que Jesús dijo en los versículos anteriores. Marcos 9:43-48 “Si tu mano te
fuese ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que
teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el
gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu pie fuere ocasión
de caer, córtalo; mejor te es entrar en la vida cojo, que teniendo dos pies ser
echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de
ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer,
sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos
ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se
apaga”
Lo
que normalmente es una locura, adquiere sentido en el reino de Dios. Para ser
sal no se puede pensar como en el mundo, es decir aferrarse a cosas de este
mundo por mantenerse en el pecado. Otra vez, lo de esta vida queda relegado. No
es sino que cumplir el mandamiento antiguo “Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente”. El
mundo es el gran enemigo de Dios, si preferimos algo de este mundo que se
superponga a él, perderemos nuestra calidad de sal. Y cómo termina Dios este
tema: “buena es la sal; mas si la sal se hace insípida, ¿con qué la
sazonaréis?”
Lucas14:34-35
“Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni
para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos
para oír, oiga”
La
lectura de Lucas 14:26-33 explicará totalmente lo que queremos decir y
confirmará lo que venimos diciendo:
“Si
alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y
hermanos, y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y
el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque
¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula
los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que
haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a
hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar.
¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y
considera si puede hacer frente con
diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el
otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz.
Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede
ser mi discípulo”
La
entidad que puede hacernos perder nuestra propiedad de sal, es el mundo. Tanto
con su forma de pensar la cual nosotros arrastramos y por lo cual necesitamos
una renovación en nuestra mente, y también al aferrarnos compulsivamente a cosas
de él; cosas que pueden ser tan íntimas como una parte de nuestro cuerpo o un
familiar. Dios exige la prioridad. Jesús nos dijo: “Llevad mi yugo sobre
vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis
descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil y ligera mi carga”
(Mateo 11:29-30). En resumen el materialismo nos quita nuestra
sal.
No
pretendo parecer religioso ni espiritualoide, sólo creo en lo que dice la
palabra de Dios la cual es la fuente de toda verdadera doctrina. Isaías 8:20:
“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha
amanecido”. Todo lo expuesto tiene resultados prácticos no son sólo palabras. En
Lucas 14:35 nos advierte: “Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la
arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga”
Iván
Salazar Contreras
28
de Febrero del 2000
Salazar
Contreras Ivan Arturo [[email protected]]
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